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Estamos trabajando para evitar explosiones: Palabra hablada en África Oriental

Poet on stage during a Fatuma’s Voice event in Nairobi. PHOTO: Pernille Baerendtsen

Poeta en el escenario durante una actuación de Fatuma’s Voice en Nairobi, Kenia. FOTO: Pernille Baerendtsen.

El sol está bajo cuando los anfitriones de Fatuma’s Voice se paran en el escenario de un recinto abarrotado en Nairobi. Las palabras hacen que el espacio resuene. El inglés se mezcla con el suajili y el sheng (jerga local). La gente enciende y gira teléfonos móviles para captar fotos, que se publican en Instagram y Twitter con etiquetas como #fatumasvoice. Estamos en Pawa254, centro creativo situado entre la universidad y la Casa de Gobierno en la capital de Kenia.

La oscuridad del comienzo de la noche nos atrapa, y la luz clara y brillante de las lámparas del techo rebotan en las hojas de los árboles que están afuera de las ventanas. Las hojas reflejan una luz verde fluorescente, creando un telón de fondo adecuado para lo que está a punto de ocurrir.

Fatuma’s Voice es una actividad semanal donde se invita al público al escenario a recitar poemas, hacer declaraciones, ejecutar música. Esta noche, un grupo que comparte sus experiencias de acoso policial abre el espectáculo. La semana anterior estuvieron haciendo actuaciones callejeras de palabra hablada improvisadas en Nairobi que la policía percibió como una provocación. En el escenario, el grupo cuenta historias de cómo se les obligó a nadar en lodo como castigo. Entre la audiencia no hay duda que estos jóvenes son verdaderos héroes. El público muestra aprecio por su valor con fuertes vítores y aplausos.

‘Poetry sets me free’ says Chris Mukasa, and delivers another image provoking metaphor: ‘The youth of Kenya are like time bombs. We are working to prevent explosions. If words are never let out, we’ll explode! Especially youth need to speak openly about what is going on in their minds. If you we don’t speak about things it will turn into frustration’.

“La poesía me hace libre”, dice Chris Mukasa, y ejecuta otra provocadora metáfora en imagen: “La juventud de Kenia es como bombas de tiempo. Estamos trabajando para prevenir explosiones. Si no dejamos salir las palabras, ¡explotamos! Sobre todo los jóvenes necesitan hablar abiertamente sobre lo que pasa en su mente. Si no hablamos de la cosas, se convertirá en frustración”.

Las personas detrás de Fatuma’s Voice son Chris Mukasa y Nuru Bahati Shukrani, fundadores de la comunidad semivirtual, Kenyan Poets’ Lounge (Salón de Poetas Kenianos). Sentado en un café en la atareada Moi Avenue en el centro de Nairobi, los dos jóvenes explican que empezaron la iniciativa entre estudiantes en una universidad cercana. La audiencia creció gradualmente, y en 2013 la actuación pasó al Pawa254, un lugar también conocido por su fundador, el fotógrafo y activista sociopolítico keniano Boniface Mwangi.

Para Mukasa y Shukrani también se trata de tomar responsabilidad social y sobre la contribución a la lucha por la distribución igualitaria de la riqueza de Kenia. Fatuma’s Voice se llama así por una mujer ficticia que nació muda, explica Chris Mukasa, y agrega que la keniana promedio pronuncia 2,500 palabras por día. Como Fatuma no ha hablado durante más de 50 años, hay muchas palabras atrapadas dentro de ella, esperando ser pronunciadas.

El grupo de Facebook del Kenyan Poets’ Lounge tiene más de 58,000 miembros. Los poemas declamados tratan de todo, desde activismo y política a religión y romance. El espacio entre fantasía y realidad es central acá. El espacio puede liberar libertad de pensamiento. Por tanto, la tarea más preciada de Fatuma’s Voice’s es ofrecer un espacio donde a la fantasía se le pueda dar rienda suelta. La próxima misión de Mukasa y Shukrani es crear más plataformas locales fuera de Nairobi.

Es Taa: "Poems can put things, which are difficult to deal with, in words. I will not allow my culture or my tradition to reduce my influence. Writing poetry gives power to change things." PHOTO: Pernille Baerendtsen

Es Taa: “Los poemas pueden expresar cosas que son difíciles de lidiar con palabras. No permitiré que mi cultura o mi tradición reduzcan mi influencia. Escribir poesía confiere poder para cambiar las cosas”. FOTO: Pernille Baerendtsen.

“La gente ha oído de mí, no me ha leído”, dice Esther-Karin Mngodo desde el otro lado de la mesa de plástico en la cafetería de la biblioteca nacional de Tanzania, Maktaba Kuu ya Taifa, en el centro de Dar es Salaam. Esther-Karin trabaja como periodista para el diario tanzanio The Citizen, donde escribe sobre cultura. Cuando escribe poesía, su nombre es Es Taa.

Si se va a dirigir a una audiencia más grande, no va a ocurrir vendiendo poesía en formato impreso. Por lo tanto, las actividades con palabra hablada y medio sociales tienen sentido. Son gratis, y el poeta puede practicar su material y recibir reacciones inmediatas del público. En 2014, Esther-Karin recibió el Premio de Poesía Ebrahim Hussein por su trabajo.

