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Nigeria elige a su próximo presidente en comicios muy reñidos

The main opposition presidential candidate General Muhammad Buhari holding a broom in one of his campaign rallies. Photo released under Creative Commons by Flickr user Heinrich-Böll-Stiftung.

El principal candidato opositor, General Muhammad Buhari sosteniendo en alto una retama durante su campaña. Foto por el usuario de Flickr Heinrich-Böll-Stiftung bajo licencia CC.

Los nigerianos participaron masivamente el 28 de marzo de 2015 en unas elecciones generales muy disputadas que fueron postergadas por seis semanas por razones de seguridad en zonas bajo control del grupo militante Boko Haram.

La comisión electoral extendió los comicios hasta el domingo 29 de marzo de 2015, debido a problemas técnicos en algunas regiones del país.

Los principales candidatos a ocupar el sillón presidencial son el actual presidente Goodluck Jonathan y el opositor, General retirado Muhammadu Buhari.

Japhet Omujuwa resumió el primer día de votación en el sitio web Naij, señalando que ocurrieron “todos los problemas habituales en las elecciones en Nigeria”:

It is 2015 ,but you’d have thought the [Independent National Election Commission] had just six weeks to prepare for this election and not four years. The logistics was generally a mess. The INEC officials mostly arrived late to their polling units. And where they arrived early, there were too many cases of the INEC officials who didn’t even know that they had to remove the seal of the card reader to have it working. We were made to believe all of these people were specifically trained for this purpose.

In Rivers state, it was a total mess. This state was marked as a possible spot for violence, and it did live up to that expectation; but no one could imagine that some 60% of election report sheets would be missing.

Estamos en 2015, pero debes considerar que la [Comisión nacional electoral independiente] tuvo solo seis semanas para prepararse para esta elección y no cuatro años. La logística en general fue un desastre. La mayoría de los agentes de INEC llegaron tarde a sus centros de votación. Y donde llegaron temprano, hubo demasiados casos de agentes de INEC que ni siquiera sabían que debían quitarle el precinto al lector de tarjetas para que funcionara. Nos hicieron creer que todas estas personas fueron especialmente entrenadas para este fin.

En el estado Rivers, fue un completo desastre. Este estado fue señalado como un posible foco de violencia y cumplió con las expectativas; pero nadie pudo imaginar que cerca del 60% de las actas desaparecerían.

Oluwatobi A. Oluwatola, un analista político nigeriano, sostuvo que los principales problemas en esta elección fueron la seguridad y la economía, que está soportando “tensiones a causa de la caída en el precio del crudo que ha llevado a devaluar la moneda”:

Violence in the northeast region of Nigeria, occasioned by the extremist religious sect Boko Haram — a name that literally translates to “Western education is forbidden” — has claimed over 13,000 lives since 2009 and displaced millions. Hundreds of others, including children, have been kidnapped. Against this backdrop, the elections initially scheduled to be held Feb. 14 were postponed six weeks to enable the military to gain ground against the insurgents — a move that was highly criticized by the opposition and many independent bodies as a desperate act by the incumbent Nigerian president, Goodluck Jonathan, as he attempts to avoid losing at the polls.

Beyond Boko Haram, Nigeria faces severe economic strain from the drop in crude oil prices that has led to a devaluation of its currency by as much as 20 percent since September. The president's critics, including Charles Soludo, a noted economist and former governor of the Central Bank, have accused the Jonathan administration of extreme mismanagement of the economy. In a recent article, Soludo gave the president an “F” for his efforts on the economy, saying that poverty and unemployment have grown to unprecedented levels despite the oil boom; the poverty rate is 71 percent and the unemployment rate is 24 percent.

