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Básicamente tu profesor de historia rusa es James Bond

The name's Bond, Professor Bond. And he's studiously reading Stephen Kotkin's new biography about Stalin. Image edited by Kevin Rothrock.

El nombre es Bond, Profesor Bond. Y está leyendo aplicadamente la nueva biografía de Stephen Kotkin sobre Stalin. Imagen editada por Kevin Rothrock.

Los académicos occidentales han sufrido de manía de espías la semana pasada, debido a un artículo de RFE/RL sobre el creciente número de deportaciones de becarios que tratan de realizar trabajo de archivo en Rusia. A esta historia le siguió un día después la noticia de otra expulsión de un estudiante graduado británico que se atrevió a investigar –imagínenlo– las condiciones de trabajo y su relación con las revoluciones de comienzos del siglo XX de la Rusia zarista.

RuNet Echo echa un vistazo a las reacciones de la gente en Rusia y en Occidente a estas dos historias en medios sociales. ¿Todo fue abucheos en el extranjero por la represión a los becarios y vítores dentro de Rusia por desbaratar las cobardes primicias de los archivos? No exactamente.

El artículo de Carl Schreck para RFE/RL titulado “Becarios occidentales alarmados por multas y deportaciones en Rusia”, provocó un pequeño escándalo en la comunidad académica occidental porque citó publicaciones públicas de Facebook de una estudiante de doctorado en el Reino Unido sobre su pleito con la policía y funcionarios de migración en un archivo en Arkhangelsk. La estudiante graduada luego borró sus cuentas de Twitter y Academia.edu, y el grupo en Facebook donde originalmente publicó algunas de sus historias ocultó sus conversaciones tras un muro de privacidad. Después, RFE/RL suprimió de su artículo el nombre de la estudiante graduada, que nunca respondió a correos electrónicos antes de la publicación del artículo pidiendo un comentario sobre sus publicaciones en Facebook.

En su artículo, Schreck citó a varios destacados becarios que trabajaron en Rusia, incluido, Stephen Cohen, que destacó la necesidad del trabajo de archivo para académicos en el campo, Arch Getty y Sam Greene, que confirmaron que la presión a los investigadores que trabajan en archivos rusos está aumentando.

Pero no todos recibieron bien la manera en Schreck manejó la historia, como Joseph Kellner, estudiante de doctorado de historia rusa en la Universidad de Berkeley. Kellner también escribió recientemente un artículo de opinión titulado “Por qué Estados Unidos es adicto a la rusofobia”, publicado en el sitio web Russia Insider, proyecto de financiación colectiva de Charles Bausman, estadounidense que vive en Moscú (el año pasado, el medio de comunicación RT, afín al Kremlin, le hizo una reseña, Russia Insider ya ha reunido $26,000 de los $20,000 que tenía como meta en Kickstarter).

Carl Schreck debería tener vergüenza. Pura propaganda y fantasía, basadas en una fuente y algo de juego de palabras astuto.

Horas después, Kellner emitió una aclaración:

Para aclarar, el artículo es anecdótico y perjudica a becarios que trabajan acá, de los cuales a una AMPLIA mayoría se trata con respeto.

Mientras los becarios en occidente debatían la ética de la decisión de Schreck de escribir sobre sus problemas en los archivos rusos, a otra estudiante graduada que trabajaba en un archivo, esta vez en Nizhny Novgorod, se le ordenó salir del país por “investigar ilegalmente” los vínculos entre las condiciones de trabajo zaristas y las revoluciones de comienzos del siglo XX.

El 1 de abril, Laura Sumner, de 25 años, estudiante de doctorado de historia rusa en la Universidad de Nottingham, fue condenada por violar los términos de su visa de negocios por trabajar en un archivo, y se le concedieron diez días para salir de Rusia. LifeNews, popular medio de noticias afín al Kremlin, llamó la atención sobre el interés de Sumner en las revoluciones, insinuando que su trabajo podría ser usado para ayudar a Occidente a realizar una “revolución de color” dentro de Rusia, y llamó a Sumner “otra espía más”.

Luego del escándalo, Sumner borró su cuenta en Twitter, que había usado desde junio 2009.

La historia de LifeNews sobre la “espía inglesa” aparentemente no llegó a resonar muy profundamente con su audiencia rusa. En VKontakte, la red social más popular del país, donde el medio de comunicación tiene más de 300,000 suscriptores, a solamente 268 personas “les gustó” el artículo. Algunos lectores se burlaron de la noción de que una estudiante graduada de historia pudiera amenazar al país, en tanto otros expresaron su molestia por el hecho de que las autoridades no hicieran más para contener la amenaza extranjera.

Andrei Kokorin bromeó:

украла секрет валенок и балалайки

Se robó el secreto de valenki [tradicional calzado ruso de invierno] y balalaikas [instrumento musical de cuerdas ruso].

Yelena Sokolova señaló la discrepancia entre la verdadera acusación de Sumner (violar los términos de su visa) y la acusación de LifeNews de que es una espía, culpando aparentemente a la policía por no lograr apreciar el peligro:

Не поняла… она работала в архивах и изучала наши революции. То есть, если бы виза была не деловая, а какая нибудь студенческая( или как там), то миграционное законодательство не нарушила бы, и могла бы дальше шпионить? Так что ли? ФСБ совсем заняться нечем?

No entiendo… trabajó en los archivos y estudió nuestras revoluciones. Es decir, si su visa no hubiera sido de negocios y hubiera tenido una de estudiante (u otra cosa), entonces no hubiera violado ninguna ley de viaje, ¿y hubiera podido seguir espiando más? ¿Es eso? ¿El Servicio Federal de Seguridad hace algo?

En Facebook, donde la base de usuarios rusos es generalmente más liberal e inclinada a Occidente, LifeNews solamente tiene 75,000 seguidores. La publicación en Facebook sobre la deportación de Sumner solamente tuvo 92 “me gusta” y varios comentarios no agradables.

Oleg Sobchuk, por ejemplo, escribió:

правильно! Все кто ходят в библиотеку – шпионы! Кому нужны думающие люди? быдломасса – достояние роССии

¡Maravilloso! ¡Todo el que va a una biblioteca es un espía! ¿Quién necesita a la gente pensante, después de todo? Una masa de carneros es el gran legado de Rasha.

¿Cómo interpretar el creciente número de casos que involucran a becarios occidentales expulsados de los archivos rusos? Recordando las muchas sanciones actualmente impuestas contra Rusia (sin mencionar los boicots de represalia de Moscú contra Occidente), la presión a los académicos parece ser una travesura política. Aunque puede ser un poco más que risible etiquetar a estas personas como espías, no hay nada de gracioso en el perjuicio hecho a las carreras de los becarios cuando se les expulsa de los archivos rusos.

Sin embargo, escribir al respecto también es delicado. Los becarios en Occidente son renuentes a publicitar sus nombres, presumiblemente por miedo o por temor a quedar en una lista negra luego (y están los que dicen que los incidentes son aislados, y niegan una tendencia o “sensación”). Mientras tanto, en Rusia, la amenaza de estudiantes graduados occidentales apiñados en archivos polvorientos, leyendo sobre la Revolución de Octubre, no parece perturbar ni emocionar a mucha gente.

Con esa receta para el silencio, hay pocas razones para esperar que haya mucho cambio.

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