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La ley rusa contra el lenguaje obsceno está afectando al cine independiente

Screen shot from Valeria Gaius Germanica's “Yes & Yes,” a Russian film whose distribution certificate was pulled because of profanity on July 1.  Trailer uploaded by YouTube user Alexey Kraevsky

Captura de pantalla de “Yes & Yes,” galardonada película rusa independiente de Valeria Gaius Germanica, que fue prohibida tres días después de su estreno. Tráiler subido a YouTube por Alexey Kraevsky.

El Parlamento ruso, conocido como la Duma Estatal, aprobó a principios de verano una ley que prohíbe la utilización de lenguaje blasfemo en el teatro, películas, actuaciones públicas, música y en los libros.

Hace ya dos meses desde que la prohibición entró en vigor el 1 de julio y los directores de cine continúan lidiando con esta ley y como repercutirá en su trabajo y a la larga en la cultura rusa.

Aunque en principio las “malas palabras” pueden ser vistas como una función indeseable del lenguaje, en Rusia no son sólo el lenguaje vulgar que encontramos en la calle, también comunican importantes ámbitos del pensamiento y actualmente ocupan un lugar importante en la ópera, las obras clásicas de la literatura y las películas independientes.

El decreto dirigido por el presidente del comité de cultura de la Duma, Stanislav Govorukhin, se suma a una legislatura conservadora cada vez más dura, que incluye la prohibición de “propaganda homosexual”, la venta de ropa interior de encaje y la obligación a los blogs con más de 3.000 lectores de registrarse como medio de comunicación oficial.

Nuevas repercusiones

En lugar de tapar con un pitido o eliminar el lenguaje ofensivo, la junta de censura tiene derecho a otorgar certificados de difusión para cualquier película con contenido obsceno. Las películas con lenguaje vulgar deberán proyectarse ahora en festivales especiales y proyecciones privadas.

Resulta igual de preocupante que la ley obligue ahora a todas las películas a obtener un certificado de difusión, lo cual puede costar 20.000 rublos (400€). “A los directores de documentales, a los que represento, no les importa la prohibición en este momento, sino la licencia de difusión que necesitarán a partir del 1 de julio”, dijo Olga Kurina, directora comercial del Centro Nacional de Cinematografía, en un debate de vozduh.afisha.ru. “Anteriormente las licencias de difusión sólo eran necesarias para grandes proyecciones públicas, pero ahora se aplica a todos por igual”, añadió.

En el caso de que un cine decida proyectar una película de forma ilegal, deberá pagar una multa de hasta 2.100€. La ley impondrá multas de hasta 55€ a cada infractor individual y 1.100€ a las organizaciones que continúen utilizando “malas palabras” en el arte y los medios de comunicación.

Los libros y DVD que contengan lenguaje vulgar deberán ser vendidos en un envoltorio especial que alertará a la gente del “lenguaje inapropiado”.

¿Oprimiendo la inteligencia?

Según el Kremlin, la prohibición trata de impulsar “la protección y el desarrollo de la cultura lingüística”. Las palabras vulgares tienes su origen en la cultura urbana, los barrios de la clase obrera, los pueblos y las comunidades con poca escolarización oficial, lo cual lleva a especular sobre que su prohibición trata de promover un uso del lenguaje más “culto”. Sin embargo estas expresiones llenas de matices, en una cultura lingüística cada vez más desarrollada, son utilizados por el proletariado y los intelectuales por igual como una lengua de oposición.

“Las “malas palabras” rusas son únicas e incluso un fenómeno lingüístico sagrado. Tienen sus raíces en la cultura tradicional rusa y la prohibición de su uso es muy estúpida, por el contrario deberían protegerlos como parte de la herencia cultural”, dijo al periódico Trud, Valeriya Gai Germanika, destacada directora rusa cuya película “Yes and Yes fue aclamada por la crítica, y retirada de las salas como resultado de la prohibición.

