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No me arrepiento de nada: Odiado expresidente de Kirguistán no pide perdón en nuevo libro

Kyrgyzstan's Ex-President Kurmanbek Bakiyev. Wikipedia image.

Kurmanbek Bakiyev, expresidente de Kirguistán. Imagen de Wikipedia.

Kurmanbek Bakiyev, el segundo de dos presidentes exiliados de Kirguistán, ha lanzado un nuevo libro. Ahí se absuelve de culpa por un mandato impregnado de corrupción y sangrienta violencia política que resultó en la muerte de más de 500 personas.

Aida Kasymalieva, destacada periodista de este país de Asia Central, escribió el 4 de noviembre una respuesta al libro Dolor, amor y esperanza: Mi Kirguistán en forma de un blog en el importante portal de noticias Akipress. En su respuesta, recuerda que en 2011 entrevistó Askar Akayev, el primer presidente fugitivo del país y predecesor de Bakiyev.

Akayev, exfísico que tomó el control del país después de la independencia, fue derrocado en la revolución del ‘Tulipán’ de Kirguistán en 2005 y comparte con Bakiyev la falta de arrepentimiento:

В 2011 году, работая в Москве корреспондентом радио «Азаттык», я готовилась к интервью с экс-президентом Кыргызстана Аскаром Акаевым и очень волновалась. Мне казалось, что это будет памятное интервью в моей карьере и жизни. Хотя я задавала вопросы и записывала интервью по телефону, мы проговорили больше часа. Раз за разом, с упрямством и дерзостью, свойственных молодости, я повторяла один свой вопрос – не желает ли он попросить прощения у кыргызского народа?

Вместо этого Аскар Акаев обвинял кого только мог вспомнить, но не себя. Я тогда поразилась человеческой сущности – как можно не осознавать вины и просто попросить прощения. Пендечилик, говорят кыргызы, что переводится, как человеческая слабость. Теперь же очередное ежегодное интервью Аскара Акаева я даже не читаю – что он интересного или нового может сказать нам, не покаявшись?

En 2011, mientras trabajaba en Moscú como corresponsal de radio “Azattyk” [servicio kirguiso de RFE/RL, auspiciada por el Departamento de Estado], me preparaba nerviosamente para una entrevista con el expresidente de Kirguistán, Askar Akayev. Me parecía que sería una de las entrevistas más memorables de mi carrera y mi vida […]. Hablamos durante más de una hora. De rato en rato, con la tozudez e imprudencia de la juventud, repetía mi única pregunta — ¿querría pedirle perdón al pueblo kirguiso? En cambio, Askar Akayev acusó a todo cuyo nombre pudo recordar, pero no a él.

Me afectó el ego humano — ¿cómo puede evadir los sentimientos de culpa y no simplemente pedir perdón? Pendechilik es una palabra kirguisa que se traduce como debilidad humana. Ahora cuando aparecen en las noticias entrevistas anuales frecuentes con Askar Akayev, yo ni las leo. ¿Qué puede decir que sea interesante o nuevo si sigue sin arrepentirse?

El régimen de Akayev también se vio empañado por sobornos, nepotismo y sangre, sobre todo cuando seis personas murieron en un enfrentamiento entre manifestantes y la policía en 2002. Pero su violencia palidece en comparación con la de Bakiyev, a quien se atribuye haber enviado por correo la oreja cortada de un ex jefe de gabinete que luego fue asesinado por partidarios.

Pero la autodescripción de Bakiyev es bastante diferente en las primeras líneas de su libro, donde escribe que sueña con “cumbres coronadas de nieve, claros lagos en montañas, el cosquilleo del olor del césped de primavera y la primera lluvia, la sorprendente visión de los brillantes glaciares eternos”. La verdad, escribe, en un guiño al legado nómade del país, es “amarga como el humo de la hoguera de un pastor”.

Como anotó Kasymalieva en una reciente publicación en Facebook, Bakiyev debería haber pasado algo de tiempo reflexionando sobre los males de sus parientes cercanos, como su hermano mayor Janysh, que supervisó los servicios de seguridad que abrieron fuego contra los manifestantes en 2010, o su hijo Maxim, que supuestamente adquirió enormes sectores de una economía en apuros.

En cambio, toma el camino de la autojustificación, y sostiene que el “mayor error” de su carrera fue designar en 2007 como primer ministro a Almazbek Atambayev, actual presidente del país, a quien describe como perezoso e inclinado al trago.

Concluye que su destitución, en el 2010, fue auspiciada por una “tercera fuerza” a la que nunca nombra explicítamente.

Kasymalieva redondea su artículo con el deseo de que el actual presidente y los futuros presidentes del país no pasen su retiro en el extranjero escribiendo diatribas sobre antiguos rivales políticos, y que sigan el ejemplo del tercer presidente, Roza Otunbayeva, que entregó el poder pacífica y voluntariamente:

Давайте молиться, те, которые на берегу, и смотрят на изгнанную лодку, чтобы мы всегда впредь гордились нашими президентами. И настоящими, и особенно бывшими. Чтобы не было столько тонн горечи в книгах экс-президентов. Чтобы они на пенсии гуляли по бульвару Эркиндик, а молодое поколение стояло в очереди к ним за селфи. Чтобы к катающейся на коньках Розе Исаковне присоединился катающийся на лыжах Алмазбек Шаршенович.

Это же выполнимо?

Que los que hemos quedado detrás en esta costa, mirando el bote del fugitivo, recemos para que estamos siempre orgullosos de nuestros presidentes en el futuro, presentes y pasados. [Recemos] para que no haya tantas toneladas de amargura en los libros de los expresidentes. Que caminen como pensionistas por el boulevard Erkindik, y que los más jóvenes formen una fila para tomarse selfies con ellos. Para que a nuestro ecuestre Roza Otunbayeva se le una [el cuarto presidente] Almazbek Atambayev en esquíes.

¿Es eso realista?

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