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Chile no reconoce el espionaje a Perú, pero su jefe de inteligencia lo acepta

La semana pasada, Chile respondió la segunda nota de protesta enviada por el caso del espionaje en la Marina de Guerra peruana a favor de Chile. Aunque la diplomacia chilena señala que por el bien de las relaciones entre ambos países debe superarse este incidente a la brevedad, el presidente peruano Ollanta Humala declaró que Chile debe asumir responsabilidad y pedir disculpas, más aún cuando un alto militar de inteligencia chileno habría aceptado el espionaje, según la filtración de una conversación vía Whatsapp.

Al principio de este incidente se comentó en diversos medios que el hecho no sería más que una cortina de humo para sacar de las primeras planas y agendas informativas los casos de corrupción que se especula tendrían alguna relación con allegados al presidente Ollanta Humala. Más recientemente el enfoque ha estado en los detalles de la mecánica del espionaje. En la blogósfera peruana el debate también ha estado presente.

César Gutiérrez en su blog homónimo manifiesta primeramente no estar de acuerdo con un tratamiento de “cuerdas separadas” a este caso, tal como proponen los empresarios peruanos, es decir seguir haciendo negocios con el vecino país del sur y dejar aparte la política. César cree que el concepto de estrategias geopolíticas es indispensable. En cuanto al manejo presidencial de la coyuntura política escribe:

No hay casualidades en política y la denuncia ha hecho que toda la clase política tenga que alinearse en una legítima y necesaria protesta enérgica contra la actitud chilena. Pero es exagerado que Ollanta Humala esté haciendo crisis de gobierno con intervenciones repetitivas y con voceros en el Congreso, que están pidiendo que se revise las relaciones comerciales entre ambos países. No sirve de nada el patrioterismo, queremos que el gobierno sea manejado con responsabilidad y no con exabruptos convenidos.

En cuanto a la actitud de Chile, que como en anteriores oportunidades niega los hechos de espionaje, Theodore Dale opina que se debe llevar este asunto, debidamente probado, ante escenarios internacionales como la ONU o la OEA.

Los últimos acontecimientos de espionaje chileno, que son “graves” para la integración del Perú con Chile y las buenas relaciones que deben existir entre dos pueblos hermanos, ponen de manifiesto, nuevamente, un tema que se conoce y que Chile realiza por décadas, acciones que aún no han tenido el escarnio necesario y suficiente, para que nuestro vecino del sur comience a respetar a un País que les abre las puertas a su inversión y a la integración y que generosamente les tiende la mano, mientras por debajo y en forma solapada y cobarde, nos siguen husmeando, identificando nuestra seguridad, nuestras riquezas, nuestros proyectos, nuestras estrategias, nuestras ideas y nuestro rumbo hacia el desarrollo. Acciones que son típicas de una política de Estado que se mantiene durante todos los gobiernos Chilenos y que amparado, justamente en “negar siempre”, demuestran y desnudan lo que realmente significa para el gobierno de Chile esta relación: envidia, ambición, deshonestidad, mezquindad y aprovechamiento.

Daniel Parodi Rivero, historiador y profesor universitario, trata de ser más conciliador y en su blog responde a una columna periodística del chileno Joaquín Fermandois publicada en El Mercurio, donde se esgrime la tesis de que el espionaje es una práctica normal de los estados y tilda de hipersensible la reacción peruana, vinculándola al recuerdo de la Guerra del Pacífico.

me pregunto por las razones históricas que explican que Chile sostenga aún un discurso y práctica favorables al espionaje. Un primer elemento a considerar es la conformación de la identidad nacional chilena en el siglo XIX y la común referencia a la metáfora de la “fortaleza sitiada”; es decir, al pequeño y emprendedor país rodeado por tres rivales muy poderosos que lo amenazan. No parece casualidad, pues, que el diputado Jorge Tarud haya deslizado la idea de que esta denuncia de espionaje esconda una conspiración peruano-boliviana en contra de su país.

Señalando que teorías “conspiracionistas” hay a ambos lados de la frontera, prosigue con el tema de la hipersensibilidad peruana:

…no pretendo desechar las observaciones que Fermandois le hace al Perú. En efecto, nuestra excesiva sensibilidad frente a todo lo que viene de Chile es una realidad que debemos enfrentar desde las políticas educativas. Al contrario, lo que trato de mostrarle a mi colega es que en Chile también existen sensibilidades frente a sus vecinos, además de un nacionalismo férreo que acompaña un particular proceso de consolidación del Estado. Por eso nos debemos una mutua proclividad a tratar estos temas conjuntamente, porque la historia no la vamos a cambiar, pero si podemos difundir más los episodios que nos unen y comenzar a vernos con una mirada diferente,

Y concluye resumiendo, a su manera, el reclamo peruano:

es cierto que, en 2009, el ex-presidente Alan García aceptó las satisfacciones chilenas por el caso Ariza y sin embargo nos han seguido expiando. Por eso, más allá de las formas diplomáticas, el mensaje del Perú es clarísimo: no nos gusta que nos espíen y aunque queremos la integración, no la encontramos compatible con el espionaje. ¿El gallo canta más claro?

El economista César Vásquez Bazán, recurre a la historia para mostrar casos de espionaje chileno en el Perú previo a la guerra del Pacífico en 1879. También analiza en su blog el volumen de importaciones de armas de Chile, destacando que es de tres veces y media lo que el Perú compra en el mismo rubro, e indicando que lo mismo sucedió antes de la guerra de 1879.

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¿Por que dedica Chile un promedio de cuatro mil cuatrocientos millones de dólares anuales a gastos militares? La respuesta expresada en pocas palabras es porque Chile tiene la conciencia sucia por el robo hecho de los territorios de Tarapacá, Arica y el litoral boliviano en 1879. Cree que gastando 2.5 veces más en fuerzas militares que el Perú, disuadirá cualquier intento de recuperación de esos territorios por sus legítimos propietarios. […]

Chile quema el dinero en armamento y en matones de uniforme, lo cual es una vergüenza en un país con dos millones de seres humanos viviendo debajo de la línea de pobreza, con 16.3% de desempleo entre los jóvenes de 15 a 24 años de edad, y con una educación cara y elitista que discrimina cada vez más contra los pobres.

Post publicado originalmente en el blog Globalizado.

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