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¿Está Turquía regresando en el tiempo hacia los terribles años noventa?

Istanbul, Turkey. 19th August 2015 -- Women protesters shout slogans as they hold pans during an anti-war protest in Istanbul, Turkey. -- Protesters attended an anti-war rally in central Istanbul. The demonstration came on a day that saw gunmen fire on police outside an Istanbul palace and a bomb in the southeast of the country that was thought to have killed eight soldiers.

9 de agosto de 2015. Mujeres manifestantes gritan lemas mientras sostienen sartenes durante una protesta contra la guerra en Estambul, Turquía. Ese mismo día pistoleros dispararon contra policías fuera de un palacio en Estambul y explotó una bomba en el sudeste del país que se cree mató a ocho soldados. Imagen de Demotix de Avni Kantan. ID: 8349345.

Como alguien que nació en la época en que el conflicto entre el Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK) y el ejército turco, fui testigo de muertes y ataques todos los días en televisión y en los periódicos durante mi niñez.

Mi familia llegó a conocer de cerca la tristeza del conflicto cuando a mi primo soldado lo mataron hace 20 años en la ciudad de Muş, en el este del país –que siempre fue calificada de zona ‘peligrosa’.

Desde las elecciones generales del 7 de junio, Turquía ha entrado en un círculo vicioso de violencia que repite el conflicto de los años 80 y 90.

El gobierno del partido Justicia y Desarrollo (AKP) invirtió significativo capital político en el proceso de paz con el PKK para resolver el problema kurdo: los ataques entre el PKK y el ejército turco se detuvieron luego de un cese al fuego en 2013.

Durante la manifestación de marzo de 2013 de Newroz (Año Nuevo kurdo) en Diyarbakır, Abdullah Öcalan, el líder del movimiento PKK, pidió que las fuerzas armadas del PKK se retiraran a la frontera turca por medio de una carta que envió desde prisión.

El proceso de paz fue tal vez el logro más importante del único gobierno del AKP, que data de 2002.

Formó la base de la estabilidad política e inversión extranjera. La economía se fue recuperando cada vez más, lo que se reflejó en la apreciación de la lira turca y con el bienestar social acercándose a niveles europeos.

Desafortunadamente, el actual presidente turco Recep Tayyip Erdoğan saboteó su mayor logro propio en el camino y luego de las elecciones generales de 2015.

Su creciente rasgo autoritario ha contribuido al apartamiento de partidarios entre la población kurda.

A pesar de que la posición del presidente es constitucionalmente no partidaria, la ha usado para promover el apoyo al AKP.

Además, en marzo dijo “siguen hablando de un problema turco. ¿De qué hablas, hermano? ¿Qué problema kurdo?”

Selahattin Demirtaş, líder del Partido Democrático Popular (HDP), de inclinación izquierdista y afín a los kurdos, calificó los comentarios de “atracciones preelectorales”.

A su vez, el HDP fue atacado en varias oportunidades  por importantes figuras del AKP a medida que su plataforma política conseguía apoyo. El viceprimer ministro Yalçın Akdoğan, que alguna vez admitió a HDP como socio en la mesa de negociaciones, ahora sostenía que su creciente popularidad era una amenaza al propio proceso de paz del que los dos partidos formaban parte.

A pesar de más de cien ataques contra manifestaciones u oficinas de HDP durante la campaña electoral, el partido logró pasar el umbral de 10% para ganar escaños en el Parlamento.

El resultado fue el colapso de la mayoría parlamentaria de AKP, que a su vez lanzó el plan de Erdoğan para cambiar la Constitución kurda a un sistema presidencial de gobierno a través de una muy amplia mayoría entre tremendas dudas.

Las cosas empiezan a desmoronarse
Como proyectó Akdoğan, el proceso de paz pronto empezó a desmoronarse.

El primer incidente fue un ataque suicida con bomba en Suruç el 20 de julio. El atacante fue vinculado con el ISIS y mató a 34 personas, y más de cien quedaron heridas.

El ataque tenía como objetivo a miembros de grupos juveniles socialistas que estaban en Suruç para planear la reconstrucción de Kobane, ciudad fronteriza de población kurda que había estado bajo asedio del ISIS.

Dos días después del ataque, dos policías fueron encontrados muertos en su casa de Ceylanpinar, otra ciudad en el frontera siria.

Al día siguiente, otro policía murió en un ataque del PKK en Diyarbakir, el mismo día que el ISIS bombardeó a fuerzas del ejército turco en Kilis desde el otro lado de la frontera siria, donde murió un soldado.

Los letales ataques que ocurrieron en la parte sudeste de Turquía al final de julio llevó a la decisión del gobierno de iniciar una extensa operación militar no solamente contra el ISIS sino también contra PKK.

El primer ministro Davutoglu afirmó que “las operaciones que empezaron hoy no son aisladas, son parte de un proceso”.

Sin embargo, hasta ahora la mayoría de la operación del ejército turco ha tenido como objetivo sitios militares vinculados con el PKK en Iraq.

Cada día, las agencias locales han informado de enfrentamientos con las guerrillas kurdas y hay noticias de soldados que son sacrificados, ataques del PKK en estaciones de policía y operaciones campos de PKK en Kandil.

Entre el 20 de julio y el 20 de agosto, 140 personas murieron en todo Turquía, mayormente en ciudades de población kurda. Entre los que perdieron la vida, 55 eran civiles, 32 eran guerrilleros kurdos y 53 eran soldados o policías.

