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¿Son estas ideas locas nuestra última esperanza de salvar a los rinocerontes de África?

Northern white rhino

Aunque es más numeroso que el rinoceronte blanco del norte (en peligro de extinción), el rinoceronte blanco del sur se encuentra bajo la devastadora amenaza de los cazadores furtivos. Fotografía por Elizabeth Haslam, usuario de Flickr. CC-BY-NC-SA 2.0

Este artículo de Adam Welz originalmente se publicó en Ensia.com, una revista que resalta las soluciones medioambientales internacionales en acción, y se republica aquí según un acuerdo para compartir contenido.

En 1909, luego de terminar su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt dirigió una ambiciosa expedición a lo largo del este de África con el objeto de cazar ejemplares para los museos más famosos de Norteamérica. Con su hijo Kermit y algunos naturalistas, cazó miles de animales — desde elefantes hasta musarañas, desde aves raptoras grandes hasta pequeños pájaros cantores. El botín de la expedición se conservó en 4 toneladas de sal y un gran equipo de trabajadores manuales, algunos de los cuáles murieron en el camino, lo transportó a través de vastas sabanas.

El máximo premio del épico safari científico de Roosevelt fue el rinoceronte del Nilo, un misterioso tipo de rinoceronte de labio recto que habita a lo largo del Nilo superior, en las regiones que hoy denominamos Sudán del Sur y Uganda del norte. Los zoólogos notaron que era extraordinariamente parecido al rinoceronte blanco de Sudáfrica pero más pequeño, y que miles de millas lo separaban del blanco sureño. ¿Los rinocerontes del Nilo y los rinocerontes blancos eran de la misma especie? Los expertos no lograron ponerse de acuerdo.

Teddy y Kermit solo mataron nueve rinocerontes del Nilo, pero vieron muchísimos más. “Muy poco se sabe sobre estos rinocerontes de labio recto del norte como para estar seguros de que no se dirigen lentamente hacia la extinción”, escribió Roosevelt. “No queríamos matarlos simplemente para tenerlos como trofeos”.

Nos estamos dirigiendo a una era en la que la nueva tecnología nos podría permitir salvar especies que alguna vez fueron consideradas como condenadas a la extinción,  una era en la que las amenazas aparecen de modos jamás imaginados. La advertencia de Roosevelt estaba justificada: el rinoceronte del Nilo, habiendo sido víctima de la caza por trofeos y la caza furtiva, se encuentra al borde de la extinción. En la actualidad, solo quedan cinco individuos del comúnmente denominado rinoceronte blanco del norte, están todos en cautiverio y ninguno es capaz de reproducirse. El rinoceronte blanco del sur se encuentra bajo la terrible amenaza de los cazadores furtivos — a pesar de ser la especie de rinocerontes más numerosa a nivel mundial, con tal vez 20.000 individuos, los conservacionistas estiman que si las matanzas continúan aumentando con las cifras actuales, todos los rinocerontes blancos salvajes podrían desaparecer de acá a 12 años. 

La grave situación de alto perfil de estas especies estrechamente relacionadas ha generado un desconcertante conjunto de posibles soluciones, muchas de las cuales desencadenan serios dilemas éticos, riesgos no intencionales y consecuencias problemáticas, o se apoyan en tecnología no comprobada. Nos dirigimos hacia una era en la que la nueva tecnología podría permitirnos salvar especies que alguna vez fueron consideradas como perdidas, pero donde también las amenazas surgen en formas jamás pensadas que los protectores de la vida salvaje no pueden controlar. 

Criopreservación

En la época de Teddy Roosevelt, salvar una especie implicaba no mucho más que declarar la caza ilegal y proteger el lugar donde habitara esa especie. Esta medida podía funcionar, como sucedió con el bisonte americano, o podía fallar, como el caso de una subespecie de gallina de las praderas denominada “heath hen“, un pájaro norteamericano que habitaba en el suelo extinto en 1932 como resultado de una catarata de factores (incluso problemas genéticos a causa de la unión de ejemplares de parentesco muy cercano) que los conservacionistas no pudieron enfrentar debido a la carencia de conocimiento o de herramientas . 

