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Gambia: Un periodista exiliado habla sobre el tráfico humano y el ataque del gobierno a la libertad de prensa

Sanna Camara, Gambia journalist living in exile in Senegal [Image used with his permission]

Sanna Camara, el periodista de Gambia que vive exiliado en Senegal. Foto cortesía de Sanna Camara.

Cuando el periodista originario de Gambia Sanna Camara comenzó con la cobertura del tráfico humano en su país natal el año pasado, fue detenido e interrogado por la policía.

Como periodista de The Standard, un destacado periódico de la capital de Gambia, Banjul, Camara buscó y publicó la opinión de un vocero de la policía de Gambia en respuesta al Informe de tráfico de personas 2014 (TIP) del Departamento de Estado de los EEUU que catalogó a Gambia como el “país de origen y destino de las mujeres y niños sometidos al trabajo forzado y el tráfico de sexo”. Tras sufrir un intenso acoso de las autoridades del gobierno y amenazas a su vida, Camara se fue de Gambia y dejó atrás a su esposa e hijos pequeños. Ahora vive exiliado en Senegal.

Gambia ha vivido bajo el férreo control de una ‘democracia’ tiránica por casi treinta años. El presidente Yahya Jammeh, un joven militar que tomó el poder tras un golpe en 1994, prometió al asumir el cargo: “nunca traeremos la dictadura a este país”.

Gambia es, además, uno de los estados más represivos de África occidental para la libertad de prensa. Gambia se encuentra actualmente en el puesto 151 de los 180 países del Índice Mundial de Libertad de Prensa de 2015.

Image used with permission from Sanna Carma

Imagen cortesía de Sanna Camara.

El autor de Global Voices Nigeria Nwachukwu Egbunike se puso en contacto recientemente con Camara en Abidjan, Costa de Marfil, y hablaron sobre su trabajo y la decisión de dejar su país.

Como periodista de Gambia, ¿qué clase de periodismo ejercías? ¿Qué temas cubrías?

Desde 2001, he informado noticias generales, desde la política, los derechos humanos, medioambiente y otras historias de desarrollo, tanto para un diario como para mi blog.

Tu historia, “La policía admite los ‘problemas’ con el tráfico humano” para The Standard, hizo que la policía te acosara y más adelante te arrestara. ¿Puedes darnos algo de contexto sobre este hecho?

El problema del tráfico humano, o trata de personas, ha sido muy sensible en mi país, particularmente para los medios. Si comprendes el ambiente político en el que trabajan los periodistas dentro de mi país, sabrás que el espacio para informar e investigar los asuntos de interés para la población, o los problemas que afectan sus vidas, es muy limitado, gracias a razones diversas, principalmente las leyes que limitan la libertad de prensa y la libertad de expresión.

1427331921939Resulta que en junio de 2014, cuando trabajaba para The Standard en Banjul, el Departamento de Estado de los EEUU publicó un informe que clasifica a los países del mundo en cuanto a la [prevalencia de la] trata de personas, y las medidas que adoptan los gobiernos para restringirla en materia de leyes, arrestos, enjuiciamientos, etcétera.

De modo nada sorprendente, Gambia fue clasificada en el Nivel 3, lo que significa que el país ha sido origen, destino y tránsito para el tráfico humano. Antes de esto, ninguna fuente, ya fuera del gobierno, de la sociedad civil u otras, estaba dispuesta a hablar de la gravedad de la situación del tráfico humano a los medios, a pesar de que los oías rumorear sobre ello por los rincones.

El informe TIP de los Estados Unidos me brindó la información y las citas necesarias para empezar a trabajar sobre el tema. Por lo tanto, mi primer informe combinó una entrevista con un vocero de la policía, citas del informe TIP y una voz particular de la sociedad civil que también mostró interés en el tema, pero tenía miedo de ser nombrada.

El artículo fue publicado el viernes 27 de junio de 2014. A las 4 am, me pasaron el dato de que la Unidad de Crímenes Graves de la policía de Gambia había dado la orden de arrestarme. No me fui. Me quedé y esperé a que vinieran por mí. Antes, recibí una llamada de un vocero de la policía que me decía “tenemos un problema”, y que debería ir a su encuentro en una determinada estación antes de que me capturara la Unidad de Crímenes Graves. Y eso hice.

¿Por qué piensas que el gobierno se vio sacudido por tu historia?

Es seguro que el gobierno se vio sacudido por la noticia. Al momento de la publicación, el presidente se encontraba en una cumbre de la Unión Africana en Guinea Ecuatorial. La publicación del Informe TIP y la clasificación de Gambia, según me enteré, “causó un gran bochorno” al gobierno. En consecuencia, dio órdenes específicas a sus funcionarios de impugnar el informe.

Antes de que llegaran a hacerlo, se publicó mi historia en primera plana donde se confirmaban algunos datos del informe TIP, lo cual iba en detrimento de todo argumento que se hubiera podido utilizar para desmentir el Informe TIP. Al formarse un grupo de trabajo de alto perfil dentro del gobierno para indagar sobre esto, mi noticia resultó en una sacudida…

De allí la maniobra de desplegar a [la división de] Crímenes Graves en mi contra. Me arrestaron, me interrogaron sobre mis fuentes, sobre por qué publicaba una noticia así sabiendo que era “falsa”, quién era yo y para quién trabajaba, etcétera. Me acusaron de “publicar información falsa”. Si me hubieran condenado, habría pagado una multa que iba desde los casi USD 2000 hasta unos USD 10000. O habría tenido que cumplir una sentencia de seis meses a dos años de prisión.

