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Cómo las compañías israelíes de alta teconología blindan la frontera entre Estados Unidos y México

Israeli Army tanks by the Gaza border (Amir Farshad Ebrahimi / Creative Commons)

El Ejército israelí con tanques de guerra en la frontera de Gaza  (Amir Farshad Ebrahimi / Creative Commons).

Este artículo fue escrito por Todd Miller y Gabriel M. Schivone y publicado originalmente en el sitio web de NACLA.

Octubre de 2012. Roei Elkabetz, un brigadier general de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF, por sus siglas en inglés), exponía sobre las estrategias de vigilancia fronteriza desarrolladas por su país. Hace clic en su presentación de PowerPoint y aparece en pantalla una imagen del muro que separa a la Franja de Gaza de Israel: “aprendimos mucho de Gaza”, le dice a la audiencia, “es un gran laboratorio”.

Elkabetz estaba hablando en una conferencia sobre tecnología de fronteras rodeado de una deslumbrante exhibición de tecnología: los componentes de su laboratorio utilizado para construir barreras. Allí se podían ver globos de vigilancia con cámaras de alta resolución flotando sobre un vehículo blindado con camuflaje tipo desierto fabricado por Lockheed Martin. También había sistemas de sensores sísmicos que se utilizan para detectar el movimiento de personas y otras maravillas del mundo moderno de la patrulla fronteriza. Lo que rodeaba a Elkabetz eran claros ejemplos que indicaban a qué apuntaba esa vigilancia en el futuro, algo que se imaginaría un escritor de ciencia ficción distópica, pero, en este caso, eran algunas de las principales empresas pioneras en tecnología en todo el mundo.

El brigadier general nadaba en un mar de seguridad fronteriza, pero lo que lo rodeaba no era el Mediterráneo, sino que era el paisaje árido del oeste de Texas. Estaba en El Paso, a 10 minutos caminando del muro que separa a Estados Unidos de México.

Unos pocos minutos más a pie y Elkabetz podría haber visto a los vehículos de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos marchando lentamente a lo largo del Río Grande, el cual corre frente a Ciudad de Juarez, una de las ciudades más grandes de México, repleta de fábricas estadounidenses y de las muertes que dejan las guerras por drogas en ese país. A esos agentes de la Patrulla Fronteriza que el general podría haber divisado los estaban dotando con una combinación letal de tecnologías para vigilancia, equipo militar, fusiles de asalto, helicópteros y drones. Este lugar que alguna vez presenció la paz, ahora se estaba transformando en lo que Timothy Dunn en su libro The Militarization of the U.S. Mexico Border  llama “una guerra de baja intensidad”.

El 20 de noviembre de 2014, el presidente Obama anunció una serie de acciones ejecutivas para la reforma migratoria. Dirigiéndose a la audiencia estadounidense, se refirió a la legislación migratoria bipartita sancionada por el Senado en junio de 2013 que, entre otras cosas, intensificaría el blindaje en lo que se ha denominado, según la reciente zona de guerra, un “refuerzo militar de la frontera”. El presidente lamentó que el proyecto de ley quedara congelado en la Cámara de Representantes, alegando que se trataba de un “compromiso que refleja el sentido común”, y agregó que “el número de agentes de la Patrulla Fronteriza hubiera duplicado su número, y, a su vez, los inmigrantes indocumentados hubieran tenido la oportunidad de obtener la ciudadanía”.

Después de sus declaraciones, en las que mencionaba las acciones ejecutivas que protegerían a cinco o seis millones de inmigrantes de ser deportados, el debate nacional rápidamente quedó enmarcado en un conflicto entre Republicanos y Demócratas. Entre toda esa guerra de palabras entre partidos había algo perdido: la acción ejecutiva inicial que Obama anunció implicaba una mayor militarización de la frontera, y los dos partidos lo respaldaban.

“En primer lugar, nuestro progreso en la frontera será construido con fuentes adicionales para el personal encargado de ejecutar las leyes, así pueden frenar los cruces fronterizos ilegales y agilizar el retorno de aquellos que sí lograron entrar”, expresó el presidente. Después, sin profundizar en el asunto, pasó a otros temas.

