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Un preso político en el Brasil democrático (parte 1)

Jandira Mendes, madre de Igor, recibe la Medalla Chico Mendes de Resistencia al lado de José Pimenta, del Centro Brasileiro de Solidariedade aos Povos (Cebraspo). Foto: Anne Vigna (CC-BY-ND)

Este reportaje fue producido por Anne Vigna, de Agência Pública, y publicada originalmente en su página web. Se reproduce en Global Voices en dos partes gracias a un acuerdo de republicación. Lea la segunda parte.

Tres jóvenes de Río de Janeiro fueron premiados este año con la Medalla Chico Mendes de Resistencia, concedida tradicionalmente el día 31 de marzo por la ONG Tortura Nunca Más. Así como estos combatientes de las dictaduras del Cono Sur, también homenajeados con una medalla, esos jóvenes representados por sus madres en la ceremonia, fueron víctimas de violencia de Estado – ahora en régimen democrático. Dos de ellos fueron asesinados por policías de la UPP Manguinhos; el tercero, Igor Mendes, está en una celda en el presidio de Bangu. Los tres casos están aún en juicio.

El reconocimiento de Igor Mendes como “preso político” por esa y otras respetadas organizaciones de derechos humanos debería servir de alerta para la sociedad de un país democrático. Pero ni una sola línea sobre el asunto apareció en los periódicos al día siguiente de la ceremonia de Tortura Nunca Más. Para la mayoría de los ciudadanos, Igor era apenas uno de los “vándalos” presos en las manifestaciones del 2014 contra la Copa Mundial, tal como fue informado exhaustivamente por la TV.

Cuando se analiza, sin embargo la investigación policial que llevó a prisión a Igor, no puede dejar de recordarse la dictadura militar. Si en aquellos tiempos los “terroristas” eran identificados por la represión a partir de estereotipos como la ropa roja, la barba, los libros “subversivos”, hoy la policía y la Justicia de Río de Janeiro se basa en “indicios” como la ropa oscura, la máscara de Anonymous y publicaciones y ‘me gusta’ en Facebook para señalar a los “vándalos”. Como sucedía en la dictadura los sospechosos están en todas partes, pueden ser abogados, periodistas, profesores o estudiantes. Los activistas de izquierda siguen siendo vistos como amenaza en el 2015 aunque militen en partidos legales como el PSOL, según con el proceso judicial al que Pública tuvo acceso.

Igor Mendes es uno de los 23 procesados por la Justicia del Estado de Río de Janeiro preso el 12 de julio de 2014, víspera de la final de la Copa Mundial, según la policía para prevenir acciones violentas durante el evento. El día 6 de abril 2015, el Ministerio Público concluyó la denuncia por “asociación criminal agravada por el uso de arma y la participación de adolescentes”. Igor es el único reo preso y las dos jóvenes con prisión preventiva decretada, fueron consideradas fugitivas por la Justicia.

La investigación que dio origen a la acusación del MP impresiona por su tamaño: 6 mil páginas. Con tal volumen, uno se imagina que la investigación de los 23 sospechosos había sido profunda y detallada con muchas evidencias criminales. Sin embargo cuando se analiza el contenido, uno se da cuenta que no hay estrictamente ninguna prueba de la alegada “asociación criminal”. Es difícil entender como el Ministerio Público puede acusar a 23 personas en base a esa investigación.

La mitad de la investigación consiste en transcripciones de grabaciones telefónicas hechas por la DRCIM (Oficina de represión de delitos informáticos) entre setiembre 2013 y octubre 2014. Una parte significativa reproduce los perfiles y mensajes de páginas de Facebook en los que la policía busca cualquier palabra que pueda comprobar que el sospechoso era “violento”. Entre las “pruebas” recogidas en las casas de los sospechosos están los libros, folletos con palabras de orden como “No vas a tener la Copa”, “Fifa go home”, ejemplares del periódico de izquierda Nueva Democracia, ropas oscuras, etc. También son presentados algunos elementos incriminadores, pero de procedencia bastante dudosa, como veremos: dos “bombas de fabricación casera” y tres testimonios contra los acusados que corroborarían la tesis policial presente desde el comienzo de la investigación, que existen ciudadanos de bien que se manifiestan legítimamente y otros que se aprovechan de las manifestaciones para desestabilizar la sociedad.

De acuerdo con esa tesis hubo violencia en las manifestaciones de junio 2013 con uso de la táctica “black bloc” por primera vez en Brasil, por lo tanto, había riesgo para la Copa Mundial de 2014 y para las Olimpíadas de 2016. El rol de “grupo violento” fue atribuido al FIP, Frente Independiente Popular, que nació durante las protestas de junio, a partir de varios movimientos sociales de Río de Janeiro, como el Merp (Movimento Estudantil Popular Revolucionario), el Oalt (Organización Anarquista Tierra y Libertad), el Fist (Frente Internacionalista de los Sin Techo), además de ocupaciones temporales como “Ocupa Câmara” y “Ocupa Cabral”. Al comienzo la policía dijo que estaba investigando una lista de 73 organizaciones “sospechosas” de violencia. De ellas hacían parte la mayoría de los colectivos cariocas – culturales, estudiantiles, feministas, indígenas, favelados, de medios de información independientes y hasta grandes ONG como el Observatorio de Favelas en el complejo de Maré. ¡Qué tenían en común esos grupos? Simplemente el hecho de haber criticado en algún momento la actuación policial.