Northern white rhino cells

Entre las células criopreservadas en el proyecto denominado “Frozen Zoo”, del ‘Instituto Zoológico de Investigación para la Conservación’, en San Diego, se encuentran muestras de 12 rinocerontes del Nilo (blancos del norte). Foto cortesía del zoológico de San Diego.

Si el rinoceronte del Nilo hubiera estado en esta situación un siglo atrás, sin dudas se habría extinguido. Pero los conservacionistas de la actualidad creen que pueden salvarlo mediante la ampliación de los límites de la ciencia reproductiva.

Tres de los últimos cinco rinocerontes del Nilo, dos hembras y un macho, viven en Ol Pejeta Conservancy, en Kenia. Hasta ahora, estos animales no han logrado tener crías debido a varios problemas reproductivos. Investigadores alemanes y sudafricanos serán los primeros en utilizar técnicas de inseminación artificial en un grupo de rinocerontes blancos del sur en Sudáfrica, que luego se aplicarán lo más pronto posible a los rinocerontes del Nilo en Kenia en un último intento de reproducción.

El Instituto Zoológico de Investigación para la Conservación en San Diego lleva adelante un proyecto denominado “Frozen Zoo”, mediante el cual células de varios animales amenazados, incluso 12 rinocerontes del Nilo, son congeladas en nitrógeno líquido. En un trabajo paralelo al esfuerzo alemán y sudafricano, el  grupo de trabajo de ‘Frozen Zoo’ planea utilizar una técnica desarrollada en el Instituto de Investigación Scripps para transformar las células criopreservadas del rinoceronte del Nilo en células madre. En teoría, con estas células madre luego se crearán embriones que puedan ser incubados en los rinocerontes blancos del sur del zoológico. Todavía deben resolverse muchas piezas del rompecabezas, pero el equipo de San Diego acaba de recibir una donación para realizar el mapa genético de las diferencias entre los rinocerontes blancos del Nilo y los del sur, una parte fundamental del proceso. 

Algunos conservacionistas temen que si los científicos descubren cómo crear nuevos animales a partir de células preservadas en una botella de una manera económica, por así decirlo, el dinero de los impuestos ya no se utilizará para la conservación sino para cosas que sean más populares. También se teme que los rinocerontes del Nilo jóvenes criados por rinocerontes blancos del sur en cautiverio no aprendan comportamientos vitales para la supervivencia en un ámbito salvaje. ¿Podremos realmente decir que hemos salvado al rinoceronte del Nilo si éste actúa como un blanco del sur que habita en un zoológico? ¿Cuán importante es la “cultura” aprendida para la construcción de una especie y cómo la revivimos? 

Una experiencia de mudanza

Las medidas tomadas para salvar a los rinocerontes blancos del sur del incesante ataque de cazadores y traficantes que cada vez están más organizados —venden los cuernos por sumas extraordinarias a consumidores de Asia que creen que el cuerno de rinoceronte cura el cáncer y otras enfermedades, y a comerciantes que buscan símbolos de prestigio— están cargadas de incertidumbre.

Los proyectos de translocación a gran escala están moviendo cientos de rinocerontes desde Kruger y otras reservas en riesgo hacia otros parques. La población más grande de rinocerontes blancos del sur, quizás 7.000 animales, habita en el Parque Nacional Kruger, en Sudáfrica. Este es el epicentro de la caza furtiva de rinocerontes a nivel mundial: en el año 2014 se encontraron 827 cadáveres, pero el número real de animales cazados podría superar los 1.000 ejemplares. A pesar de que se reforzó a los cuidadores del parque con unidades militares y un extenso servicio de inteligencia sobre las bandas de cazadores furtivos, las autoridades del parque no han logrado detener la matanza.