Los temas de los poemas de Esther-Karin incluyen temas tabú como la sexualidad. Cuando publica un poema en un medio social o en una actividad de palabra hablada, también está probando los límites de hasta dónde puede llegar. A veces la gente cree que sus poemas son sacados de su experiencia personal, pero dice que no es el caso, y sostiene su derecho a jugar con el espacio que la ficción crea.

X-FACTOR, SIN LOS JUECES

Los fines de semana, Nyumbani Lounge en Dar es Salaam funciona como recinto para conciertos y club nocturno. Los rayos de luz resplandecen en el candelabro que cuelga sobre el bar. Los sofás y el denso reflector rojo en el centro del escenario agregan un toque de glamour a la atmósfera.

La palabra hablada también tiene lugar aquí, en una de las zonas de clase media alta de Dar es Salaam. Las organizadoras Nancy Lazaro Mwaisaka y Neema Komba, han llamado a la actividad La Poetista. Va dos veces al mes, y la admisión cuesta 5000 chelines tanzanos (2.50 euros o 2.80 dólares). El principio es el de Fatuma’s Voice en Nairobi—todos son bienvenidos a registrarse para recitar un poema o ejecutar música.

Nancy Lazaro Mwaisaka escribe poemas. El público escucha mientras recita un poema sobre la lucha de una joven para aceptarse a pesar de las críticas y los celos.

Presentan un hombre en el escenario como “Black Feet”. Ataviado con su “uniforme de oficina tanzano” de camisa nueva y pantalones perfectamente planchados, Black Feet ejecuta una actuación que varía entre hip-hop y sermoneo.

El escenario está abierto. La gente actúa en inglés, “estadounidense” y suajili. Al tomar el escenario, muchos anuncian con cautela que es su primera vez. Muchos han llevado a amigos y familiarees. Es su aplauso lo que cuenta ahora.

El enfoque no es académico. Las atención estricta a las reglas de composición poética o de estilo no están en el programa. Es como si esas cualidades se quedaran de lado para dejar paso a la expresión y exploración alegre de la libertad de decir exactamente lo que viene a la mente. Pero los jóvenes que llegan tímidamente al escenario se bajan elevados.

“Somos el X-Factor de Tanzania— pero sin los jueces”, exclama el maestro de ceremonias en un arrebato de entusiasmo sin aliento al terminar la sesión de esta noche. Provoca el aplauso de la audiencia, que se llena con cánticos y silbidos.

Ya sea que el lugar sea el escenario de un club nocturno como en Dar es Salaam, o un centro de activismo como Pawa254 de Nairobi, algo está pasando. Las palabras quieren salir. Cubiertas con actuación. Palabras sobre problemas, de las que se necesita coraje personal para expresar frente a una multitud. ¿De qué se trata todo esto?

ESPACIO PARA LA FANTASÍA

Uno de los defensores más importantes de literatura producida por africanos y para maneras no convencionales de lidiar con la palabra hablada y escrita es la editorial keniana Kwani? (¿qué hay de nuevo? en suajili). Fundada en 2003, Kwani? publica libros, realiza actividades en escenarios de micrófonos abiertos y trabaja en soluciones para facilitarle a la genet leer libros en sus teléfonos móviles. Kwani? es conocido particularmente por mezclar ilustraciones y textos presentados en los idiomas que la gente habla en Kenia.

El escritor Binyavanga Wainaina es cofundador de Kwani?, y se le conoce por desafiar la estereotipada percepción de Occidente sobre África. Su ensayo satírico de 2005, “Cómo escribir sobre África”, inició un debate global. En 2014, Times Magazine lo incluyó en la lista de las cien personas más influyentes del mundo luego del revuelo que creó con su artículo “Soy homosexual, mamá” en el blog “Africa Is A Country” (después dijo que sus memorias “Algún día escribiré sobre este lugar”, necesitaba un nuevo capítulo para estar en línea con la verdad). En los medios sociales, la gente cuestionaba el coraje de un keniano que declaraba su sexualidad en un país donde los actos homosexuales son un delito. Algunos se preguntaron si la declaración era real o ficticia. En una entrada del blog titulada “Debemos liberar nuestra imaginación”, Binyavanga esbozó su sueño de un continente donde los africanos no necesitan permiso para mimarse con la fantasía.

La mitad de la población de África Oriental tiene menos de 15 años. Que los jóvenes desafíen la tradición y pongan a prueba los límites de expresión no es algo nuevo. Ni las actividades de la palabra hablada están solas; más bien, se fusionan en una ola mayor de explorar nuevas maneras de hacer las cosas.

Se necesita coraje y fantasía para imaginar que las cosas se pueden hacer de manera diferente, y algo de esto ya está ocurriendo. Políticos juveniles en Tanzania desfían la percepción de los mayores de que su candidatura se pueda dar por sentada. Los activistas en Nairobi caminan en protesta cuando los parlamentarios se aumentan sus propios sueldos, o cuando los jóvenes organizan protestas de “Mi vestido, mi opción” defendiendo el derecho de cada uno de elegir cómo vestirse. Los diseñadores de moda crean nuevos modelos basados en telas tradicionales. Los músicos fusionan ambiente electrónico con antiguo, golpes de tambor africano y lo llaman “afrofuturismo”.

