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Zeejah Fazli y la fracturada industria musical de Islamabad, Pakistán

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El musicarium del rock de Zeejah Fazli se convirtió en la primera instalación del sector privado del país para crear, promover y preservar la música paquistaní. Imagen de su página de Facebook.

Cuando Zeejah Fazli compró su primera guitarra en una libreria de Islamabad en los 80, él era un fan de Jeff Beck con sólo 12 años de edad, y la capital de Pakistán no tenía un sola tienda de música. La censura musical y artística estaban en su apogeo.

Hoy, Zeejah es un guitarrista consumado, así como un empresario que está tratando de cambiar el rumbo para los jovenes músicos rockeros de Islamabad. La censura estatal para las artes ha ido menguando desde el 2002, pero los músicos del país aún luchan para poder hacer de su talento carreras que los mantengan.

En Pakistán, la música aún no se desarrolla completamente en una industria. La mayoría de los músicos hacen tanto de artistas como de empresarios, se encargan de todos los aspectos de la producción y distribución de la música ellos mismos, desde la creatividad hasta lo financiero y el mercadeo.

Desde el 2007, los músicos además han estado en riesgo debido a la turbulencia política y la constante amenaza del terrorismo en el país.

En áreas como la provincia nororiental, Khyber Pakhtonkhwa, muchos artistas caen víctimas del Talibán, quiénes son antimúsica. Los ataques a músicos, lugares, tiendas de música y santuarios que albergan música son comunes.

Los artistas que eligen usar los espacios de internet también enfrentan dificultades. Youtube, usada como plataforma para compartir y distribuir música, fue prohibida en Pakistán en el 2012, y las páginas de facebook han sido bloqueadas.

Mientras tanto, los empresarios como Zeejah están trabajando para mejorar la situación, que en el caso de Zeejah, incluye iniciar una ONG para crear y facilitar las oportunidades no corporativas a musicos y organizar el primer festival a larga escala de Islamabad.

Rockear en un lugar díficil

Zeejah no tuvo un maestro de música pero él sabía que quería tocar guitarra. Eso sucedía cuando Pakistán era gobernado por el dictador militar Zia-ul-Haq, quién condenó la música y cultura occidental.

Aunque la música rock casera floreció de manera clandestina, más plataformas principales como la radio y la TV se fueron limitando. Poco después que Zia llegó al poder, su administración estableció una serie de medidas y procedimientos legales para limitar la distribución de la música pop en el país sólo mediante el canal de TV estatal que se emitía por Pakistan Television, PTV. Los distribuidores de películas y los cines eran gravados excesivamente, llevando a los estudios y teatros en Pakistán, que alguna vez fue una industria en auge, a bajar sus cortinas. Pronto, la única fuente de distribución de música era PTV y la radio gubernamental de Pakistán.

Benazir Bhutto sucedió en el poder a Haq, y bajo su gobierno democrático las cosas empezaron a mejorar para los músicos. PTV de nuevo emitía música pop. Sin embargo, la música rock aún no era viable comercialmente.

“Era divertido en ese entonces cuando nos invitaba a tocar en bodas”, recuerda Zeejah, refiriéndose a su banda de rock Elixir de los años 90. “La música paquistaní se tocaba en bodas y corporativos. Ese fue el momento en que pensé, ¿cómo la gente que no toca pop es reconocida en este campo? Me di cuenta de que no hay una plataforma sólida para las personas que tocan rock, como yo”.

Tomó un descanso en la música para concentrarse en sus estudios. Zeejah completó un programa MBA e inició un negocio de farmacéutica. “Pensé que la industria de la música no tenía nada que ofrecer a un músico como yo. No la seguí como carrera y entonces hubo una interrupción de mi carrera como músico. Aún seguía tocando la guitarra, pero en casa”.

De sesiones de micrófono abierto al Musicarium del Rock

En 1999, otro dictador militar llegó al poder en Pakistán. A diferencia de Zia-ul-Haq, Pervez Musharraf tomó una serie de pasos para abrir las industrias de cine, arte y música del país.