¿Cuándo decidiste exiliarte? 

Tras dos meses de escribir estando bajo la fianza de Crímenes Graves, ya no me sentía seguro trabajando como periodista dentro del país. El acoso, las amenazas y la presión psicológica que tuve que soportar me llevaron a la decisión de irme a Senegal. El 23 de agosto de 2014, llegué a Dakar y busqué asilo con el gobierno senegalés. Aunque no me otorgaron el asilo, el presidente de Senegal, Macky Sall, ha prometido protección a todas las personas de Gambia enjuiciadas y exiliadas dentro de su país, siempre y cuando no quebrantemos las leyes de Senegal.

¿Qué se siente estar en el exilio? 

La sensación es otra experiencia para mi vida como periodista. [Sumado a] el desafío de vivir en un país francófono, esta vida a veces parece frustrante y sin esperanzas, especialmente sabiendo que has dejado atrás a una familia con niños pequeños y una esposa amorosa y leal. Buscar un trabajo en ese país es igual de frustrante cuando uno no cuenta con antecedentes franceses, y a pesar de la existencia de varias oficinas regionales de medios de comunicación, buscar un espacio para trabajar con ellos es algo muy limitado.

¿Sigues informando sobre Gambia a distancia? ¿En qué aspectos difiere de informar desde adentro?

Publico un blog, Gambia Beat, donde sigo escribiendo sobre Gambia desde Senegal. No me genera ingreso alguno, pero me motiva el amor a mi país y la pasión por la profesión. No puedo simplemente quedarme en Senegal y dejar de informar sobre mi país. Considero estos problemas tan relevantes ahora como lo eran antes de irme.

Es distinto a informar desde adentro, donde me encuentro con los rostros de los ciudadanos de Gambia a diario y escucho sus historias para escribir sobre ellas. Ahora me acostumbro a la idea de utilizar internet y los medios sociales, y ocasionalmente algunas llamadas telefónicas a Gambia, para recopilar información y escribir sobre ella. Proporciona toda una nueva dimensión a mi ejercicio del periodismo. Pero somos de la generación de las redes sociales, ¿no? (risas)

Recientemente, el presidente de Gambia ha liberado prisioneros políticos, ¿qué opinas de esta estrategia?

Desde el principio, tuve la opinión de que Io había hecho expresamente para ganar algunos puntos políticos. Después de todo, la mayoría de los prisioneros habían sido detenidos o encarcelados ilegalmente, para empezar… la mayoría de los prisioneros de Gambia desde 1994 están allí por no estar de acuerdo con el presidente, por negarse a ser sus facilitadores, se los supone enemigos y, por ello, se los acusa de delitos que no han cometido y han tenido juicios injustos que terminaron en sentencias de prisión. Muchos no tuvieron el lujo de un juicio antes de ser arrojados a una celda, y algunos murieron en prisión… Las próximas elecciones presidenciales de Gambia, donde Jammeh busca asegurarse un quinto período en el puesto, está anunciada para septiembre de 2016. Saca tus conclusiones…

¿Crees que el estado de los derechos humanos en Gambia (particularmente en cuanto a los ataques a la libertad de expresión) ha recibido toda la atención internacional que debería?

En algunos aspectos, sí, la ha tenido, pero no la suficiente como para afectar el tipo de cambios o ejercer la presión que nos gustaría a quienes luchamos contra la tiranía. A veces supongo que es el tamaño de nuestro país o la falta de recursos minerales lo que hace que ignoren nuestra situación… si Jammeh fuese presidente de un estado más grande como Nigeria u otro país de África, habríamos tenido grandes avances para este momento…. Cinco años de tiranía en la vida son suficientes para cualquier persona que ame la libertad. Gambia ha sido un estado a prueba de libertad, paz y prosperidad…

¿Cómo ves la libertad de expresión y la protección de los periodistas en África occidental?

Creo que los ciudadanos de varios países de África occidental luchan por su legítimo derecho a la libertad de expresión y de prensa. Ahora con internet, las redes sociales y los teléfonos inteligentes, hay unos niveles de conciencia sin precedentes en la historia de la lucha por la libertad que libran las poblaciones civiles dentro de cualquier país del mundo. Por ende, la ola de cambios rápidamente derriba las fronteras entre las dictaduras y la libertad como solíamos conocerla en todo el mundo, particularmente en África.

Tradicionalmente, los gobiernos tiránicos se esfuerzan mucho en controlar el flujo de información desde y hacia la población manteniendo una fuerte presión sobre los medios. Esto ya no es sostenible debido a las herramientas que ahora están disponibles para la nueva generación. Además, esto lleva a que haya nuevas maneras de que los periodistas accedan a la información, se relacionen con sus fuentes y divulguen la misma información. En algunos países, esto ha elevado el nivel de las amenazas que enfrentan desde los gobiernos y los enemigos de la libre expresión, aunque los progresistas lo ven como una bendición y un valor agregado a sus modalidades de gobernanza.

En la subregión, los puestos de la dictadura se derrumban uno tras otro, y los que emergen se vuelven más abiertos a la crítica y a los valores democráticos. Sin embargo, la lucha por la libertad de prensa y de expresión no habrá terminado hasta que la última dictadura de la subregión haya sido derrocada.

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