Sin embargo, si Estados Unidos sigue el “sentido común” de la ley que propone incrementar la militarización de la frontera, implicaría que cuarenta mil millones de dólares en agentes, tecnología de avanzada, muros y otras barreras se sumen a un aparato único responsable de ejecutar la ley en la frontera. Y esto sería una señal importante para el sector privado, ya que, como lo explica la revista especializada Homeland Security Today, se vislumbra otro “tesoro escondido” o ganancia para el mercado de los controles fronterizos que, según los últimos pronósticos, ya se encuentra en un “período de auge sin precedentes”.

Como la Franja de Gaza para los israelíes, la zona fronteriza de EE. UU., llamada “la zona sin Constitución” por la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), se está convirtiendo en la base de grandes laboratorios al aire libre para la industria tecnológica. Allí se puede desarrollar, examinar y exhibir cualquier elemento de vigilancia o “seguridad”, como una especie de centro comercial militar, y así otros países del mundo podrían tenerlos en cuenta. De esta manera, la seguridad fronteriza se está convirtiendo en una industria global y pocos complejos corporativos pueden estar más conformes con esto que con lo desarrollado por Elkabetz en Israel.

Consideremos la visita del brigadier general de las IDF en El Paso dos años atrás como un presagio. Después de todo, en febrero de 2014, la Oficina de Aduanas y Protección fronteriza (Customs and Border Protecion, CBP), la agencia del Departamento de Seguridad Nacional (Department of Homeland Security, DHS) encargada de controlar las fronteras estadounidenses, contrató al gigante Elbit Systems, la empresa privada militar de Israel, para que construyera un “muro virtual”, una barrera tecnológica situada detrás del muro internacional que se encuentra en el desierto de Arizona. Esa compañía, cuyas acciones en EE. UU. se dispararon en un 6% durante el operativo militar masivo contra Gaza ejecutado en el verano de 2014, traerá al sur de Arizona el mismo banco de datos tecnológico utilizado en las fronteras de Israel (Gaza y Cisjordania), a través de su filial Elbit Systems of America.

Con aproximadamente 12.000 empleados y jactándose de contar con “10 años proporcionando seguridad en las fronteras más desafiantes”, Elbit produce un arsenal de “sistemas de seguridad nacional”. Estos incluyen vehículos de vigilancia terrestres, minisistemas aéreos no tripulados y “cercas inteligentes”, que son barreras de acero altamente reforzadas que poseen la capacidad de percibir el movimiento o el toque de un persona. En su función como principal integrador de sistemas para el plan tecnológico en Israel, la compañía ya instaló las cercas inteligentes en Cisjordania y en los Altos del Golán.

En Arizona, con hasta mil millones de dólares a su disposición, la CBP le encomendó a Elbit la tarea de crear un “muro de torres fijas integradas” que contiene cámaras, radares, sensores de movimiento y habitaciones de control de última generación. La construcción comenzará en los cañones rocosos y desérticos cerca de Nogales. Una vez que la evaluación del DHS considere que esa parte del proyecto es efectiva, el resto será construido para monitorear la extensión completa de las fronteras del país con México. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estas dos torres son solo una parte de un operativo más extenso: el Plan Tecnológico de Vigilancia en la Frontera de Arizona. En este momento, es básicamente un anteproyecto para una infraestructura de refuerzo sin precedentes que llamó la atención de muchas compañías.

Esta no es la primera vez que las compañías israelíes colaboran expandiendo la frontera estadounidense. De hecho, en 2014, los drones Hermes de Elbit fueron los primeros vehículos aéreos sin tripulación utilizados para patrullar por aire la frontera del sur. En 2007, Naomi Klein afirmó en The Stock Doctrine que Golan Group, una compañía consultora israelí compuesta por exoficiales de las fuerzas especiales de las IDF, dictó un curso intensivo de ocho días para agentes especiales de inmigración del DHS, que incluía “desde combate cuerpo a cuerpo hasta prácticas de tiro al blanco y ‘proactividad con las SUV'”. Incluso en Arizona, la compañía israelí NICE Systems le suministró a Joe Arpaio, “el alguacil más riguroso de Estados Unidos”, un sistema de vigilancia para poder observar una de sus cárceles.

Tanto se intensificó la cooperación en la frontera que el periodista Jimmy Johnson acuñó una expresión muy acertada para que se comprenda lo que estaba sucediendo: la frontera México-Palestina. En 2012, los legisladores del estado de Arizona, viendo el beneficio del potencial económico que traería esta creciente colaboración, declararon que su estado e Israel serían “socios comerciales” por naturaleza, y agregaron que era “una relación que apuntamos a mejorar”.