Con el negocio yendo bien, las cosas en la música comenzaron también a ir bien para Zeejah. Se buscó un espacio cómodo en la bien planeada y arbolada Islamabad y empezó a producir y grabar regularmente después de su horario de trabajo normal.

En el 2004, Zeejah se unió con sus amigos de ideas afines Zaman Armaghan y Arieb Azhar, y desarrolló sesiones improvisadas llamadas “‘Sweet Leaf City Jam“.

“Invité a todos mis amigos músicos a venir a la improvisación y sacar toda su frustración. Se hizo muy popular en la ciudad que la gente empezara a venir regularmente a las improvisaciones”, dijo Zeejah.

Mientras “Sweet Leaf City Jam” se hizo más frecuente, igual fueron las quejas de los vecinos, que no estaban acostumbrados a improvisaciones nocturnas tardías en la somnolienta capital.

Primero llevaron Sweet Leaf a los bosques, en las colinas de Margalla en las orillas de la ciudad. Después en el 2009, Zeejah buscó ayuda del departamento de gobierno que maneja las aprobaciones para conciertos y propiedades de tierras, la Capital Development Authority (CDA) para abir un lugar más grande.

Con la ayuda de la CDA, ellos pudieron adquirir un terreno cerca del lago Rawal y construir un sitio también a las orillas de la capital, al cual apodaron The Rock Musicarium. El Musicarium rápidamente sobrepasó sus raíces de micrófono abierto.

“Inicialmente era continuar con las sesiones a micrófono abierto que estabamos teniendo al principio, pero de forma más organizada”, dice Zeejah. “Pero invertimos más de lo requerido y comercialmente no era viable para nosotros. Las pequeñas sesiones improvisadas no sostendrían un lugar tan grande”.

Para el 2010, el Musicarium de Rock era un anfiteatro totalmente funcional, con café y estudio de grabaciones. Ha albergado muchos conciertos y eventos de bandas populares y subterráneas de todo tipo de género, desde la banda subterránea Bambu Sauce a la popular Noori.


[Noori toca en el Musicarium de Rock en el 2012, subido por el usuario de YouTube 00alihassan]

La censura, el encanto de Bollywood y los riesgos de bomba

Mientras Zeejah aprendía sólo a tocar guitarra, una larga década de política islamista en Pakistán incapacitó a la industria del entretenimiento del país con políticas de censura restrictiva. Su efecto duró hasta bien entrados los 90.

Los músicos dependían de trabajitos con sus colegas, en las corporaciones o en bodas para conseguir comida. Muchas historias de éxito de músicos comerciales como Rahat Fateh Ali, Atif AslamAli Zafar, se hicieron al integrarse en la multimillonaria industria hindú de Bollywood. Una vez que fueron famosos en India, ya podían cobrar hasta $20,000 por conciertos privados o bodas en Pakistán.

Sin el “encanto de Bollywood”’, el talento de los músicos de rock de Pakistán era, y aún es, incapaz de alcanzar las grandes audiencias lo suficiente como para mantenerse de su música.

Justo cuándo el nuevo milenio estaba por comenzar, los Estados Unidos invadieron el vecino Afganistán y los militantes islámicos dirigieron su furia hacia Pakistán, un aliado de EE. UU., bombardeando lugares públicos en las antes pacíficas ciudades. Planear un concierto de repente tenía alto riesgo, lo que la mayoría de los patrocinadores no estaba dispuesta a asumir.

“Algunos grupos religiosos extremistas condenan la música”, dice Zeejah, “y no sólo la música, también quieren que las mujeres usen el hijab, y si los hombres no tienen barba puede ser un problema. En esas áreas es arriesgado tocar música. Desafortunadamente, esas áreas están bajo fuerte influencia de ciertos grupos, que no representan verdaderamente nuestra cultura. A pesar de la situación, la gente expresa su interés en la música y toca en lugares ocultos. Y si alguien los saca fuera de esa área y los trae a lugares dónde la música es más aceptable, ellos tocaran gustosamente”.

“La música no sólo es producirla, son también presentaciones en vivo”, dice Zeejah: “Si tu produces un CD y eres incapaz de tocarlo, entonces tu música no va a ningún lado. El ambiente para las presentaciones en vivo no es amigable, no hay lugares, no hay seguridad. Los músicos están tocando en bodas y eventos corporativos. Yo diría que la industria actúa de acuerdo a las bodas y eventos corporativos”.

