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‘Ferguson es aquí': los negros brasileños sufren las consecuencias de la mortífera violencia policial

Fergurson Brazil

“No ha terminado, debe terminar: Queremos el fin de la policía militar” coreaban los manifestantes en la protesta el 18 de diciembre del 2014. Imagen de Mídia Ninja CC BY 2.0.

Centenas de personas salieron a las calles en São Paulo el 18 de diciembre, en protesta por la discriminación racial y la violencia policial en contra de los negros.

Más que solo apoyar el mitin en Norteamérica luego de la muerte de Michael Brown, en Ferguson, Missouri y Eric Garner en la ciudad de Nueva York — dos hombres negros asesinados por dos policías blancos — los manifestantes brasileños querían enfatizar la realidad del país: los negros son sistemáticamente acosados y asesinados por la policía brasileña.

Un estudio llevado a cabo por la Universidad de São Carlos mostró que el 61 por ciento de toda la gente asesinada por la Policía militar en São Paulo son negros. Según un estudio del Foro brasileño de Seguridad Pública, la policía brasileña es la que más mata en el mundo, asesinando a seis personas a cada día, en los últimos cinco años.

Durante las protestas, se podían ver pancartas con la frase “No podemos respirar”, así como los nombres de Eric Garner y Michael Brown, o la etiqueta #BlackLivesMatter (Las vidas negras importan) en los medios sociales.

La protesta Ferguson está aquí, delante de la Secretaria de Estado de Seguridad, esperando que el Secretario reciba a la comisión. 

En una carta oficial al gobierno del estado de São Paulo, más de 50 organizaciones de derechos humanos y movimientos negros detallaron varias exigencias: que se investigue a los asesinatos de jóvenes negros por la policía, que la Fiscalía del Estado tenga mayor vigilancia sobre las actividades de la policía y que las familias de los muertos en manos del Estado reciban una compensación legal, entre otras demandas: 

Vivenciamos em nossas comunidades o extermínio que se dá através de sistemáticos assassinatos, já traduzidos em números que se assemelham a até superam guerras. Isso somado às precárias condições de vida e à negação de direitos básicos tais como saúde, educação, segurança, moradia, transporte, acesso à universidades, à cultura e ao lazer – que atingem sobremaneira a população negra – configura na visão dos movimentos sociais e do movimento negro, um verdadeiro genocídio contra a juventude e o povo negro.

Vivimos una situación de exterminio en nuestra comunidad, a través de asesinatos sistemáticos en un número similar o incluso más elevado, a los observados en la guerra. A eso se le agregan las condiciones precarias de vida, la falta de derechos básicos como salud, educación, seguridad, vivienda, transporte, acceso a la universidad, cultura y entretenimiento — que afecta sobre todo a la población negra —  significando para los movimientos sociales y los movimientos negros, un verdadero genocidio de los jóvenes y de la población negra en general.

Para el bloguero Douglas Belchior, los grandes medios brasileños tienen distintas actitudes cuando cubren el tema en Norteamérica o en Brasil: 

A grande mídia, por sua vez, ao mesmo tempo em que noticia parcialmente o levante das massas negras nos EUA, em denúncia à violência policial daquele país, omite-se em repercutir as atrocidades promovidas pelas polícias brasileiras. Ao contrário, […] naturalizam a morte onde, via de regra, o silêncio do morto configura a prova da inocência do assassino.

Los grandes medios, mientras por un lado cubren las manifestaciones de los negros en Norteamérica y denuncian la violencia policial que ocurre ahí, por otro lado, ignoran las atrocidades cometidas por la policía brasileña. Por el contrario, […] los medios naturalizan la muerte, donde por regla general, el silencio del muerto significa la inocencia del asesino. 

