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Monseñor Óscar Romero: “Y si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”

Mural en homenaje a Monseñor Romero hecho por Jamie Morgan, San Francisco. Imagen de Flickr del usuario  Franco Folini (CC BY-SA 2.0).

Mural en homenaje a Monseñor Romero hecho por Jamie Morgan, San Francisco. Imagen de Flickr del usuario Franco Folini (CC BY-SA 2.0).

El lunes 24 de marzo de 1980 probablemente empezó como un día normal para los feligreses que asistían al servicio religioso que se oficiaba en la capilla del hospital de La Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador, El Salvador. Pero ese día pasó a la historia por un lamentable hecho de violencia del que hasta el día de hoy, casi 35 años más tarde, se sigue hablando. Un disparo directo al corazón, hecho por un francotirador, terminó con la vida de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, en plena celebración de la homilía. Al momento de su muerte, el sacerdote tenía 62 años.

Romero era célebre por su prédica en defensa de los derechos humanos. Una día antes de su asesinato, en un oficio religioso dirigido a militares de su país celebrado en la catedral de San Salvador, dijo:

Yo quisiera hacer un llamamiento muy especial a los hombres del Ejército, y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles: Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y, ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la ley de Dios que dice: ‘No matar’. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla.

Trece años más tarde, en 1993 la Comisión de la Verdad, organismo creado para investigar los crímenes más graves cometidos en la guerra civil salvadoreña, concluyó que el asesinato del arzobispo había sido ejecutado por un francotirador, cuyo nombre se supo 31 años después del asesinato. Se trataba de Marino Samayor Acosta, subsargento de la extinta Guardia Nacional y miembro del equipo de seguridad del expresidente de la República. Marino Samayor Acosta habría recibido 114 dólares por realizar esa acción. El 6 de noviembre de 2009, el entonces presidente Mauricio Funes decidió investigar el asesinato de Romero, dando cumplimento a un mandato de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos del año 2000.

El 24 de marzo de 1990, diez años después de su asesinato, inició la causa de canonización de Monseñor Romero y casi 25 años más tarde, el 3 de febrero de 2015, el papa Francisco autorizó la promulgación del decreto de la Congregación para las Causas de los Santos que declaró a Óscar Romero mártir de la Iglesia, asesinado por “odio a la fe”.

A pesar de haber muerto hace más de 30 años, se sigue recordando a Monseñor Romero en diversos medios, como el sitio web LupaProtestante, que sobre él dice:

Esa voz comprometida lo llevó [a Romero] a denunciar a los ricos y poderosos. A exigir la defensa de la vida, las corrupciones a todo nivel, la mentira sistemática y estructurada que encubría desde la tortura hasta las desapariciones y los asesinatos. No rehuía presentar casos concretos en sus homilías y reclamarles a los gobernantes y a las fuerzas armadas respeto por la dignidad humana, la promoción de la paz con justicia y preservar para las futuras generaciones una patria en la que cupieran todos y todas en fraternidad y libertad plena.

Por su parte, el blog SuperMartyrio reconoce el aporte del gobierno del expresidente Funes en la declaración de Monseñor Romero como mártir de la fe:

Hay que empezar reconociendo el bien que ha hecho el Pdte. Funes: el primer presidente en reconocer el valor de Mons. Romero para la sociedad y cultura de El Salvador—ya no se diga ser el primer presidente en reconocer la responsabilidad estatal por su asesinato, y pedir perdón por ella. Sus esfuerzos a favor de la canonización también han sido apreciables.

El sitio web Opiniones impertinentes analiza también los errores cometidos por Romero:

Romero no lo hizo todo bien. Romero tuvo errores, se comprometió a veces en exceso con la izquierda […]. Durante todo el tiempo contó con el apoyo expreso de Pablo VI, al que visitó dos veces en sus tres años de gobierno, y de Juan Pablo II, que le conoció en Roma en 1979.

En Twitter también se dejaron escuchar algunas opiniones referidas a Monseñor Romero:

Ciudad Barrios es un municipio a 160 km al oriente de la capital, San Salvador.

Los restos mortales de Monseñor Romero descansan en la cripta de la Catedral Metropolitana de San Salvador.

Laura Vidal colaboró con este post.

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