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En las ‘cárceles abiertas’ de Finlandia, los presos tienen las llaves

Jukka Tiihonen served the last few years of his sentence for murder at this open prison on Suomenlinna Island. Credit: Rae Ellen Bichell. Published with PRI's permission

Jukka Tiihonen sirvió los últimos años de su condena por asesinato en esta prisión abierta en Suomenlinna Island. Crédito: Rae Ellen Bichell. Publicado con el permiso del PRI

Este artículo y reportaje de radio escrito por Rae Ellen Bichell para The World fue originalmente publicado en PRI.org el 15 de abril de 2015, y es republicado aquí como parte de un acuerdo para compartir contenido.

Si quiere encontrar a los reclusos de la prisión de Kerava, en Finlandia, camine por un sendero bordeado de árboles y abra la puerta del invernadero.

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“Es muy relajante estar aquí”, dice Hannu Kallio, un traficante de drogas convicto. “Tenemos conejitos”.

Los 70 presos de esta cárcel trabajan todos los días en el invernadero. En esos días, están trasplantando semilleros en preparación a una gran venta de primavera. Y sí, hay muchos conejitos con los que convivir y acariciar. También hay ovejas.

Pero no hay puertas, cerraduras o uniformes – esto es una prisión abierta. Todos en la prisión abierta de Kerava, han solicitado estar aquí. Ganan alrededor de 8 dólares norteamericanos por hora, tienen teléfonos celulares, hacen la compra en la ciudad y tienen tres días de vacaciones, cada dos meses. Pagan alquiler a la prisión; si optan por estudiar una carrera universitaria en la ciudad en vez de trabajar, reciben un subsidio; algunas veces van de campamento y viaje de pesca supervisados.

Los presos saben que no sería difícil escapar. “Puedes marcharte, si lo deseas”, dice Kallio. “Pero si te escapas, vuelves a la cárcel. Es mejor estar aquí “.

Each spring, hundreds of people come to the Kerava open prison to picnic, pat the animals and buy plants cultivated by inmates.  Credit: Courtesy of Criminal Sanctions Agency, Finland

A cada primavera, cientos de personas llegan a la prisión abierta de Kerava para hacer picnic, acariciar a los animales y comprar las plantas cultivadas por los internos. Crédito: Cortesía de la Agencia de Sanciones Penales, en Finlandia.

El régimen de cárceles abiertas existe en Finlandia desde la década de 1930. En aquel entonces, eran más como colonias de trabajo. Actualmente, son el último paso de una pena de prisión antes que los reclusos hagan la transición de regreso a la vida normal.

“No se tiene ninguna intención de encarcelar a la gente por el resto de sus vidas”, dice Tapio Lappi-Seppälä, director del Instituto de Criminología de la Universidad de Helsinki, “porque si ese fuera el caso, se debería invertir y asegurarse de que exista la posibilidad de rehabilitación “.

No siempre fue así. Hace algunas décadas, Finlandia tenía una de las tasas más altas de encarcelamiento en Europa. Luego, en la década del 60, los investigadores de los países nórdicos empezaron a investigar cuánto, en efecto, ayuda el castigo a reducir la tasa de criminalidad. La conclusión: No lo hace.

“Esta fue la primera vez que una investigación crítica demostró que el encarcelamiento en realidad, no funciona”, dice Lappi-Seppälä.

Durante las siguientes tres décadas, Finlandia ha rehecho su política penal poco a poco. Al final de este período de “excarcelación” Finlandia tenía una de las tasas más bajas de encarcelamiento en el continente. Lappi-Seppälä dice que el crimen no ha aumentado como resultado.

“Finlandia demostró que era perfectamente posible reducir el uso de la pena de prisión [en dos tercios,]”, dice, “sin que se alterara el desarrollo de la tendencia hacía el crimen en Finlandia.”

Lo que sí funcionó, fue la reintegración gradual a la vida normal que ofrecen las prisiones en régimen abierto. Cerca de un tercio de los reclusos finlandeses están alojados en la cárcel abierta, y la Agencia de Sanciones Penales de Finlandia dice que los reclusos que pasan por las cárceles abiertas son menos propensos a volver a la cárcel. La tasa de reincidencia es reducida en casi 20 por ciento.

Las prisiones abiertas además, cuestan menos. Esa Vesterbacka, jefe del Organismo de Sanciones Penales del país, dice que al eliminar la necesidad de sistemas adicionales de seguridad y personal – y por alojar la gente en una especie de dormitorio – el costo por recluso se reduce en casi un tercio. Esta no es la razón principal por lo que tenemos este tipo de prisiones, dice Vesterbacka, “pero, por supuesto, que si se puede hacer algo de forma más económica, hoy en día es una ventaja, “

Hay incluso una prisión abierta en la principal atracción turística de Helsinki, Suomenlinna Island. La isla fue considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y se llena de turistas en verano. Sin embargo, lo único que separa la prisión de un bloque de apartamentos residenciales y de los museos, es una cerca amarilla.

Inmates at the Suomenlinna open prison live in blue dormitory-style housing. A picket fence is all that separates the prison grounds from the rest of the island, a popular tourist destination. Credit: Courtesy of Criminal Sanctions Agency, Finland

Los reclusos de la prisión abierta de Suomenlinna, viven en alojamientos azules al estilo dormitorio. Una cerca es todo lo que separa la prisión del resto de la isla, un popular destino turístico. Crédito: Cortesía de la Agencia de Sanciones Penales, en Finlandia.

“Realmente no te das cuenta que caminas en medio de una prisión abierta”, dice Lappi-Seppälä. “Nadie piensa en eso. Creo que incluso a los turistas estadounidenses, no les resulta aterrador “.

La gente local parece estar de acuerdo. Cuando hablé con los residentes que viven cerca de las prisiones abiertas de Kerava y Suomenlinna, la mayoría parecía sorprendidos cuando le preguntaba si les molestaba compartir la ciudad con los condenados. Algunos me dicen que los prisioneros benefician a la comunidad mediante la restauración de sitios históricos o la limpieza de los espacios públicos.

Es tentador preguntarse cómo este sistema podría funcionar en otros países – en particular los EE. UU., que tiene encarceladas a más personas que cualquier otro país del mundo. Heather Thompson, profesor de historia en la Universidad de Temple, que estudia los encarcelamientos masivos y la población carcelaria, dice que es difícil entender por qué Norteamérica no debate ese tema.

“Estamos llegando al punto de reconocer que encarcelamos a demasiadas personas. Todavía tenemos que hablar de las condiciones reales del confinamiento, que es lo que la gente realmente experimenta en la cárcel, para que al retornar a la sociedad puedan ser seres humanos completos”.

Cuando hablé con Hannu Kallio en la prisión abierta de Kerava, estaba a punto de salir a pasar los últimos meses de su sentencia en casa, trabajando en un centro de reciclaje y viviendo con su esposa, hijas y su Jack Russell terrier.

Un compañero de prisión, Juha, quien no quiso dar su apellido, espera su primer hijo. Está cumpliendo una sentencia de cadena perpetua, pero la mayoría de esas sentencias en Finlandia se conmutan por 10 o 15 años de prisión. “Es una gran cosa “, Juha dice,” pero no sé cuando voy a salir. Básicamente, su madre lo va a criar”.

Juha no está seguro de cuándo podrá volver a casa con su nueva familia, pero sabe que un día lo hará. Y para alguien que empezó en una cárcel de máxima seguridad con una pena de cadena perpetua, eso dice mucho.

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