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El movimiento de ocupación estudiantil ‘Nueva Universidad’ de Ámsterdam desde adentro

El discurso de Jacques Rancière en el edificio ocupado Maagdenhuis el 24 de marzo de 2015. Foto de Nicola Zolin. Utilizada con permiso

Por los periodistas y fotógrafos Roberto Pizzato y Nicola Zolin.

Una nueva oleada de movimientos estudiantiles y ocupaciones de edificios universitarios está tomando lugar en Europa. En Ámsterdam, el 25 de marzo de 2015, el movimiento Nieuwe Universiteit (Nueva Universidad) celebró el primer mes de ocupación del Maagdenhuis, un edificio administrativo de la Universidad de Ámsterdam (UvA) situado en Spui, en pleno centro de la ciudad.

Hasta el 11 de abril, cuando fue expulsado por la policia antidisturbios, un grupo de estudiantes ocupó el edificio y organizó diversas actividades como conferencias, talleres y presentaciones, apoyado por intelectuales locales e internacionales. Los estudiantes demandaron democracia directa, participación en los procesos de gestión de la universidad y la paralización de los recortes económicos y la progresiva corporativización de la universidad.

Los movimientos de estudiantes universitarios que están surgiendo en toda Europa son prueba de una de las mayores crisis de nuestro tiempo: la crisis del conocimiento. Ahora que el conocimiento se ha vuelto indiscutible e incuestionable, que la gente se siente desconectada del mundo en el que vive y de la contribución que está deseando hacer a la sociedad.

Para el ser humano, la educación es una ventana al mundo. Debería despertarle la curiosidad y ofrecerle las claves para soñar y ser creativo a la hora de concebir el mundo en el que quiere vivir. Sin embargo, las universidades parecen condenadas a reflejar las estructuras del actual sistema financiero, altamente burocratizado, con lo que hay poco espacio para el diálogo honesto y la confrontación crítica, así como para la exploración inteligente de soluciones y alternativas estimulantes dentro de esta etapa actual de la historia. En este sombrío escenario, grupos de estudiantes desilusionados con las perspectivas del presente e inspirados por nuevos ideales han decidido responder mediante la ocupación de edificios de la universidad.

El 13 de febrero, académicos y estudiantes de la Nieuwe Universiteit ocuparon el edificio Bungehuis en respuesta a las reformas anunciadas por la UvA. Después que las negociaciones con el Consejo de Dirección fracasaran, los ocupantes, que se negaron a abandonar el edificio, fueron desalojados por la policia. Esa misma noche, un grupo de estudiantes forzó la puerta del Maagdenhuis, el principal edificio administrativo de la UvA, y dio comienzo a una ocupación que se extendió hasta el 11 de abril.

Los objetivos del movimiento se deciden a través de democracia directa y autoorganización. En una revista titulada “Antithese” [Antítesis], estudiantes y académicos de la Nieuwe Universiteit afirmaron que “finalmente se estaban liberando de una especie de cinismo posmoderno”. La acción de ocupar, en otras palabras, es para ellos una reacción a la creciente apatía de las generaciones más jóvenes que han interiorizado un sentimiento de impotencia. “La lógica del sistema es producir gente incapaz, que se siente incapaz y que está de acuerdo en que es incapaz”, afirmó Jacques Rancière, un filósofo francés que ofreció una charla en el Maagdenhuis durante la ocupación.

En el primer mes de actividades, el movimiento organizó talleres, proyecciones de películas y documentales, conciertos y charlas diarias con profesores e intelecuales como el activista estadounidense David Graeber, una destacada figura del movimiento Occupy.

Durante estas semanas, la palabra “ocupación” fue a menudo sustituida por la palabra “liberación”. En un artículo de la revista, un miembro que firma como “Onruststoker” [Activista] reconoce la ausencia de un plan concreto para el futuro. “El rechazo a lo establecido no supone de ninguna manera que estemos en la recta final,” afirma. Debemos recurrir a la libertad creativa, que “convierte nuestros ideales, ya sean estos subjetivos, diversos o apenas un esbozo, en experimentos”.

El discurso de Jacques Rancière en el edificio ocupado Maagdenhuis el 24 de marzo de 2015. Foto de Nicola Zolin. Utilizada con permiso

“No solo estamos ocupando este espacio”, dijo Michiel, un estudiante que se unió al movimiento después de que la ocupación del Maagdenhuis ya estuviera en marcha. “A medida que se producen ocupaciones en otros lugares, hemos empezado a sentirnos parte de una gran familia.”

La noticia de la ocupación de un edificio administrativo en la London School of Economics (LSE) en Londres, el 18 de marzo, reforzó la confianza de los estudiantes de Ámsterdam en su causa. Como dijo un representante de la ocupación en la LSE: “el poder de las ocupaciones es que provocan un efecto dominó: éste es sólo el comienzo.”

Unas pocas semanas antes, en Canadá, estudiantes de la Universidad de York y la Universidad de Toronto organizaron sendas huelgas, lamentando la insuficiente y desigual asignación de recursos a los profesores auxiliares.

En el momento de la ocupación, los estudiantes en Ámsterdam tenían confianza en que sus demandas iban a ser oídas. “Una de las demandas es detener la especulación inmobiliaria con dinero que se supone destinado a la investigación y la enseñanza”, dijo Joyce Pijnenburg, una antigua estudiante de la UvA que renunció a una carrera en el mundo académico precisamente por el desajuste que ahora denuncia.

El discurso de Jacques Rancière en el edificio ocupado Maagdenhuis el 24 de marzo de 2015. Foto de Nicola Zolin. Utilizada con permiso

“En 1969, el gobierno escuchó a los estudiantes y cambió el gobierno de la universidad por medio de la ley,” recordó Michele Mugia, un estudiante de filosofía de la UvA y un activista. Mugia fue un destacado organizador de actividades y encuentros durante el mes de ocupación y estaba orgulloso de asegurar que “aquí todos creen que han hecho historia y futuro al mismo tiempo.”

Bertie Kaal, una profesora de la UvA que apoya la lucha de Nieuwe Universiteit, recordó que “los logros de la ocupación de 1969 se perdieron durante las décadas siguientes, a medida que el sistema jerárquico se hizo dominante”. Kaal afirmó que ahora la mayoría de profesores tiene miedo a protestar, por temor a perder su trabajo. “Estoy contenta de que los estudiantes estén protestando, en parte porque los profesores no lo están haciendo”, dijo Kaal.

Los estudiantes detrás de Nieuwe Universiteit se unieron y aseguraron no tener miedo. “Otros movimientos y partidos políticos se han inspirado en nosotros”, dijo Michiel, “y en la percepción de lo que es posible si empiezas a actuar y desarrollar tu creatividad por aquello en lo que crees. Eso es lo que vemos que está pasando aquí.”

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