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GV Advocacy premia ensayos sobre censura en internet de Irán, Venezuela y Etiopía

Como parte de la Cumbre 2015 de GV, invitamos a nuestros miembros y asociados a escribir ensayos que expliquen y analicen los efectos en el mundo real de la política relacionada a Internet en los ciudadanos de una región o país determinado. El objetivo de esta competencia era amplificar las voces y puntos de vista de nuestra comunidad y contribuir a mostrarle al mundo los efectos del derecho y la práctica y así lo hicieron los autores. Los jueces Lina Attalah, Tim Davies, Rebecca MacKinnonLokman Tsui, y Tanya Lokot seleccionaron tres artículos que se hicieron acreedores a un premio en dinero y a un reconocimiento en la Cumbre 2015 de Global Voices. Los galardonados fueron Cameran Ashraf (primer premio), Marianne Diaz (segundo premio) y Endalk Chala (tercer premio), mientras que ensayos de India, Rusia y Sri Lanka recibieron una mención de honor. Los tres ensayos ganadores, inéditos para propósitos de la competencia, aparecen a continuación. Los que recibieron la mención de honor aquí. También agradecemos especialmente al patrocinador de la Cumbre, Google, que prestó su apoyo a la competencia.

PRIMER PREMIO: CAMERAN ASHRAF, IRÁN – EE. UU.

¿A quiénes perdemos con el control y la censura en Internet?

En 2011 le pedí a un iraní activista por los derechos humanos en Teherán que buscara algo para una simple prueba de filtrado. Ahora no recuerdo bien pero era algo como fútbol americano. Y me contestó que estaba asustado y que no podía hacerlo. ¿Pero no tienes curiosidad? le pregunté. No. Ya no. No tengo curiosidad en lo absoluto. No hago preguntas. Ni siquiera pregunto sobre cosas que quiero saber. Ese tiempo quedó en el pasado. Y se desconectó. Nunca más hablamos. 

Cameran Ashraf

Cameran Ashraf

He estado involucrado en el campo de la censura en internet desde 2009. Desde aquella época mucho se ha dicho de los revolucionarios que se perdieron, de los activistas silenciados por la censura en internet o de la oportunidad perdida de cambio político o social que ocurre cuando Internet es controlada. Esta ha sido la base para millones de dólares en financiamiento, documentales, e incontables artículos en los medios globales. Por medio de estas fuentes Internet es presentada como un vehículo para la libertad de expresión, una oportunidad para expresarnos y conocer a los demás y al hacerlo generar significativos cambios políticos. Pero las últimas palabras de mi amigo muestran que alguien está ausente en esta historia, y no es el activista político ni el idealista democrático. La persona que falta no tiene absolutamente nada que ver con la política. Sus últimas palabras me obligaron a preguntarme:¿A quién nos estamos perdiendo con la censura en internet?

En 2006 más de 600,000 usuarios de AOL sufrieron la filtración de sus historiales de búsqueda. El historial de búsqueda de uno de estos usuarios, #711391, se convirtió en el tema de una fascinante serie de cortos titulada “I love Alaska” (Amo Alaska). En estas películas, el espectador capta las búsquedas de una mujer casada, religiosa y solitaria del sur de Norteamérica. Ella examina su propósito personal, busca desesperadamente intimidad en su matrimonio, emprende un viaje hacia la infidelidad, con escalas en el remordimiento, la adicción a internet y un anhelo de escapar de su vida y mudarse a Alaska.