Istanbul, Turkey. 19th August 2015 -- Police cordon off the access to the iconic Dolmabahçe Palace in Istanbul, home to the prime minister's Istanbul offices, after a shootout with two armed men, believed to have been captured later in Taksim Square. -- Unknown men attack a police post outside the Dolmabahce Palace with a stun grenade. The Dolmabahçe Palace, popular with tourists, is home to the prime minister's Istanbul offices. 2 suspects with automatic guns have been captured close to Taksim sq.

El 19 de agosto de 2015, un cordón policial impide el acceso al icónico palacio Dolmabahçe en Estambul, sede de las oficinas del primer ministro, luego de un tiroteo con dos hombres armados que se cree después fueron capturados en la plaza Taksim. Imagen de Demotix de Avni Kantan. ID: 8347856.

Aunque los ataques recordaron a los años 90, la sociedad turca siguió adelante. En las dos últimas décadas, kurdos y turcos por igual han comprendido que quieren vivir juntos en paz y resolver los problemas a través del diálogo.

‘Deberían ir y pelear ellos mismos’
La renovada violencia hace sentir al pueblo que sus necesidades y pedidos de paz son ignorados por los políticos en favor de ambiciones pueblerinas y la lucha de poder.

Contra un telón de fondo de funerales de mártires, crece un ánimo de protesta.

Recep Beycur fue uno de los ocho soldados del ejército turco víctimas de un atentado con bomba del PKK en la ciudad de Siirt. Provenía de una familia kurda como su amigo Mehmet Halil Barkın, que también murió en el ataque.

En su funeral, un familiar acusó a Erdogan de tener responsabilidad por su muerte.

Ömer Bilir dijo: “Envié a mi propio hermano y recibo a cambio un cadáver. Que el presidente sepa. ¿Tiene alguna idea de lo mucho que he sufrido hasta esta edad? El hermano se ha hecho para pelear con el hermano. Que Dios esté molesto con él, que lo mismo le pase a su hijo. Si este fuera su hijo, ¿estaría así? Que Dios no acepte esto”.

La familia del soldado no permitió que la bandera turca ondeara en el pueblo ni que se llevara a cabo un funeral militar.

El capitán Ali Alkan murió en un ataque del PKK contra una estación de policía en Şırnak. El hermano de Alkan, el teniente coronel Mehmet Alkan, cargó el ataúd mientras decía el nombre de su hermano: “Ali’m, ¿quién es tu asesino? ¿Quién es la razón de esto? ¿Qué pasó con los que hablaban de una solución hasta ayer y que ahora dicen guerra hasta el final? Deberían ir y pelear ellos mismos”.

Pero en lugar de tratar de encontrar una solución, políticos como el ministro de Energía, Taner Yildiz, han estado avivando las llamas del nacionalismo.

Yildiz dijo recientemente que desea convertirse en un mártir si Dios lo permite –una posibilidad poco probable para una persona que viaja en un auto a prueba de balas y tiene una camarilla de guardias a su alrededor en todo momento.

El primer ministro Davutoğlu también afirmó su disposición a morir durante una reunión de la “Iniciativa civil contra el terrorismo” organizada por los sindicatos: “Espero que Dios no fije las condiciones para que este país sacrifique mártires de nuevo. Pero sabemos que estamos listos para sacrificarnos y a nuestros hijos por este país, por la unidad de este país, por la paz de esta nación… Todo el mundo debería saber de esta dedicación”.

Ahora el conflicto se está moviendo desde la periferia política y económico del país a su núcleo.

Pasé por el palacio Dolmabahce para ir a Taksim apenas media hora antes de que el palacio fuera atacado el 19 de agosto por dos miembros del grupo radical DHKP-C, que tuvo como objetivo a guardias de la policía con una granada de mano y pistolas.

Como los policías estaban parados dentro de habitaciones de vigilancia detrás de vidrios a prueba de balas, no hubo muertos.

La gente entró en pánico cuando un helicóptero dio vueltas sobre la calle Istiklal, la vía más famosa y congestionada, porque la región Taksim de Estambul ya ha pasado antes por ataques con bomba.

Revisé Twitter para ver qué estaba pasando y vi las noticias sobre el ataque en Dolmabahce. Me sentí con suerte –separada de los disparos y los estallidos de granadas por apenas 30 minutos– pero también asustada porque ataques como este pueden pasar en cualquier lugar.

He estado tratando de tener cuidado y evitar lugares congestionados como las estaciones de metro el último mes, pero millones de personas viven en Estambul y no todos pueden evitar su vida diaria.

Tiempo de elecciones, de nuevo
Como el líder del mayor partido político del país, Davutoğlu debería haber formado un gobierno de coalición después de las elecciones de junio, pero el AKP eligió seguir tácticas para asegurar elecciones anticipadas donde esperan recuperar su mayoría parlamentaria.

Han visto concedida una parte de su deseo luego de que las conversaciones de una coalición fracasaran estrepitosamente y de que el 25 de agosto, el presidente Erdoğan convocara a elecciones anticipadas para el 1 de noviembre.

Problemas de seguridad en curso pueden darle ventaja al AKP y permitirle atraer los votos de los nacionalistas, aunque es improbable que el partido pueda recuperar suficiente apoyo como para permitirle a Erdoğan que presione las reformas constitucionales que anhela.

Mientras tanto, la inestabilidad política tendrá como resultado que el presupuesto favorezca el gasto militar antes que inversiones en bienestar social.

No puedo imaginar que ninguno de los políticos responsables por este lío se sienta culpable por la tensión y muertes que se avecinan.

John Lubbock colaboró con la edición de este artículo.

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