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Irán: El disenso pacífico se vuelve un pecado al reafirmarse el poder de los extremistas

The Supreme Leader’s chief of staff Mohammadi Golpayegani (right): “Opposing the Islamic [Republic] is certainly the greatest wrong and if anyone, in any cloth or position, opposes it, he has committed the worst vice because the pure blood of thousands of youth has been shed to establish this state.” Image from ICHRI.

El jefe fe gabinete del Líder Supremo, Mohammadi Golpayegani (derecha): “Oponerse a la República Islámica es ciertamente el peor error, y si alguien, de cualquier clase o posición, se opone a ella, ha cometido el peor de los vicios, pues la sangre pura de miles de jóvenes se ha derramado para formar este Estado”. Imagen de ICHRI.

Este artículo ha sido publicado originalmente en iranhumanrights.org y se publica aquí con la colaboración de la Campaña Internacional por los Derechos Humanos en Irán. 

La libertad de expresión y el derecho al disenso pacífico, atacados largamente dentro de la República Islámica, han estado sometidos a una mayor presión durante los últimos dos años. Los extremistas, ansiosos por reafirmar su control sobre la esfera nacional frente al enorme triunfo electoral del centrista Hassan Rouhani en 2013, han iniciado una dura campaña encarcelando a periodistas, cancelando publicaciones, bloqueando redes sociales y sentenciando a activistas pacíficos a largas penas de prisión.

Cada vez más, los extremistas utilizan una nueva arma en su arsenal represivo: la religión. Aunque los juicios a los activistas han sido típicamente manejados bajo cargos amplios relacionados con la seguridad nacional, los funcionarios de la República Islámica interpretan cada vez más el disenso político como una contravención religiosa.

Equiparar el disenso con un pecado es parte de un ataque más amplio por el cual el derecho al disenso pacífico, ostensiblemente garantizado por la constitución iraní (al igual que por los convenios internacionales a los que Irán ha adherido libremente), es negado en la práctica, y aquellos que lo ejercen son enjuiciados por los funcionarios judiciales bajo cargos mucho más graves. “La corrupción en la tierra”, por ejemplo, conlleva una posible pena de muerte.

“Oponerse al estado es el peor de los pecados”, dijo Mohammadi Golpayegani, jefe de gabinete del Líder Supremo de Irán, Ayatolá Jameneí, a un grupo de clérigos y seminaristas en la provincia de Gilan el 13 de junio de 2015.

Golpayegani describió a la República Islámica como el “mayor bien de nuestro tiempo” y, según informó ISNA (la agencia de noticias de los estudiantes iraníes), agregó: “Oponerse a la República Islámica es ciertamente el peor error, y si alguien, de cualquier clase o posición, se opone a ella, ha cometido el peor de los vicios, pues la sangre pura de miles de jóvenes se ha derramado para formar este Estado”.

A su modo de ver, cualquier oposición a la República Islámica, de palabra o hecho, o cualquier cuestionamiento a su infalibilidad, constituyen un delito grave.

Bajo esta línea de pensamiento, la corrupción financiera se considera un delito más leve que el de una mujer que desobedece las reglas ultraconservadoras sobre el atuendo público, porque los delitos económicos no representan un desafío político abierto al Estado. La inobservancia del uso del hiyab “adecuado”, sin embargo, es vista como un desafío directo a la legitimidad del régimen. En palabras del Ayatolá Sobhani, “El hiyab es un símbolo de la República Islámica, y aquellas que no lo acatan le están faltando al respeto. Los especuladores, por otro lado, no se preocupan por el Estado”.

Estos comentarios no son algo nuevo. El 2 de mayo, Mohammadi Golpayegani citó al Líder Supremo, quien decía: “Proteger a la República Islámica es el mayor de los bienes y oponerse a ella es el mayor de los males”. Golpayegani agregó: “Algunos piensan que promover la virtud y prevenir el vicio sólo se limita a lidiar con las mujeres que andan por la calle con un hiyab deficiente. Pero debemos entender que el peor vicio es oponerse al régimen islámico”.

En su discurso en ocasión del Año Nuevo iraní, el Líder Supremo Jameneí presentó claramente su punto de vista: “El bien supremo es establecer y preservar el estado islámico… mientras que, en contraste, la corrupción moral está mal, ayudar a los enemigos del islam está mal, debilitar al estado islámico está mal”.

Yendo más allá de las exhortaciones verbales, el Líder Supremo ha emitido un fatwa, o decreto religioso, que prohíbe exponer públicamente las injusticias cometidas por los funcionarios de la República Islámica. En respuesta a la pregunta de uno de sus seguidores religiosos sobre si sería apropiado revelar públicamente la injusticia o la traición por parte de los funcionarios públicos, Jameneí escribió: “No hay problema con informar la injusticia y la traición a los funcionarios e instituciones gubernamentales de manera que puedan seguirlas e investigarlas… pero exponerlos a ellos al público está prohibido porque genera daños y corrupción, y debilita al gobierno islámico”.

Equiparar la oposición política con un pecado religioso ha tenido profundas consecuencias en la vida de aquellos que han cuestionado los dictados del gobierno: los opositores políticos han sido acusados y sentenciados a castigos de proporciones bíblicas, muchos han pasado largos años tras las rejas y algunos han enfrentado la pena de muerte.

Con frecuencia, los funcionarios acusan a los críticos del gobierno de oponerse al sistema de velayat-e faqih del país (custodia del jurista islámico, la ideología formulada por el fundador de la República Islámica, Ayatolá Jameneí, que establece que un jurista islámico, o Líder Supremo, debe dar protección al gobierno para asegurar que cumpla con la ley islámica). Como resultado, estos críticos son acusados de desafiar la base misma de la religión.

Esta visión no es compartida por la mayoría de los miembros de la doctrina religiosa chiíta. La mayoría de los clérigos chiítas, de hecho, no aceptan el concepto de velayat-e faqih. En efecto, la República Islámica impone la visión de su clase dominante y suprime la pluralidad de puntos de vista del pensamiento religioso chiita.

Sin embargo, Ayatollah Mohammad Yazdi, quien encabeza actualmente al Consejo de los Guardianes de la República Islámica, organismo a cargo de asegurar que todos los candidatos políticos y leyes sean conformes al islam y la constitución de la República Islámica, ha asegurado que nada de lo que hace el Líder Supremo puede estar mal: “El Líder Supremo nunca se equivoca en sus decisiones”, dijo Yazdi en un discurso de 2011. “Eso es porque si [el Líder Supremo] piensa en una decisión que es 100 por ciento dañina para la nación islámica, el imán oculto [el salvador máximo de la humanidad, quien, según la décimo segunda rama del islam chiita practicado en Irán, regresará para traer paz y justicia al mundo] tiene la responsabilidad de aconsejarlo para que desista de ella”.

Estos puntos de vista han resultado en la creencia de que oponerse al velayat-e faqih equivale a oponerse a la verdad absoluta misma. Según lo expresado por Yazdi, “oponerse al velayat-e faqih es lo mismo que oponerse a los imanes y se encuentra al [mismo] nivel de cuestionar la autoridad única de Dios”.

Dentro de un sistema así, donde los disidentes no sólo son enemigos del estado sino también de Dios, no hay cabida para una oposición pacífica aceptable, el sello distintivo de la gobernanza democrática.

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