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La vida cotidiana en un Estado débil

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La carretera Kaya es un camino accidentado que atraviesa Morobo desde la frontera con Uganda hasta Yei. Sudán del Sur, un país del tamaño de Francia, tiene unos 110 kilómetros de pista asfaltada en Yuba, la capital, y sólo una carretera asfaltada de 120 kilómetros que conecta la capital con la frontera con Uganda. Algunas partes de Sudán del Sur se vuelven inaccesibles durante la estación de lluvias. Foto: Pernille Bærendtsen.

Un sábado por la tarde, en agosto, me encuentro sentada con un colega en la orilla del río Nilo, en Yuba. La vista del antiguo río es tranquilizante. Me deja con la impresión que el río ha optado por ignorar todas las perturbaciones que le rodean y proseguir concentrándose en su rápido flujo.

A cierta distancia, a mi derecha, un hombre está a punto de romper en pedazos a un barco naufragado. Prende fuego a la hierba seca que ha crecido en su interior. El viento aumenta. Pequeños trozos negros de hollín llenan el aire, se mezclan con el polvo rojo y vienen a posarse en nuestro mantel blanco.

Aquí, todo puede cambiar en un minuto.

Somos los khawadiya -los forasteros- y nos esforzamos por entender cómo funciona este lugar. Buscamos de forma agotadora en los periódicos por informacion, en las conversaciones por un sentido y en las negociaciones por señales de paz. Mientras tanto, el Sudán del Sur agota su gente más allá de su capacidad.

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El río Nilo fluye hacia el norte a través de Sudán del Sur. Foto Pernille Bærendtsen.

Los coches cruzan la frontera de Uganda cargados hasta el tope con gente y cargamento. Sus vientres de hierro marcan la superficie implacable de la tierra roja, que contraataca desgastándoles más y más. Notamos las marcas de la chatarra de metal en la carretera de Kaya por todo el camino hasta Yei.

Según informaciones del Banco Mundial, alrededor del 38% de la población de Sudán del Sur tiene que caminar más de 30 minutos para recoger agua potable. Las mujeres y las niñas llenan tinas y bidones de agua varias veces al día, hasta que un día el plástico se rompe – algunas lo vuelven a pegar, y las marcas de la rotura quedan expuestas para que se pueda ver que en su día llegaron a un punto de ruptura inevitable. Los utensilios de cocina emergen rayados y golpeados por el exceso de uso y demasiados lavados con agua fría y grasienta.

El Sudán del Sur es un trabajo duro. Las personas entran en conflicto y chocan. Crecen en harapos. Sin embargo, la gente se mueve hacia adelante.

About South Sudan

The Republic of South Sudan became Africa’s 55th—and the world’s newest—country on July 9, 2011, following a peaceful secession from Sudan through a referendum in January 2011.

Conflict broke out in December 2013, and the country's development of faced a severe setback. The current hope is that the recently signed Compromise Peace Agreement will lead to greater stability.

Acerca de Sudán del Sur

La República de Sudán del Sur se convirtió en el 55º país de África y en el país más joven del mundo, el 9 de julio de 2011, tras una secesión pacífica de Sudán a través de un referéndum en enero de 2011.

El conflicto estalló en diciembre del 2013, y el desarrollo del país ha sufrido un duro revés. La esperanza actual es que el Acuerdo de Paz firmado recientemente conducirá a una mayor estabilidad.

La vida normal

El tiempo es abundante en la zona rural del Sudán del Sur. De hecho, parece como si el tiempo nos manejara. Obtenemos noticias de última hora bajando a la carretera Kaya y hablando con los transeúntes. Los periódicos son raros y en general, llegan con días o semanas de retraso. No hay televisión, e Internet en su mayoría sólo está accesible para los pocos que trabajan en las ONG.
Si llueve demasiado tiempo “se quedan sin Internet”. Los temas de nuestras conversaciones no se encuentran en Google.

Tres de los empleados en el recinto donde me alojo están cosechando cacahuetes. Charlamos mientras se pone el sol. Un hombre explica cómo, cuando era niño, disparó a otro niño en el codo:

“Utilizábamos los rifles AK-47 como almohadas, porque teníamos que estar preparados por si alguien viniera a robar el ganado y nos mandaban al monte a vigiar. Apreté el gatillo por impulso”.