Desde que empezaron las protestas Ferguson en Norteamérica, los brasileños han establecido el vínculo. En agosto el periodista Fernando Vianna escribió un artículo para el periódico Folha de São Paulo con el mismo nombre de la protesta del 18 de diciembre, “Ferguson es aquí”, en la cual dice:

Fergurson Brazil

Manifestantes en São Paulo escribieron en una pancarta los nombres de los norteamericanos y de varios brasileños muertos por la policía. Foto del usuario de Facebook Leh Aguiar.

Se para cada morte de um jovem negro pela polícia, no Brasil, segmentos da população saíssem às ruas tomados de revolta similar à ocorrida em Fergurson, nos EUA, viveríamos em convulsão diária.

Si por cada joven negro asesinado por la policía en Brasil, una parte de la población saliera a las calles enfurecida, como en Ferguson, viviríamos una permanente convulsión. 

El sociólogo de la Universidad Federal de Rio de Janeiro, Ignacio Cano, dijo en Bloomberg en noviembre:

Nuestra policía mata a centenas de personas. Tenemos un Ferguson cada día. La diferencia es que en Norteamérica todos coinciden en que toda la gente es igual ante la ley. Aquí no existe un consenso y muchos todavía creen que la gente de los vecindarios pobres son peligrosos o criminales, o ambas cosas. 

Policía brasileña: una historia de violencia 

Paintings in front of the Candelária Church, in Rio de Janeiro, were made in memory of the 8 teens killed by police officers.

Pinturas delante de la iglesia de la Candelária en Rio de Janeiro, en memoria de la masacre de ocho adolescentes sin hogar, en manos de la policía. Imagen del usuario de Flicker quentindelaroche CC BY 2.0

En 1992, una discusión entre los presos en la cárcel “Casa de Detenção São Paulo”, conocida como Carandiru, provocó un motín. Por no poder hacer frente a la situación, la seguridad llamó a la policía que irrumpió en el edificio matando a 102 presos.

El incidente – en el cuál los agresores solo se enfrentaron a la justicia 20 años más tarde, en 2012 – se conoció como “La Masacre de Carandiru” y fue retratada en la película del 2003, titulada “Carandiru”, que obtuvo reconocimiento internacional.

La masacre de Carandiru, sin embargo, es solo una de las muchas masacres acometidas por la policía brasileña.

Un año después, en 1993, ocho jóvenes entre los 11 y los 19 años fueron muertos mientras dormían delante de la iglesia de la Candelária, en el centro de Rio de Janeiro. Luego del crimen, tres policías fueron condenados y encarcelados, pero después fueron puestos en libertad. Sus motivos siguen sin estar claros, pero muchos suponen que les mataron en venganza por pequeños delitos cometidos por los jóvenes en la zona.

La venganza es un motivo recurrente de las incursiones de la policía en las favelas y en los vecindarios pobres de las ciudades brasileñas. 50 policías con la cara enmascarada asesinaron a 21 personas en la “favela” de Vigário Geral, en represalia a la muerte de 4 policías en la zona. Fue probado más tarde, que ninguna de las víctimas tenia historia criminal.

Ocho de las víctimas pertenecían a la familia de Vera Lúcia dos Santos. Cristianos devotos, su padre, madre y cinco hermanos volvían de la iglesia cuando fueron interceptados por la policía y asesinados.

Vera trae a la memoria aquella noche en el documental “À Queima Roupa” (A Quemarropa), premiado en Brasil en noviembre. En un testimonio espeluznante, cuenta como encontró sus cuerpos luego de la masacre: su madre con la Biblia en las manos, su hermano de rodillas, con los documentos que intentó enseñar a la policía antes que lo mataran:

Brillaba la luna, el cielo estaba cubierto de estrellas. Y me lo dijo: toda su familia ha muerto.