De esta manera, se abren las puertas a un nuevo orden mundial, donde Estados Unidos e Israel serán socios de “laboratorio”, es decir, en la zona de frontera entre Estados Unidos y México. El área de prueba será en Arizona y, allí, en su mayoría a través del programa conocido como Global Advantage, los conocimientos corporativos y académicos estadounidenses y la mano de obra barata mexicana se fusionarán con las compañías de seguridad nacional y fronteriza de Israel.

Nadie puede definir mejor el flamante romance entre las empresas de alta tecnología de Israel y Arizona que Jonathan Rothschild, el alcalde de Tucson: “Si primero visitas Israel y luego vienes al sur de Arizona y das unas vueltas con tus ojos cerrados, al abrirlos no verás la diferencia”.

Global Advantage es un proyecto de negocios basado en la sociedad entre Tech Parks Arizona, perteneciente a la Universidad de Arizona, y Offshore Group, una empresa inmobiliaria y asesora de negocios que ofrece “soluciones nearshore para todo tipo de fabricantes” cruzando la frontera con Mexico. Tech Parks Arizona cuenta con los abogados, contadores e investigadores, así como los conocimientos técnicos, para ayudar a cualquier compañía extranjera a instalarse en el país sin problemas.  Esa compañía recibirá su ayuda en términos de asuntos legales, para que pueda cumplir las leyes, e incluso para encontrar personal calificado. Y fue mediante el programa llamado Israel Business Initiative, que Global Advantage pudo identificar a su país meta.

Podemos pensarlo como el ejemplo perfecto de un mundo pos-NAFTA, en el cual las empresas que se dedican a evitar que los inmigrantes traspasen la frontera, sean ellas las que cada vez tengan más libertad para cruzarla. En el espíritu de libre comercio que creó el NAFTA, los últimos programas destinados a reforzar la frontera se diseñaron para eliminar las fronteras de las compañías de alta tecnología de otro continente y permitirles que se instalen en Estados Unidos y utilicen las bases industriales de México para crear sus productos. Es cierto que Israel y Arizona están separados por miles de kilómetros, pero Rothschild le aseguró a TomDispatch que “en términos económicos, no existen fronteras”.

Claro que lo que el alcalde valora, por sobre todas las cosas, es cómo la nueva tecnología de frontera podría traer ganancias y puestos de trabajo en un área cuya pobreza es de casi un 23%. Pero cómo se pueden crear esos puestos no es algo que tenga mucha importancia para él. Según Molly Gilbert, la directora del área de compromiso comunitario de Tech Parks Arizona, en realidad se trata del desarrollo y lo que quieren es crear empleos tecnológicos en la zona fronteriza.

Así que consideremos esto como una ironía, ya que en este conjunto global en desarrollo, compuesto por sociedades hechas para bloquear las zonas limítrofes, las fábricas que producirán las fortalezas fronterizas diseñadas por Elbit y otras empresas de alta tecnología israelíes y estadounidense estarán ubicadas principalmente en México. Entonces los obreros mexicanos mal remunerados son los que fabricarán los componentes del régimen de vigilancia del futuro, que posiblemente contribuya a ubicar, detener, arrestar, encarcelar y expulsar a algunos de ellos si tratan de ingresar a Estados Unidos.

Tomemos a Global Advantage como una línea de ensamblaje multinacional, un lugar donde la seguridad nacional se une al NAFTA. En este momento, se informa que hay de 10 a 20 compañías israelíes debatiendo si se unen al programa. Bruce Wright, el director general de Tech Parks Arizona, le dijo a TomDispatch que su organización tiene un contrato de confidencialidad con las compañías que ingresan y por eso no puede revelar sus nombres.

Aunque se mostró prudente acerca del éxito de Global Advantage, que pertenece al programa Israel Business Initiative, Wright se muestra muy optimista acerca de la planificación internacional de su organización. Mientras habla en una sala de conferencias ubicada en el parque de más de 5000 metros cuadrados situado a las afueras del sur de Tucson, es aparente el entusiasmo que le provocan las predicciones que indican que el mercado de Seguridad Nacional crecerá de los 51 000 millones de dólares anuales en el 2012 a 81 000 millones de dólares para el 2020, solo en Estados Unidos, y 544 mil millones de dólares en todo el mundo para el 2018.

