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La directora de la Galería Nacional de Jamaica acusada de intimidar y acosar a sus empleados

Books from Jamaica, in which Veerle Poupeye's "Caribbean Art" is near the top of the heap. Photo by Nicholas Laughlin, used under an CC BY-NC-SA 2.0 license.

Libros jamaiquinos, entre ellos, «Arte caribeño» de Veerle Poupeye. Foto de Nicholas Laughlin, con licencia CC BY-NC-SA 2.0.

La Galería Nacional de Jamaica, muy respetada por ser el mayor y más antiguo museo de arte del Caribe de habla inglesa, ha tenido problemas en la trastienda, y según la bloguera y crítica cultural Annie Paul, que ha escrito una serie de artículos sobre las dificultades de la galería, solo ahora están empezando a hacerse públicos.

Paul, que tiene estrechos vínculos con la galería, con la que ha colaborado durante años como miembro de sus comités para exposiciones y relaciones públicas, dice que la actual dirección ha provocado que muchos empleados se sientan frustrados y varios administradores de gran valía dejen su trabajo. Paul cuestiona concretamente el estilo de gestión de la directora ejecutiva, Veerle Poupeye:

I know of no international best practice […] that recommends that Museum directors manage their human resources by intimidation, fear, bullying and general terror tactics: inappropriately berating members of staff for instance, imperiously ordering that they not meet with each other or have conversations without her permission, demanding that she be consulted before they post personal updates on their Facebook pages, and generally paralyzing them by constant micro-management. Things are so bad staff members at the Gallery have taken to walking down to the waterfront to have routine conversations for fear of rousing the ire of the ED [Executive Director].

No conozco ninguna recomendación internacional de buenas prácticas (…) que aconseje que los directores de museos gestionen sus recursos humanos a base de intimidación, acoso y tácticas de terror: por ejemplo, reprendiendo de forma inadecuada al personal, ordenando imperiosamente que no se reúnan ni tengan conversaciones sin su permiso, exigiendo que se les consulte ante de publicar comentarios personales en sus páginas de Facebook, y en general, paralizándoles con una constante microgestión. Las cosas están tan mal que el personal de la galería ha recurrido a pasear hasta la costa para tener conversaciones rutinarias, por temor a provocar la ira de la directora.

Antes de este artículo, Paul publicó otro «documentando algunas de las experiencias del anterior conservador jefe de la Galería Nacional, Charles Campbell, durante su corta estancia en el museo (de enero a julio de 2014)». En el momento de publicar el primer artículo de Paul, Campbell estaba a punto de irse. Por consideración con él y con su entrevista de salida, eliminó el artículo, pero ha mantenido su opinión sobre el «ineficiente, autocrático y extremadamente problemático estilo gestor de la directora ejecutiva». Según Paul, esto ha causado conflictos en la galería, lo que representa un problema, considerando que su colección de arte jamaiquino moderno y contemporáneo es bastante extensa.

Poupeye no ha respondido formalmente a las acusaciones de Paul, aunque supuestamente, la directora ha ido diciendo a quien quiera escucharla que Paul eliminó su artículo a petición de los abogados de Poupeye. Paul refutó enérgicamente estas afirmaciones:

This is patently untrue and further underscores the problems I am trying to bring to the public’s attention. To the list of problematic behavior described below I now add a clear and blatant disregard for the truth.

No lawyer has contacted either me or my lawyers since or before my post went up yesterday. This is simply one of the intimidatory tactics routinely and infamously used by the Executive Director of the National Gallery. It may have been an effective tool in the past, serving to silence others but it has only made me more determined to highlight the untenable situation at the National Gallery of Jamaica. This is a public institution and I am using this medium to raise questions that need to be asked about the management and credibility of its current directorate. I believe that it is in the public interest that I do so.

There is a deep malaise at the National Gallery of Jamaica, an institution I’ve taken an interest in since the mid-90s when my critiques of the Jamaican art scene were first published.

Es una patente falsedad que subraya aún más los problemas que estoy intentando sacar a la luz. A la lista de comportamientos problemáticos que describo más adelante añado ahora una clara y desvergonzada falta de respeto por la verdad.

Ningún abogado se ha puesto en contacto ni conmigo ni con mis abogados desde que mi artículo fue publicado ayer o antes de eso. Esta es solo una de las tácticas intimidatorias que la directora ejecutiva de la Galería Nacional ha utilizado de forma rutinaria e infame. Podía ser una herramienta efectiva en el pasado, que ha servido para silenciar a otros, pero a mí solo me ha hecho estar aún más determinada a recalcar la insostenible situación de la Galería Nacional de Jamaica. Es una institución pública y estoy usando este medio para plantear las cuestiones que deben plantearse sobre la gestión y la credibilidad de su dirección. Creo que debo hacerlo en pro del interés público.

Hay un fuerte malestar en la Galería Nacional de Jamaica, una institución en la que he depositado mi interés desde mediados de los años 90, cuando se empezaron a publicar mis críticas del panorama artístico jamaiquino.