Algo se viene. Pero, ¿es nuevo?

POLÍTICA Y POESÍA

Demere Kitunga ha fundado Soma Book Café en una zona residencial en Dar es Salaam. En el jardín, entre la cafetería y la librería, el ruido del tráfico de la cercana vía de New Bagamoyo está bloqueado por grandes árboles. Soma Book Café organiza actividades de palabra hablada y otras actividades literarias. También organiza una competencia anual de relatos cortos para colegios de secundaria, y ofrece una biblioteca ambulante para niños en un barrio vecino menos privilegiado.

Demere, escritora activista y editora, ha trabajado en educación y edición por décadas. Duda en llamar a la palabra hablada una nueva tendencia.

“¿Cuál es nuestra base? ¿Regresamos 500 años en la historia, a la lucha por la independencia (comienzo de la década de 1960), o hablamos de ahora?”, dice. Traza líneas entre la poesía y la historia de Tanzania y enfatiza periodos particularmente significativos. El clima político siempre ha influido en la poesía y el nivel de la libertad de expresión.

Gerry Bukini, steps on stage reciting a poem in Swahili. Blinded by the red spotlight, he tries to focus on the audience while he clicks his poem forward on his mobile phone screen. ‘I didn’t know I could write poems in my own language’ he says in a break between performances.

Gerry Bukini se para en el escenario para recitar un poema en suajili. Cegado por la luz roja, trata de concentrarse en la audiencia mientras avanza en sui poema haciendo clic en la pantalla de su celular. “No sabía que podía escribir poemas en mi propio idioma”, dice durante una pausa entre actuaciones. FOTO: Pernille Baerendtsen.

“Durante la lucha por la independencia se imprimían poemas nacionalistas”, dice Demere. “Todavía existe”.

El poeta nacional más popular de Tanzania, Shaaban Roberts (1909-1962), usaba la poesía para formular qué clase de sociedad quería ver materializarse luego de la independencia de las potencias coloniales. Hoy, el político Zitto Kabwe, el tanzanio más seguido en Twitter, ocasionalmente publica poemas con temas como patriotismo y responsabilidad.

Hoy se sigue practicando la poesía tradicional en Tanzania, mientras otras formas de poesía han cambiado, junto con la globalización y el desarrollo general. Por ejemplo, el utenzi, es una forma de recitación poética que data del siglo XVIII y se sigue practicando en bodas. El taraab —poesía en suajili acompañada por música tocada en instrumentos árabes— se sigue ejecutando tradicionalmente. Hoy, el taraab también se practica en una versión popular conocida como “taraab moderno” en recintos donde las cantantes y orquestas pequeñas con teclados electrónicos actúan con textos reconocidos por sus narraciones detalladas sobre sexo y amor.

Cuando Tanzania implantó un sistema político multipartidario y liberalizó su economía en 1992, el país se abrió gradualmente hacia el mundo. Esto creó un nuevo espacio para los medios y la cultura y nació el género musical Bongo Flava (a la capital comercial de Tanzania se le llama popularmente Bongo, que significa “cerebro” en suajili —¡se necesita cerebro para triunfar en la gran ciudad! “Flava” es una manera suajilizada de la palabra inglesa “flavor”, o sabor). Bongo Flava se inspiró en el hip-hop estadounidense, pero con letras en suajili, y se convirtió en una voz para muchos. Bongo Flava se ha esparcido en muchos géneros y también ha pasado a la escena de la palabra hablada en Tanzania.

Es algo prematuro decir si se puede categorizar la palabra hablada como una nueva tendencia. “Hasta ahora, la palabra hablada en Tanzania solamente es popular entre un pequeño segmento donde la cultura ya es tendencia”, dice Demere Kitunga. Varios factores determinarán si esta nueva ola de palabras crecerá y cómo. El desarrollo económico es uno. Las expectativas de que Tanzania tenga una ganancia por extracciones de gas son altísimas. Sin embargo, es difícil predecir si el crecimiento económico resultará en inversiones en industrias culturales. La geografía y el acceso tecnológico también tienen un rol. No son los jóvenes rurales los que están en el centro de la atención ahora —es un fenómeno urbano.

En Tanzania no es la universidad ni las casas editoras las que encabezan el desarrollo del arte y la cultura. En Kenia, las industrias culturales son más dinámicas, pero en los dos países la palabra hablada es impulsada por la juventud, que tiene la energía y se alimentan con pensamientos innovadores.

Encuentra escritores y poetas africanos en Twitter en https://twitter.com/Dunia_Duara/lists/writers-poets-africa

El artículo fue publicado previamente en danés para la revista ‘Udvikling’ (Desarrollo) de la Agencia Danesa Internacional de Asistencia en marzo de 2015. La versión en danés fue ligeamente adaptada.

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