Los comentaristas occidentales aún malinterpretan las protestas del parque Gezi en Turquía

Fez

‘FEZ: Diorama de una protesta callejera turca’ compartido por @slinkachu.

La Feria de arte contemporáneo de Estambul, que tuvo lugar del 13 al 16 de noviembre, se encuentra entre los eventos artísticos más populares en Turquía. Una de las piezas que atrajo considerable atención este año llevaba como título ‘FEZ: Diorama de una protesta callejera turca’ del artista inglés Slinkachu. El trabajo, que representaba las protestas de Gezi de 2013, mostraba policías anti-disturbios en miniatura que llevaban banderas turcas y motas de algodón simulando ser una nube de gas lacrimógeno. La violenta escena estaba representada sobre un fez, un sombrero de fieltro ampliamente usado durante el pasado otomano turco. 

Afortunadamente había un panel explicativo junto a la obra para asegurarle al espectador que la elección del escenario no era para responder a una extravagante estética oriental que conecta cualquier referencia a Estambul con camellos, alfombras voladoras, bailarinas de la danza del vientre y, por supuesto, con el fez. En cambio, como el panel informa, el fez está presente como un “recordatorio del pasado, no del futuro.” Luego de una breve descripción de la ‘ley del sombrero’ — uno de los más absurdos episodios en la historia moderna de Turquía — el anuncio sugiere que la presencia del fez en la obra sirve para “resaltar las escuelas de pensamiento de ambos ‘lados’”.

El contraste entre los manifestantes que agitan banderas que representan las fuerzas del progreso y los malvados reaccionarios interesados en reinstaurar el fez y el Islam político es problemático, no obstante, por diversas razones. En primer lugar, la prohibición del fez en 1925 fue una medida autoritaria caprichosa del régimen de partido único de aquel período, cuya ‘modernidad’ la pieza celebra de manera implícita. Su uso en este contexto arrastra los más graves delitos del mismo régimen, incluyendo el uso sistemático de la violencia contra minorías étnicas y religiosas bajo su protección.

Eso prologa el uso en la pieza de la bandera turca para simbolizar una fuerza para el bien en una degradada narrativa acerca de la Alianza rebelde versus el Imperio. Los discursos ultra-nacionalistas en Turquía habitualmente ocultan el descontento y la diversidad bajo la alfombra afirmando que todos los grupos étnicos y religiosos de Turquía están ‘unidos bajo la misma bandera.’ El asunto con esta declaración es que grandes atrocidades como la ‘repatriación’ forzada de los griegos, confiscación de las propiedades de las familias armenias y la represión del levantamiento de los kurdos alauíes en Dersim con un bombardeo aéreo y una invasión también se cometieron bajo esa bandera.

Slinkachu obviamente no es el único comentarista que coloca a las protestas de 2013 en términos binarios. La construcción de la dicotomía secular versus islámico como la épica lucha entre el bien y el mal es un antiguo cliché y uno que se repitió a menudo entre los que ‘explicaron’ los eventos durante su apogeo. El artículo de Luke Harding para the Guardian, por ejemplo, fue anunciado en un medio social como ‘lectura obligada’ para conocer los antecedentes políticos de Gezi:

Mi artículo de Estambul sobre cómo Ataturk se convirtió en símbolo de las protestas en Turquía. Buen debate bajo la línea. 

Pero la insinuación de que Kemal Atatürk, el fundador del estado de partido único responsable de prohibir el fez, fue el ‘símbolo’ de las protestas crea la misma falsa impresión que la afirmación de que los manifestantes estaban ‘unidos bajo la misma bandera’. En realidad diferentes personas de diferentes facciones, incluyendo partidos políticos de minorías étnicas muy alejados del chauvinismo asociado a Atatürk, participaron en los incidentes de Gezi. Como un usuario de Twitter de Estambul le rogó a Harding: “Por favor vea la diversidad.”

También aquel verano, en un giro casi tan perverso como la prohibición a nivel nacional de un cierto tipo de sombrero, el nombre del fundador de la república turca llegó a los labios del comediante inglés Russell Brand en una entrevista televisiva para CNN. Luego de haber apoyado las protestas en Twitter, Brand aclaró sus razones para hacerlo en aquella entrevista: “un símbolo poderoso del pueblo turco — Atatürk — ha sido, en sus mentes, en cierto grado, profanado.”

Una y otra vez, cuando se trata de discusiones acerca de Gezi y la política turca, vemos a comentaristas extranjeros mal informados recurrir al copia y pega de una confrontación dialéctica entre un histórico estado de partido único, autoritario y secular y el actual gobierno electo y autoritario con base religiosa. 

Lo peor de esta dicotomía es que revela una preocupante falta de fe en la idea de que Turquía en particular y el Medio oriente en general puedan desarrollar una alternativa viable al autoritarismo secular o religioso. Como una gran cantidad de participantes atestiguarán, lamentablemente las protestas de Gezi fueron la primera vez que algo cercano a un diálogo popular auténtico acerca de tal alternativa fue objeto de discusión en todo el país. 

Para muchos de los participantes que descubrieron por primera vez las injusticias ocultas por lemas chauvinistas, el espíritu de solidaridad y unidad provino no de la bandera nacional, la oposición compartida hacia un sombrero, o la necesidad de apoyar a un autócrata del pasado frente a uno moderno, sino del deseo de explorar una tercera alternativa y embarcarse en un experimento de democracia directa. 

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