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Confesiones de un iraní indignado que ríe para sobrevivir

El «indignado» humorista político iraní Kambiz Hosseini. Foto de Wikimedia Commons.

El «indignado» humorista político iraní Kambiz Hosseini. Foto de Wikimedia Commons.

Por Kambiz Hosseini.

Soy un iraní indignado. Bueno, antes que iraní, soy una persona indignada, como los indignados habitantes de Medio Oriente que se ven en televisión, los que se ven en las calles con los puños apretados y la expresión angustiada mostrando su protesta.

No siempre he estado indignado: me indigné. Lo que me atormentaba y me convirtió en un hombre indignado se remonta a cuando vivía en Irán. Por supuesto, a partir de cierto punto, mi indignación sobrepasó los límites ordinarios y comencé a reír para sobrevivir. Es decir, no puedo estar indignado sin reírme de mi propia indignación.

Hoy, transformar mi indignación en comedia y reírme de mi angustia es mi trabajo. Las razones para que esté tan indignado aumentan cada día, y por lo tanto, tengo también más razones para reírme. Así es como me convertí en un iraní indignado:

– Veía gente luchando y golpeándose en la calle, fui al psicólogo y me dijo que llegado el caso, yo también podía volverme violento. Después me di cuenta de que la República Islámica no tiene problemas con la violencia.

– «¡Guerra, guerra, hasta la victoria!» era el eslogan escrito por las paredes. No fui al psicólogo porque me podría haber hecho dejar de ser patriótico. Después me di cuenta que la paz, para la República Islámica, significa beber de un cáliz envenenado. Decidí no hablar de ello y alquilé un apartamento fuera de la ciudad, temiendo que las bombas cayeran en ella.

– «¡El partido de Alí es el único partido, Seyed Alí es es único líder!» decía un enorme cartel. Fui a ver a mi psicólogo y me dijo «¡Cállese!». Después supe que la República Islámica no tiene ningún problema con que los ciudadanos se manden a callar unos a otros.

– Durante todo el informativo vespertino de la televisión tenía la impresión de que se repetía una y otra vez una única frase: «¡Eres estúpido! ¡Eres estúpido!». Fui a ver a mi psicólogo y me dijo «¡Eres estúpido!». Después supe que la República Islámica no tiene ningún problema por pensar que la gente es estúpida.

– El periódico Kayhan, en lugar de proporcionarme noticias fiables, me enseñó a mentir y a ser un hipócrita. Fui al psicólogo. Un letrero en su puerta decía que no podía admitir pacientes que leyeran el Kayhan. Después supe que la República Islámica no tiene problemas con las mentiras o la hipocresía más sucia de los periódicos.

– Cada vez que llevo un nuevo guión al responsable de aprobar los guiones en el Ministerio de Cultura y Guía Islámica, con la idea de producir una obra de teatro, el funcionario me sonríe y me dice: «¡Vuelva mañana!». Fui al psicólogo y me dijo: «¡Vuelva mañana!». Después descubrí que la República Islámica no tiene problemas con que vuelvas mañana.

– No podía pagar el alquiler. Fui al psicólogo y me dijo que eso era una «enfermedad pública» y no tenía que preocuparme. Después supe que la República Islámica solo envia un grupo concreto de favorecidos a Dubai, China, Malasia, Rusia y Venezuela para su tratamiento, y no tiene ningún problema con mi enfermedad.

– La policía nos arrestó a mi novia y a mí por «pasear juntos». Fui al psicólogo. Me recetó matrimonio para que pudiéramos andar juntos por la calle. Después supe que la República Islámica tiene un problema con que pasee con mi novia.

– Los ideales expresados en las películas no son mis ideales. No fui al psicólogo. Después supe que la República Islámica tiene un problema conmigo porque no comparto esos ideales. He intentado vivir con un enemigo imaginario de mi país que quiere destruirme. Tenía que hacer algo todos los días para defenderme del enemigo. Fui al psicólogo y me dijo que me buscara otro psicólogo. Nunca llegué a saber nada de eso.

– En lugar de intentar descubrir por qué la República Islámica tiene problemas con algunas de estas cosas y no con otras, dediqué mi vida a compadecerme a mí mismo por ser una víctima. Fui al psicólogo para tratar mi victimismo y me dijo: «¡Cómprese una antena parabólica! Si ve el otro lado del mundo, sabrá que no todo el mundo es víctima».

Me compré una parabólica pero ninguno de los programas trató mi enfermedad, ¡e incluso me enfurecieron aún más! Volví al psicólogo. Me dijo: «Es lo que hay. No puedo hacer nada por usted. Pero puede hacer un programa de televisión para una audiencia de una sola persona, usted, y después sentarse en su sala y verlo. Quizá sea capaz incluso de decirle a unas cuantas otras víctimas que ellos también lo son pero que pueden vencer el hábito».

Indignado y riéndome de mi indignación, me fui de su consulta para siempre, corrí a mi habitación y me tiré de cabeza contra la televisión, contra las ondas del satélite para crear un programa indignado, amargo y satírico que me curara a mí mismo y a otros iraníes de nuestro victimismo.

Kambiz Hosseini es un satírico político, actor y presentador de televisión y radio iraní. Es el presentador de Poletik, un informativo satírico que se emite en Radio Farda, así como del podcast sobre derechos humanos en Irán Five in the Afternoon. De 2009 a 2012 creó y presentó en Voice of America el exitoso programa Parazit, aclamado por la crítica, que alcanzó los 30 millones de espectadores en todo el mundo.

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