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¿Cuándo fue tu primera experiencia de acoso sexual? Brasileñas reaccionan a la violencia en internet

Imagén: Victor Teixeira/Facebook

Imagen Victor Teixeira/Facebook. Usada con permiso.

Una mujer enfrenta, en promedio, el primer acoso sexual a sus 9 años, reveló el grupo de comunicadoras ThinkOlga en Brasil a partir de un debate digital en Twitter. Las activistas convocaron más de 80 mil minirelatos en formato de tuit.

Todo comenzó con el programa Masterchef Junior, la versión del concurso televisivo para cocineros con edad entre 9 y 13 años. Con niñas y niños destacados en la alquimia de sabores compitiendo con recetas en vivo, las redes sociales interactuaron con el programa con creativos memes, pero también con bromas y burlas hacia los participantes. En este ecosistema de medios en el que los comentarios van desde una ironía a la violencia, el sexismo, o contenidos pedófilos, el programa de cocina generó repercusiones virulentas.

Valentina, de 12 años, una de las participantes del programa en que los niños juegan a ser maestros de cocina con precisión (y presión) de adultos, llamó la atención a causa de su destreza en el arte de la gastronomía. Sin embargo, algunos tuiteros desviaron por completo el asunto del programa televisivo y comenzaron a publicar sin tapujos comentarios sexistas y pedófilos sobre la niña. “Ella tiene el cabello liso y rubio, y los ojos claros. Si tuviera consenso ¿sería pedofilia?”, disparó uno desde Twitter. “Esa Valentina con 14 años va a convertirse en aquellas secretarias de películas porno”, dijo otro.

Las redes sociales cada vez más actúan como caja de resonancia de los discursos de odio. Sin embargo, este fenómeno en aumento está siendo contrarrestado por respuestas creativas, irreverentes y organizadas de grupos de mujeres que también están activas en internet. Bastó un parpadeo para que una red de mujeres blogueras, tuiteras y facebookeras nucleadas en torno al colectivo de comunicación ThinkOlga se organizaran bajo el hashtag: #PrimerAsedio (primer acoso).

“Creamos el hashtag #primeiroassedio en Twitter. Allí, yo Juliana (autora de ThinkOlga), compartí mi primer acoso, a los 11 años, y sobre otros casos que ocurrieron aún en la infancia, pre-adolescencia y adolescencia. Convidamos a nuestras lectoras a hacer lo mismo. No es una misión simple, indolora, fácil. Apoderarse de la propia historia es importante, de forma que la víctima así se reconoce como víctima. No es victimismo. Este es el primero y mas importante paso al cambio”, señalan desde el sitio web.

A partir del tuitazo emergieron, durante el 25 de octubre, más de 82 mil réplicas entre tuits e retuits. Las activistas analizaron una fracción de 3,111 historias compartidas en Twitter y constataron que la edad media denunciada del primero acoso es de 9,7 años. A continuación una pequeña muestra:

Con 15 años mi profesor de historia me siguió en el carro y me “convidó” a entrar. Después de ignorarlo reprobé la materia

@moharamv: Mi fue a los 7. Mi tío abuelo decidió deslizar su mano dentro de mi blusa. Por mucho tiempo creí que era cómo los ancianos se despedían

@amandassfair 9 años. Un hombre intentó agarrarme a la fuerza en frente de la antigua casa de mi prima. Hasta hoy no paso por la calle donde ocurrió.

Así como las historias iban emergiendo y distribuyéndose en Twitter, Facebook y blogs, también aparecieron otra vez los trolls. Justificaron que se violara a una mujer por la forma en que se ve, usaron el físico de las mujeres para atacarlas (“gorda”, “fea”, “vestida como puta”) y descartaron los testimonios como mentiras.

Más allá de los ataques, Louise Bello de Think Olga habló sobre el contra-discurso que lograron potenciar:

Fue increíble, poderoso e inspirador observar la fuerza que tenemos, juntas, de denunciar esse tipo de violencia y como eso da el coraje de simplemente compartir nuestras historias. Nuestra intención es solamente empoderar a las mujeres. Son ellas las que merecen atención, espacio y voz en todo ese movimiento. La campaña sufrió ataques, si, como era de esperar cuando mujeres denuncian machismo en internet. Pero eso no nos desenfocó ni disminuyó la fuerza de la campaña.

La violencia en internet también es real

Los diferentes usos de la web y en particular de las redes sociales, en retroalimentación con la tele o la radio, invocan usos que pueden hacernos crecer y reflexionar sobre la violencia tanto en las plataformas virtuales como en las calles. En las redes se refractan muchas voces desatadas de los cibernautas sin filtro. Ha llegado la hora de pensar cómo los ataques y la agresión en internet provoca daños reales.

En Brasil la apología al crimen de violación está prevista por el Código Penal Brasilero en el Art. 213. Así como en el artículo 241-D del Estatuto del niño/a y del adolescente, atraer, asediar, instigar o constreñir, por cualquier medio de comunicación, niños/as, con el fin de practicar con ella un acto libidinoso deriva en pena de uno a tres años de reclusión más multa.

Si bien varios de los agresores borraron sus cuentas de Twitter, las capturas con los mensajes se viralizaron por la red y funcionan como testimonio. En este contexto y según la ley de Marco Civil de Internet, los intermediarios no son obligados a contar con conocimiento previo de las publicaciones de los usuarios. Pero en caso de ser recibir notificaciones por algún tipo de abuso, deben retirar el contenido del aire, bajo pena de ser considerados corresponsables.

Si el abuso fuera notificado a Twitter por el Ministerio Público, sería requerido revelar la privacidad del perpetrador. En Brasil, esta información sería pública. “Con esta información, los padres también pueden abrir una demanda civil en contra de ellos por daños y perjuicios”, señaló  Ricardo de Moraes Cabezon, especialista en Derecho infanto-juvenil al portal de noticias Uol.

Esta campaña ha ayudado a visibilizar cómo la violencia en línea está ligada a las agresiones en los espacios físicos. Esto es esencial a la hora de dar seguimiento a las consecuencias de la violencia en línea contra mujeres y otros grupos vulnerables como colectivos LGBTIQ, niñas y niños, o personas con capacidades diferentes. Urge alfabetizarnos digitalmente. Aprender que en los nuevos medios nuestros trinos se convierten en gritos. Las expresiones que lanzamos pueden herir. Pero si usamos estos espacios con ética y respeto crearemos al fin comunidades menos violentas.

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