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La película ‘Libertador’, ¿es histórica o es propaganda?

BolívarEcuestre

Estatua ecuestre de Bolívar. Imagen en Flickr del usuario wallyg (CC BY-NC-ND 2.0).

El 24 de julio, fecha en la que se celebra el natalicio de Simón Bolívar, se estrenó en Venezuela la esperada película Libertador acerca de la vida del prócer venezolano y su lucha por la independencia de América. Simón Bolívar es conocido y celebrado en Venezuela como el Padre de la Patria. Se le llama El Libertador, por haber estado a la cabeza de la independencia de varios países de América Latina, y es a la vez una figura histórica clave en el discurso político venezolano. En pocos días el éxito en la taquilla se hizo evidente y las redes no tuvieron que esperar demasiado por las reacciones de los espectadores. En momentos en los que Venezuela se polariza incluso en la construcción y reconstrucción de su historia y de sus imaginarios, la aparición de películas históricas no puede ser menos que un punto central de debate. Así, muchos celebraron el logro de una superproducción con un tema patriótico, mientras otros quedaron sorprendidos por ciertos hechos en la película que no van en consonancia con los registros históricos.  

Uno de los textos más leídos y compartidos al respecto ha sido el del historiador Tomás Straka, publicado en el portal Prodavinci. En su texto Bolívar: Dos películas, una epopeya, Straka compara esta biografía llevada al cine con otras, y subraya la importancia de recordar que el cine es un motor poderoso de imaginarios y que es posible recordar con más facilidad las historias de la gran pantalla que los documentos oficiales:

Por supuesto, una biopic no es un documental ni un libro de historia, pero puede tener ese efecto e incluso otros mucho mayores. Los hechos demuestran que el cine ha jugado un papel fundamental en la construcción de los imaginarios. En ocasiones lo hace de forma no deliberada, y en otras apelando a todo un aparato ideológico, escenifica personajes y episodios que las mayorías terminan aceptando por verídicas, cumpliendo para la historia oficial –o para la contrahistoria de una parcialidad- el rol que tuvieron los autos sacramentales para la historia sagrada.

Straka opina también que se debe prestar atención a los cambios hechos en la película, dada la imagen que los distintos gobiernos y tendencias políticas han querido dar a la imagen del Libertador:

…mucha gente puede tomar por ciertas las invenciones de Libertador. Invenciones que, de paso, respaldan las que ciertas –que no todas– versiones de la izquierda y del gobierno han hecho de la historia. 

Un autor de ficción tiene derecho a poner lo que quiera (por ejemplo, que [Simón] Rodríguez tuviera el don de volar, de ver a través de las paredes o de pelear kung fu), pero el riesgo en una biopic es, de nuevo, que la gente se lo tome en serio.  

En respuesta, el también historiador Andrés Pérez Sepúlveda escribió en su bitácora Islandia no es tan lejos algunas reflexiones sobre la recepción de la película en respuesta a Tomás Straka. En ellas, el bloguero hace mención de la división política que ha existido en Venezuela desde hace 15 años y que ha estado marcada por el movimiento comenzado por el fallecido presidente Hugo Chávez (conocido como ‘chavismo’) y sus opositores: 

Tomás, el público (tú y yo incluidos) no es tonto, y no podemos desprendernos de la piel contemporánea porque eso sí sería una negación del tiempo (…). De vez en cuando vale la pena sentarse a disfrutar de una historia que por lo menos intenta reconstruir el tejido del país, con el objetivo de explorar el beneficioso placer de formar parte de una comunidad.

…Al emocionarnos con una película sobre Bolivar, Tomás, estamos correspondiendo a un imperativo que es más importante que ser de oposición o chavista: ser ciudadano, formar parte de una nación que ayudaron a crear otros hombres. Estar conscientes del pasado ya es un triunfo que se le suma al espectador, aunque no haya leído las biografías más rigurosas y confiables de la acción histórica de Bolívar. 

Por su parte, Profeballa, autor del blog Venezuela y su Historia enumera sus críticas a la película, a la que ve como un instrumento de propaganda gubernamental:

…Otra vez la tontería y gran manipulación histórica de generar dudas sobre la muerte de Bolívar cuando se ha demostrado que no hubo ninguna conspiración para asesinarlo y que su muerte fue por tuberculosis. (…) En general la manipulación esta vez fue peor, porque se nos quiso hacer ver que era una producción independiente del gobierno chavista. (…) Esta versión se puede definir como la más cercana a la visión de Bolívar que se ha creado desde el poder en estos últimos 15 años en Venezuela…
 
…Lo bueno es que se ha demostrado que se puede hacer una superproducción con una maravillosa fotografía y con batallas al mejor estilo Hollywood (…). Algún día espero que se haga un Bolívar con los mejores, en especial con historiadores honestos.

Las críticas por la situación económica a través de imágenes de la película tampoco tardaron en aparecer en forma de memes compartidos ampliamente en las redes, como este, que hace alusión a la crisis de pasajes aéreos que han hecho difíciles la salida del país de muchos venezolanos:

Meme Bolívar 1

Del mismo modo, se hace referencia al problema del desabastecimiento de muchos productos básicos. En la imagen se hace referencia a la red de supermercados subsidiados por el Estado para beneficiar a familias con limitaciones económicas en las zonas populares. Estos supermercados se conocen como Mercal, y no han sido excepción en la venta restringida de productos:

Meme Bolívar 2

Muchas más reacciones a la película y a los cambios hechos en la historia pueden seguirse también en Twitter. Los debates y las conversaciones continuarán sumándose con los días, a medida que más de los que forman las largas colas para entrar al cine sigan compartiendo sus opiniones sobre la película. En suma, la aparición ‘Libertador’ puede verse como un llamado a la reflexión acerca del uso que se ha hecho del pasado histórico, a la diferenciación entre leyenda y realidad y, más importante aun, a la visión que tiene el país de sus mitos y de sus héroes.

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