La violencia en la región noreste de Nigeria, causada por la secta extremista Boko Haram — un nombre que traducido literalmente significa “La educación occidental está prohibida” — se ha cobrado más de 13,000 vidas desde 2009 y obligado a desplazarse a millones de personas. Otros centenares, incluso niños, han sido secuestradas. En ese escenario, las elecciones previstas inicialmente para el 14 de febrero fueron pospuestas seis semanas para permitir que el ejército ganara terreno frente a los rebeldes— una medida que fue muy criticada por la oposición y numerosos órganos independientes como un acto desesperado del actual presidente, Goodluck Jonathan, para evitar perder las elecciones en Nigeria.

Además de Boko Haram, Nigeria enfrenta duras tensiones a causa de la caída en el precio del crudo que llevaron a que la moneda se devaluara en un 20 por ciento desde septiembre. Los detractores del presidente, incluyendo a Charles Soludo, un destacado economista y expresidente del Banco Central, han acusado a la administración de Jonathan de una pésima gestión económica. En un reciente artículo, Soludo le asignó una mala nota al presidente por sus esfuerzos en la economía, diciendo que la pobreza y el desempleo han crecido a niveles sin precedentes a pesar del auge del petróleo; el índice de pobreza es del 71 por ciento y la tasa de desempleo es de 24 por ciento.

El nuevo e-book gratuito del blog Africa is a Country titulado “Nigeria: ¿Qué se debe hacer?” ofreció algún contexto de la elección:

Since Nigeria returned to civil rule in May 1999, every election has been labeled by scholars and general observers as the most pivotal and most momentous in the country’s history. Yet, irrespective of their outcomes, the country has hobbled along, poised, all too familiarly, between the potentiality of glory and the probability of disaster. Nigeria has not exactly flourished, but it has not disintegrated either, even if Boko Haram, with its sworn determination to impose a semblance of a Paleolithic political order, has bitten off a not insignificant chunk of territory. Whatever it is then that throws the commentariat into regular panic every four years, it is most certainly not just a fear of possible physical collapse, but something definitely deeper. It is, one suspects, a philosophical regret that, perhaps with every electoral cycle that produces the ‘wrong’ victor, the country drifts further away from the possibility of genuine political renaissance.

True to form, the March 28 presidential election is being billed as a make-or-break affair, the last opportunity for Nigerians to liberate their country from the clutches of those who have held it to ransom for fifty odd years and some, and who continue to milk it for the exclusive gratification of a small elite. It is a tantalizing prospect, when you think of it—get this one election right, and all else shall be added unto you. Except that when you are dealing with a country so complex and troubled, and so marinated in its own contradictions like Nigeria, it is going to require more than a single election—or elections in toto for that matter—to have a shot at getting things right.

Desde que Nigeria volvió a ser gobernado por civiles en mayo de 1999, cada elección ha sido etiquetada por los académicos y observadores en general como la más crucial y decisiva en la historia del país. De hecho, independientemente de sus resultados, el país ha fluctuado con demasiada familiaridad entre la posibilidad de la gloria y la probabilidad del desastre. Nigeria no ha prosperado exactamente, pero tampoco se ha desintegrado, aún cuando Boko Haram, con su voluntad de imponer un orden político similar al paleolítico, se ha apoderado de una parte no despreciable del territorio. Lo que sea que provoque el pánico regular de los comentaristas cada cuatro años, es con toda seguridad no solo un temor por el colapso físico, sino algo definitivamente más profundo. Es, uno sospecha, un arrepentimiento filosófico de que, quizás con cada ciclo electoral que produce un ganador ‘equivocado’, el país se aleja de la posibilidad de un verdadero renacimiento político.

Como de costumbre, la elección presidencial del 28 de marzo se está anunciando como un asunto determinante, la última oportunidad de los nigerianos de liberar al país de las garras de quienes lo tienen como rehén desde hace más de 50 años, y que siguen exprimiéndolo para exclusiva gratificación de una pequeña elite. Es una posibilidad tentadora, cuando lo piensas—lograr que esta elección salga bien y con eso vendrá todo lo demás. Salvo que cuando estás tratando con un país tan complejo y problemático y con tantas contradicciones como Nigeria se requiere más de una elección—o en su caso elecciones en su totalidad—para tener la posibilidad de obtener un buen resultado.

