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Cómo ISIS vino a dejar su mancha negra en Siria

Esta publicación es parte de la serie de artículos especiales de la bloguera y activista Marcell Shehwaro, que describen la realidad de la vida en Siria durante el conflicto armado en curso entre las fuerzas leales al régimen actual y los que buscan deponerlo.

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Un campo de ISIS en Aleppo. Fotografía de: Lens Young Halabi (Facebook)

Cuando me pidieron que escribiera acerca del Estado islámico en Siria e Irak (ISIS), dejé la página en blanco abierta en mi computadora durante días. ¿Cómo iba a escribir sobre ISIS para otros, para personas que no han sufrido violencia y caos de la misma magnitud? ¿Qué responsabilidad tenemos como sirios en comparación con el resto del mundo por la creación de ISIS?

Para comenzar, necesito aclarar que el pueblo sirio no tuvo la oportunidad de ir de compras al “supermercado Victoria”, donde artículos como la opción de Assad yéndose al estilo del tunesino Zine El Abidine Ben Ali, o renunciando como el egipcio Hosni Mubarak, estaban en venta. Tampoco tuvimos suficiente petróleo para comprar la opción de la OTAN, como Libia. En cambio, hemos comprado Al-Qaeda, que encontramos envuelto en cinta amarilla entre los artículos con rebaja. 

Dicho simplemente, los sirios no tuvimos el lujo de poder elegir, mientras otros tuvieron planes para descartar sus bienes dañados en nuestra tierra, usando la sangre de nuestra juventud.

Seis meses después que empezara, la Revolución siria, que ha estado en marcha durante 4 años, envió una llamada de auxilio el día de las protestas conocido como el “Viernes de protección internacional”. Luego solicitó el establecimiento de una zona restringida a los vuelos, el fin de las prórrogas a las fechas límite, la expulsión de los embajadores, apoyo para el Ejército libre sirio y la intervención internacional.

La Revolución solicitó que todos asumieran sus responsabilidades respecto a la humanidad y al ser un pedido abierto —desafortunadamente—fue respondido por Al Qaeda.

Entonces ¿somos los sirios los únicos responsables del surgimiento de ISIS? ISIS no es el producto de nuestras calles ni de nuestros planes. No los necesitamos para aterrorizar a los demás, y ellos no necesitan nuestro permiso para entrar en nuestros aeropuertos cerrados.

Contrariamente a lo que algunos sostienen, ellos llegaron aquí a través de las fronteras abiertas. Llegaron vía otros aeropuertos, usando pasaportes de otros países. Llegaron gracias a los prejuicios y el temor que se siente por el hombre barbado, a la distracción al ver la sangre del niño que el hombre lleva en las manos.  

No quiero, ni por un segundo, que nos lavemos las manos de la responsabilidad que tenemos como sirios, del crecimiento, como un cáncer, de esta criatura en nuestra tierra. Finalmente, algunos son leales a ISIS debido a la pobreza. Los antiguos secuaces de  Assad—amantes del poder y obsecuentes—hicieron lo mismo anticipándose al nuevo poder, porque para ellos no hay gran diferencia entre ganar el poder en nombre de ISIS o de Assad.

En su ingenuidad nuestros rebeldes continuaron, creyendo que ISIS ha venido a rescatarnos, diciendo que sería ser desagradecido hablar de sus defectos que rápidamente se convirtieron en crímenes. Miles de hipócritas, especuladores y mercaderes de la religión y la guerra continuaron deleitándose de manera cobarde, ejemplificado por la cantidad de miembros del clero que estaban demasiado temerosos para advertir a los jóvenes acerca del peligro de ser leales a ISIS.

Los pobres luchadores del Ejército libre sirio fueron deslumbrados por el equipo de los combatientes de ISIS, que comparado con sus propios tristes fusiles, parecían salidos del video juego Counter-Strike. Gradualmente, abandonaron el sentido de pertenecer a su patria, y algunos se convirtieron en asesinos.

Ellos perpetuaron nuestras sangrientas divisiones políticas e ideológicas hasta que nos ahoguemos en la sangre, al punto que algunos estaban listos para aliarse con el demonio solo para que esta guerra termine. Y esto es lo que sucedió: nos alineamos con el demonio. Y nos hicieron temer nuestro secularismo, con el pretexto que destruiría nuestra unidad. Y para proteger las prioridades de la batalla, ellos hicieron que sintiéramos temor de nuestro sueño de un estado civil democrático. 

Si todo esto es nuestra responsabilidad, entonces nosotros también somos quienes pagamos con nuestra sangre para luchar contra esta entidad. Y hasta no hace mucho eramos los únicos que soportábamos la mayor parte del extremismo y la ocupación de nuestra tierra. También hemos sufrido sus intentos de lavarle el cerebro a nuestros jóvenes. Fuimos los rebeldes, que, en un segundo, fuimos buscados por los dos estados, atrayendo a otros países para que muestren algún interés en un futuro que estamos seguros será un crimen —un crimen no sólo para nosotros como nación, sino un crimen que impactará en toda la humanidad. ¿Qué nacerá de este extremismo en el futuro? ¿Y quién, entre los inocentes del mundo, se convertirá en el blanco?

ISIS ocupó nuestra tierra porque ellos consideran que los sirios no tenemos una nación de la que hablar. Para ellos, lo que tenemos es un producto del infiel occidente. La ocupación de nuestro país fue anunciada por Al Jazeera el 9 de abril de 2013, y desde ese momento ISIS ha estado en lucha contra nosotros. Ellos han estado luchando contra una revolución que no reconocen, la nuestra, insistiendo en quemar nuestra bandera, secuestrando y haciendo desaparecer a nuestros rebeldes. Y al contrario que otros de nuestros oponentes, nadie se atreve a hacer preguntas.  

Todavía recuerdo la época en la que viajaba entre Aleppo y Turquía atravesando el campo y veía muchos puntos de control de ISIS en el camino, y el dolor al darme cuenta que ellos habían cambiado por la fuerza los nombres de los pueblos de nuestro país. Poco queda para mostrar que esto es Siria. Ellos pintaron todas las banderas de la revolución de negro. Borraron los nombres de los pueblos, los reemplazaron por enormes piedras negras que dicen “El Estado Islámico de Irak y Siria les da la bienvenida”.

Temo ridiculizar esta ocupación despiadada. Temo porque los palestinos alguna vez ridiculizaron lo que ellos pensaban que era el concepto de una nación que no podría implementarse en su tierra y porque los rebeldes iraníes alguna vez se rieron de la idea que un estado teológico podría consumir su revolución. Temo burlarme de la situación y estoy petrificada pensando que podría entrar en la primer etapa del duelo, que es la negación y terminar besando y transigiendo. 

Las palabras del conductor del autobús que notó mi tristeza aún suenan en mis oídos. “Mañana lloverá, y toda esta oscuridad se irá,” dijo. Y rezo para que llueva en Al Riqqa, Al Bab, Manjib y Mosul y en todas las áreas ocupadas por ISIS. Pero antes de que todo eso suceda, para que las nubes lleguen a esos lugares se necesita que llueva en Damasco. 

Marcell Shehwaro bloguea en marcellita.com y tuitea en @Marcellita, ambos principalmente en árabe. Lea los otros posts de la serie aquí.

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