Wright también sabe que los submercados de los productos relacionados con la frontera como las cámaras de vigilancia, armamento no letal y tecnología para identificar personas, están avanzando rápidamente, y que el mercado de drones en EE. UU. está listo para crear 70 000 nuevos puestos de trabajo para el 2016. Lo que incentiva parcialmente a este crecimiento es lo que la agencia Associated Press llama un “cambio repentino” en la vigilancia por drones de la división sur de Estados Unidos. Desde marzo de 2013, se han lanzado más de 10 000 vuelos de drones al espacio aéreo de la frontera, y se planean muchos más, especialmente después de que la Patrulla Fronteriza duplique su flota.

Cuando Wright habla, está claro que sabe que su parque se encuentra en la cima de una mina de oro del siglo XXI. Desde su perspectiva y con la ayuda de su parque tecnológico, el sur de Arizona se convertirá en el laboratorio perfecto para el primer grupo de compañías para la seguridad fronteriza de Norteamérica. Y no está pensando únicamente en las 57 compañías del sur de Arizona que ya están identificadas para trabajar en la seguridad y la gestión de la frontera, sino en las compañías similares de todo el país y de todo el mundo, especialmente en Israel.

De hecho, el objetivo de Wright es seguir el ejemplo de Israel, ya que es el principal lugar para esos agrupamientos. En este caso, la frontera mexicana simplemente reemplazará las zonas palestinas altamente comercializadas que sirven como zonas de prueba para Israel. Los 5000 metros que rodean la huerta solar del parque tecnológico serían, por ejemplo, el lugar perfecto para probar sensores de movimiento. Las compañías también podrían utilizar, evaluar y probar sus productos “en el campo” (como le gusta llamarlo), es decir, donde personas reales cruzan las fronteras reales, tal como Elbit Systems hacía antes de que CBP le otorgara el contrato.

“Si tendremos contacto diario con la frontera, con todos sus problemas y conflictos, y existe una solución para ellos, ¿por qué no podemos ser nosotros los que brindemos la solución y obtener un beneficio de ello?”, dijo Wright durante una entrevista realizada en 2012.

Naomi Weiner, la coordinadora de Israel Business Initiative, realizó un viaje a Israel acompañada de investigadores de la Universidad de Arizona; a su regreso, no podría haberse mostrado más entusiasmada acerca de las posibilidades de colaboración. Volvió en noviembre, justo un día antes de que Obama anunciara las nuevas medidas ejecutivas: una declaración prometedora para los que como ella, están en el negocio de reforzar las defensas fronterizas.

“Elegimos áreas en las cuales Israel es muy fuerte, y el sur de Arizona también”, Weiner le explicó a TomDispatch, señalando la “sinergia” de la industria de vigilancia entre los dos lugares. Por ejemplo, una empresa con la que su equipo se reunió en Israel fue Birghtway Vision, una filial de Elbit Systems. Si decide establecer sus bases en Arizona, podría utilizar los conocimientos del parque tecnológico para impulsar el desarrollo y pulir sus cámaras y gafas de imagen térmica, y, a su vez, para explorar las maneras de redireccionar esos productos militares para que se apliquen a la vigilancia de frontera. Entonces, Offshore Group fabricaría las cámaras y las gafas en México.

Arizona, como lo explica Weiner, tiene el “paquete completo” para esas compañías israelíes. “Estamos sentados justo en la frontera, cerca de Fort Huachuca”, una base militar donde, entre otras cosas, los técnicos controlan los drones que vigilan la zona fronteriza. “Tenemos la conexión entre la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, así que hay muchas cosas en juego. Y también somos el Centro de Excelencia en Seguridad Nacional”.

Weiner se refiere al hecho de que, en 2008, el DHS designó a la Universidad de Arizona como la principal institución para el Centro de Excelencia en Seguridad Fronteriza e Inmigración. Gracias a eso, ha estado recibiendo millones de dólares en subsidios federales. Centrándose en la investigación y el desarrollo de tecnologías para vigilar la frontera, el centro es un lugar donde, entre otras cosas, los ingenieros están estudiando las alas de las langostas para crear drones en miniatura con cámara incluida, los cuales pueden meterse en los espacios más diminutos cerca del nivel del suelo, mientras que los drones más grandes como el Predator B siguen volando a 9000 metros sobre la zona fronteriza (a pesar de que una auditoria realizada recientemente por el inspector general de seguridad nacional arrojara que son una pérdida de dinero).

