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Carta de Oleg Kashin a los gobernantes de Rusia

Oleg Kashin. Photo: Facebook.

Oleg Kashin. Foto: Facebook. Utilizada con permiso.

En horas tempranas de la mañana del 6 de noviembre de 2010, hace casi cinco años, un grupo de hombres atacaron y casi matan a Oleg Kashin, uno de los periodistas más prestigiosos de Rusia. Le rompieron cada uno de sus dedos y le fracturaron el cráneo con un tubo de acero. Fue hospitalizado en estado de coma, pero no murió.

El mes pasado, el 7 se setiembre de 2015, luego de una sorprendentemente exhaustiva investigación de la policía rusa, Kashin reveló los nombres de sus presuntos atacantes. Los hombres parecen estar vinculados a Andrey Turchak, el poderoso gobernador de Pskov, y son exempleados del departamento de seguridad de “Zaslon”, una compañía de la familia Turchak que diseña y produce componentes electrónicos para aviones y sistemas de puntería para armas. Aunque las pruebas contra Turchak y su séquito se publicaron en la prensa, este continúa en libertad y en pleno ejercicio de su cargo. Ni siquiera ha sido cuestionado.

El sábado 3 de octubre, Kashin publicó una carta abierta dirigida al Presidente Vladimir Putin y al Primer Ministro Dmitry Medvedev, donde expone su caso y la importancia que tiene el abandono del mismo para Rusia como nación. Esa carta aparece aquí abajo, traducida completamente al español.

Estimados Sr. Putin y Sr. Medvedev:

Mis colegas ya les han escrito cartas abiertas sobre mi caso. Ustedes no contestaron (y, lo que es más importante, tampoco su Comité de Investigación), aunque esto, en realidad, tiene sentido: se les pidió que “lo resolvieran,” pero no hay necesidad de tal cosa. Entiendo perfectamente bien que lo “resolvieron” hace mucho tiempo, y desde siempre supieron que fue su pequeño gobernador Turchak quien estuvo detrás de este delito contra mí, el mismo delito del que una vez hablé con uno de ustedes, cuando uno de ustedes me dijo que las cabezas de los responsables rodarían. Pero mi caso se resolvió hace mucho tiempo. Ustedes lo saben, y yo lo sé. Y no veo razón para fingir que el problema aquí es que todavía necesitan “resolverlo”.

Como dije: ya lo han resuelto, y su decisión de no actuar es clara.

Ustedes decidieron estar del lado del gobernador Turchak; le están protegiendo, a él y a su banda de gamberros y asesinos. Tendría sentido para alguien como yo, una víctima de esta banda, estar indignado con todo esto y decirles que es poco honrado e injusto, pero entiendo que tales palabras solo les harían reír. Ustedes tienen el control absoluto y completo sobre la adopción e implementación de las leyes en Rusia, y aún así, siguen viviendo como criminales. Siempre hay algo por encima de la ley. Consideren al Inspector Sotskov, a quien le asignaron mi caso y ahora, obedientemente, lo está haciendo pedazos. Ocupado mientras rescata a Turchak y a su compañero Gorbunov, Sotskov dijo recientemente de forma elegante: Está la ley, pero también está el hombre a cargo, y la voluntad del jefe siempre es más fuerte que cualquier ley. Francamente: tiene razón y esa es la realidad. La voluntad de ustedes en Rusia es más fuerte que cualquier ley, y el simple hecho de obedecer la ley es una fantasía imposible.

Conozco al investigador Sotskov desde hace más de un año. Él y yo pertenecemos a la misma generación. Una vez, fue incluso periodista de Narodnoe Radio. Me resulta fácil imaginármelo en su primer año en la facultad de derecho, estudiando derecho romano, aún lleno de entusiasmo, honradez, y sueños con cambiar el mundo. ¿Y en qué se ha convertido ahora? Es un burócrata aterrorizado, que sueña con mantener su trabajo el tiempo suficiente para tener una pensión, y dispuesto a cometer cualquier falta para conseguirlo, incluso un delito que pueda ponerle tras las rejas. ¿Quiénes le transformaron en esto? Fueron ustedes.

