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El terremoto de 1985 también causó el “despertar” de la sociedad mexicana

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Fuerzas del orden recorriendo la capital mexicana los días posteriores al terremoto. Foto cortesía de: Unión de Vecinos y Damnificados 19 de septiembre (UVYD-19) usada con autorización

Después del poderoso sismo de 8.1 grados del 19 de septiembre de 1985 y su réplica del día siguiente, quienes vivían en la capital de México crearon espacios auténticamente democráticos y una “insurgencia social” generalizada al tomar en sus manos la ciudad devastada con miles de muertos y millones de dólares en pérdidas.

Esta fuerza después propició varios procesos de organización, de conciencia, de cuestionamiento claves para la caída electoral en la Ciudad de México del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el cual mantuvo su hegemonía en la vida pública del país y su capital durante el siglo XX.

Alejandro Varas, sociólogo miembro de la Unión de Vecinos y Damnificados 19 de septiembre (UVYD-19) relata que lo que más se generó fue “la autoorganización, fruto de autonomía e independencia ante instituciones públicas y privadas”.

Habitantes de diversas colonias, especialmente Tlatelolco, Roma, Centro, Doctores, Morelos, tuvieron que ponerse acuerdo con los vecinos, hacer listas y proveer sus propios servicios de comunicación. Vecinos de colonias no afectadas, estudiantes de las diferentes universidades llegaron en grupos, se convirtieron en rescatistas, organizaron albergues, acopio, distribución de víveres.

“Requieres establecer relaciones con tu entorno para los fines comunes, salvar vidas, rescatar pertenencias, organizar la guardia, se tuvo que levantar y eso lo hicieron los vecinos”, explica.

El cronista Carlos Monsiváis habla de un “despertar” en su libro No sin nosotros: Los días del terremoto (2005):

Ante la ineficacia notable del gobierno de Miguel de la Madrid, paralizado por la tragedia, y ante el miedo de la burocracia, enemiga de las acciones espontáneas, el conjunto de sociedades de la capital se organiza con celeridad, destreza y enjundia multiclasista, y a lo largo de dos semanas un millón de personas (aproximadamente) se afana en la creación de albergues, el aprovisionamiento de víveres y de ropa, la colecta de dinero, la localización de personas, el rescate de muertos y de atrapados entre los escombros, la organización del tránsito, la atención psicológica, la prevención de epidemias, el desalojo de las pirámides de cascajo, la demolición de ruinas que representan un peligro.

En ese año surge la Coordinadora Única de Damnificados, la cual generó propuestas de reconstrucción de la ciudad. También vieron la luz la Coordinadora de Luchas Urbanas (CLU) y la Coordinadora Nacional del Movimiento Urbano Popular (CONAMU). Con estas organizaciones se ampliaron las demandas para los “damnificados de la vida”, como comenzaron a llamar a quienes no tenían hogar y servicios no sólo por el sismo sino por cuestiones económicas.

Con el triunfo de oposición en la capital mediante el Partido de la Revolución Democrática (PRD), muchos integrantes de estas organizaciones entraron al gobierno.

La UVYD-19 surgió el 5 de octubre y realizaba hasta tres asambleas diarias, mañana, tarde y noche. Si alguien se acercaba a ellos alentaban a los vecinos de esa persona a que se organizaran. Meses después, la propuesta de UVYD-19 era que el arte y cultura se podía crear una propuesta que le diera permanencia a las demandas de la población.

“En la organización había gente de todos los partidos. Pero la cosa es que se aprobaba en asamblea y se hacía una comisión a dar informe y la gente aprobaba o no”, recuerda Alejandro Varas.

Destaca también la lucha por los derechos laborales de las costureras de talleres en Lorenzo Boturini y la Colonia Obrera. La escritora mexicana Elena Poniatowska las entrevistó y en su libro Nada, nadie: las voces del temblor (1988), asevera: “el sismo reveló la explotación de las trabajadoras de la costura”.

La escritora entrevistó a sobrevivientes de 800 talleres destruidos y describió cómo los patrones se llevaron antes la maquinaria que a sus 600 compañeras. También retrata la defensa de edificios que querían ser demolidos por el gobierno a la fuerza, del autoritarismo y el cierre de autoridades ante la organización ciudadana, la organización de conciertos (ahí nacieron las bandas musicales Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio), misas, la defensa que hizo el personal y vecinos del Hospital Juárez después de la catástrofe.

Frida Hartz Agresión a las costureras

Enfrentamiento entre fuerzas del orden y costureras en Ciudad de México. Foto: Frida Hartz, cortesía de la Unión de Vecinos y Damnificados 19 de septiembre (UVYD-19) usada con autorización.

Para ese entonces, cuenta Alejandro, “no había ninguna participación ciudadana en el proceso de gobierno”. Ante una emergencia, la interlocución era a través del PRI. Si se quería hablar con alguien era por diputados y secciones del partido y su trabajo territorial. El modelo de participación era la jefatura de manzana. No los elegía la gente, sino los nombraban desde arriba.

Además, la Ciudad de México era la única entidad que no tenía autoridad propia, pues el Jefe de Departamento o Regente (en ese tiempo Ramón Aguirre) era nombrado por el presidente de la república. El regente nombraba a los jefes de las delegaciones. Esto cayó junto con los edificios que se llevó el sismo.

En el documental El terremoto de México (2008) hay entrevistas con diversos personajes que vivieron la tragedia. El periodista Humberto Musacchio dice en el video que en varios días los ciudadanos tuvieron el poder en sus manos, la salud, la organización.

Lo primero que hizo Miguel de la Madrid fue mandar el ejército a las calles, lo cual provocó un gran rechazo en la población. Los soldados no dejaban pasar a los rescatistas. Dijeron que ya no se necesitaba ayuda e intentaron marginar a los ciudadanos de labores de rescate y los albergues.

Manuel Camacho Solís, secretario de Desarrollo Urbano de ese entonces, admite en el video que el presidente estaba preocupado y creía que los damnificados podían tomar los estadios rumbo al mundial de futbol que se proyectaba en la capital en 1986.

Aunque muchos de los cambios que se generaron quedaron en el terreno electoral, Varas insiste en que sobre la ciudad hay dos proyectos; el primero, el del capital inmobiliario internacional y sus obras, y el segundo, el que dejó el movimiento de 1985: “autoorganización y confianza en la gente”.

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