Las películas, la literatura y las obras de teatro están entre las herramientas que los artistas de la oposición utilizan para emitir su mensaje. El lenguaje más duro se encuentra a menudo en películas que tratan problemas sociales duros, por ejemplo películas sobre la guerra, la policía o la clase trabajadora. Como directora de documentales Marina Razbezhkina se ha dado cuenta de que es prácticamente imposible grabar un documental sobre gente real omitiendo el uso de obscenidades ya que están muy normalizadas en el léxico. Por todo esto se especula que está ley tiene por objetivo silenciar las voces de la oposición.

Además, prohibir palabras concretas ataca a los síntomas, en lugar de al problema real. Aunque la retórica oficial de Rusia dice sentirse orgullosa de la tradición del país de cultivar la producción cultural, lo cierto es que ha hecho muy poco por promoverla. En su lugar ha invertido poco en educación y ha alistado a los mejores estudiantes al ejército, forzando a los intelectuales a abandonar el país.

No se espera que esta legislación impacte a los productores extranjeros, ya que el lenguaje vulgar en las películas extranjeras es doblado y sustituido por un léxico más benévolo, (aunque las películas extranjeras que representan a Rusia desfavorablemente pueden ser objeto de otra prohibición en el futuro)

Cumplimiento opcional

La cierto es que las leyes más infames de Rusia o no llegan a implantarse o se regulan parcialmente. Mikhail Saltykov-Shchedrin, un satírico ruso del siglo XIX dijo que “la ferocidad de las leyes rusas se compensa gracias a que su cumplimiento es opcional”.  

Cuando Andrey Zvyagintsev, importante director de cine ruso, ganó un premio al Mejor Guión en el Festival de Cannes de 2014 por su película Leviathan, los críticos predijeron que su película nunca se proyectaría en Rusia. Leviathan cuenta la historia de un hombre que trata de luchar contra la corrupción en una de las remotas ciudades de Rusia. La película trata los aspectos sociales más importantes utilizando palabras vulgares y potentes diálogos.

film poster for “Yes & Yes,” a Russian film whose distribution certificate was pulled because of profanity. image taken from kinopoisk.ru

Cartel de “Yes & Yes,” película independiente galardonada afectada por la prohibición tres días después de su estreno. Cartel de kinopoisk.ru

Zvyagintsev se negó a editar la película y eliminar las expresiones vulgares. “Hemos sopesado cada palabra, todo el vocabulario encaja, es un lenguaje dinámico que se ajusta. Castrar y restringir el lenguaje es malo para el arte” dijo durante una conferencia de prensa en Cannes.

A pesar de toda la controversia, Zvyagintsev recibió su certificado de difusión 8 días después de que la ley fuera promulgada. “Hay muy pocas palabras obscenas en la película. Suena a un lenguaje de verdad, y la verdad es belleza”, dijo Zvyagintsev a Itar Tass.

La película de Valeria Gai Germanika, “Yes and Yes”, no tuvo tanta suerte. Aunque ganó el premio al Mejor Director en la 36 edición del Festival Internacional de Cine de Moscú y consiguió casi 38.500€ gracias a la venta de entradas (en sólo tres días hasta que la prohibición entró en vigor), no se le concedió el certificado de difusión debido a su amplio uso de lenguaje provocativo.

“Cambiar los diálogos o cortar partes sin duda dañaría la película, me molestaría mucho. No sé que haré…Las palabrotas son parte de mi vida y la vida de mis héroes”, dijo Germanika a Fipresci.org.

Por otro lado, otras películas fueron prohibidas incluso antes de la ley contra el lenguaje obsceno, Clip, una película serbia dirgida por Maja Milos, fue prohibida en 2012 debido a su representación explicita de lenguaje obsceno, drogas, consumo de alcohol, y escenas sexuales con menores.

Como directores y artistas independientes luchamos contra estos nuevo retos, queda por ver si la ley se utilizará para fundar una nueva norma cultural o infundir auto-censura y castigar selectivamente a ciertos artistas.

Esta historia fue encargada por Freemuse, el principal defensor de los músicos a nivel mundial y Global Voices para Artsfreedom.org. El artículo puede ser republicado por medios no comerciales, reconociendo el crédito a la autora Masha Egupova, Freemuse y Global Voices e incluyendo un enlace al original.

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