Por alguna razón, sopesamos los últimos quince años de su mandato puramente en términos materialistas. El petróleo cuesta mucho, el dolar vale mucho, el PIB aumentó tanto su porcentaje, etcétera. Pero esto no se trata de petróleo o del PIB. La historia juzgará estos quince años, precisamente, sobre el destino de hombres como Sotskov. Fueron ustedes los que transformaron a este estudiante de primer año entusiasta, alguien que corría desde las clases al estudio para leer las noticias en una estación de radio de la oposición, en un cínico uniformado, que admite abiertamente que la voluntad de sus superiores, sus jefes, es más importante para él (¡un investigador y un funcionario!) que cualquier ley. Y no tengo derecho a juzgarlo. Cuando Sotskov mira a su alrededor, ¿qué es lo que ve? Ve el ejemplo de su colega y amigo, Alexey Serdyukov, el distinguido investigador que no hace mucho tiempo puso tras las rejas al alcalde de Makhachkala, Said Amirov. Antes de atreverse a resolver mi caso, en el que el gobernador Turchak es sospechoso, Serdyukov fue básicamente suspendido.

Su elección entre los Serdyukovs y Sotskovs es una cuestión de principios, por supuesto. Al primero, simplemente no le necesitan, y el segundo constituye su pilar de apoyo de más confianza. Cuanto más flexibles son, más seguro es para ustedes.

Pero no se halaguen: los últimos quince años no han sido un renacimiento para Rusia, y el país no se ha levantado; esta época ha sido una inmensa catástrofe moral para nuestra generación. Y ustedes dos, Sr. Putin y Sr. Medvedev, son personalmente responsables de esto.

En la sociedad rusa de hoy, hasta las preguntas más obvias sobre el bien y el mal se han vuelto imposibles de responder. ¿Está bien robar? ¿Está bien estafar? ¿Es ético el asesinato? Ante cada una de estas preguntas, se ha convertido en una costumbre en Rusia responder que las cosas no son tan simples. Todas sus obras de caridad han dejado a la nación desmoralizada y desorientada. Las mentiras y la hipocresía son útiles herramientas que usan para controlar a las masas, y funcionan para ustedes y les resulta cómodo, pero cada vez que usan estos instrumentos es otro golpe doloroso para la sociedad, y cada golpe puede ser fatal.

Pero ustedes siguen manejando sus problemas sin siquiera darse cuenta que están cavando su propia tumba. “Las cosas no son tan simples”, es lo que la multitud enfurecida les dirá al unísono, cuando llegue el momento en el que tengan que huir. Intuyo que le temen a esta multitud, pero solo recuerden que fueron ustedes quienes la crearon, y no tienen a nadie a quien culpar sino a ustedes mismos. Para ustedes, es un acto de gran valor decir, “¡No fui yo!” aun cuando les agarran con las manos en la masa. Con estos antecedentes, ¿realmente esperan ser recordados como verdaderos héroes?

Habiéndose aislado ustedes y su élite de la sociedad, también se han aislado de la realidad. Hay un muro que les separa a ustedes del resto de nosotros, y todos los de nuestro lado se estremecen cada vez que uno de sus matones decide hacerse el intelectual subiéndose a un podio y hablando sobre cómo la población es controlada por chips de ordenadores, sobre la “conspiración Euro-Atlántica”, o sobre cómo los norteamericanos están militarizando la investigación celular.

Incluso aún nos sorprendemos cuando escuchamos estas cosas. En su aislamiento, por otro lado, este tipo de cosas es todo lo que escuchan, y es lo único en que creen. Sus supersticiones y su misticismo, su visión del mundo que procede de esas teorías de conspiración samizdat de los 80 sobre masones, y su seudo iglesia ortodoxa rusa (que hubiese horrorizado a Cristo), hace mucho tiempo que les convirtieron en una secta totalitaria. Lo más importante, es que este sectarismo se fundió y se multiplicó con su vieja amiga, la ética criminal que gobernó San Petersburgo en los 90. Es precisamente esta combinación de sectarismo e ideas mafiosas sobre la nobleza de la lealtad absoluta lo que hizo que eligiesen a Turchak, a la hora de elegir entre él y la ley.

¡Si Turchak fuese el único! Este año también tuvimos que aprender el nombre “Ruslan Geremeev”, [de quien se sospecha que jugó un papel principal en el asesinato de Boris Nemtsov]. Aprendimos este nombre gracias a ustedes, porque gracias a ustedes lo más lejos que llegarán hombres como él a ser procesados, es a ver rumores de “fuentes anónimas” en los periódicos acerca de su culpabilidad. ¿Cargos criminales? Sigan soñando.