Más que de “grandes datos” – se trata de un ser humano explorando aspectos de su ser en uno de los pocos ambientes íntimos en el que podemos ser nosotros mismos por completo: internet. Libre de las presiones sociales y del juicio de los demás #711391 revela cómo Internet nos permite sumirnos en un estado de autoexploración y estudio, una manera para lidiar con los aspectos de nosotros mismos que podemos sentir temor de explorar con los demás, pero que nos sentimos más seguros explorándolos mediante un anónimo motor de búsqueda. Internet no estaba censurada, monitoreada ni controlada para la usuaria #711391. Ella fue capaz de plantear preguntas de naturaleza extremadamente personal en un medio que no la juzgaría. Algunas de sus búsquedas:

2006-05-09 pensé que podía manejar una infidelidad pero no pude
2006-05-09 dios puede curar infidelidades
2006-05-12 me siento tan mal en mi interior por haber sido infiel
2006-05-15 cómo puedes saber si tu esposo puso software espía en tu computadora
2006-05-16 cómo recuperarlo

Pero para mi amigo de Teherán, el control en Internet paralizó todo sentido de autoexploración – él nunca más haría preguntas acerca de nada que pudiera meterlo en problemas. Una parte profunda y desconocida de su ser permanecería oculta. ¿Cuánto de un hombre de 20 años permanece aún sin descubrir y desconocido para él mismo? Aunque ciertamente existen otros medios para alcanzar el autoconocimiento, no todas las preguntas pueden ser exploradas tan abiertamente, especialmente con fuertes tabúes sociales y culturales. Tal vez algunas de estas preguntas le resulten familiares: ¿Soy homosexual? ¿Dios existe? ¿Soy mala persona? ¿Hay alguien más como yo? ¿Está bien ser yo? ¿Por qué mi pareja me golpeó?

Entonces, hacemos estas preguntas a través de internet, usando motores de búsqueda para plantear las mismas preguntas que alguna vez le hicimos a un dios en privado. Pero hacemos estas preguntas sobre nosotros, para buscar una conexión y comprender quiénes somos, y el lugar que ocupamos en la tierra, especialmente cuando tal comprensión está ausente en nuestras vidas cotidianas o en nuestras sociedades. Durante un breve momento, encontrar algunos pequeños elementos de autoaceptación o comprensión en línea puede ser la diferencia entre una vida plena de vitalidad y espíritu y una vida de simple existencia. Y una vida espiritual se nutre de saber constantemente que uno es aceptado y amado precisamente por quién es.

Con la censura y el control sobre internet perdemos la capacidad de ser nuestro propio ser secreto – el que somos cuando estamos solos, en ocasiones tarde en la noche antes de ir a la cama – y el tipo de ser humano que tenemos derecho a ser por el simple hecho de haber nacido. Podemos estar dentro de nuestra existencia y dentro de nuestro mundo de manera más completa cuando somos más nosotros mismos.

Más adelante ese mismo año, hablé con una activista refugiada en Amsterdam. Le mencioné el temor a internet. No necesité decir más, porque me entendió de inmediato. Dijo que yo no podía entenderlo, pero que iba por buen camino. Causaba temor preguntarse y preguntar. No valía la pena. Incluso en Europa ella había bloqueado partes de sí que anhelaban ser conocidas mediante búsquedas en internet: dudas acerca de su sexualidad, su matrimonio siendo muy joven con un hombre que apenas le importaba y el esfuerzo por reconciliar su religión con los defectos humanos. Pero después de las protestas de 2009 y de las restricciones a internet ella comenzó a temer buscar respuestas – ella sabía que el gobierno estaba monitoreando Internet. Nuestro último café juntos fue conmovedor: ella estaba muy comprometida con la persona que había inventado como medio para sobrevivir al cambio. Ella se había convertido en una persona desconocida a causa de un temor internalizado por la autoexploración.

