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Lo que la jardinería me enseñó sobre mi responsabilidad como ciudadana

A tropical garden in Trinidad and Tobago; photo used with permission.

Un jardín tropical en Trinidad y Tobago; fotografía usada con permiso. 

Cuando trabajo en el jardín, reflexiono. Rodeada de la quietud de la naturaleza, puedo concentrarme completamente en el presente, en la tarea que estoy haciendo, o mi mente puede pasar de un asunto a otro -y en los últimos días, ha estado deambulando en largas elucubraciones acerca de la situación de mi país.

Uno de estos fines de semana pasé tiempo en el jardín, disfruté de estar al aire libre, cavando la tierra, maravillándome con la sensación elemental de tener tierra en las manos -al principio. Ni siquiera la lluvia pudo lograr que me quedara adentro. La combinación del aroma de los mangos maduros y de los frutos de cacao de los árboles cercanos, hacía que el jardín oliera como hogar. Pero a medida que la tarea de eliminar malezas se volvía más monótona, comencé a pensar en otros asuntos: en el aumento de la tasa de delitos, en la corrupción sistemática, en una economía paralela presuntamente construida sobre la base del negocio de las drogas ilegales y de armas. 

Mientras mis manos desnudas luchaban por liberar al césped de las malezas que lentamente lo estaban ahogando, la metáfora no podría haber sido más clara. He aprendido mucho trabajando en mi jardín, pero nunca pensé que la fórmula para ser una buena ciudadana sería una de las lecciones. A continuación algunas de las semillas que germinaron en mi conciencia cívica.

Uno debe asumir su responsabilidad de propietario. Así como se trata de mi jardín, se trata de mi país. Recorría el jardín, viendo que necesitaba se hicieran algunos trabajos y buscando excusas para justificar que en realidad no los estaba haciendo: estaba trabajando: no tenía tiempo, estaba demasiado cansada, no era mi prioridad. El resultado previsible era que las malezas seguían avanzando -perdí casi todo el césped de mi patio trasero por las malezas y me sentía muy mal por eso. Pero si no hubiera actuado inicialmente como si mi jardín fuera responsabilidad de otra persona -un jardinero irresponsable o un esposo ocupado- la situación no se hubiera salido tanto de control.  

El césped del vecino no siempre es más verde. Existen muchas cosas que están mal en Trinidad y Tobago, pero también hay muchas otras que están bien y que son hermosas inspiradoras. A veces, la decisión de trasladarse a otra franja de césped es la correcta, y otras veces, uno necesita quedarse y combatir las malezas, porque después de todo, nos pertenecen. Hicmos algo para que nacieran; y debemos hacer algo para eliminarlas. 

Tienes que hacer el trabajo. No hay otra manera, se debe afrontar un trabajo agotador, que causa calambres en las manos y picazón en la piel. Va a ser una tarea frustrante, aparentemente interminable, y se tiene la sensación que no lleva a ningún lado. Pero el dolor corporal a la larga se convierte en un recordatorio de que se ha hecho un buen trabajo con un objetivo importante, como lograr la primera flor de un ejemplar raro.

El cambio no es algo que sucede de la noche a la mañana. Pese a las impactantes transformaciones que se producen en nada más que treinta minutos en la casa y en el jardín, este tipo de transiciones suceden a un ritmo muy lento -en invierno. De la misma manera que deshacerse de las malezas y de las pestes es una tarea que lleva tiempo, reemplazar un sistema corrupto por un buen gobierno es un largo y duro camino a transitar. Lograr un objetivo tan difícil, como si se tratara de obtener una flor exótica, puede parecer una meta lejana pero cuando finalmente se alcance, el resultado será aun más fascinante.

Probablemente no lleguemos a ver los frutos de su trabajo. Hay un proverbio griego que dice: “Una sociedad evoluciona cuando los mayores plantan árboles sabiendo que no disfrutarán su sombra”. Estoy tranquila con esa idea. Creo que la mayoría de la gente quiere que sus hijos hereden un país mejor que en el que vivimos. 

No debemos permitir que algo se nos escape. En Trinidad tenemos el siguiente dicho: “Si les dejan una pulgada, se apoderan de una yarda”. Las tenaces malezas, como los miembros de la sociedad que quebrantan las normas, sólo buscan una oportunidad para establecerse. Como electorado, debemos prestar atención: hay que mantenerse atento ante los ataques contra la democracia, lograr que nuestras opiniones en temas políticos o de buen gobierno sean escuchadas y contar con un sistema que permita exigirle a nuestros funcionarios públicos que rindan cuentas en caso de que olviden que están en el cargo para servir al bien común y no sus intereses personales.

Debemos mantener un panorama más amplio en mente. La jardinería puede ser una tarea de precisión, pero también se ocupa del efecto general -y ese objetivo no puede lograrse sin una comunidad fuerte. La convivencia armónica es lo que caracteriza a los jardines más hermosos -y también a las sociedades fuertes.

Todos tenemos que participar. Leí alguna vez un artículo acerca de un pequeño círculo de jardineros que comparten sus recursos ante la falta de trabajadores confiables y se turnan para ocuparse de sus patios cada fin de semana. Sus jardines y amistades crecieron, todo porque crearon una comunidad fuerte y funcional. Del mismo modo todos debemos hacer lo que nos sea posible, no importa lo pequeño que sea. ¿Podemos escribir un post en un blog o una carta al editor? ¿Podemos negarnos a aceptar que el pago de coimas sea parte del costo de hacer negocios? ¿Podemos participar de una marcha, firmar un petitorio, convertirnos en activistas? Como la ambientalista keniana Wangari Maathai señaló en su agudo artículo Voy a ser un colibrí, todos podemos hacer algo. Y cada pequeño esfuerzo será una contribución para lograr algo mucho mayor, algo que realmente haga la diferencia. 

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