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Cómo han cambiado las percepciones populares sobre el cambio climático desde las conversaciones de Copenhague

Since the Copenhagen negotiations, the global population has passed 7 billion people. Photo by Flickr user James Cridland. CC-BY-NC-SA 2.0

Desde las negociaciones de Copenhague, la población mundial ha sobrepasado los 7 mil millones de personas. Foto del usuario de Flickr James Cridland. CC-BY-NC-SA 2.0.

Las conversaciones de París que comienzan el 30 de noviembre, marcan las negociaciones más importantes sobre cambio climático desde la 15a reunión de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Copenhague, en el 2009 (COP 15). El mundo ha cambiado significativamente desde entonces. La primera parte de esta publicación examinó los desarrollos claves en ciencia y las tendencias en emisiones. La segunda parte, líneas abajo, examina cómo la política y actitudes han cambiado en los últimos seis años. 

Ambas partes fueron escritas por Fiona Harvey y publicadas originalmente en Ensia.com, una revista que resalta soluciones en acción sobre temas ambientales internacionales.

El mundo ha cambiado políticamente desde las conversaciones de Copenhague. La señal más clara se produjo en el anuncio conjunto al final del año pasado del compromiso sobre emisiones de gases que provocan el efecto invernadero, por parte de Estados Unidos y China, los más grandes emisores del mundo. Estados Unidos reducirá sus emisiones entre 26 y 28 por ciento para el 2025, mientras que China tiene como objetivo fijar un máximo de sus emisiones para el 2030.

Este desarrollo marca una diferencia clara con Copenhague: La voluntad de China de compartir escenario con Estados Unidos y de hablar sobre un año pico anuncia un progreso importante hacia conseguir un acuerdo.

En economía, también, hemos visto más estudios que sostienen que abordar el tema del cambio climático puede ser un boom para las economías y muestran cómo lograr los cambios necesarios para permanecer dentro del balance de carbono mientras disfrutan los frutos de la prosperidad. El Proyecto de Nueva Economía Climática, dirigido por Felipe Calderon, ex presidente de México, ha sido un aliciente clave en este debate. El financiamiento climático — la asistencia provista por los países ricos a los pobres para ayudarlos a reducir las emisiones y adaptarse a los efectos del cambio climático — también ha aumentado, con los bancos de desarrollo asumiendo un rol principal y obteniendo fondos del sector privado.

Las empresas están tomando nota, y muchas de ellas se preparan a anunciar nuevas iniciativas climáticas antes de París. La industria de seguros, que aplica una visión de riesgos a largo plazo, ha estado presionando para que se actúe. Recientemente, seis grandes empresas europeas de petróleo y gas ofrecieron colaborar en el precio del carbono. Mientras que algunos sostienen que estas empresas pueden tener otros motivos diferentes a la preocupación por los pobres del mundo ante el calentamiento global, las acciones que ellos realicen pueden ser importantes.

La presión popular está creciendo

Otras señales positivas en el último año han incluido mitines masivos, tales como la Marcha Popular por el Clima, del año pasado en Nueva York, y el creciente movimiento que exhorta a las personas, instituciones y empresas a desligarse de los combustibles fósiles. Es probable que este movimiento tome mayor velocidad antes de la reunión de París.

Figuras públicas prominentes también han estado jugando un rol cada vez mayor, siendo la intervención más significativa, la encíclica lanzada por el Papa Francisco en la primavera, la cual resalta la dimensión moral de abordar el cambio climático. El paso atrajo aplausos pero también críticas de algunos escépticos del clima quienes acusaron al Papa de interferir con un asunto científico.

Más aún, este otoño, como avance a las conversaciones de París, las Naciones Unidas y los gobiernos mundiales están preparando fijar Metas de Desarrollo Sostenible (SDG) para reemplazar a los Objetivos de Desarrollo del Milenio que expiraron este año. Las SDG tendrán al cambio climático no como un complemento, sino como un tema principal, dados sus extensos efectos en temas que van desde la escasez de agua hasta la productividad de la agricultura, igualdad de género y migración humana. Los esfuerzos de las SDG, que son vistos como cruciales por los expertos en desarrollo, tendrán un efecto positivo en la batalla contra el cambio climático.