Para algunos, la censura y el control en internet son una tragedia política. Representan la opresión del sueño democrático. Para mí, la censura en internet es una tragedia personal. Es la tragedia de presenciar el fin del tiempo del autodescubrimiento y el comienzo de una era en la que dejemos de preguntarnos acerca de nosotros mismos porque el riesgo es demasiado grande. En otras palabras, el tiempo para abrirnos a nosotros mismos ha terminado. Una activista en Europa todavía era incapaz de plantearse las preguntas que quería hacerse sobre su propio ser y sobre quién era. Otro en Teherán incluso había dejado de buscar las cosas que le gustan. Quizás alguien está interesado en aprender más acerca de una religión prohibida, sus preguntas eternas permanecen sin respuesta a causa del acceso limitado. Tal vez otra persona ve algo metafísico más que político en la democracia, una forma de autoliberación más que de liberación política, pero nunca lo sabremos porque la palabra “democracia” está censurada. Podría suceder que una fotografía “indecente” fuera parte del viaje de alguien hacia la curación de las heridas del abuso doméstico, o que buscaran acerca del abuso doméstico en primer lugar, pero todos los caminos de autoexploración y para alcanzar la paz en privado están completamente cerrados, controlados y monitoreados.

La censura y el control de internet construyen muros en el flujo global de información, y esto es sin duda una tragedia política. Pero también construyen muros en nuestro interior, contra nosotros mismos. Esta es la gran tragedia personal de la censura y el control de internet: los jóvenes de ambos sexos creen que el tiempo para las preguntas ha terminado. El modo en que aprendemos a relacionarnos y a explorar nuestro interior no termina cuando nuestra ubicación geográfica o circunstancias cambian. Hemos aprendido y adoptado lo que nos han inculcado mediante diversos grados de temor y terror, algo que puede llevar una vida enfrentar. La última vez que conversamos, la joven refugiada en Amsterdam me enseñó que esas conductas aprendidas nos siguen dondequiera que vamos. Me miró, hablando con una voz que iba más allá de ella y de su tiempo y dijo: “Quiero salir volando de esta vida. Volar de Amsterdam, huir de todo. Pero no puedo. Quería aprender esto pero de alguna manera olvidé cómo.”

Cameran Ashraf es un activista por los derechos digitales y emprendedor social norteamericano de origen iraní que actualmente está terminando su doctorado en geopolítica de internet en la UCLA. Cameran se unió a Global Voices en 2009.

 

SEGUNDO PREMIO: MARIANNE DÍAZ, VENEZUELA

Viviendo con temor a hablar 

En marzo de 2014, me desperté a las 6am a causa de fuertes golpes en la puerta de mi departamento. Vivo en un edificio muy tranquilo y tengo timbre, pero sobre todo, esto sucedía en medio de protestas a nivel nacional contra el gobierno que ya llevaban más de un mes.

Marianne Diaz

Marianne Díaz

La televisión venezolana y la radio sufren un fuerte grado de autocensura debido a numerosos factores políticos y económicos. En consecuencia, cuando las protestas comenzaron a propagarse por todo el país, provocando enfrentamientos con la policía, y dificultades para circular por la vía pública, los ciudadanos recurrieron a los medios sociales para enterarse de los eventos, ya sea porque pensaran participar o solo para conocer si ese día iban a poder ir a trabajar. Por la noche, transmitían los ataques de la policía a través de sus teléfonos móviles. Muchas personas afirmaban que las conexiones eran más lentas en el apogeo de las protestas, acusando al gobierno de limitar las conexiones, y se dijo que en algunos lugares la policía, que llegó para reprimir las protestas, usó dispositivos para bloquear la señal de los teléfonos móviles. Un canal de TV colombiano que estaba documentando las protestas fue sacado de la programación de las compañías de cable y su transmisión vía web fue bloqueada.

Había estado haciendo un mapa de la censura y enseñándole a la gente a usar herramientas de comunicación encriptadas desde que las protestas comenzaron. Entonces, esa mañana cuando los golpes me despertaron, me levanté, muerta de miedo, y me asusté aún más cuando miré por la ventana al estacionamiento y vi varios hombress con armas largas y chalecos antibalas rodeando el edificio como si se tratara de un operativo tipo SWAT. Mi novio trató de mirar por la mirilla, ambos tratamos de hacer el menor ruido posible. La policía estaba haciendo un allanamiento en el edificio.

