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En la Rusia de Putin, el Infierno son los otros liberales

The hard knocks of life in Russia's intelligentsia. Images edited by Kevin Rothrock. Illustration by Valery Osipov, CC 2.0.

Los grandes tropiezos de la vida en la élite intelectual de Rusia. Imágenes editadas por Kevin Rothrock. Ilustración de Valery Osipov, CC 2.0.

¡Pero qué diferencia puede hacer una semana! A mediados de noviembre de 2014, la blogósfera y los medios de noticias de Rusia estaban en ascuas, a la espera de lo que sucedería con Alexey Venediktov, el editor en jefe de Eco de Moscú, la estación de radio independiente más popular de Rusia. El trabajo de Venediktov estaba en juego, luego de que uno de sus presentadores más importantes, Alexander Plushev, tuiteara una broma de mal gusto sobre el accidente de un hijo de un oficial de alto rango del Kremlin. Entonces, de manera inesperada, Venediktov fue capaz de llegar a un acuerdo con el accionista mayoritario de Eco de Moscú, Gazprom Media, y mantener su puesto.

Venediktov quedó en el centro de dos escándalos que amenazan su reputación entre los mismos opositores liberales que lo defendieron antes. El sábado 22 de noviembre, asistió a la fiesta de cumpleaños de Konstantin Remchukov, editor en jefe de Nezavisimaya Gazeta, un periódico ruso semirrespetado. En la fiesta, Venediktov socializó con Dimitri Peskov, el secretario de prensa de Vladimir Putin y con el personaje de la televisión pro Kremlin, Mikhail Leontyev. Hay fotos en que se les ve juntos. Remchukov las tuiteó en el momento.

Muchos miembros de la élite intelectual liberal de Moscú, un grupo conocido en Rusia como los “tusovka”, estaban indignados por el hecho de que Venediktov se relacionara con la misma gente que una semana atrás habría estado complacida con su destitución. Algunos, como el político Boris Nemtsov y el editor en jefe de la página Snob.ru, Nikolai Uskov, salieron en defensa de Venediktov, pero figuras más jóvenes y menos expuestas no han ocultado su descontento. Arseny Bobrovsky, el cofundador de la cuenta satírica de Twitter KermlinRussia, hizo una comparación entre abrazar a Peskov y abrazar un excremento. Esta combinación, dice Bobrovsky, no es más que un ejemplo de arribismo.

Lesya Ryabtseva y Alexey Venediktov, 10 de mayo de 2014. Facebook.

Entonces, el domingo 23 de noviembre, la asistente personal de Venediktov, Lesya Ryabtseva, anunció en una publicación en el sitio web de Eco, que estaba coordinando un grupo de trabajo para desarrollar un conjunto de reglas que determinen el comportamiento apropiado en los medios sociales de los empleados de Gazprom Media, la cual posee bastantes estaciones rusas de TV, incluyendo NTV y 2×2, además de Eco de Moscú. La publicación de Ryabtseva, titulada de manera provocadora “EchoComNadzor” -un juego de palabras de “RosComNadzor,” el equivalente a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Rusia-, estaba mal redactada. Cuando describía el alcance del código ético de Eco, ella escribió de manera vaga: “El objetivo principal es crear reglas generales para todos. Para todos y cada uno de los periodistas. Para esta estación, para este grupo empresarial o para todo el país, no importa”.

Para empeorar las cosas, Ryabtseva además pareció atribuirse el mérito por la infame “Ley de Blogueros“, que este año estableció nuevas obligaciones para los “distribuidores de información” en la RuNet (internet rusa) e introdujo un registro gubernamental para ciertos “blogueros populares”. El grupo de trabajo de Eco incluirá miembros del personal editorial de la emisora, además de abogados de Gazprom Media y representantes del Ministerio de Comunicaciones y de Roscomnadzor, entre otros. Según Ryabtseva: “En pocas palabras: Llamé a todos mis amigos y con ellos hicimos la Ley de Blogueros”.

Stanislav Apetyan, un bloguero “patriota” y figura mediática rusa, arremetió contra la declaración de Ryabtseva, escribiendo en Facebook, “Ahora entiendo a quién debo dar las gracias por una ley escrita de manera tan estúpida que ni siquiera Roscomnadzor puede hacerla cumplir en la práctica”. Sin embargo, no solo fueron los seguidores del Kremlin, quienes discreparon con la controvertida publicación “EchoComNadzor” de Ryabtseva. Algunos prominentes periodistas liberales y figuras civiles la criticaron, oponiéndose a cualquier colaboración con los censores del gobierno, protestando por el concepto de un reglamento que regule los medios sociales “para todo el país” e incluso apuntando a la edad de Ryabtseva (23 años) y a su cercana relación con Venediktov.

