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En el este de Turquía, caminando en las sombras del genocidio

Kurdish children play in the ruins of an Armenian church in Bitlis. Photo by John Lubbock.

Niños kurdos juegan en las ruinas de una iglesia armenia en el pueblo de Bitlis en el este de Turquía. Foto tomada por John Lubbock.

En la semana previa al centenario del genocidio armenio, el historiador británico-armenio Ara Sarafian dirigió un grupo de estudiantes, académicos y periodistas en una misión para confraternizar con kurdos locales y los descendientes de armenios en la región kurda de Turquía.

Fue en estos pueblos y aldeas donde hace cien años la población armenia, al igual que muchos asirios, fueron sacados de sus casas y terminaron muertos o deportados por el estado y sus dependencias. La burocracia otomana, supuestamente por el temor de que poblaciones no turcas se pudieran sublevar y dividir los territorios otomanos para crear nuevos estados naciones, explotaron las tensiones tribales, de clase y étnicas para animar a los líderes locales kurdos a asesinar a sus vecinos y robar sus tierras.

Sarafian ha estado viajando durante años a esta región, y sobre todo a la ciudad oriental de Diyarbakir, y ha interactuado con los lugareños y tratado de tender puentes con la comunidad local.

“Muchos armenios eran escépticos, decían ‘bueno, Diyarbakir es una excepción’”, dice Sarafian. “De algún modo, para probar eso… [dije] tratemos de tender los puentes que fueron destruidos hace cien años [en Bitlis] entre armenios y kurdos”. Sarafian vive en Londres y no tiene contactos reales en la región, y empezó a hacer contactos a través de los medios sociales. Cuando llegó a la zona, organizó una reunión. “Muchas organizaciones kurdas se unieron y desde el comienzo el sentimiento era el mismo: los kurdos reconocen que hubo un genocidio que se debe enfrentar y que debemos hacer todo para revertir su consecuencias tanto como se pueda”.

Old Armenian church near Bitlis. Photo taken by John Lubbock.

Antigua iglesia armenia cerca de Bitlis. Foto tomada por John Lubbock.

Sarafian nos lleva a los lugares de antiguas aldeas armenias como Khanelmali (Khntsorkin en armenio) cerca de Tatvan, donde subsisten vestigios de antiguas iglesias, a menudo usados por aldeanos kurdos como establos para animales o graneros para la paja. En la aldea de Degirmenalti (Por en armenio y kurdo), un antiguo monasterio incluye algunas de las más impresionantes piedras jachkar en existencia. Estas monumentales piedras talladas fueron hechas por monjes para mostrar su devoción y arte. En los últimos cinco años algunas han sido derribadas para construir casas, aunque hay esperanza de que subsistan por debajo de los cimientos, esperando ser recuperadas.

Khatchkar stones. Photo taken by John Lubbock.

Piedras jachkar. Foto tomada por John Lubbock.

En Bitlis asistimos a una charla llamada “Qué pasó con los armenios de Bitlis, 1915-2015”, organizada por Sarafian junto con abogados y activistas kurdos y turcos. Consistía de una exhibición fotográfica sobre los armenios en Bitlis, seguida por presentaciones con oradores que incluían a Ismail Beşikçi, sociólogo y activista de derechos humanos turco que pasó 19 años en cárceles turcas por dar su opinión sobre el asunto kurdo.

“Vi ruinas de iglesias, tantas ruinas de iglesias. ¿Dónde está la comunidad de estas iglesias? Hacer estas preguntas se relaciona con tener conciencia social e histórica. Entre 1962 y 1963 yo no tenía conocimiento ni información”, dijo Beşikçi.

Behvat Şerefhanoğlu, hombre del lugar y padre de nuestro guía Barzan, le contó a la audiencia la historia de lo que su familia presenció en 1915.

