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Por qué las jóvenes norcoreanas se están atreviendo a vestir jeans ajustados

24-year old North Korean refugee Danbi was a smuggler in North Korea's black markets.  Here she gives us a tour of a market in South Korea, which reminds her of the markets in the North. Credit: Heidi Shin. Used with PRI's permission

La refugiada norcoreana de 24 años Danbi fue contrabandista en los mercados negros de Corea del Norte. Aquí nos ofrece un recorrido por un mercado en Corea del Sur, que le recuerda a los mercados en el norte. Crédito: Heidi Shin. Usada con autorización de PRI.

Este artículo e informe de radio de Heidi Shin para The World apareció originalmente en PRI.org el 29 de setiembre de 2015, y se republica aquí como parte de un acuerdo de intercambio de contenidos.

¿Vestirías jeans ajustados si fuesen ilegales? Por lo que resulta, la respuesta es sí, al menos para una joven norcoreana.

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Danbi y yo estamos echando una ojeada en un mercado surcoreano, cuando ella se para para admirar un par de pantalones ajustados. “¡A las chicas en casa les encanta esto!,” declara. Por casa se refiere a una ciudad en la remota Corea del Norte.

Acomoda su cabello dramáticamente, y se ríe efusivamente mientras se prueba una centelleante horquilla para el pelo. Recuerda: “Todas queríamos poder recorrer los dedos por nuestro pelo así. Como vimos en un programa de televisión surcoreano. Pero no podíamos. Porque no teníamos suficiente champú en Corea del Norte, ¡así que los dedos se te quedaban atrapados!”

Danbi es una refugiada norcoreana de 24 años, que pinta una imagen del régimen totalitario que es bastante diferente de la que estamos acostumbrados a ver, pero que tiene el apoyo de otros desertores y de quienes trabajan con norcoreanos. Sí, el país está plagado de abusos de los derechos humanos y miseria absoluta. Pero Danbi, que tomó su nuevo nombre después de huir, es de una ciudad cercana a la frontera china —que se ha vuelto sorprendentemente porosa, así que creció en esta nación presuntamente cerrada con una ventana al mundo exterior.

Dice que compraba en mercados negros de artículos extranjeros de contrabando y veía programas de televisión estadounidenses y surcoreanos, a través de memorias USB de contrabando, desde que era niña. Así que para cuando entró en la escuela secundaria, Danbi dice que dudó de la veracidad de lo que aprendió en el colegio —que no se puede confiar en los estadounidenses y que los surcoreanos son pobres.

A police officer browses a South Korean market.  Danbi says many of the goods sold here can also be found in North Korean markets.   Credit: Heidi Shin. Used with PRI's permission

Un oficial de policía recorre un mercado surcoreano. Danbi dice que muchos de los artículos que se venden aquí también se pueden encontrar en mercados norcoreanos. Crédito: Heidi Shin. Usada con autorización de PRI.

Así que empezó a faltar a clases y a pasar de contrabando artículos a través de la ahora porosa frontera. Vendía setas norcoreanas a comerciantes chinos, y volvía con cajas de arroz, harina y otros artículos.

En ese momento Danbi era probablemente mucho más atrevida y emprendedora que los adolescentes norcoreanos promedio. Pero es parte de la generación norcoreana de millennials, que eran niños durante la devastadora hambruna del país en los 90. Así que los jóvenes como Danbi no contaron con que los dictadores del país les mantuviesen como hicieron sus padres, ni respetaban las reglas del gobierno.

Aparte de esto, ella es segura de sí misma y serena, pero levanta la voz repentinamente cuando se le pregunta por la dirección del país: “Vemos sus grandes barrigas, mientras los demás tenemos hambre. Sabemos que no es justo”, dice bruscamente, su inflexión deslizándose a un acento norcoreano.

North Korean refugee Danbi in her South Korean apartment, getting ready to go out.  In North Korea, youth informants patrol the streets, to report young people who violate the country's dress codes.  Jeans, which are popular in South Korea, were seen as a symbol of American imperialism in the North.   Credit: Heidi Shin. Used with PRI's permission

La refugiada norcoreana Danbi en su apartamento surcoreano, preparándose para salir. En Corea del Norte, jóvenes informantes patrullan las calles para denunciar a los jóvenes que violan los códigos de vestimenta del país. Los jeans, populares en Corea del Sur, fueron vistos como un símbolo del imperialismo estadounidense en el Norte. Crédito: Heidi Shin. Usada con autorización de PRI.

Me impresiona cuánto se parece Danbi a una adolescente estadounidense. Cuestiona a la autoridad y se jacta de eludir los códigos de vestimenta como adolescente en Corea del Norte. Me habla de la vez en que la atraparon jóvenes informantes por vestir ropa ceñida a sus formas, que había entrado de contrabando del sur.

“Trazan una línea en la calle, y te hacen parar ahí, mientras rompen tu ropa a la vez que la gente pasa caminando. Para que sirvas de ejemplo”, explica. Los jeans eran vistos como un símbolo del imperialismo estadounidense —y a las chicas a las que atrapaban vistiéndolos, se los perforaban para que no los pudieran volver a usar. También te cortaban el pelo en el acto si era muy largo, dice.

Danbi agrega que si te atrapan cinco o seis veces, te envían a hacer trabajos forzados, a menos que tengas los contactos y recursos para pagar un soborno.

“En Corea del Norte, ahora son muchas las cosas que se pueden resolver si tienes suficiente dinero,” insiste. “Dependemos de los mercados negros para sobrevivir. Todo el trabajo, contrabando de artículos, venta de artículos, hacer que los funcionarios vuelvan la espalda, todo se hace por medio de dinero”.

24-year old North Korean refugee Danbi swipes through photos on her mobile phone.  She has no contact with family back home, she says.  But some North Korean refugees continue to communicate with their families in the North, via care packages and smuggled Chinese cell phones.   Credit: Heidi Shin. Used with PRI's permission

Danbi, refugiada norcoreana de 24 años, recorre fotos en su teléfono móvil. No tiene contacto con su familia en casa, dice. Pero algunos refugiados norcoreanos siguen comunicándose con sus familias en el norte, por medio de paquetes y móviles chinos de contrabando. Crédito: Heidi Shin. Usada con autorización de PRI.

La mayoría de norcoreanos aún viven en la pobreza extrema. La electricidad se limita a unas pocas horas al día, la comida y el agua corriente pueden ser escasas, y la amenaza diaria de campos de trabajo forzado —o incluso castigos más duros— es real. Pero Danbi vio la diferencia que hay en tener acceso al mundo exterior.

Recuerda: “Teníamos vecinos con parientes en el sur, y de repente les empezó a ir mucho mejor, pues su familia empezó a enviar dinero. En un punto, mi madre incluso bromeó: por qué no desapareces y nos envías dinero también”.

Según la ONG Libertad en Corea del Norte, los refugiados norcoreanos envían rutinariamente dinero a Corea del Norte cada año. Se dice que los que se lo pueden permitir también se comunican con su familia con frecuencia, por medio de paquetes o móviles de contrabando.

Danbi escapó a Corea del Sur hace cuatro años —luego de saber que el gobierno norcoreano la estaba investigando, y no le fue posible librarse con un soborno. Ahora está casada con un surcoreano, y dice que lo que más extraña de Corea del Norte —es trabajar en los mercados negros, y la familia que dejó atrás.

1 Comentario

  • Muy interesante el articulo. Si todos los jóvenes fuesen como ella, en poco tiempo Corea del Norte seria diferente, no tengo dudas. Pero el lavado de cerebro sigue siendo muy grande entre los niños.

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