El muchacho herido fue llevado a los ancianos. Luego a la clínica. Una caminata de muchos kilómetros en el bosque oscuro. Sobrevivió.

“¿Cree usted que el Sudán del Sur sea el peor país del mundo?”, pregunta otro hombre luego que su colega terminara la historia.
Mi corazón se hunde. Siente mi aprensión, y concluye: “Creo que Somalia es peor.”

Muchas personas tienen historias similares que contar, de la vida en la guerra y en la paz. La vida entre ambas es el “normal”. Surgió mientras hablamos de la planificación de los programas de radio.

“Déjanos vivir una vida normal”, dice nuestro editor en la radio.

“¿Qué es normal?”

“Normal es cuando los precios de los alimentos no son demasiado altos. Es cuando no tienes que rebuscar en tus bolsillos. Es cuando no tienes que lidiar con la inseguridad”, explica.

Hablamos de la importancia de los vecinos. “No se puede vivir sin ellos. El día que te quedes sin harina de yuca, ellos te los darán, o te dirán: ‘coja esas verduras de mi huerto para su salsa”.

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Una familia en Morobo. La mayoría de la población de Sudán del Sur reside en zonas rurales. Foto Pernille Bærendtsen.

DEMANDAS POR LA PAZ

La vida sólo ha estado en su estado “normal” durante períodos relativamente cortos en la historia de Sudán del Sur. Sin embargo, hay cortos períodos de paz, y gente que saca energía de increíbles reservas personales a medida que siguen adelante.

El 27 de agosto del 2015, el presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir, firmó su parte en un acuerdo de paz muy esperado. El llamado Acuerdo del Compromiso de Paz, viene, sin embargo, con muchas reservas. Es un acuerdo diseñado por personas que saben mucho más de la guerra que de la paz, y podría considerarse más como un acuerdo de “no guerra” que de paz.

En un sábado por la mañana a finales de julio, mientras conduzco por la ciudad de Yei, me encuentro con una protesta, un grupo de mujeres que llevan pancartas exigiendo la paz y la convivencia: “Somos madres. Necesitamos paz “. De pronto, humilde, detengo el coche. Desde un lado de la calle veo pasar a las mujeres.

Más tarde, me encuentro con la gente del Centro para el Desarrollo y la Democracia, que han tenido un papel activo en la preparación de estas mujeres para la protesta. En 2005-2007 había trabajado en sus “centros hermanados” al otro lado de la frontera, en Uganda. Hemos trabajado bajo la premisa que si se proporciona libros a la juventud del Sur de Sudán, completaran su educación y retornaran un día a reconstruir el país. “Se puede bombardear escuelas”, decíamos. “Sin embargo, jamás se podrá borrar los conocimientos de las personas”.

Cuando regresé a Sudán del Sur en 2013, 2014, y ahora de nuevo en 2015, encontré a un sudanés del sur nacido en la década de 1980, y le pregunté: “¿Dónde fuiste a la escuela secundaria?” Estoy asombrada por el número de personas que encuentro que han completado la escuela secundaria estudiando en los centros de recursos.

Las personas en el centro de recursos en Yei están, actualmente, desempeñando un papel activo en la construcción de la sociedad civil. Esto hace una diferencia significativa en la situación actual en el Sudán del Sur, donde los medios de comunicación y la libertad de expresión se encuentran gravemente afectadas. Durante las semanas previas a la negociación del acuerdo de paz, el centro organizó reuniones y conversaciones sobre el contenido del acuerdo. También educan a los ciudadanos sobre la legislación, los deberes y obligaciones. Se necesita energía extra para mantener agendas, donde es posible que se tropiece con la resistencia.

Nos sentamos bajo el gran árbol de mango grande conocido como el “árbol de la sabiduría”, y compartimos historias de exagentes daneses de desarrollo, amigos en común. “Se quedaron con nosotros durante mucho tiempo, por lo que hemos aprendido de ellos”.

El factor tiempo es esencial. El desarrollo no genera resultados de inmediato -se necesitan muchos años de trabajo. En el Sudán del Sur he encontrado lo que en otros lugares sería un problema simple, que aquí se convierte en algo mucho más complicado. Pocos Khawadiya, yo mismo incluida, pueden dedicar el tiempo que realmente se necesita. Es demasiado fácil comparar Sudán del Sur a otros países africanos y señalar las dificultades, las idiosincrasias y las deficiencias. Es demasiado fácil crear excusas, y decir que este dinero podría ser mejor gastado en otro lugar. La paciencia y la comprensión poden ser lo más difícil de lograr, sin embargo, a menudo es lo que tiene más sentido.