No nos estaban buscando, por supuesto, pero en medio del temor y la confusión no había manera de estar seguros. Menos de una semana después, la casa de Mildred Manrique, una periodista del diario nacional 2001, también fue allanada y ella fue arrestada para ser sometida a un interrogatorio. Hubo allanamientos y arrestos sin órdenes judiciales ni evidencia alguna de la comisión de un crimen en todo el país.

En casa, permanecí quieta y no abrí la puerta, y finalmente la policía se fue a otros departamentos porque no éramos nosotros a quiénes buscaban. En la casa de Mildred, nadie abrió la puerta y la policía la rompió usando un ariete. Encontraron un chaleco antibalas (que conforme a las normas de seguridad todos los reporteros deben tener) y una computadora que “contenía material contra el gobierno,” y eso fue suficiente para que se la llevaran para interrogarla.

Unas pocas horas después del allanamiento, publiqué en Facebook una actualización nerviosa y ansiosa de mi estado contando lo que había sucedido. Mi madre me regañó por teléfono: “Te meterás en problemas por hacer eso”. Aunque generalmente ignoro las advertencias de mi mamá porque, en mi opinión, es sobreprotectora, no podía deshacerme de la sensación de que en este caso ella tenía razón, aunque no estaba de humor para rendirme.

El gobierno venezolano ha estado aplicando regulaciones a la censura en línea de manera errática desde 2007 aproximadamente. En cambio, no existe una política coherente para la regulación de contenidos; se producen oleadas de detenciones y bloqueos de contenido y esos casos son usados como ejemplo de que ciertas conductas no van a ser toleradas. Una cantidad infinita de sitios web han sido bloqueados y desbloqueados por el gobierno, en ocasiones oficialmente por medio de la comisión de telecomunicaciones, otras de manera indirecta a través de la empresa estatal de telecomunicaciones CANTV. Ni una sola vez, en todos estos bloqueos, algunos de los cuales aún persisten, se llevó adelante un juicio. El concepto de neutralidad en la red ha sido rechazado por los funcionarios de gobierno, que han declarado que la “neutralidad no existe, porque las tecnologías no son neutrales.” La neutralidad, en efecto, es un concepto ajeno para Venezuela, donde todo tiene un subtexto político, incluso la marca de café que eliges o el color de ropa que decides usar un día determinado. Las políticas públicas del gobierno venezolano referidas a internet y específicamente a los medios sociales, no son neutrales en lo absoluto: desde la creación de una “guerrilla comunicacional”, destinada a “enfrentar las mentiras y desinformación difundida por los medios privados” dedicados a crear tendencias y a acosar a la gente en las redes sociales, a la fundación del “Viceministerio de redes sociales” en 2014, cuyas funciones aún están por verse.

Gradualmente, el gobierno se ha ido involucrando cada vez más en las redes sociales en un intento de “ganar terreno”. Diosdado Cabello, uno de los hombres fuertes del chavismo, dijo en 2010 que “La oposición se cree que es la propietaria de las redes sociales” y afirmó que “tomarían las redes sociales para contrarrestar las opiniones expresadas por [sus] oponentes.” Mientras tanto, las leyes se han vuelto más restrictivas en muchas maneras. El contenido que “promueve, justifica o incita a perturbar el orden público,” solo por citar un ejemplo, está prohibido (y este tipo de definiciones vagas ya han sido usadas para cubrir un amplio espectro de conductas) y la ley sobre comercio electrónico, a punto de ser aprobada mientras escribo estas líneas, también prohibiría el comercio electrónico de pornografía, medicamentos, alimentos básicos y muchos otros productos.