“Mi tío fue uno de los testigos directos de las muertes. Había un puente de piedra en Mutki. Mi tío me dijo que el 80% de los armenios que vivían en esa zona fueron masacrados cerca del puente. Los armenios rogaban “oh, musulmán, por el amor de Mahoma, mátame con una bala”. Aunque rogaron, les siguieron disparando a las rodillas. Esto es una masacre. Somos los hijos de dos naciones enlutadas”.

Condujimos hacia las colinas cerca de Mutki para visitar lo que alguna vez fue un enorme monasterio en las cuentas de las tierras altas. Desde lejos, San Aghperig parece casi intacto, pero de cerca está cubierto con agujeros donde los cazadores de tesoros obsesionados con rumores de que los armenios enterraron oro en sus lugares de oración llegaron a excavar. San Aghperig es hermoso aun en su estado actual, pero necesita protección con urgencia. Esto será difícil sin inversiones de fuera, lo que será difícil de asegurar cuando el gobierno quiere conservar todos los derechos de tierras.

Inside St Aghperig. Photo taken by John Lubbock.

Dentro de San Aghperig. Foto tomada por John Lubbock.

Después fuimos a Diyarbakir, desde donde nos dirigimos a la antigua aldea de Chunkush (ahora Cungus), para ver la fisura Dudan. En el camino nos detuvo la policía militar local, que pidió ver los pasaportes de todos los asistentes. Por suerte, la presencia de tantos abogados en nuestro grupo anima a la policía a dejarnos emprender nuestros asuntos.

Fue en Dudan (“salto de agua” en turco) en 1915 que hasta 10,000 armenios del lugar fueron arrojados luego de que los soldados les cortaran la garganta por orden del gobernador otomano Reşid Bey. Los lugareños han contado historias de la masacre desde hace mucho, y se nos unen políticos locales y los descendientes de armenios que arrojaron flores en el agujero para recordar a las víctimas. Es un lugar fantasmal que representa una herida abierta para la población local.

Dudan Cravasse. Photo taken by John Lubbock.

Fisura de Dudan. Foto tomada por John Lubbock.

A media hora afuera de Batman hay un valle tallado en el paisaje, esparcido con pozos petroleros. Cerca de 700 miembros de la élite armenia local fueron puestos a flote en balsas en el río Tigris en 1915. Los soldados otomanos los entregaron a verdugos kurdos reclutados por el gobernador provincial. Lugares remotos como este valle fueron elegidos para esconder las masacres de la vista, pero los que presenciaron las muertes pasaron sus historias a las siguientes generaciones. Un telegrama de uno de los líderes otomanos, Talaat Pasha, a un gobernador en Siria, le advertía que escondiera las muertes de la vista pública, porque “es importante que, para guardar las apariencias, se debe dar una muestra de trato amable por un tiempo y que se tomen las medidas usuales solamente en los lugares apropiados”.

No todas las tribus kurdas participaron en el genocidio. Mihemede Miste era el líder de los kurdos Reshkota en 1915 y se opuso a las órdenes del gobernador otomano de Diyarbakir a masacrar armenios. La casa de Miste fue quemada hasta los cimientos y a él lo obligaron a ir al exilio. Sus descendientes se sintieron conmovidos por la visita a su aldea para honrar el coraje de su antepasado. Cerca de la tumba de Miste en la pequeña aldea, Sarafian dijo a su familia que era su “deber, como historiador del genocidio, ser testigo de la realidad de que muchos musulmanes se negaron a matar a sus hermanos. Debemos celebrar a personas como Mihemede Miste por ser un puente entre el pasado y el presente y pensar en toda la bondad que hay en la gente”.

Mihemede Miste’s grave.Photo taken by John Lubbock.

Tumba de Mihemede Miste. Foto tomada por John Lubbock.