Estos proyectos de translocación también están moviendo cientos de rinocerontes a otros parques de Sudáfrica e incluso a países vecinos, como Botsuana — los destinos exactos no fueron revelados porque las bandas de cazadores furtivos han secuestrado camiones de traslado para matar a los rinocerontes que transportan. Uno de los planes sugiere establecer poblaciones de rinocerontes africanos en Australia.

Sin embargo, muchos conservacionistas sudafricanos desconfían de las translocaciones a gran escala porque son costosas y porque los cazadores furtivos son extremadamente móviles: utilizan helicópteros de vuelo bajo y equipos de visión nocturna para encontrar rinocerontes en áreas remotas. Las grandes poblaciones translocadas pueden convertirse en nuevos “imanes para la caza furtiva” porque atraen a los cazadores hacia áreas que antes no eran problemáticas. El orgullo nacional también está en juego: algunos sudafricanos sienten que al enviar rinocerontes a otros países están admitiendo la derrota. 

Las translocaciones cuidadosamente diseñadas son una parte probada de la práctica conservacionista, y han sido utilizadas para incrementar las poblaciones de rinocerontes y para salvar muchas otras especies en el pasado. Claramente, el costo de la translocación de los rinocerontes se debe analizar en contexto y también se debe considerar la posibilidad de la creación de nuevos imanes para los cazadores furtivos (ambos problemas solo pueden resolverse al mover pequeños grupos de animales cuidadosamente seleccionados). Un orgullo nacional equivocado significó la caída de la última población salvaje de rinocerontes del Nilo, que vivía en el Parque Nacional Garamba en la República Democrática del Congo. A comienzos de la primera década del año 2000, los conservacionistas planearon transferir a Kenia algunos de los 30 o más animales que quedaban para crear una población que actuara como seguro. Los políticos nacionalistas del Congo retrasaron el traslado, la caza furtiva aumentó, y un estudio del año 2008 reveló que ya no quedaba ninguno en el lugar. 

Un atractivo distinto

Otros intentan salvar a los rinocerontes haciendo que los cuernos sean menos atractivos y valiosos. Un grupo de amantes del rinoceronte sudafricano ha comenzado a inyectar veneno de colores brillantes en los cuernos de rinocerontes vivos. Su objetivo es hacer que los cuernos ya no le resulten útiles a los cazadores y que sean al menos un poco peligrosos para los consumidores. El método es legalmente controvertido, dado que los que colocan el veneno en los cuernos de los animales podrían ser señalados como responsables del daño causado a los consumidores, incluso si éstos actúan de manera ilegal. Algunos científicos dicen que la mezcla tóxica en verdad no satura el cuerno y por tanto es una pérdida de tiempo. 

Un grupo muy influyente de rancheros de Sudáfrica está tomando un rumbo diferente. Este grupo dice que si los consumidores asiáticos no van a dejar de pagar precios absurdos por los cuernos de rinoceronte adquiridos mediante la caza furtiva y comercializados ilegalmente, tal vez los africanos deberían cambiar las leyes internacionales de comercio de la vida salvaje y crear una comercialización legal de cuernos de rinoceronte de criadero (los cuernos de rinoceronte se pueden cortar cuidadosamente sin dañar al animal cada cierta cantidad de años; con el paso del tiempo vuelven a crecer). Su idea es inundar el mercado con cuernos legales, sacar a los criminales del negocio y generar así ingresos para la conservación de los rinocerontes.

