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Perros con pasaporte, el negocio de la venta de canes de Venezuela a Brasil

Foto: Morelia Morillo

Cachorro Pug Carlino, color ceniza, que se vende por 1000 reales y uno de los de mayor demanda en la frontera Venezuela-Brasil. Foto: Morelia Morillo

La versión original de este post fue publicada en el blog Las crónicas de la frontera.

Santa Elena de Uairén es la capital del municipio Gran Sabana, la tierra del pueblo indígena pemón, en la distante frontera venezolana hacia el Brasil y hoy un caótico puerto libre atestado por brasileros que compran por docenas lo poco que hay. Hace tres semanas, el real superó la barrera de los 100 bolívares y siguió indetenible.

Luis Río Bueno, uno de los dos veterinarios del sitio, cuenta que, cada mes, al menos 100 cachorros venezolanos cruzan la frontera hacia Brasil. En Maturín o Valencia, a más de 1000 kilómetros de Santa Elena, un Golden Retriever, cuesta de 7 000 ó 10 000 bolívares y acá 200 reales, al menos 12 mil más. En Boa Vista y Manaus, las dos ciudades brasileras más cercanas, cada ejemplar cuesta al menos el doble.

En las Cuatro Esquinas, el cruce de calles ubicado en el corazón del Casco Central de Santa Elena; en la calle Ikabarú, a la altura de China América; en la Mariscal Sucre, en las cercanías del Hotel José Gregorio y en Brisas de Uairén. En donde hay trocadores, cambiando reales por bolívares o viceversa, también hay alguien ofreciendo canes.

Corre la tercera semana de mayo y en la parada de Brisas de Uairén, dos chicas ofertan “en promoción” una camada de rottweiler. Un día cualquiera cada ejemplar de esta raza se vende por 700 reales, pero hoy cada uno saldrá 650 reales, incluso por 600 y ya.

Al cierre del mes de mayo, frente al Hotel Gran Sabana, una chica con nombre de río expone un cachorro Pug Carlino, color ceniza, por el que exige 1000 reales. “Este es el de Hombres de Negro, uno de los más caros vendemos”. Cuenta que mensualmente coloca 32 canes, todos los que logra comprar en Valencia u otra de las ciudades del centro del país.

Es viernes, 19 de junio y una pareja proveniente de Maturín muestra nueve cachorros en una jaula sobre el piso de la parada Brisas del Uairén. Acaban de llegar, no llevan más de 10 minutos en el sitio y al menos seis posibles clientes, todos brasileros, se han detenido.

En el enrejado, de un metro por 60 centímetros aproximadamente, exhiben cinco Poodles, tres mini toys y dos convencionales, valorados en 200 reales cada uno; un Husky Siberiano, dos Rottweiler y un Schnauzer valorados en 700 reales cada uno.

A uno de los hombres del primer grupo de clientes le inquieta el aspecto de los dos pequeños Rottweiler. “São misturados?”, pregunta. Ante lo cual el vendedor asegura que “son puros”. A la chica que lo acompaña le encanta el Husky Siberiano. “Olha só, que lindo”, dice y lo acurruca entre sus senos y su mentón mientras cierra sus ojos. Pero su acompañante la invita a seguir. “Voltamos daquí a pouco”, se despide.

“Hay un problema: muchos mercaderes de perros, a quienes lo les importan las condiciones en las que están vendiendo (…) La mayoría de los perros están llegando con certificados falsos, que no son hechos por un médico veterinario o enfermos”, explica mientras muestra una pila de tarjetas de vacunación con inconsistencias en el número que identifica al profesional, la información vinculada a la vacuna u otras.

El veterinario señala que los perros deben salir del país vacunados, al menos con la séxtuple (Parvovirus, Coronavirus, Moquillo, Hepatitis, Leptopirosis e Influenza) y por supuesto, sanos, con sus ojos alegres, el pelo brillante porque, de lo contrario, “el día que las autoridades brasileras se den cuenta, van a parar el negocio”.

Sugirió, además, constatar que al animal es efectivamente de raza, pues se están vendiendo “viralatas”, por ejemplo hijos de Cocker y Poodle, como si fueran ejemplares puros y revisar que sus dientes estén en buena posición.

“Vaya con el vendedor y hágalo chequear con el veterinario, antes de pagarlo”.

Esta semana, el real franqueó la barrera de los Bs. 115 en el mercado local. Sube, sube, y eventualmente pierde algunos puntos. El salario mínimo en Brasil es de 788 reales por mes, lo mismo que cuesta un Rottweiler en Santa Elena. Se dice que, en Boa Vista, un Rottweiler puede costar alrededor de 1500 reales. En Manaus, Amazonas, probablemente más. Se habla de los revendedores de perros, de los que compran para revender allá e incluso de la proliferación de ladrones, de que, con cariño y algo de comida, los sacan de sus casas en Santa Elena, para luego venderlos en reales.

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