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Un tramo de asfalto donde deben estar nuestras libertades

Steel Will - Dr. Wayne Kublalsingh on Day 21 of his initial hunger strike in 2012. Photo by Jolynna Sinanan, used with permission.

Voluntad de acero: Manifestante de Trinidad y Tobago Dr. Wayne Kublalsingh el día 21 de su primera huelga de hambre en 2012. Foto por Jolynna Sinanan, usada con permiso.

Las protestas comenzaron mucho antes de 2012, cuando el activista ambiental y profesor universitario Dr. Wayne Kublalsingh se declaró en huelga de hambre como una protesta pública y personal contra la construcción de una controvertida sección de carretera entre Debe y Mon Desir en el sur de Trinidad. Él se convirtió en la cara de un grupo llamado Movimiento por el desvío de la Autopista (HRM). El HRM había recibido garantías de la actual primer ministra Kamla Persad-Bissessar y de otros miembros de su partido mientras aún estaban en la oposición, de que ninguna ruta sería construida en su comunidad, y que la laguna Oropuche, un área ambientalmente sensible, no sería afectada por potenciales obras viales.

Pero una vez que el partido de Persad-Bissessar, Alianza Popular llegó al poder en las elecciones generales de 2010, todas esas promesas fueron olvidadas. La construcción comenzó en serio: las retroexcavadoras destruyeron el campo de protesta del HRM y el Dr. Kublalsingh fue arrestado. Él inició su primera huelga de hambre cinco meses después, y sólo la abandonó cuando, presionado por los grupos de la sociedad civil, el gobierno estuvo de acuerdo con realizar una evaluación independiente del proyecto de la autopista.

Para entonces, la mayoría de las personas habían entendido que la oposición del Dr. Kublalsingh a la construcción de la autopista involucraba mucho más que una simple autopista—era una cuestión de principios. Se trataba de responsabilizar a los funcionarios por sus acciones. Transparencia. Buen gobierno. Acerca del desarrollo que respeta la comunidad humana y el medio ambiente. Era, esencialmente, acerca del progreso—pero no sólo la clase de progreso que se puede medir fácilmente. Los estragos a los que el Dr. Kublalsingh sometió a su cuerpo durante 21 días en noviembre de 2012 planteó la pregunta: “¿Usted como ciudadano está haciendo lo suficiente por su país?”

El hecho de que un hombre que se había puesto previamente en el camino y logrado detener la construcción de dos proyectos de plantas de fundición de aluminio en el sur de Trinidad haya tenido que recurrir a iniciar una huelga de hambre para atraer la atención del gobierno sugiere que la respuesta a esa pregunta es “No”. Las huelgas de hambre son algo habitual en la Cuba de Castro; el desesperado último recurso de los desamparados. ¿Por qué el Dr. Wayne Kublalsingh ha tenido que embarcarse en una nueva huelga de hambre para que las preocupaciones de gran parte de la ciudadanía sean atendidas? ¿Es esto democracia participativa? ¿Cuando las personas no están de acuerdo con el status quo, son ignoradas? ¿Vilipendiadas? ¿Cuando las personas hacen preguntas, se intenta desacreditarlas?

Simpatizantes del proyecto de la autopista afirman que el HRM es anti-desarrollo. En realidad, el HRM está exigiendo que el gobierno cumpla el acuerdo de evaluar los hallazgos del Informe independiente de Armstrong y modificar la ruta en el tramo entre Debe y Mon Desir. Incluso ha propuesto una alternativa. Existen algunos verdaderos logros para nuestra democracia aquí. El sufrimiento del Dr. Kublalsingh y el incondicional apoyo del HRM hacia él impulsó acciones positivas, orientadas a encontrar soluciones en grupos de la sociedad civil. Del mismo modo, el gobierno acordó pagar una auditoría independiente que los grupos de la sociedad civil han propuesto como la solución al impasse.

Pero a esto siguió una ruptura en las comunicaciones. En un desafortunado error, el HRM ha acusado al gobierno de no licitar el proyecto. Afra Raymond, presidente del Consejo consultivo conjunto, que ayudó a negociar la evaluación independiente que logró terminar con la primera huelga de hambre, consideró el alegato problemático por dos razones: en primer lugar, el contrato de la autopista en realidad fue licitado en 2010, y en segundo lugar, según Raymond, las “aseveraciones infundadas del HRM . . . muestran la falta de familiaridad con los contenidos del Informe Armstrong.”

Todo discurso significativo que el Informe Armstrong haya generado ahora se ha degenerado en epítetos y acusaciones denigrantes del grupo a favor de la autopista, que la Primer Ministro ha esencialmente llamado libertad de expresión siempre que “ellos no violen la ley”. Aparentemente, el presidente del país no recibió ese memo. Y aparentemente, existen prioridades más importantes para un primer ministro que las preocupaciones de los ciudadanos que están representados por un activista moribundo.

Estoy cansada de—y soy cauta respecto a—la política patriarcal. En esta tierra de “soluciones a corto plazo”, estoy tan harta de la política de relaciones públicas que mi estómago no soporta otro bocado. ¿Podemos retroceder en este punto? ¿Podemos todos… quedarnos en silencio? Porque en las palabras del grupo de rapso 3Canal, “todos están hablando pero nadie escucha,” y todos estamos en peligro de olvidarnos de lo central. Y si lo hacemos—si dejamos de lado al Dr. Kublalsingh por ser alguien que causa problemas, un idealista que abraza árboles, un disidente—no vamos a entender la importancia de aquello por lo que él está luchando antes de que sea demasiado tarde.

Entonces hablemos y escuchemos. En lo que deberíamos centrarnos, como el artista Peter Minshall lo ha sostenido no es en si el Dr. Kublalsingh puede ser comparado con Gandhi o si debió haber puesto en peligro su vida al embarcarse en una segunda huelga de hambre. En este punto, el foco no debe estar en Kublalsingh. Pero estamos demasiado acostumbrados a falacias y charla pomposa, así que pensamos que esto es acerca de un tramo de asfalto, cuando en realidad es acerca de nuestras libertades y derechos como ciudadanos de Trinidad y Tobago, ya sea que apoyemos la construcción de la autopista o no.

Si las comunidades ubicadas entre Debe y Mon Desir pierden sus hogares, sus vidas y su sentido de pertenencia, también nosotros perdemos algo. Si el Dr. Kublalsingh y su familia retroceden frente a las palabras malvadas de un grupo tan convencido de su misión que son incapaces de respetar un punto de vista diferente, nuestra libertad para expresar nuestra propia verdad se torna bastante más limitada. Si existen intentos de compromiso razonable y el HRM no está dispuesto a ceder, todos sufriremos.

No conozco al Dr. Wayne Kublalsingh, pero lo que sé es esto: el hombre tiene visión. Él ha visto el final de la ruta y él ha colocado el dinero de los contribuyentes en donde está su boca. Entonces, en lugar de permitir que la cacofonía del tumulto de voces nos distraigan, permanezcamos en silencio y escuchemos el mensaje del Dr. Kublalsingh mientras él habla con dificultad. Escuchemos el ruido de las máquinas excavadoras que se niegan a detenerse para reagruparnos y lograr alguna claridad. Permanezcamos en silencio y reflexionemos sobre la pregunta que hemos ignorado por demasiado tiempo: “¿Qué queremos, como país, para nosotros?”

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