La oposición internacional al comercio legal de cuerno de rinoceronte es intensa, por lo que es poco probable que los tratados internacionales sean modificados en un lapso de tiempo que sea realmente significativo para estos animales. El razonamiento es atractivo superficialmente. ¿Qué puede haber de malo en generar dólares para el bienestar de los rinocerontes sin matarlos? Pero los críticos que entienden los mercados asiáticos dicen que el comercio legal de productos de la vida salvaje que tienen un alto valor fomenta la demanda al legitimarlos ante los ojos de los consumidores, y crea canales a través de los cuales se pueden blanquear productos furtivos. En China, esto resulta evidente en el caso actual del comercio legal de marfil de elefante y productos de tigre de criadero. La presión sobre elefantes y tigres salvajes no se reduce; el marfil y las partes de tigre legales han hecho que estas mercancías sean más visibles y deseadas en la sociedad china, y la caza furtiva ha alcanzado niveles más altos. Por lo general, no hay manera de distinguir los productos legales y los furtivos, y como consecuencia es más fácil vender materiales ilegales en mercados legales; los cuernos legales y los obtenidos furtivamente son idénticos, por lo que aplicar la ley es muy difícil. 

También sería muy difícil, o tal vez imposible, que los criadores de rinocerontes alcancen ambos objetivos: generar ganancias altas para financiar la conservación e inundar el mercado para dejar sin negocio a los traficantes. Recaudar dinero para la conservación implica maximizar el precio del cuerno. Reducir la industria criminal de la vida salvaje implica venderlo más barato. ¿Cómo hacemos las dos cosas al mismo tiempo? 

De cualquier manera, la oposición internacional al comercio legal de cuerno de rinoceronte es amplia, por lo que es poco probable que los tratados internacionales puedan ser modificados dentro de un período de tiempo que sea significativo para los rinocerontes. 

Soluciones militares

La caza furtiva de rinocerontes suele ocurrir en áreas grandes y escabrosas, difíciles de vigilar: el Parque Kruger, por ejemplo, es aproximadamente del tamaño de Israel, y otros parques africanos son incluso más grandes. Pero algunas compañías nuevas están dándole un uso diferente a la tecnología militar de vigilancia para aumentar la capacidad de los conservacionistas de observar semejantes extensiones de terreno. Se está presentando un increíble conjunto de ‘drones’, cámaras de largo alcance, micrófonos hipersensibles, estaciones de monitoreo de teléfonos móviles, y software de última generación con el propósito específico de encontrar a los cazadores furtivos antes de que actúen.

Los grupos en contra de la caza furtiva, quienes cuentan con poco personal, están desesperados por recibir ayuda y por ello están a favor del uso de tecnología militar. Sin embargo, algunos críticos se resisten al uso de este tipo de hardware, fundamentando su posición con el hecho de que los billones que se gastan en equipos similares no han logrado detener el tráfico de drogas y personas en las fronteras de Norteamérica. Otros se preguntan si los turistas visitarán los parques que se parezcan a un campo militar. 

Crea tu propio cuerno

Si lo único que le importa a los consumidores es el cuerno del rinoceronte, ¿por qué no dejar a los rinocerontes en paz y crear el cuerno en un laboratorio? Pembient, una compañía con sede en Seattle, pretende desarrollar un cuerno de rinoceronte idéntico al natural (y a la larga otros productos de la vida salvaje) mediante la utilización de biotecnología de última generación y una gran dosis de optimismo tecnológico de Silicon Valley.

Los críticos están preocupados porque este enfoque puede producir un efecto indeseado, como puede suceder con la venta legal del cuerno de criadero. En la mente de algunos consumidores, el cuerno puede disociarse del espantoso negocio de la caza furtiva, haciendo que su uso sea más aceptado socialmente. En el caso de otros consumidores, podría incrementar de manera contraproducente la demanda de cuerno procedente de la caza furtiva, ya que el cuerno “real” puede ser considerado más genuino o potente.