Student in the library at Centre for Development and Democracy in Yei. According to the World Bank only 27% of the population aged 15 years and above is literate. The literacy rate for males is 40% and 16% for females.  Photo: Pernille Bærendtsen

Un estudiante en la biblioteca en el Centro para el Desarrollo y la Democracia en Yei. Según el Banco Mundial, sólo el 27% de la población de 15 años o más saben leer y escribir. La tasa de alfabetización entre los hombres es del 40%, y 16% entre las mujeres.
Foto Pernille Bærendtsen.

24 HORAS DE BLOQUEO MEDIÁTICO

Los medios de comunicación y la sociedad civil siempre han vivido momentos difíciles en Sudán y Sudán del Sur, sin embargo el conflicto en 2013 ha hecho que trabajar en los medios sea aún más peligroso. Los periodistas explican que reciben amenazas, en general de una persona que llama desde un número desconocido para decirle que dejen de escribir, por ejemplo, en Facebook.

En la noche del 19 de agosto del 2015 Moi Peter Julius, un joven periodista, fue asesinado. Le dispararon en la espalda con un tiro a quemarropa por un “pistolero desconocido”. El asesinato tuvo lugar poco después que el presidente Salva Kiir amenazó con matar a periodistas por informar “contra el país”. Unos días más tarde, el portavoz presidencial retiró la declaración, diciendo que no era eso lo que Kiir pretendía decir.

Me encontré con algunos periodistas en Yuba la noche del 20 de agosto. A la mañana siguiente se decidieron a honrar al periodista asesinado con 24 horas de bloqueo informativo.

Varios periódicos han cerrado. Uno de los periódicos en inglés más populares, The Citizen, ha cerrado a principios de agosto y ha tenido que despedir personal.

Además de las amenazas directas, los periodistas, como todos los demás, tienen que lidiar con los rigores de la vida en un entorno político cada vez más intenso e inestable. En Yuba uno puede ser detenido en cualquier momento e intimidado por hombres fuertemente armados. Políticos, activistas y periodistas desaparecen. “Hombres armados desconocidos” siguen siendo desconocidos. Es una lucha diaria compuesta de autocensura, dificultades financieras y dudas existenciales sobre la propia cordura y futuro intelectual. Luego, están los periodistas que siguen la línea oficial. El panorama de los medios es complicado. La falta de medios de comunicación libres hará daño a Sudán del Sur no sólo en el corto plazo, sino también en el futuro.

RECUERDOS DESPLAZADOS

El último sábado de agosto recibí una invitación para participar en un salón de poesía. Se lleva a cabo en las afueras de Yuba, al pie de la montaña Jebel Kujur en la casa de Lawrence Korbandy Kodis, el expresidente de la Comisión de Derechos Humanos del Sudán del Sur, ahora asesor legal para el presidente de Sudán del Sur. Más tarde, el Ministro de Educación nos honra con su presencia.

También están presentes Moisés Akol, exembajador en Suecia, y Jimmy Wongo, exministro en el gobierno del estado de Ecuatoria Central.

Estas sesiones de poesía tienen lugar cada dos meses, desde hace ocho. Esta sesión comienza con preguntas sobre cómo, en un país fragmentado, dirigido por personas con recuerdos selectivos, se podría utilizar la poesía y la ficción para lograr una historia más completa.

Sigue una charla sobre cómo animar a la gente a escribir sobre lo que conocen, su propia historia, su tierra natal. Cuando las personas son desplazadas por conflictos, los recuerdos también son desplazadas. La historia de Sudán del Sur es fragmentada y llena de lagunas.

“Si usted no habla, la historia se pierde”, dice alguien. “Los villanos serán nuestra historia”.

Wongo me lleva de vuelta a mi hotel. Se disculpa por que habían menos mujeres que de costumbre. “Sin embargo, estabas tú” , dice. Me siento agradecida por la invitación, y mientras explico lo especial que esta experiencia ha sido para mí, el coche delante de nosotros está siendo robado.