Aunque el romance entre Arizona e Israel todavía se encuentra en la etapa de cortejo, la exaltación por sus posibilidades sigue creciendo. Los Oficiales de Tech Park Arizona ven a Global Advantage como la manera perfecta para fortalecer la “relación especial” que tienen Estados Unidos e Israel. No existe ningún otro lugar en el mundo con una mayor concentración de compañías tecnológicas para la seguridad nacional que Israel. Solo en Tel Aviv se registran 600 empresas tecnológicas emergentes por año. Durante la ofensiva a Gaza el verano pasado, Bloomberg informó que se había acelerado la inversión en esas compañías. Sin embargo, a pesar de las operaciones militares periódicas en Gaza y el incesante aumento del régimen de seguridad nacional israelí, hay serias limitaciones para el mercado local.

El Ministerio de Economía israelí es perfectamente consciente de esto. Sus funcionarios saben que el crecimiento económico de Israel “en su mayor medida está incentivado por el firme crecimiento en exportaciones e inversiones extranjeras”. El gobierno tolera, impulsa y le brinda apoyo a estas compañías tecnológicas emergentes hasta que sus productos estén listos para la venta. Entre ellos han aparecido innovaciones como “el zorrillo”, que es un líquido con un olor putrefacto para detener a las multitudes rebeldes. El ministro también tuvo mucho éxito llevando esos productos a todos los mercados del mundo. En la década posterior al 9/11, las ventas de las “exportaciones en seguridad” de Israel subieron de $2 mil millones de dólares a $7 mil millones de dólares anuales.

Las compañías israelíes le vendieron drones de vigilancia a países de América Latina como México, Chile y Colombia, y sistemas de seguridad masivos a India y Brasil, donde se utilizará el sistema de vigilancia electro-óptico para las fronteras con Paraguay y Bolivia. También estuvieron involucrados en las preparaciones para patrullar los Juegos Olímpicos 2016 en Brasil. Los productos de Elbit Systems y sus filiales ahora se usan en América, Europa y hasta en Australia. Mientras tanto, esa compañía de seguridad descomunal participa cada vez más en la búsqueda de “aplicaciones para civiles” para sus tecnologías de guerra. También se dedica cada vez más a instalar un campo de batalla en las fronteras del mundo, incluyendo el sur de Arizona.

Como observa el geógrafo Joseph Nevis, aunque existen muchas diferencias entre las situaciones políticas de Estados Unidos e Israel, tanto Israel-Palestina como Arizona se enfocan en mantener afuera a aquellos “que se consideren como intrusos permanentes”, ya sean palestinos, latinoamericanos indocumentados o indígenas.

Mohyeddin Abdulaziz observa esta “relación especial” desde las dos perspectivas: como un refugiado palestino cuyo hogar y pueblo fueron destruidos en 1967 por las fuerzas militares y como un antiguo habitante de las fronteras entre México y Estados Unidos. Abdulaziz es miembro fundador de Southern Arizona BDS Networ, cuyo objetivo es presionar a Estados Unidos para que retire las inversiones de las compañías israelíes, y está en contra de los programas como Global Advantage que ayudarán a reforzar la militarización de la frontera, sobre todo cuando impiden que se vea cómo Israel “viola los derechos humanos y las leyes internacionales”.

Claro que esas violaciones importan muy poco cuando se trata de hacer dinero, como lo indicó el Brigadier General Elkabetz en una conferencia sobre tecnología de fronteras en 2012. Teniendo en cuenta la dirección que están tomando Estados Unidos e Israel en términos de frontera, los convenios que se están negociando en la Universidad de Arizona se asemejan cada vez más a uniones celestiales (o tal vez infernales). Se puede decir que hay mucho de cierto en los dichos del periodista Dan Cohen: “Arizona es la Israel de Estados Unidos”.

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Todd Miller es el autor de Border Patrol Nation: Dispatches From the Front Lines of Homeland Security. Ha escrito sobre asuntos referidos a la frontera e inmigración para el New York Times, Al Jazeera America y NACLA Report on the Americas y su blog “Border Wars,” entre otros. En Twitter es @memomiller y se puede ver más de su trabajo ingresando en toddwmiller.wordpress.com.

Gabriel M. Schivone es un escritor oriundo de Tucson y trabajó en las fronteras de México y Estados Unidos como voluntario de ayuda humanitaria por más de seis años. Bloguea en Electronic Intifada y “Latino Voices” del Huffington Post. Sus artículos se publicaron en Arizona Daily Star, el Arizona Republic, StudentNation, The Guardian y McClatchy Newspapers, entre otras publicaciones. En Twitter es @GSchivone.

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