En vísperas del aniversario fuimos al recién renovado Sourp Giragos. Giragos es una historia de éxito que muestra cómo los lugares de valor cultural para los armenios pueden ser protegidos y restaurados con éxito en Turquía, a pesar de la falta de relaciones entre los dos países. Cientos de kurdos y personas con raíces armenias acudieron para ver un concierto en la zona, pero no se hizo ninguna mención al centenario del genocidio.

Sarafian procedió a tañer las campanas de la iglesia, mientras otras iglesias armenias tocaban a esa hora a lo largo del mundo para conmemorar la canonización de las víctimas armenias de 1915. Sin embargo, los armenios del lugar lo hicieron parar, pues el patriarca armenio de Estambul ha prohibido a las iglesias en Turquía que participen en esta actividad mundial.

Sourp Giragos. Photo taken by John Lubbock.

Sourp Giragos. Foto tomada por John Lubbock.

La mañana del 24 de abril, nuestro grupo fue a la iglesia ortodoxa siriaca de Santa María para un servicio conmemorativo donde los sermones se dieron para recordar a los que murieron. Sarafian no estaba obligado a ninguna regla ahí, y las campanas se tocaron cien veces en recuerdo de los muertos.

Abogados y políticos locales y el Instituto Gomidas, con sede en Londres, organizaron una manifestación. Selahattin Demirtaş, uno de los líderes del partido de oposición HDP, dio un discurso donde dijo a la multitud que no tenía nada que temer por el reconocimiento del genocidio, y citó el ejemplo de Alemania, a la que nadie hace responsable hoy por el Holocausto perpetrado por los nazis. Su presencia atrajo a miles de personas a la deteriorada iglesia armenia de Sourp Sarkis, y mostró lo relacionados que ambos acontecimientos están con las elecciones generales de junio.

Sarafian and Demirtaş at the April 24th rally in Diyarbakir. Photo taken by John Lubbock.

Sarafian y Demirtaş en la manifestación del 24 de abril en Diyarbakir. Foto tomada por John Lubbock.

HDP es el partido prokurdos que tomó una decisión estratégica luego de las protestas en Gezi para convertirse en el principal partido progresista en la política turca, atrayendo a gente de todo Turquía que no simpatiza con el partido gobernante AKP pero tiene poco tiempo para el nacionalismo anticuado del partido secular Nacionalista CHP. El codirigente Selahattin Demirtaş ha reconocido reiteradamente el genocidio de 1915 y quiere que el gobierno de Turquía haga lo mismo.

“Este es el resultado de muchos años de trabajo”, dijo Sarafian a otro periodista dentro de Sourp Sarkis. “Este es solamente un punto en el camino que nos gustaría recorrer hacia la reconciliación, permitiendo a los kurdos aceptar la realidad del genocidio, que lo están aceptando así. Ankara puede decir lo que quiera, pero vamos a los sitios de la masacre, basados no solamente en conocimiento de archivo sino conocimiento local. Es importante que estemos acá para participar de esta manera y crear un lenguaje de reconciliación. Si no hablas, están acusando a la gente; ‘queremos territorio, queremos esto o lo otro’, si esta es su actitud, eso no permite la reconciliación”.

Más allá del sombrío luto por la ocasión, hubo mucha esperanza evidente en kurdos, armenios y turcos que quieren dejar a un lado la animosidad del pasado y construir un país que pueda aceptar su historia y empezar de nuevo. Debe haber esperanza de que se puede superar la actitud defensiva de los nacionalistas turcos para construir los puentes y el entendimiento necesario para que ocurra el reconocimiento y reconciliación.

Presenciar estas conmemoraciones que han sido muy ignoradas por los medios turcos e internacionales, deja en claro que las cosas están cambiando dentro de la sociedad turca. Se debe permitir que el diálogo continúe.

Ara Sarafian in front of Turkish police vehicles in Diyarbakir on the Armenian Genocide anniversary. Photo taken by John Lubbock.

Ara Sarafian frente a vehículos de la policía turca en Diyarbakir en el aniversario del genocidio armenio. Foto tomada por John Lubbock.

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