Personas han sido detenidas por tuitear comentarios descorteses acerca de la muerte del presidente Hugo Chávez; por tuits acerca de rumores bancarios o por publicar una imagen falsa; han sido acusados de “desestabilizar el país”, aunque la mayoría de ellos no tenían más de un centenar de seguidores cuando fueron detenidos. Estas medidas evidentemente desproporcionadas no están orientadas solo a castigar a estos ciudadanos, sino que son una señal de advertencia para los demás. Además, los disidentes son descritos por los medios como “traidores”, “alborotadores” y “desestabilizadores”, lo que significa que cuando expresas opiniones impopulares en un ambiento no seguro, puedes ser víctima de ataques, no del gobierno sino de tus pares. Tus opiniones políticas entran en juego cuando te entrevistan para un nuevo trabajo, cuando haces compras en una tienda de propiedad del estado, cuando tratas de aprovechar alguna asistencia financiera provista por el estado para estudiar, trabajar o adquirir bienes. Esto termina siendo otra causa de autocensura.

Ha habido personas arrestadas, en 2014 y antes, por comentarios que publicaron en línea. En 2013, Andrés Rondón Sayago fue detenido por presuntamente haber difundido fotografías falsas de material electoral siendo quemado, y luego lo hicieron grabar un video (subido al canal de YouTube de “A toda vida Venezuela,” un programa del gobierno destinado a reducir el delito) en el que declaraba haber publicado la imagen “por error” vía Facebook, y le pedía a la gente que “dejara de publicar esa clase de material” y evitara situaciones de “terrorismo”. En el video él se estremecía y le temblaba la voz.

Aún no logro mirar aquel video sin sentir ganas de llorar. Ese temor, tan evidente en Rondón Sayago, vive en cada uno de los que nos atrevemos a disentir. En ese entonces sentíamos temor y aún tememos hablar. Y pienso que esta es la forma más omnipresente de censura: la que coloca el censor dentro de tu propia cabeza y te hace analizar cada pensamiento dos veces para asegurarte de que puedes decirlo en público.

Alguien en efecto me dijo, luego de las protestas, en una reunión acerca del estado de la red, que como decimos en línea todo lo que pensamos, necesitamos tener cuidado incluso de lo que pensamos. Y nada me aterroriza más, puesto que vamos cediendo de a poco, que el hecho de que nos estamos acostumbrando a vivir con ese temor, adaptándonos al tamaño del contenedor en el que hemos sido confinados a vivir.

Marianne Díaz es una abogada y autora de ficción venezolana. Trabaja en Acceso Libre y se desempeña como líder legal en Creative Commons para Venezuela. Se unió a Global Voices en 2010.

 

TERCER PREMIO: ENDALK CHALA, ETIOPÍA

Cuando el blogueo es rehén de la política de telecomunicaciones etíope 

Lleva mucho tiempo llegar a cualquier lugar en Addis Ababa. Los embotellamientos exigen que seas extremadamente paciente. Necesitas tener un nivel de paciencia similar para usar los servicios de telecomunicaciones de Etiopía. Si envías un mensaje de texto a una persona que espera encontrarse contigo para informarle que vas a llegar tarde a causa de un embotellamiento, tu mensaje de texto podría llegar horas e incluso días después de que te reuniste con esa persona.

Endalk Chala

Endalk Chala

En Etiopía muchas veces las redes de telecomunicaciones no funcionan muy bien. Las llamadas telefónicas por lo general se cortan en la mitad de la conversación y duran mucho menos de los minutos que se publicitan en las tarjetas prepagas de los teléfonos móviles. Durante la temporada de lluvias, no es inusual que se produzcan prolongados cortes del servicio, incluso en la capital. Los servicios de mensajería fueron restablecidos recién en 2008 luego de permanecer suspendidos durante tres años luego de las elecciones de 2005, la única elección disputada en la historia política de la nación.

En mayo de 2011, todo el país fue desconectado de la internet global durante horas, debido al temor del gobierno de que internet pudiera alimentar una “revolución” al estilo egipcio en Etiopía. Desde 2010 EthioTelcom, el proveedor de servicios de telecomunicaciones estatal, ha tenido tres o cuatro CEO, ha firmado contratos multimillonarios para expandir los servicios especialmente con empresas chinas, y realizado innumerables conferencias de prensa prometiendo que el servicio mejoraría pronto. A pesar de los años que lleva EthioTelecom generando titulares de buenas noticias, no ha habido grandes mejoras en el servicio– de hecho la calidad del servicio se ha deteriorado. 