Ostap Karmodi especuló de manera sarcástica que Ryabtseva podría ser otra “Katya Moomoo”, refiriéndose a un escándalo sexual acaecido en 2010, en el que los activistas pro Kremlin tentaron a ignaros opositores con acompañantes de pago, implicando que los lazos de Venediktov con su asistente no eran exclusivamente profesionales. “Antes, cuando los hombres contrataban como secretarias a gente tan ambiciosa cuanto analfabeta, el riesgo no era tan alto”, escribió un ex periodista del diario Kommersant, Demyan Kudryavtsev.

Lesya Ryabtseva en el estudio de Eco de Moscú. 11 de octubre de 2014. Facebook.

En su publicación, resulta que Ryabtseva se refería a la participación de Eco en las consultorías con el Primer Ministro adjunto, Igor Shuvalov, en abril de 2014 sobre el registro de blogueros, del que entonces solo se tenía un borrador legislativo. La reunión tuvo lugar en público, nada menos que en un concurrido café, y Eco participó junto a otras agencias de noticias, Interfax y RIA Novosti. Incluso Wikimedia, Yandex y Google enviaron representantes. Ryabtseva, en realidad, blogueó sobre este encuentro cuando tuvo lugar, aunque pocos se dieron cuenta (la publicación tenía solo 22 visitas, al momento en que se escribió esta noticia): “Nos reunimos para discutir el futuro de la RuNet y redactamos la ley“, dijo Ryabtseva a RuNet Eco. Sin embargo, las consultorías tuvieron muy poco impacto tanto en el texto final de la ley como en sus estatutos, dijo. “Lo que resultó al final, bueno, tendrán que disculparnos. No fuimos invitados a la redacción final de la ley”, comentó.

Durante el fin de semana, Venediktov estuvo activo en los medios sociales, defendiéndose a sí mismo y a su asistente. Cuando Leonid Volkov, ex jefe de campaña y asesor de confianza de Alexey Navalny, preguntó a través de Twitter, “¿Cuál es peor: la ley Dima Yakovlev [la cual prohibía a los norteamericanos adoptar huérfanos rusos] o la ley Lesya Ryabtseva?” Venediktov recurrió a un sorprendente ataque personal:

Entonces, Leonid, ¿cuántas veces has viajado al extranjero sin problemas, mientras que todos los compañeros de Navalny están bajo arresto o en el exilio?

Además, Venediktov se defendió en una publicación en la página de Eco, diciendo que él no pediría permiso para reunirse con ciertas personas. En la fiesta de cumpleaños de Remchukov, dijo Venediktov, él estaba trabajando, aparentemente consiguiendo entrevistas con Peskov, el embajador de Rusia en Japón y tratando de conseguir a Leontyev para entrevistar al presidente ejecutivo de Rosneft, Igor Sechin.

La velocidad y el vigor con el que la élite intelectual de Rusia le dio la espalda a Venediktov en tan poco tiempo resultarían realmente sorprendentes, si no se tratase de algo habitual en la “tusovka” de Moscú. Resulta que este tipo de situaciones ocurre todo el tiempo. De hecho, en el peor momento de Venediktov, Oleg Kashin publicó en su sitio web una lista de “Doce trabajos” escritos por el editor en jefe de Eco; cada uno narra un encuentro con los “traidores”, un comportamiento pro Kremlin, como el demostrado en la última celebración de cumpleaños de Remchukov. Cada vez que la tusovka reprendía a Venediktov por relacionarse tan de cerca con la maldad de los más poderosos de Rusia, se las arreglaba para volver a la gracia del público, luego de que ellos recordaran su valor como periodista independiente.

La última controversia de Venediktov es un recordatorio de algo que Grigory Yavlinsky dijo en septiembre de 2013. Yavlinsky, un eterno perdedor de las elecciones en Rusia y otro “amigo-enemigo” de la élite intelectual liberal, dijo, “En estos momentos hay poca gente en Moscú que teme a Putin, pero casi todos temen a su propia tusovka“.

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