Esto ya sucedió con el ginseng americano, una planta salvaje que crece en el suelo de los bosques a lo largo de gran parte del noreste de Estados Unidos, y que es muy deseada en China debido a su uso medicinal. La creación de una gran industria de ginseng cultivado hizo que la raíz de ginseng salvaje fuera considerada de mejor calidad y fuera más deseada, por lo que los precios aumentaron y se incrementó la presión sobre las poblaciones salvajes. La recolección de ginseng ha pasado de ser una pequeña ocupación estacional a ser una gran fuente de dinero en lugares como Appalachia. La recolección ilegal es muy común, y están ocurriendo conflictos violentos a causa de la disputa por las parcelas de ginseng natural en comunidades rurales que antes eran pacíficas.   

Disminuir la demanda

La máxima solución para ponerle fin a la caza furtiva y el comercio ilegal de productos de la vida salvaje es, por supuesto, persuadir a la gente a que no consuma — un método conocido como “reducción de la demanda”. La mayoría de los grupos conservacionistas prestaban poca atención a esto en el pasado, pero organizaciones como la que yo represento, WildAid, han conseguido un progreso significante en lo que concierne a modificar la actitud pública en contra de los productos provenientes de la vida salvaje y a reducir el consumo mediante técnicas implementadas por Hollywood y la industria publicitaria. 

Siempre existe la posibilidad de que la campaña tenga consecuencias no deseadas. Por ejemplo, WildAid se asoció con Yao Ming, estrella china de baloncesto, y otras celebridades para realizar una campaña contra la matanza cruel y excesiva de tiburones para obtener sopa de aleta de tiburón, un producto prestigioso cuyo consumo se disparó en China gracias a la creciente riqueza del país. Los anuncios televisivos y las carteleras de la campaña han sido vistos por cientos de millones de personas en China; el año pasado, el 85% de quienes respondieron una encuesta pública dijo que había dejado de consumir aleta de tiburón en los tres años anteriores, en su mayoría debido a las campañas de concientización que repudian el consumo de aleta de tiburón. Los comerciantes mayoristas reportan un descenso masivo en las ventas, y los pescadores en Asia están dejando el negocio de la aleta de tiburón porque los precios son muy bajos. 

En Asia, varios grupos protectores de la vida salvaje están realizando campañas verbales, a través de los medios de comunicación y de teléfonos celulares, en contra del marfil y el cuerno de rinoceronte; las encuestas revelaron que las actitudes públicas han comenzado a cambiar y a posicionarse también en contra de estos productos. Es mucho lo que se debe aprender, sin embargo, en el actual paisaje mediático en constante evolución, y siempre existe el riesgo de que una campaña produzca consecuencias no deseadas. Muchos grupos de conservación se rehúsan a poner un número a los elevados precios callejeros del cuerno de rinoceronte, por ejemplo, por miedo a fomentar el tráfico.

Más allá de la imaginación

En el pasado cercano, la conservación consistía principalmente en entender la biología de las especies en peligro, proteger y controlar sus hábitats, y ejercer presión para la creación de nuevas leyes. Hoy, salvar especies de gran valor como rinocerontes y elefantes significa superar la agilidad de la caza furtiva y de las redes de tráfico que sorpresivamente están bien financiadas, tienen la posibilidad de explotar una tecnología de primera línea, y no se ven limitadas por procesos legales tediosos o comités de gobierno. 

Por su parte, los protectores de la vida salvaje deben convertirse en expertos manipuladores genéticos, criminalistas, tecnólogos militares y comerciantes. Deben enfrentarse a problemas prácticos y éticos que generaciones anteriores jamás habrían imaginado. 

Claramente no existe una solución ideal. Los conservacionistas no tienen otra opción más que sujetarse firmemente al futuro y enfrentarse a sus riesgosas tecnologías si los rinocerontes —y miles de otras especies— han de continuar existiendo en cualquier condición que se parezca a su estado salvaje. 

Adam Welz es escritor/cineasta, naturalista desde hace mucho tiempo, adicto observador de aves, y polemista inveterado. Es el representante sudafricano de WildAid, una organización sin fines de lucro que se enfoca en ponerle fin a la demanda ilegal de productos de la vida salvaje. Twitea desde @AdamWelz y @WildAid_SA.

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