Solamente en el primer semestre de 2014, más de 25 incidentes de interrupciones del servicio fueron reportados en todo el país por los medios controlados por el gobierno. Los datos recolectados para una tesis de maestría sobre la calidad de los servicios de telecomunicaciones en Etiopía mostraron que más de cuatro de cada diez mensajes de texto no llegan a tiempo o no llegan en absoluto y una de cada seis llamadas telefónicas (tanto de líneas móviles como fijas) se cortan en medio de las conversaciones. La misma investigación reportó que subir un archivo de solo 2 MB o menos a Gmail estándar podría tardar unos 5 minutos en promedio. 

Las telecomunicaciones en Etiopía han sido siempre un símbolo de retraso. Hace más de un siglo, cuando el emperador Menelik II conectó el palacio y el tesoro por medio de una línea telefónica el sonido de las voces desprovistas de cuerpo atemorizaron a los nobles y monjes. Ellos trataron de prohibir la línea telefónica insistiendo que el teléfono es obra del demonio. Adelantemos la historia hasta el 2014 y los actuales gobernantes están repitiendo escenarios familiares colocando las tecnologías de telecomunicación fuera del alcance de la mayoría de los etíopes, cubriendo sus esfuerzos con ideología política.

Para los actuales gobernantes etíopes, una honesta investigación sobre la situación de deterioro del servicio de telecomunicaciones sería el equivalente a ser un promotor de la ideología neoliberal para vender las telecomunicaciones del país a empresas extranjeras. Si te preguntas por qué existe un único proveedor de servicios de internet y que no brinda un servicio adecuado para los 90 millones de habitantes de Etiopía, su pregunta podría ser considerada un intento de vender el país a los capitalistas neoliberales extranjeros. De hecho, este tipo de reacción es siempre irónica, pero se torna aún más irónica cuando los mismos acusadores son acusados de vender tierras a muy bajo precio a inversores extranjeros expulsando a sus habitantes. Una pregunta simple como por qué necesitas tener una licencia comercial para adquirir un nombre de dominio para tu blog personal de EthioTelecom te traerá problemas.

Aquí hay un ejemplo. Solomon, un buen amigo mío que acaba de graduarse de la carrera de ciencias políticas quería abrir un blog con el nombre de dominio de su país, .et. Él presentó la solicitud para adquirir el nombre de dominio pero le dijeron que necesitaba una licencia comercial para que la empresa monopólica estatal lo autorizara a usar el nombre de dominio que quería para su blog personal. Según Solomon, su insistencia para obtener su nombre de dominio elegido causó un grado tan notable de tensión entre él y un empleado del departamento de atención al cliente de EthioTelecom que sus conversaciones no duraron mucho antes de que el empleado llamara a seguridad para pedir que Solomon fuera expulsado del edificio de la empresa.

Para Solomon y muchos etíopes esto es algo que sucede muy a menudo. Los etíopes que han intentado ejercer su libertad de expresión a través de internet siempre han sido sancionados por el estado o por la corporación estatal de telecomunicaciones. Considere por ejemplo el caso de mis colegas blogueros. En 2012 comenzamos un blog colectivo llamado Zone9. Luego de solo tres semanas descubrimos que no se podía acceder a nuestro blog desde Etiopía. Nunca pensamos que el gobierno podría considerar a nuestro blog como una amenaza política seria y bloquearlo tan pronto como comenzamos a bloguear. Estábamos tratando de construir nuestra identidad como la voz de la generación de etíopes de la posguerra civil con el corazón comprometido y una piel gruesa. Queríamos darle al gobierno el beneficio de la duda, a pesar del hecho de que recibimos muchos consejos de periodistas que habían sufrido brutales ataques del gobierno. Nos negamos a ser cooptados por diferentes fuerzas políticas etíopes, que generalmente son descritas como profundamente divididas en numerosas líneas ideológicas, grupos étnicos y religiosos. Nuestro objetivo no era confrontar con el gobierno sino usar el pequeño espacio de la web en Etiopía en la medida de lo posible para generar auténticas discusiones públicas a nivel de las bases. Escribíamos acerca de asuntos de interés público.

