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¿Quién era el enfermero cubano que murió de paludismo en Sierra Leona?

Categorías: Caribe, Latinoamérica, Cuba, Derechos homosexuales (LGBT), Noticias, Periodismo y medios, Respuesta humanitaria, Salud, Últimas noticias
Reinaldo Villafranca (imagen tomada de OnCuba y reproducida con autorización)

Reinaldo Villafranca. Imagen tomada de OnCuba y reproducida con autorización.

El 18 de enero de 2015 murió en Sierra Leona el médico cubano Reynaldo Villafranca, a los 43 años, víctima de un paludismo con complicación cerebral. Villafranca trabajaba en el Centro de Tratamiento al Ébola de Kerry Town desde octubre de 2014. La noticia fue dada a conocer en una nota informativa del Ministerio de Salud Pública cubano y replicada en los medios de comunicación [1].

Un reciente artículo publicado por el joven periodista y bloguero Carlos Manuel Álvarez [2] destaca las difíciles circunstancias de la vida de este hombre y devuelve una imagen más humana de la colaboración médica cubana, donde se incluyen entrevistas a sus familiares y amigos. Sin embargo, entre los más de 70 comentarios publicados en el sitio web de la revista OnCuba, destacan los ataques al autor, calificado de “escribidor, pseudoperiodista, sarcástico, injusto, perverso, buitre, degenerado”, lo que ha abierto un debate sobre las limitaciones y carencias del periodismo cubano actual.

Rafael González, en su blog, añade que [3]

Al parecer, estamos ante un típico caso de respuesta del lector cosechado. La vergüenza de tener una audiencia aberrantemente deformada, incapaz de leer la belleza del elogio de Carlos Manuel Álvarez en su texto sobre Villafranca no es más que el triste resultado de la no existencia de medios de comunicación en Cuba capaces de hacer periodismo.

Durante su investigación, Álvarez visitó a la madre de Villafranca, Justa Antigua, que “rompe a llorar sin consuelo y pide que le devuelvan a su hijo” y a su vecina, Alicia Cordero, donde este iba “a confesarse y a comerse lo que Alicia tenga en los calderos o en el refrigerador: un pollo, croquetas, un batido, un jugo de frutas”. Allí descubre que Villafranca estudia enfermería en 1997 como parte de unos cursos de superación que ofrece el gobierno cubano y se especializa en cuidados intensivos. Trabaja durante un año en la sala de terapia del hospital provincial y luego lo trasladan al policlínico de San Diego –a unos veinte kilómetros de Los Palacios–.

Casa de Vílláfaña (Foto tomada de OnCuba y reproducida con autorización)

Casa de Villafranca. Foto tomada de OnCuba y reproducida con autorización.

Sigue pasando cursos de la salud y cursos de inglés (….) Atiende también a los vecinos de la cuadra (una práctica común entre los médicos y enfermeros cubanos, trabajar incluso fuera de horario). Siente predilección por los pacientes de la tercera edad. Colostomías, cánceres. Y siempre, según todos los que lo recuerdan, muy jaranero, muy divertido, repleto de facundia. No esconde su homosexualidad. Se mete con los vecinos y bromea. Es libre, quizás hasta demasiado libre para un pueblo tan pequeño.

La última vez que Alicia Cordero logró hablar con Villafranca fue el 30 de diciembre. “Dice Alicia que estaba contento”, relata el periodista, “porque habían salvado tres niños”.

En la mañana del 17 de enero, presenta los primeros síntomas diarreicos, y en la tarde lo asalta una fiebre de 38ºC. Le hacen la prueba de Malaria. La prueba da positivo. Le inician tratamiento antipalúdico por vía oral. La fiebre sube. Pierde el sentido del tiempo y el espacio. Lo trasladan al hospital de la Armada Británica. Allí lo ingresan. La prueba de Malaria vuelve a dar positivo, y la prueba de Ébola, negativo. Le aplican la última generación del tratamiento antipalúdico por vía endovenosa.

Durante la noche y la madrugada, el cuadro clínico se agrava. Presenta dificultades respiratorias, toma neurológica. Lo acoplan a un equipo de ventilación pulmonar. Pero no responde al tratamiento, y horas después fallece.

Casa de Villafranca (Foto tomada de OnCuba y reproducida con autorización)

Casa de Villafranca. Foto tomada de OnCuba y reproducida con autorización.

Uno de los principales aciertos del texto, de acuerdo con la periodista y bloguera Disamis Arcia [4], “es que leyendo este trabajo sentí que podía tocar con las manos a Villafranca, y entenderlo, en sus motivaciones y frustraciones, en sus sueños, y sobre todo, en el heroísmo callado de su tremendo amor al prójimo”. Para Kaloian Santos, fotorreportero, “hasta el momento, antes de leer este post, según la percepción que me llevé al conocer de su muerte por las noticias dadas con parquedad por nuestros medios de comunicación, el colaborador cubano de la salud solo era un tipo al que la parca le había tocado a su puerta”.

Por su parte, el ex agente de la Seguridad del Estado, Manuel David Orrio, considera que la crónica “contraviene cualquier cantidad de códigos de ética periodística vigentes en muchos países del mundo y contiene elementos, jucios, apreciaciones, que no sólo serían juzgados como violaciones deontológicas, sino que serían asunto de los tribunales”, aunque no especifica cuáles serían los supuestos cargos bajo los cuales podría ser acusado el periodista.

González concluye que:

El texto de Carlos, sin los afeites típicos de las loas con las cuales se suele abordar el tema del internacionalismo en Cuba, logró conectarnos a muchos con la tremendísima condición humana de ese enfermero, que pudiera ser cualquier otro brigadista, pero era este. Un maricón. El menor de un montón de hermanos delincuentes. Un tipo que a pesar de los tantísimos pesares quiso estudiar y ser enfermero para ponerse al servicio de otros. Porque los contextos importan. Los contextos, que, entre otras cosas, formaron a Villafranca y nos dicen a nosotros lectores -crónica de Carlos mediante- que estamos ante un ser de carne y hueso que lucha y sangra, y no ante otra postal de la Revolución.

Villafranca es el segundo colaborador cubano que muere en Sierra Leona.