En Naij.com el autor Ameto Akpe ofreció su visión acerca de las esperanzas y temores de los nigerianos en el exterior:

Though I am far from my native country at the moment, I recall 1999 with vivid clarity the sights, sounds, smell and feeling of standing in line to cast a vote as Nigeria transitioned from military to democratic rule. Since then I have monitored and written about elections as a reporter.

Intensely aware of the potential volatility surrounding the elections, I, like many other fellow Nigerians in the diaspora, have spent the build-up to the elections in fear. All conversations seem to narrow down to the possibility of violence and concerns over the safety of loved ones back home.

Yesterday in London, ‘pre-election day’ night-vigils organized by Nigerian-born pastors were held till the break of dawn. Hours of loud supplication to God for peace and ‘no bloodshed’

Aunque estoy lejos de mi país natal en este momento, recuerdo 1999 con una claridad excepcional, imágenes, sonidos, olores y el sentimiento de esperar en fila para votar mientras en Nigeria se producía la transición del gobierno militar al democrático. Desde esa época he monitoreado y escrito sobre las elecciones como reportero.

Intensamente consciente de la potencial volatilidad en torno a las elecciones, con muchos otros compatriotas nigerianos en el exterior, hemos observado los preparativos de las elecciones con temor. Todas las conversaciones parecen reducirse a la posibilidad de que exista violencia y preocupaciones acerca de la seguridad de nuestros seres queridos en casa.

Ayer en Londres, las vigilias ‘previas al día de elecciones’ organizadas por pastores de origen nigeriano se extendieron hasta el amanecer. Horas de intensas súplicas pidiendo a Dios por la paz y que no exista ‘derramamiento de sangre’

En Twitter, la etiqueta #NigeriaDecides (Nigeria decide) ha sido tendencia desde ayer.

Una de las principales preocupaciones en esta elección ha sido la violencia. Aunque hubo asesinatos destinados a hacer fracasar la elección en diferentes regiones del país, algunos usuarios de Twitter han cuestionado los reportes de violencia en los medios internacionales:

Tuvimos focos de violencia en algunas zonas del país @uchejombo:¿Por qué @cnni está informando sobre la violencia en las elecciones? Basta.

Christian Djazz le aconsejó a los canales de noticias internacionales que “se lo tomaran con calma”:

Estimados periodistas ansiosos por contar cadáveres, los entendemos. La violencia es atractiva para las noticias internacionales. Tomen las cosas con calma. Abrazos.

Karen Attiah describió la jornada electoral como “aleccionadora”:

Nada más aleccionador para este ganhés-norteamericano que gente a la que Boko Haram dejó sin hogar haciendo cola para votar. Cuánto damos por sentado en EE. UU. 

Los habitantes del estado de Adamawa que fueron desplazados por Boko Haram en 2014 lloraron de alegría cuando se encontraron con sus familiares mientras esperaban en fila para sufragar en los centros especiales de votación.

En algún momento del día, el sitio web de la comisión electoral presuntamente fue hackeado:

Oh no. La #INEC ha sido hackeada

Un votante se preguntó por qué debería votar por el actual gobierno:

Incluso en día de elecciones, todavía estamos sin suministro de energía desde la mañana, ¿entonces por qué debo votar por este gobierno?

Como dato positivo, la participación cívica y la conciencia política parecen estar creciendo en el país, como señalaron Oloyede y Asiya Rodrigo:

@RC1023FM#NigeriaDecides Nunca más un presidente va a dormir durante 6 años y a despertarse en época de elecciones con la experanza de ser reelegido.”

 

Lo mejor en lo intenso de esta contienda es la participación activa y la creciente conciencia del nigeriano medio.

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