Percepciones preocupantes del cambio climático

Mientras que muchos de los desarrollos en los seis años pasados parecen traer buenos presagios para París, también se han desarrollado una serie de percepciones que ponen en peligro tanto el acuerdo y nuestra habilidad de enfrentar el cambio climático.

Lo más importante es que Copenhague, en sí, fue ampliamente pintada como un fracaso total, a pesar del avance que se alcanzó ahi. Las conversaciones nunca lograron despojarse del velo de negatividad, y esto determina que mucho esté en juego en París. Si la COP 21 fracasa, es difícil ver como el proceso de las Naciones Unidas pueda renquear hacia adelante.

La percepción de una pausa en el calentamiento global es otro problema serio, porque ha permitido que los escépticos del clima sostengan que el calentamiento no está ocurriendo o está desarrollándose tan lentamente que no vale la pena ocuparse de ello. Esto se ha convertido en moneda común para muchas personas. Los científicos tienen claro que este análisis no es preciso: el mundo aún está calentándose, y hay buenas razones para pensar que la pequeña caída en el aumento de las temperaturas es temporal, probablemente causada por la absorción del calor por los océanos.

La oscura sombra del carbono

Entre los mecanismos desarrollados para ayudarnos a reducir las emisiones, alguna vez el comercio de carbono ocupó un lugar preferente. No obstante, el Mecanismo de Desarrollo Limpio — a través del cual los países ricos contrarrestan sus emisiones financiando proyectos como energía solar y granjas eólicas en el mundo pobre — ha sufrido una serie de golpes y parece moribundo, luego del casi colapso del régimen de comercio de derechos de emisión de la Unión Europea. Si tales compensaciones van a continuar hasta el 2020 y más allá, necesitan urgentemente una inyección de energía en París. De lo contrario, se debe demostrar que funcionan nuevas formas de canalizar los fondos para el clima.

Una tendencia que diferencia el marco de la COP 21 del de la COP 15 es el reciente aumento del consumo de carbono. “La fiesta del carbono” es como un comercializador de energía ha caracterizado los últimos años, en el que los precios en declive y el creciente uso ha llevado al resurgimiento de la rentabilidad de combustibles con gran contenido de carbono en muchas partes del mundo. El resultado ha sido, particularmente en países pobres, la construcción de centrales eléctricas a carbón, a la vieja usanza, más ineficientes. Las principales organizaciones como la Agencia Internacional de Energía y la OECD han advertido que ésta es probablemente la amenaza más seria al abordar el problema del cambio climático, y quizás no sea resuelta por las conversaciones de París. Cuando nuevas centrales eléctricas a carbón son construidas, es probable que continúen operando durante medio siglo, fijando al mundo dentro de altos niveles de emisiones.

¿Es probable llegar a un acuerdo?

Finalmente, dos años después de Copenhague, el mundo pasó un hito importante: la población mundial alcanzó los 7 mil millones. La gran complejidad de asegurar que todos sean alimentados, tengan vidas y oportunidades satisfactorias y que sean sacados de la pobreza aumenta con el crecimiento de la población. Muchos científicos sostienen que es perfectamente posible lograr estas metas sin romper umbrales climáticos, pero será duro.

En vísperas de París, el bien más preciado será la voluntad de los gobiernos del mundo de llegar a un acuerdo. Está por verse si esto ha cambiado desde las conversaciones de Copenhague. Muchas de las señales apuntan en esa dirección, pero al final, la elección de escuchar o no a los científicos, ciudadanos y empresas recae en los ministros y sus líderes.

Fiona Harvey es una galardonada periodista del medio ambiente para el periódico The Guardian. Previamente trabajó para el Financial Times por más de una década. Ha informado en cada gran tema ambiental, desde lugares tan lejanos como el Ártico o el Amazonas, y su amplio rango de entrevistados incluye a Ban Ki-moon, Tony Blair, Al Gore y Jeff Immelt. Tuitea desde @fionaharvey.

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