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La Santería: una de las tradiciones cubanas que transciende fronteras

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Foto tomada de Bamborina.com. Reproducida con autorización.

*Este artículo es parte de una serie sobre expresiones musicales y danzarias cubanas, y forma parte también de otra serie sobre las herencias africanas en América Latina.

La migración de personas cubanas a otros países ha propiciado la expansión de las tradiciones cubanas culturales, religiosas, y culinarias, entre muchas otras, más allá de las fronteras de la isla.

De manera similar, cada día es más usual que personas nacidas fuera de Cuba, y no solo descendientes de cubanos sino también de otras nacionalidades, practiquen la Regla de Osha-Ifa o Santería. La Santería es una religión afrocubana de trascendencia no solo espiritual, sino además portadora de tradiciones y costumbres importantes en la identidad nacional. 

Con la intención de conocer sobre la práctica de las religiones afrocubanas por un ciudadano no cubano, entrevistamos a Stefano Malpassi, de 50 años, quien ha analizado tanto el mito religioso como las redes de tránsito de dichas prácticas religiosas.

Global Voices (GV): Para comenzar, ¿Quién es Stefano? ¿Cómo  y cuándo llegaste a la religión afrocubana?

Stefano Malpassi (SM): Soy un italiano anarquista residente en Cesena en el norte de Italia.

Llegué por primera vez a Cuba en 1992. Mi interés hacia la Isla consistía en querer buscar testimonios de la presencia indígena nativa. El contexto fue la celebración de los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a las que sucesivamente se llamarían las Américas. Sin embargo, regresé a Italia con un interés hacia la presencia africana en la mayor de las islas caribeñas.

El paso que me llevaría desde descubrir hasta abrazar y practicar sus cultos ceremoniales no fue automático pero posible. Entender la “religión” no significa solamente conocer cómo se efectúa una determinada ceremonia, cantar, asumir consejos como dogmas inviolables.

Por esto me rodeo de libros de filosofía, historia, ciencias humanas. No se puede comprender la Santería cubana sin una memoria histórico-cultural que nos lleve a las orígenes y al estudio de la diáspora. Hace falta también abrirse al conocimiento de tantas contaminaciones que nos han llevado a lo que identificamos genéricamente como Santería.

GV: Dentro de las religiones de origen africano: ¿Cuáles practicas: Regla de Osha, Vudú, Palo Monte

SM: Practicar es un término bastante genérico en mi caso, ya que vivo mi búsqueda espiritual en función de mi “ser” parte de la humanidad y del cosmos pero practico casi exclusivamente en el contexto familiar. La base conceptual es muy variada. Sin embargo, espero poder profundizar mis ideas a lo largo de esta conversación.

Fui consagrado, a partir de 1994, en el Palo Monte, sucesivamente en la Regla de Ocha, hasta llegar a Ifa.  Mi “ángel de la guarda” es Obatala, o mejor dicho Obatala Ayaguna, mi madre es Ochun Ebu Ana. Mi nombre en Ocha es Acara.

GV: Me decías que tus prácticas tienen lugar sólo en el medio familiar. ¿Por qué?

SM: Sí, es una visión personal sobre cómo entender mi búsqueda y mi necesidad espiritual.

Mi esposa también (que es cubana y que conocí en un momento de gran agitación social en La Habana, en ese agosto de 1994 que terminó en los disturbios del Maleconazo y en un imponente éxodo de balseros) y nuestros hijos han recibido consagraciones en el ámbito afrocubano.

En el intento de construir culturalmente y científicamente (antropológicamente) mi “identidad” en el mundo de los cultos afrocubanos, traté desde el primer momento de afrontar la cuestión de la utilización (también mercantil) y de las distintas sensibilidades del hombre hacia la religión.

[…] La decisión de practicar en el entorno familiar es consecuencia de asociar la emancipación y libertad del individuo a la religión. Comparto libremente en mi microsociedad (la familia) y en la más amplia comunidad “religiosa” (familia ampliada y otros familiares y conocidos). La puerta de mi casa está abierta en sentido solidario y mutualista, construyo y emancipo mis ideas a través de mi acción directa, no delegándola para mejores tiempos […]

GV: ¿Y acerca del comercio dentro de la Regla de Osha, que implica tanto el pago por recibir “lo sagrado” como la compra-venta de los materiales que se necesitan, y de las redes de tráfico, intercambio, etc…?

SM: En este sentido, nace también mi relación crítica con el sentido común de cómo se practica la religión. En particular, conocemos muy bien el aspecto mercantil (complejo y difundido, ¡ay de mí!) provocado por la comercialización de -y dentro de- los cultos afrocubanos.

Te pongo un ejemplo: En mi búsqueda “científica” sobre los Oddun de Ifa, no he encontrado ninguna referencia a cómo se debería calcular (y por qué hay que hacerlo) el pago en dinero de una prestación “santera”, impuesta por “castas” de “profesionales de la religión” autodenominados, ya que basadas en una conformación jerárquica y por ende piramidal de la comunidad religiosa.

Si yo (no cubano), mi esposa (cubana residente en el extranjero), mi cuñado (cubano residente en Cuba) nos acercáramos a este mundo, las castas de profesionales de la religión, a igualdad de prestación, nos presentarían tarifas diferentes.

Tan solo las exigencias en el contexto de los ceremoniales (la merienda, el almuerzo, las herramientas de cada Santo) tendrían tarifas diferentes: del café Cubita al de la libreta, del ron de exportación al de moneda nacional…, hasta la ropa o el transporte puede llevarnos en el mercantilismo de la práctica de la religión.

Y podemos ir más allá…

[…] Lo que representa la religión en la conformación y desarrollo de la economía: producción de flores, velas, terracotas y porcelanas, objetos de varios tipo para ceremonias y sincretismos, la cría de animales para un exclusivo uso religioso o la incidencia de los ingredientes para uso alimentario. Relaciones directas con el extranjero para la compra de lo que en Cuba no se encuentra o produce. Como todo esto conforma una concreta conformación socio-económica: trabajadores que producen, mediadores y transportadores, comerciales, funcionarios estatales que exigen impuestos y seguros que averiguan el respeto de las leyes. Cerramos el círculo con el condicionamiento de la conciencia a través del debate y la difusión del material hacia una utilización “condicionada” de la religión, también a través de las instituciones reconocidas como “lugares” de la cultura religiosa.

Si la religión se promueve también como respuesta a una necesidad de salud, contra una enfermedad, ¿qué tiene que ver la respuesta mercantil? Hipócrates se estaría reventando en su tumba.

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