Estamos en una rotonda, a la espera de la luz verde del semáforo. El coche rueda hacia atrás mientras el conductor salta para perseguir al ladrón entre los coches parados. Siento una lenta oleada de pánico mientras cierro las puertas del auto de Wongo. Estamos atascados. No podemos escapar. Todo lo que podemos hacer es esperar.

Wongo está completamente tranquilo. La luz cambia de rojo a verde, y seguimos nuestro camino. Habla sobre el acuerdo de paz y “la ventana de la esperanza”, es decir el alto el fuego que con el tiempo podría convertirse en paz.

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Una niña y su hermano en el mercado en Yei. Sudán del Sur es un país joven, con dos tercios de la población menor de 30 años. Foto Pernille Bærendtsen.

NO ERES TU, SOY YO

El 27 de agosto del 2015, el presidente finalmente firmó el acuerdo. Lo que su impacto supone, sin embargo, no queda claro, y no hay celebraciones entusiastas, aparte de la habitual multitud ruidosa en el bar del hotel.

“Esto es un especie de paz, y todo tipo de paz es mejor que la guerra”, dice un chico en el bar que” trabaja en la industria del petróleo” y que bebe tequila como si no hubiera mañana. Le respondo con una sonrisa.

Yo estaba en Sudán del Sur cuando la guerra comenzó en diciembre de 2013. Mientras estaba siendo evacuada de Yuba, en el camino hacia el aeropuerto, un joven soldado del Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán (SPLA por su sigla en inglés) en uniforme militar y gafas de sol Ray-Ban rotas, paró nuestro coche en la carretera en un puesto de control improvisado. Parecía estar alimentado por una mezcla de alcohol y alivio de que los combates en Yuba se habían calmado.

Asomó la cabeza por la ventana abierta y nos miró, los extranjeros que parten, a la cara. “¡Vuelvan! ¿Por qué siempre tienen que marcharse?”, dijo, mirando a cada uno de nosotros, a su vez, buscando el contacto recíproco. Sus ojos se encontraron con los míos mientras completaba su inspección. “Te quiero”, dijo. “¡Sigan adelante!”

Esa declaración de amor puso a todos mis anteriores rupturas en perspectiva. Me daba vergüenza salir de Sudán del Sur de esta manera. El viejo cliché de ruptura “no eres tú, soy yo” nunca había sido más apropiado.

La capacidad de recuperación de los sudaneses del sur – su aparente capacidad para adaptarse fácilmente al estrés y la adversidad – es lo que hace que este país siga adelante. Sin embargo, puede ser también algo implacable. Sudán del Sur no es para los débiles de corazón. Hubo muchos días en que Sudán del Sur me resultaba excesivo. Me quedaba de brazos cruzados, resignada y sentía que iba a llorar a la más mínima injusticia. Ha habido días en los que dudaba seriamente de todo el concepto de Sudán del Sur – dudas que, al final, eran menos sobre el país que sobre mi propia capacidad para tratar con él.

“¿Por qué Sudán del Sur?” preguntó un colega antes de irme esta vez. Es cierto, pero también un poco endeble, decir que Sudán del Sur es diferente a cualquier otro lugar. La libertad de expresión se encuentra amenazada, sin embargo sigo encontrando personas que se sublevan y piensan de forma original e innovadora. Personas que se levantan a cada mañana y siguen adelante a pesar de las condiciones más imposibles. En Sudán del Sur, siempre he encontrado personas que anhelan por conversaciones más profundas sobre el espacio entre la vida y la muerte.

Para mí, Sudán del Sur tiene que ver con ellos.

‘Kodyo na…?’ is Kawa, the local language of the areas of Yei and Morobo. It can be translated into ‘What about me?!’ Yei. Photo: Pernille Bærendtsen

En Kakwa, el idioma local en las zonas de Yei y Morobo, “‘Kodyo na …?'” Significa “¿Y yo qué ?! ‘. Foto Pernille Bærendtsen.

Pernille Bærendtsen trabajó en una radio comunitaria en el Sudán del Sur entre julio y setiembre del 2015. Anteriormente trabajó con los refugiados de Sudan del Sur en el norte de Uganda en 2005-2007, y llevó a cabo misiones a corto plazo en el sur de Sudán en 2013 y 2014.

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