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¿Es el glifosato el único responsable por la contaminación química en las zonas rurales argentinas?

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Campos de girasol con semillas genéticamente modificadas en la provincia de Santa Fe, Argentina – Imagen de autora

El glifosato, herbicida utilizado para la eliminación de hierbas en la actividad agrícola ha sido y sigue siendo el eje de muchas polémicas. Muchas de las controversias se centran en su alto nivel tóxico y su amplia expansión en el mercado. [Corrección] Según un reciente estudio de la Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer (IARC)  de la Organización Mundial de la Salud, el glifosato fue clasificado como un posible carcinogénico del tipo Grupo 2A, lo que significa que es un agente con posibles efectos carcinogénicos para el ser humano.

La categorización dentro del Grupo 2A, según el trabajo de esta organización, suele indicar que hay pruebas limitadas de que el agente causa cáncer en humanos, pero pruebas más sólidas en experimentos con animales.

Sin embargo, el informe explica también los modos en los que la población está expuesta al herbicida, pues ha sido detectado en el agua y los alimentos de ciertas comunidades rurales en Argentina.

El glifosato es también elemento principal del producto Round-Up, producido por el gigante de los productos bio-agrícolas Monsanto y ampliamente usado en los suelos del país. Sin embargo, Monsanto no es la única empresa en Argentina que utiliza el glifosato como componente en sus productos. De hecho, de acuerdo con el Listado de Productos Inscriptos de la Dirección de Agroquímicos y Biológicos del SENASA muchas otras empresas utilizan glifosato en sus productos.

Así, el amplio uso del glifosato en Argentina es hoy el eje de la controversia. Según un trabajo de Andres Eduardo Carrasco, quien fuera Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina utiliza 200 millones de litros de glifosato en 20 millones de hectáreas habitadas por numerosos ciudadanos. Ahora bien, la presencia de los productos de Monsanto no se limita al uso de este componente, Argentina ha adoptado también su modelo de cultivo a través de las semillas genéticamente modificadas y que son, no obstante, resistentes al uso del glifosato.

Ahora, ¿por qué es Monsanto el centro de las protestas? En su blog, J.M. Mulet, quien hace una defensa al uso del glifosato, asegura que existen otros pesticidas mucho más problemáticos,y que la campaña contra Monsanto se debe a que es Monsanto quien inventó el glifosato:

¿De dónde sale esta campaña del glifosato cuándo objetivamente hay pesticidas mucho más problemáticos? Se juntan varios factores, pero los principales es que fue un invento de Monsanto, el malo carismático de la película, y que se utiliza para las plantas OGM. Sin estos dos factores nadie se preocuparía por el glifosato como no se preocupa por el glufosinato, que es de Bayer y cuyas plantas transgénicas resistentes no se comercializan todavía aunque son las que utilizo yo en el laboratorio (les falta carisma para que recojan firmas). Y este miedo interesado se alimenta por el hecho de noticias como ésta [noticia divulgada en El País: Los médicos ligan el cáncer de un pueblo argentino a los agroquímicos] que son publicadas a toda plana, pero en cambio cuando llega el desmentido, no se publica.

¿Qué hay del control de herbicidas y pesticidas? El papel de las instituciones del Estado

Argentina posee una variada y amplia legislación en cuanto al Medio Ambiente y su cuidado sobre el entorno y las personas. A su vez, las leyes provinciales y comunales legislan el tema de contaminación y medidas de prevención. En la provincia de Córdoba, por ejemplo se regulan los productos químicos y de uso agropecuario con el fin de regular las prohibiciones que aplican en las fumigaciones aéreas y/o terrestres según la proximidad a centros urbanos.

Sin embargo, el Barrio Ituzaingó de la ciudad de Córdoba fue un ejemplo trágico de las fallas de esta regulación. En esta región, la lucha de un grupo de madres en 2012 resultó en la primera condena de un productor agropecuario y de un aplicador aéreo en la Argentina por demostrarse su conexión con la multiplicación de casos de cáncer en el barrio. La historia y los testimonios de comunidades afectadas fueron reportados por el medio argentino El Puercoespín, y aunque no se conectan directamente con las controversias alrededor del glifosato, son un ejemplo claro de las consecuencias venidas de las faltas de protección del Estado:

Aquella mañana de enero una de ellas contó que a su hijo le habían diagnosticado leucemia, y entonces lo que parecía casualidad pasó a ser sospecha, porque en la zona había muchos casos similares. Y allí mismo esas cuatro mujeres, que luego fueron cinco y llegaron a ser trece Madres de Ituzaingó, se pusieron a hacer cuentas […] Con los datos, las Madres fueron al Ministerio de Salud de la Provincia de Córdoba. El Ministerio guardó los datos en un cajón. […] En marzo, una de las Madres consiguió que un canal de TV se interesara. […] “Como hacía diez días que estábamos sin agua, cuando convocamos a los vecinos la gente salió, y en el programa también denunciamos los casos de leucemia. A partir de ese momento, el Ministro recibió a las chicas y mandó a realizar un análisis del agua del tanque”. […] El estudio –era de esperar- dio como resultado la presencia de agroquímicos y metales pesados en el agua. En tiempo récord conectaron el barrio a la red para intentar, tarde, reparar en algo el desastre.

La nota incluye también la reflexión de una de estas madres en cuanto a la extensión del problema:

No me gusta dar números, porque no somos cifras y alcanza con un solo afectado por contaminación para que se tomen medidas, pero nosotros nos sorprendimos: imagínate que en casi todas las casas había un afectado.

Por su parte, Raúl Montenegro, quien por su tarea en defensa del medioambiente, fue distinguido en 2004 como Premio Nobel Alternativo por la Right Livelihood Award de Estocolmo, considera al Estado como uno de los tantos responsables en el caso de Ituzaingo:

Porque en realidad, aún existiendo esos productores o ese agroaplicador, si el Estado hubiera asumido su responsabilidad nunca debió
pasar lo que pasó en Ituzaingó […] Hay que tener en cuenta que hay una ordenanza que prohíbe la aplicación de pesticidas en la franja de 2500 metros y que es una zona declarada en emergencia sanitaria. Por eso, si el Estado hubiera cumplido y actuado, desde el año 2002 en adelante no debió haber un gramo de plaguicida aplicado.

Finalmente, en Twitter, se lanzó una campaña con la etiqueta #MitosTransgénicos, en la que se exponen variadas opiniones sobre la toxicidad o no del glifosato y de otros químicos:

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