gor Mendes mostra as algemas durante sessão na Justiça do Rio de Janeiro; ele está preso sem condenação desde dezembro de 2014. Foto: Sandro Vox

Igor Mendes muestra las esposas durante la sesión en el Juzgado de Rio de Janeiro; el está preso sin condena desde diciembre de 2014. Foto: Sandro Vox (CC-BY-ND)

Buscando culpables

Pero como lo indica la misma lista el principal grupo investigado desde el comienzo era el FIP que luego se convertiría en el único foco de las diligencias policiales. De acuerdo con el abogado de 11 de los acusados, Marino D’Icarahy, el FIP, compuesto mayoritariamente por jóvenes de clase media baja de la periferia carioca, fue escogido “por que es un movimiento que repudia el sistema, que no cree en las  instituciones, en los partidos políticos, que es independiente del gobierno. No es cualquier movimiento social, es más radical no en el sentido de la violencia si no de las ideas.

La lectura de la investigación no deja posibilidad de duda: no hay pruebas de crímenes cometidos por el FIP a no ser la propia acusación de los policías. Todo el tiempo se repite que el FIP es “violento” porque “comete crímenes” (fotos de arriba) sin nunca probar esa afirmación. Es en base a esta acusación vacía que los activistas son investigados, vigilados, con conversaciones grabadas y transcritas. Luego de centenares de páginas de transcripciones telefónicas todo lo que llegamos a saber es que los “sospechosos” se conocen, se reúnen, se encuentran para tomar cervezas o participar de reuniones políticas. Algunas de esas conversaciones no dicen nada sobre las personas involucradas, el caso de Igor Mendes, lo que sin embargo lo hace más sospechoso para la policía: si él no dice nada es porque tiene algo que ocultar, sin embargo lo hace aún mas sospechoso para la policía: si él no dice nada es porque sin duda tiene algo que esconder. Por fin, milagrosamente surge un testigo que va a contar a los policías lo que pasaba en las famosas reuniones del FIP “violento”.

Felipe Braz Araújo compareció espontáneamente en la policía para denunciar al grupo. Como tantas otras personas – incluyendo esta periodista –, ella participó en las asambleas y reuniones del FIP abiertas al público. En su testimonio, sin embargo, Felipe dice que las reuniones de la Comisión Organizadora del FIP eran cerradas y trataban de asuntos como la organización de “manifestaciones violentas para causar terror y pánico” y el “incendio del autobuses”, entre otras actividades criminales. De acuerdo a Felipe, el “FIP nació con la idea de luchar de manera mas violenta”.

En base a ese testimonio la policía produjo el resumen enviado al Ministerio Público, que una vez acogido por el MP, determina la apertura del proceso. El texto dirige la amenaza a las clases más adineradas de las cuales hacen parte los promotores y el juez: “Estos grupos (FIP, Ocupa Câmara, Ocupa Cabral) alimentan un verdadero odio en relación a la clase media alta. Que ellos sienten repulsión de los ricos. Me gustaría señalar que uno de los objetivos de ‘Ocupa Cabral’ fue exactamente este: causar el terror y el miedo en Leblon” (ver el resumen del documento). También es Felipe quien indicará a la policía quienes son los líderes del FIP y de los movimientos de ocupación: Igor Mendes, Camila Jourdan y sobretodo Elisa de Quadros Pinto Sanzi.

Es a partir de esa declaración que Igor Mendes es denunciado por el Ministerio Público por “conspiración”, ya que “incumbía a Igor M. organizar las manifestaciones, inclusive el acuerdo sobre las acciones directas a realizar en el curso de estas”. Su abogado, Marino d’Icarahy, llama la atención sobre dos puntos: “En primer lugar no hay ninguna prueba de eso. En segundo lugar, Felipe Braz dice que Igor era uno de los líderes del FIP: Igor es comunista, ¿cómo un comunista va a liderar a los anarquistas? Igor es brillante, devora libros, tiene un discurso muy bien articulado y efectivamente tiene disposición para destacarse. Pero eso no lo transforma en líder y sobretodo ¡eso no es un crimen!.

La policía no se preocupó tampoco de saber qué militante del FIP era ese que decide acusar a sus compañeros ni el motivo de la denuncia. No investiga a Felipe, no mira su página de Facebook, no intercepta sus conversaciones. Es la defensa quien busca esas informaciones y descubre que Felipe Braz se declara químico de profesión, pero no presenta ningún documento que lo pruebe, ni siquiera dice en que lugar trabaja; que tuvo una gran pelea con sus “amigos” del FIP. Más que en la política parece que Felipe, de 33 anos, estaba interesado en las jóvenes que frecuentaban las reuniones. Intentó salir con Camila Jourdan, que no quiso saber de él y consiguió tener una corta relación con otra joven que llamaremos I. Cuando ella lo dejó Felipe la persiguió de todas formas a tal punto que desesperada, I. fue a pedir ayuda a amigas feministas. Ellas entonces denunciaron públicamente a Felipe que, furioso, juró vengarse de todos. Un testimonio de la defensa, otro hombre, dice que Felipe lo invitó a “conseguir feministas”. Estas son, de hecho mencionadas por Felipe en su testimonio como personas “que tienen como objetivo difundir la idea de la rebelión y el odio contra el sexo masculino”.

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