Hoy es común decir que Chechenia pertenece a Ramzan Kadyrov, pero en realidad les pertenece a ustedes. Ustedes la crearon, y, para ustedes, es el ejemplo perfecto de la Rusia que quieren gobernar. El resto del país solo puede esperar ponerse al día, y eso es lo que Turchak Pskov (quien, nuevamente, en realidad les pertenece a ustedes – no a él mismo) trata de hacer.

Ustedes detuvieron a toda la élite gobernante de la República de Komi, y actúan como si tener a una banda en la cima del gobierno fuese una anomalía. Pero saben perfectamente bien que Vyacheslav Gayzer era un gobernador perfectamente normal, y que Komi es una región perfectamente normal, al igual que Kushchevskaya [una ciudad de la mafia donde tuvo lugar una masacre en 2010] era una ciudad normal y no una anomalía. Ustedes heredaron Rusia con la palabra “federación” adjunta al nombre de su gobierno, y en qué maravillosa federación se convirtió, basada exclusivamente en el principio de la lealtad personal, con ustedes regalando regiones enteras a amigos, a los hijos de sus amigos, o incluso a gamberros aleatorios.

Cuando comenzó el asunto entre Turchak y yo, en nuestro breve intercambio en la red, dije que su nombramiento como gobernador era un insulto al federalismo, pero no me expresé del todo bien. Hoy en Rusia, todo lo que se llama formalmente federalismo es un insulto a los ciudadanos, a la ley, y al sentido común básico. Esto, también es parte de sus logros personales y de nadie más.

Quienquiera que los suceda va a tener que reconstruir Rusia de cero. Este es su único servicio a la historia, lo que les llevó quince años conseguir. Su justificación preferida para todo esto (la única, no hay otras) son los problemas de los 90, pero es importante entender que ustedes preservaron y fortalecieron todo acerca de este período que odiamos hoy. No solucionaron nada. Solo empeoraron las cosas.

Les gusta imaginarse como los herederos de dos imperios, el zarista y el soviético. Pero los zares enviaban a los criminales a la horca; no les acomodaban en el gobierno. Se enorgullecen de su militarismo neo-soviético, pero si alguien le hubiese dicho a Dmitriy Ustinov, quien creó el complejo industrial-militar de la URSS, que un hombre fue golpeado con tubos de acero y que esto pasó por contabilidad como un proyecto de defensa oficial, pagado con fondos del estado, Ustinov hubiese pensado que estaba escuchando un chiste anti-soviético desagradable. Veteranos de la fábrica de Turchak me contaron que, hace veinte años, el joven futuro gobernador solía pasear por los parques en un Volga negro, disparando con una pistola a los gatos abandonados. El retrato de su época y sus élites estará lleno de detalles como este, y no tienen razones para esperar algo más.

Su mayor problema es que simplemente no aman a Rusia. La tratan como otro recurso desechable que les cayó del cielo. Y sepan que, les digan lo que les digan sus confesores, Dios no les va a perdonar por esto.

En los últimos días, escuché muchas veces que todo el revuelo alrededor de mi caso se está levantando gracias a una guerra entre las facciones que les rodean. Esta es otra característica del sistema que impusieron: nada pasa porque sí, siempre hay alguien detrás, y en todos lados hay conspiraciones. Como participante de esta supuesta conspiración, puedo decir que un enfrentamiento entre las facciones es por supuesto violento, pero el objetivo que comparten todas las facciones es salvar a su Gobernador Turchak y a sus socios de una acusación criminal. Sospecho que esta batalla está ganada. Puedo ver perfectamente bien que lo peor a lo que se enfrenta ahora Turchak es a una renuncia silenciosa, mucho tiempo después de cualquier avance en mi caso. Esta es la única justicia que los ciudadanos pueden esperar, y significa que su sistema no es capaz de brindar ningún tipo de justicia en absoluto.

Hagan lo que quieran, pero me pregunto cuán cómoda puede ser la vida, cuando saben que no podrán contar con la justicia o la ley, tarde o temprano.

Oleg Kashin

Este texto fue traducido del ruso al inglés por Kevin Rothrock. El texto original en ruso puede encontrarse en Kashin.guru aquí.

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