La película, que ha sido en parte financiada de forma colectiva, ganó el premio al mejor documental en el Festival de Cinema de Rio de Janeiro en 2014. En su columna sobre la película en el periódico “O Estado de São Paulo”, el destacado periodista, experto en seguridad pública y derechos humanos Bruno Paes Manso dice que Brasil tolera la muerte de los negros pobres. Hace un llamamiento a sus lectores:

Peço ao leitor, com todo o respeito, um esforço de abstração. Imagine uma vingança com tal crueldade praticada pela polícia contra moradores de Pinheiros, em São Paulo, do Leblon, no Rio, ou Stella Maris, em Salvador. Pais formados em universidades públicas, com seus filhos em colégios privados, todos brancos, sete corpos estendidos na sala de jantar para saciar a vingança e o ódio dos policiais marginais. Não sejamos hipócritas. Isso seria inconcebível. É inimaginável. O Estado não toleraria as consequências.

Pido al lector, con todo respecto, hacer un esfuerzo de abstracción. Imagine una represalia con semejante nivel de crueldad, cometida por la policía contra los moradores de Pinheiros en São Paulo, de Leblon en Rio de Janeiro, o Stella Maris en Salvador [todos vecindarios de alto rango]. Padres con títulos universitarios, sus niños en escuelas privadas, todos blancos, siete cadáveres en el comedor, para aplacar la sed de venganza y el odio de la policía. No seamos hipócritas. Sería inconcebible. Inimaginable. El Estado jamás aguantaría sus consecuencias.

Este tipo de conducta no terminó en los años 90. En julio del 2014, las imágenes de una cámara en un coche policial, publicada por la cadena de televisión Globo confirmaron que dos policías mataron a un niño de 14 años y lesionaron a su amigo de 15 años en Rio. Luego de detener a los dos adolescentes negros en el centro de la ciudad, donde al parecer cometían pequeños hurtos, fueron llevados hacía el Morro do Sumaré en el bosque de “Tijuca” para ser asesinados. En el metraje se escucha a los policías diciendo “basta de llorar que todavía ni empezamos a golpearte” y riéndose al bajar de la colina de vuelta a la ciudad — sin los dos adolescentes en el coche.

No contaban que el jóven de 15 años sobreviviera para contar la historia. Dijo que fingió estar muerto para salvarse y su testimonio fue crucial para que los policías fueran llevados a juicio. 

Pese al hecho que Brasil abolió a la pena capital en el siglo XIX, muchos brasileños están de acuerdo con el dicho “un criminal bueno es un criminal muerto”  — de hecho, el 43 por ciento de la gente está de acuerdo, según una encuesta.   

Los números de la desigualdad racial en Brasil

Inequality

Cerca del 70 por ciento de la población extremadamente pobre en Brasil es negra. Imagen del usuario de Flickr Cassimano CC BY 2.0

Brasil fue uno de los más grandes importadores de esclavos africanos en el mundo occidental. Entre los siglos XVI y XIX, cerca de 4 millones de personas provenientes de las colonias europeas en África desembarcaron en Brasil – en comparación con menos de un millón en Norteamérica, según la base de datos del “Transatlantic Slavetrade” [Comercio de Esclavos Transatlántico].

Los negros componen el 51 por ciento de la población total, según el Censo del IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística) del 2010. Sin embargo, corresponden al 63 por ciento de los pobres brasileños y al 70 por ciento de los que viven bajo la línea de pobreza. 

En 2012, 56,000 personas fueron asesinadas en Brasil, de los cuáles no menos que el 77 por ciento eran negros y el 53 por ciento eran jóvenes entre los 15 y los 29 años, según el “Mapa da Violência”, 2014, un estudio llevado a cabo por el Instituto Sangari.

Según el mismo instituto, entre el 2004 y el 2007, más gente ha muerto en Brasil que en los doce principales conflictos armados en el mundo en el mismo periodo de tiempo, incluyendo los conflictos en Afganistán, Israel y los territorios palestinos y el Sudán, entre otros. 

Números tan alarmantes provocaron que Amnistía Internacional empezara la campaña Joven Negro Vivo.

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