La galería tampoco ha hecho declaraciones oficiales, pero parece ser que el nombre de Paul se ha «mencionado» como autora de esta carta a un diario, que da a entender el ambiente tormentoso que se respira en la institución de arte. La respuesta de Paul en su blog fue esta:

As my close friends know and my record shows I don’t do anonymous.

That letter first brought many of these matters to light, highlighting, among other things, the fact of Veerle Poupeye’s Belgian birth and her current status as a Jamaican national. To me these are non-issues. If competent local talent can’t be found for a job, whether it be police chief or executive director or Chief Curator of the National Gallery, by all means hire a competent foreigner or naturalized non-native.

Como saben mis amigos y muestra mi trayectoria, yo no uso el anonimato.

Esa carta sacó muchas cuestiones a la luz, incidiendo, entre otras cosas, en el origen belga de Veerle Poupeye y su actual situación como ciudadana jamaiquina. Para mí, todo eso no es ningún problema. Si no se puede encontrar talento local para un trabajo, ya sea como jefe de la policía, director ejecutivo o conservador jefe de la Galería Nacional, estoy totalmente de acuerdo con que se contrate a un extranjero o a un naturalizado.

Poco después de que se publicara esa carta al editor, la galería inició una campaña de relaciones públicas. Mientras tanto, las críticas de Paul se siguen dirigiendo únicamente al comportamiento abusivo de la directora ejecutiva, detallando las bajas producidas durante su ejercicio: la que fue conservadora decana Nicole Smythe-Johnson dimitió el año pasado sin haber llegado a trabajar ni un año en la Galería, y el recién nombrado conservador jefe Charles Campbell dimitió el mes pasado «alegando problemas sistémicos de gestión y liderazgo y un entorno de trabajo hostil».

En la sección de comentarios del blog de Paul, Active Voice, una lectora sugirió que la galería necesita revisar su gestión del personal. Aunque no tiene relación con la galería, Deborah Anzinger opina que esta institución necesita personal especializado en recursos humanos, y pregunta:

Don’t all int’l standard museums have such a dept? What would it take for the IOJ [Institute of Jamaica, a promoter of the arts under whose purview the gallery falls] to implement this for such a culturally important institute?

¿No tienen todos los museos un departamento de este tipo? ¿A qué espera el IOJ [Institute of Jamaica, promotor de las artes y responsable de la galería] para implementarlo en un instituto de tanta importancia cultural?

Paul convino en que había «una enorme distancia entre la retórica del gobierno, que reconoce la importancia de la cultura y la coloca en un lugar destacado, y la lamentable falta de inversión en las instituciones que se encargan de la cultura».

En Facebook, Dave Rodney pidió al gobierno que interviniera en la situación:

What I'm reading here is an absolute disgrace. Drama and famous fights are not new to the NG [National Gallery] […] The IOJ [Institute of Jamaica] and the minister must urgently intervene before the institution becomes a symbol of shame. […] People across the Diaspora connected with the Jamaican art world have been talking about this for a long time so I know the outrage and the resentments have been brewing. An explosion is inevitable unless the problem is fixed immediately.

Lo que leo aquí es un absoluto escándalo. El drama y las peleas sonadas no son nuevas en la GN (…) El IOJ y el ministro tienen que intervenir con urgencia antes de que la institución se convierta en un símbolo de la vergüenza (…). Los emigrantes relacionados con el mundo del arte jamaiquino llevan mucho tiempo hablando de eso, así que me consta que la indignación y el resentimiento han ido creciendo. Es inevitable una explosión a menos que se arregle el problema inmediatamente.

También los internautas han discutido el tema en Twitter:

Siempre me he preguntado cómo un país con una historia artística tan rica puede ser tan torpe al contratar a sus responsables

¿Se ha convertido esto en un problema solo cuando los conservadores se han quejado? ¿Y qué hay del resto del personal que lleva tiempo trabajando allí? ¿No dicen nada?

Podría tratarse de la gota que colma el vaso, pero el hecho sigue siendo que los problemas han salido a la luz, y los que se preocupan por el rico legado artístico de Jamaica piden responsabilidades. Paul dice:

Should Boards be held accountable for not performing the oversight function that is their mandate? Doesn’t the long-suffering staff of the National Gallery deserve better management? Should the media continue to fastidiously avert its gaze from these issues? These are merely a few of the troubling questions raised by the recent management problems at the National Gallery of Jamaica.

¿Debe hacerse responsable a las juntas directivas por no realizar las funciones de vigilancia que son su obligación? El personal de la Galería Nacional que tanto tiempo lleva sufriendo, ¿no merece una mejor gestión? ¿Deberían los medios seguir desviando sistemáticamente la vista de estos problemas? Estas son solo unas pocas de las turbadoras cuestiones que surgen a raíz de los recientes problemas de gestión de la Galería Nacional de Jamaica.

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