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La prisión uruguaya donde los reos viven como en un pueblo

Captura de pantalla de video de YouTube de la entrada de la cárcel de Punta de Rieles, en Montevideo, Uruguay, donde los presos viven como en un pueblo.

La cárcel de Punta de Rieles se ubica el barrio del mismo nombre, llamado así por ser donde terminaba el recorrido del tranvía eléctrico del primer colectivo de la capital uruguaya, Montevideo, y es el lugar donde los reclusos llevan una vida lo más parecida a la libertad, pues el sistema que lo rige busca humanizar los penales.

Por fuera no es diferente a otros centros de reclusión, pues está rodeado de alambrados y su perímetro es vigilado por agentes con fusiles. La diferencia está dentro de la cárcel, donde prestan servicios cerca de 200 operadores penitenciarios, mayormente mujeres, quienes no llevan armas y cuya formación está orientada más al trabajo social, la psicología y los derechos humanos.

Los internos de Punta de Rieles han recibido condenas por una diversidad de delitos, a excepción de delitos sexuales y narcotráfico.

En palabras de Rolando Arbesún, director del complejo, la idea es manejar el centro de reclusión como si fuera un pueblo:

Nos gusta pensarla más como un pueblo, que tenga una dinámica de vida lo más parecido posible al exterior. Eso implica un volumen de trabajo bastante importante, actividades muy importantes, pero también mucha presencia del afuera, del mundo externo de la prisión dentro de Punta de Rieles. Porque si uno está preparando a estos hombres para que vivan en libertad, hay que prepararlos en un escenario que se parezca lo más posible dentro de las limitaciones de lo que se pueda hacer en una prisión.

Inaugurado en 2010 en donde funcionaba una antigua cárcel convencional y como parte de un proyecto para revivir el barrio, Punta de Rieles es el primer presidio en Uruguay dirigido por personal no vinculado a las fuerzas armadas. En su interior es común ver a trabajadoras sociales que conviven con los presos y los ayudan a resolver sus problemas. El objetivo es, no solo preparar al interno para la vida exterior, sino humanizar la reclusión.

El sitio web Cosecha Roja lo llama espacio anticarcelario, y cuenta algunas particularidades del presidio:

Puntas de Rieles alberga a unos seiscientos hombres: no tienen comisiones internas ni delegados, eso establecería una distancia, un “ellos” y un “nosotros”. La relación es directa y horizontal. Aquí no hay intentos de evasión, no existe el aislamiento para sancionar a los que transgreden las reglas de convivencia y no se hacen requisas sin su expresa autorización, cuando existen datos puntuales y concretos de alguna irregularidad, y está prohibido hacerlas de noche.
[algunos reclusos] se acercan al director, lo saludan con un beso (esta costumbre moderna que interpela a cierta masculinidad) y palmadas en el hombro, se llaman por el nombre de pila.

El lugar cuenta con biblioteca, centro de informática, panadería y confitería donde son los mismos internos los que preparan el pan que venden al público, una ladrillera, para que las personas privadas de su libertad puedan aprender un oficio que podrán ejercer una vez que cumplan el tiempo de su condena. Cuenta con un taller de yoga. En este video, vemos cómo desarrollan varias de estas actividades y hasta realizan un campeonato deportivo.

En Punta de Rieles, el 85 % de los reclusos trabaja en alguno de los 22 emprendimientos que hay en el interior del centro de reclusión. El nivel de reincidencia es muy bajo, solamente el 2% de sus internos cae nuevamente en la comisión de delitos una vez que salen, a diferencia del 50% que es el promedio del sistema penitenciario. En el último año, 201 presos recuperaron su libertad y solamente cuatro reincidieron.

Los usuarios de Twitter también se expresan sobre los logros de este sistema innovador:

Sobre la historia de la cárcel de Punta de Rieles, durante la dictadura (1973-1985) la antigua estructura sirvió como centro de reclusión para hombres. Cuando se inauguró otro penal, los reclusos fueron trasladados y el lugar pasó a ser una cárcel para mujeres, por donde pasaron más de 700 presas políticas.

A esa historia hace referencia el usuario Damián Barbosa:

El caso del reo Roy Vitalis muestra los resultados de esta visión “diferente” de Punta de Rieles:

Roy Vitalis, de 36 años, está preso en la cárcel de Punta de Rieles. Cada día, pasadas las 9:00 de la mañana, emprende viaje en bicicleta hasta la Facultad de Ingeniería, donde cursa sus estudios.

Incluso, en un principio se le había dicho que tenía que asistir con grilletes y custodios armados, pero finalmente logró esquivar esas trabas. […] Actualmente ya no requiere de autorización especial. Va y vuelve en bicicleta; recorre alrededor de 30 km por día, de lunes a viernes.

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