Exposición en TV y redes sociales

Mientras los artistas aún luchan con los conciertos en vivo, la industria privada de TV de Pakistán, es otra vez una plataforma accesible. Pakistán tiene ahora docenas de canales de cable por TV, muchos de los cuales transmiten programas de “sesiones de estudio” inspirados en los programas Unplugged de MTV y patrocinados por grandes corporaciones en el país.

El más famoso de estos, Coke Studio, fue creado por Coca Cola en el 2008 y actualmente está iniciando su séptima temporada. Transmite actuaciones en directo desde el estudio de diferentes géneros musicales y se ha convertido en una de las más populares series de música por tv en Asia. Las sesiones de Coke Studio se pueden ver en tv y también por Youtube y Vimeo.

Coke Studio ha inspirado series que los imitan con variaciones respaldadas por corporaciones como la de los grandes proveedores de celulares Ufone ‘Uth Records’ y la del gigante del café instantáneo Nescafe ‘Nescafe Basement’.

Sin embargo, como no hay infraestructura para la música en vivo, cobranza de la regalías y pagos por distribución, no hay forma de hacer que la popularidad de las redes sociales se convierta en ganancia.

“La industria de la música no puede sobrevivir sólo en la televisión, sin importar cuantos Coke Studios e ídolos de Pakistán surjan”, escribió el músico y escritor Arieb Azhar en un artículo para dawn.com: “Las fuentes reales de pan y agua son conciertos de música en vivo de forma regular”.

Modelos Alternativos

Los artistas en Pakistán luchan para encontrar maneras de sobrevivir, y estás vienen en diferentes modelos. El compositor y cantante Haroon Rashid inventó la idea de Taazi.com. (“Taazi” significa “fresco” en urdu.) Taazi.com es un sitio web amigable para los artistas dónde ellos pueden subir y lanzar sus trabajos y cobrar regalías.

El mismo Zeejah ha tomado pasos para apoyar a la música más allá de la esfera de las bodas y eventos corporativos.

En el 2004, Zeejah fundó el Foro para el Arte, Cultura y Educación (FACE), una organización no gubernamental dedicada a “fortalecer, empoderar y educar a las comunidades a través del lenguaje universal de las artes y mediante las interacciones culturales”, al facilitar los intercambios musicales y organizando seminarios, conferencias, festivales eventos, talleres, lecturas y foros.

FACE intenta actuar como un recurso informal para los próximos músicos y compositores que trabajan en diferentes géneros, de diferentes regiones de Pakistán.

“Esto provee todas las respuestas para un joven y ambicioso amante de la música que quiera seguir una carrera de música en el país. No había una plataforma, guía o mentor para mí cuando yo era joven, pero quiero que los próximos músicos lo tengan”, dijo Zeejah Said, con una semi sonrisa en la cara.

Más recientemente, FACE organizó el “Music Mela” en mayo del 2014, en colaboración con la Red de Alumnos Paquistaní-Norteaméricanos (PUAN por su siglas en inglés). Fue el primer festival musical de este tamaño en Islamabad.

“Fue un festival de tres días con talleres y conferencias sucediendo simultáneamente. Invitamos músicos de folk, pop y rock. Nos enfocamos en la diversidad regional e invitamos reconocidos folkloristas que no son necesariamente populares o comerciales”, explicó orgullosamente Zeejah.

Un festival de música en Pakistán que juntó a miles de personas y fue escaparate para artistas paquistaníes, fue un logro cultural impresionante y un paso hacia crear el tipo de comunidad que algún día facilitará una industria musical sostenible. Para Zeejah, también fue un sueño hecho realidad.

Con reporte adicional de Sahar Habib Ghazi.

Esta historia fue comisionada por Freemuse, el líder mundial en defensa de los músicos, y Global Voices para Artsfreedom.org. El artículo puede volver a ser publicado por medios no comerciales, acreditando a la autora Annie Zaman, Freemuse y Global Voices y enlazando el original.

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