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Por qué es importante el concierto que John Legend dará en Bahréin

John Legend performing at the Tower Theater in Upper Darby, Pennsylvania on December 5, 2008. The US performer is scheduled to perform in Bahrain on March 2. Photo by Judy Glova (CC BY 2.0)

John Legend durante su actuación en el Tower Theater (Upper Darby, Pensilvania) 5 de diciembre de 2008. El cantante norteamericano tiene previsto dar un concierto en Baréin el 2 de marzo. Foto de Judy Glova (CC BY 2.0)

He intentado evitar escribir sobre este tema, ya que no encuentro sentido resaltar eventos personales y preferiría centrarme en aspectos sociales y culturales de mi lucha en mi país. Pero me conmovió tanto el discurso que hicieron los cantantes Common y John Legend el 21 de febrero durante la entrega de premios de la Academia tras ganar el Oscar a mejor canción por Glory; que me gustaría que este artículo les llegase de alguna forma.

Tengo un interés demasiado personal en este asunto como para que se convierta en otra publicación llena de citas de expertos y opiniones sobre tu próximo concierto en Bahréin, que muchos de mis amigos desearían se cancelase. Sin embargo, a mí me gustaría verte allí puesto que podrías admirar la belleza de mi país mientras paso los días en el exilio a miles de kilómetros de distancia.

Mi nombre es parte del problema, o más bien los prejuicios en torno a él. Hay muchas cosas que escapan de mi control, se deciden en el momento del nacimiento y han sido determinantes en el transcurso de mi vida como: mi nombre, el lugar de nacimiento, mi identidad étnica. En Bahréin estas características determinan dónde puedes vivir, qué trabajos puedes desempeñar. Desde que era niño me aterrorizaban los hombres con uniforme. Y hasta el día en que abandoné mi ciudad viví con el miedo de toparme con un control policial y verme atrapado como una rata, una situación que a muchos les resultará familiar.

El mes pasado, seis estudiantes de antropología fueron detenidos porque estaban viviendo en Diraz, el pueblo natal de mi madre. Se les dio la oportunidad de trasladarse a otro lugar menos «problemático» según los medios de comunicación estatales, o abandonar el país. Lo que ocurre en zonas como Diraz, donde existe una población mayoritaria baharna (indígenas y nativos del lugar como yo) es que se ha convertido en un secreto que el gobierno intenta ocultar a cualquier precio. Las protestas estallan diariamente. A los periodistas normalmente se les deniega el acceso al país y la gente de a pie como yo que intenta cubrir los hechos, estamos en peligro de arresto y tortura. Se nos considera un problema que hay que esconder ante los ojos del mundo, un problema sin solución.

Hace poco hice algo que haría gritar a mi madre, si alguna vez lee estas líneas: me he hecho un tatuaje, que tiene su historia:

El año pasado, cuando estuve en prisión por bloguear y con pocas esperanzas de salir, me llevaron al despacho del fiscal general que me confirmó que se me acusaba de formar un grupo terrorista. Me dieron ganas de reír, pero temía las represalias. Volví a mi celda y me senté en silencio, un hombre de la edad de mi padre se acercó y me preguntó por qué estaba tan triste, le conté lo sucedido y que no tenía ninguna esperanza de salir de aquella situación. El hombre me dijo: «Para estas fechas el año que viene estarás fuera y me deberás una cena». En un trozo de papel escribió un verso del Corán que señala «La paciencia será recompensada».

Finalmente fui puesto en libertad bajo fianza y huí de mi país, mientras aquel hombre de edad avanzada era sentenciado a 10 años de prisión. Era la tercera vez que le arrestaban, la primera había sido hacía 25 años. Desde entonces siempre que afronto un problema me repito la frase como si fuese un mantra: «La paciencia será recompensada».

Mientras caminaba por Camden Town (Londres), donde resido en la actualidad, me di de bruces con una tienda de tatuajes. Parecía un poco aterradora pero necesitaba algo que me hiciese recordar aquel momento en el que me salvaron, me infundieron esperanzas, así que escribí la frase en un papel y me la tatuaron.

Mis compatriotas en Bahréin han sido pacientes, por decir lo menos. Llevamos luchando por la igualdad y la justicia más de 90 años. A veces tengo la sensación de que es una maldición heredada generación tras generación, una maldición que no deseo que la tengan que soportar mis hijos. Sueño con un país en el que mis hijos no sientan que la línea de sangre es una razón de desgracia, donde los apellidos, la raza, el sexo, la religión, orientación sexual o estatus social no decidan la trayectoria de tu vida.

John: espero que disfrutes tu estancia en Bahréin, pero espero que cuando vayas visites mi lugar de nacimiento, el área altamente «problemática» de Sitra. Y de la misma manera que actuaste en Selma (Alabama), deseo que inspires a la gente de mi isla a que sean pacientes y vean sus sueños hacerse realidad.

Dudo de que puedas llegar a leer este mensaje, y si es así, dudo que visites Sitra. Pero te prometo que un día oirás hablar de los miles de presos bahreiníes que lucharon por la justicia y lograron la gloria.

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