En un intento por prolongar la vida de nuestro blog tendimos a dirigir nuestras críticas hacia la situación general en lugar de centrarnos en asuntos flagrantes de mala administración del gobierno. Abrimos más de diez blogs en solo dos meses, mudándonos cada vez, manipulando las direcciones de internet de los blogs para eludir la censura. Alternábamos nuestros blogs de una plataforma de blogueo a otra. Nos movíamos de BlogSpot a WordPress y luego de vuelta a BlogSpot. Esta era, por supuesto, una pobre estrategia de medios digitales, pero no era un juego de niños. Excedimos el límite, lo que significaba ser golpeados por la policía y muy probablemente acusados de delitos graves como incitar a la violencia y terrorismo. Esto es lo que le sucedió a nueve de mis amigos, que actualmente están sufriendo en la prisión de Addis Ababa.

Hemos aprendido que nuestra hipótesis de que el gobierno no nos tocaría porque conocían nuestras debilidades y no nos arrestarían estaba equivocada. Lo máximo que hicimos fue un respetuoso activismo en línea para pedirle al gobierno que comenzara a respetar la constitución nacional y que arreglara los problemas de un defectuoso servicio de telecomunicaciones, como el que describí al comienzo de este artículo. Es cierto que nuestras campañas lograron atraer un importante número de personas a la comunidad en línea de Etiopía, pero nuestras actividades nunca fueron delictivas. No obstante paradójicamente cuando el gobierno etíope quiere usar la tecnología de telecomunicaciones para sus propósitos la usa de manera eficaz, tanto como herramienta de vigilancia y como medio de comunicación para enviar mensajes de texto en forma masiva a innumerables etíopes como parte de la campaña de propaganda.

En la hoja en la que constan las acusaciones contra mis colegas, el fiscal presentó las transcripciones completas de grabaciones de conversaciones telefónicas  obtenidas ‘sin orden judicial’ que tuve con mis amigos mientras estaba en Etiopía como evidencia de un ‘delito’ que cometimos ante el ‘tribunal’. Ellos reprodujeron por escrito nuestras conversaciones telefónicas acerca de nuestra vida privada, acerca del entrenamiento que hicimos sobre encriptación en línea, y todo lo demás. El gobierno nos acusó de colaborar con grupos políticos a los que criticábamos.

Lo que es tan importante acerca del caso de los blogueros de Zone9 es que dice mucho sobre asuntos interrelacionados, como erróneas políticas de telecomunicaciones, falta de espacio político para permitir diversidad de opiniones, pobreza y retórica antiterrorismo global.

El caso de los blogueros de Zone9 nos muestra cómo los dirigentes políticos usan tecnologías de comunicación tales como las redes de telecomunicaciones, como propiedad privada del régimen para mantener el status quo tanto en Etiopía como a nivel internacional, como un aliado para las fuerzas antiterroristas y como socios para el desarrollo. En esta era digital, los blogueros de Zone9 estaban esforzándose para lograr una representación a través de internet. Pero lamentablemente, estamos atrapados entre los ambiciosos círculos del poder local que están usando la retórica antiterrorismo para aplastar todo aquello que consideran desagradable en nombre de la guerra global contra el terror, y el disfuncional sistema internacional de derechos humanos.

Endalk Chala es estudiante de doctorado en Estudios de medios en la Universidad de Oregon y miembro fundador del blog colectivo Zone9 en Etiopía. Él se unió a Global Voices en 2011.

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