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Las cuantiosas deudas de los estudiantes estadounidenses

Day 3 of the protest Occupy Wall Street in Manhattan's Zuccotti Park. Photo by  David Shankbone  (CC BY 3.0)

Un manifestante durante el tercer día de la protesta “Occupy Wall Street”, en el parque Zucotti de Manhattan: “Soy un estudiante con 25 000 dólares de deuda de préstamos universitarios. Soy el 99%”. Foto tomada por David Shankbone (CC BY 3.0).

Cuando tenía 17 años y decidí matricularme en la universidad, mis padres me dijeron que compartiríamos los costes. Tanto para mí como para ellos esto significaba pedir préstamos que tardaríamos en devolver una década o incluso más.

Fui relativamente afortunada. Como era estudiante de renta baja, podía optar a una Beca Federal Pell, y me aceptaron en una excelente universidad estatal cuya matrícula costaba, a la época, poco más de 10 000 dólares al año. Mantuve mi deuda baja gracias a que trabajaba a tiempo parcial para cubrir mis gastos y agradecía cualquier ayuda que mis padres me pudieran ofrecer. Después de graduarme en la universidad, participé en un programa de servicio nacional de un año de duración, con el que gané un premio de 5 000 dólares que fue directo para pagar los préstamos.

Al final, tardé once años en pagar mis préstamos universitarios. Hice el último pago el 3 de julio de este año.

Hoy en día, los estudiantes estadounidenses terminan la universidad con una deuda media de 29 000 dólares. Esa cifra es aún mayor en el caso de estudiantes que frecuentan universidades de ciudades más grandes —en Washington D.C. la deuda media de un graduado alcanza la gigantesca cifra de 41 000 dólares.

La situación ha llevado a lo que muchos expertos y estudiantes en los Estados Unidos llaman una “crisis”, siendo a menudo los más golpeados los estudiantes con deudas más pequeñas pero con pésimas perspectivas profesionales. El año pasado, la tasa de desempleo de jóvenes graduados era del 8.5%. La matemática es simple: si los recién graduados no pueden conseguir trabajo, no podrán devolver sus préstamos.

Poco después de que me mudara a Alemania en 2014, el estado de Baja Sajonia se convirtió en el último estado federado alemán en suprimir las tasas de matrícula, haciendo que la educación universitaria fuera gratuita para todos, incluidos los extranjeros. Otros países europeos (como Finlandia y Eslovenia) también ofrecen educación universitaria gratuita, al igual que hacen Brasil y Argentina.

Es difícil valorar lo que esta idea significa para un estadounidense. Desde que tenemos edad para empezar a pensar en la universidad, aquellos que no tenemos medios nos preocupamos también por cómo la pagaremos, mientras otros simplemente no pueden entender cómo lo que son capaces de juntar no les da más que para hacer frente al pago inicial. En un país donde 1,2 millones de estudiantes de primaria y secundaria no tiene casa, una educación universitaria es un privilegio extraordinario.

Aunque el gobierno de Obama ha hecho cambios significativos en cuanto al funcionamiento de los préstamos universitarios, para muchos aún no es suficiente. Una educación universitaria de cuatro años en los Estados Unidos cuesta desde 40 000 dólares al año (para un estudiante que frecuente una universidad pública de su propio estado) hasta más de 125 000 dólares para estudiantes de universidades privadas —y eso es solo en lo que se refiere a gastos de matrícula. Añádale a eso el coste del alojamiento y otros gastos de vida, y no resulta sorprendente que muchos opten por no realizar estudios universitarios. Lo cual está bien —siempre y cuando sea verdaderamente una elección.

Pero en el entorno económico de hoy en día, no lo es realmente. El año pasado, las matriculas universitarias en los Estados Unidos cayeron casi en medio millón. Los economistas dicen que cuando la economía va bien, menos gente va a la universidad, mientras que cuando no va bien, la educación superior se convierte en un “salvavidas”. En otras palabras, la gente joven elige el camino con más probabilidades para ser autosuficientes en cada momento.

Y sin embargo, con tantos trabajos que requieren un grado universitario, a pesar de los altos costes de los estudios, no tener estudios universitarios puede, a largo plazo, costar mucho más a base de sueldos bajos. El Pew Research Center estima la brecha entre un graduado escolar y un graduado universitario en alrededor de 17 500 dólares.

Todos deberíamos poder elegir nuestro propio camino. La universidad no es para todo el mundo, no debería serlo. Pero la opción, la posibilidad de acceder a ella, debería ser un derecho extendido a todos, sin la carga de décadas de deudas.

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