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En Malasia, la larga espera de una hija por el regreso de su padre

Anwar Ibrahim and daughter Nurul Hana Anwar on the cover of "My Dear Papa." Credit: Courtesy of Nurul Hana Anwar

Anwar Ibrahim y su hija Hana Anwar en la cubierta de “Mi querido papá”. Crédito: cortesía de Nurul Hana Anwar.

Este artículo de Sarah Ngu para The World apareció originalmente en PRI.org el 25 de noviembre del 2015. Se reproduce en Global Voices en dos partes con autorización.

En esta primera parte, les presentamos a Nurul Hana Anwar, autora que acaba de publicar un libro e hija del prisionero político malasio Anwar Ibrahim. En la segunda parte, explica cómo llegó a publicar su libro profundamente personal Sayang Buat Papa (Mi querido papá).

Una niñita está agachada debajo de una mesa, con la cabeza levantada inquisitivamente. Sus ojos y boca parecen asustados. Pregunta: “Mamá, ¿qué está pasando?”

Es el 20 de setiembre de 1998. La policía acaba de irrumpir en su casa. Se han llevado a su padre. Afuera, la multitud se mueve de acá para allá, gritando el lema de Malasia para las reformas: “¡Reformasi!”

Su familia le cuenta que un hombre malvado —el primer ministro— es responsable por llevarse a su papá a prisión. Su madre le dice que rece, que confíe en Alá.

A la niñita, la menor de cinco hijos, no le dicen que su padre estaba a punto de convertirse en primer ministro, y que ahora es el prisionero político más famoso de la nación, acusado del crimen de sodomía. ¿Cómo se le explica “sodomía” a un niño de seis años?

El nombre de la niña es Nurul Hana Anwar. Como según la costumbre malaya, el apellido del hijo es el nombre de pila del padre, su nombre en esencia dice: Nurul Hana, hija de Anwar.

Anwar Ibrahim es un nombre conocido en Malasia. Disfrutó de un meteórico ascenso al poder en la década de 1990; TIME lo aclamó en su portada como “la estrella de una prometedora generación de líderes” en Asia por sus reformas financieras y sus aspiraciones para una reforma democrática. Era el siguiente en línea de sucesión de su mentor, el primer ministro Mahathir Mohamed, hasta que tuvo una discusión con el doctor Mahathir por el sistema de patrocinio del estado. Cuando lo despidieron el 2 de setiembre de 1998, Anwar lideró a miles de personas en manifestaciones políticas, pidiendo la destitución del doctor Mahathir y coreando “¡reformasi!”

Luego el doctor Mahathir tomó acciones e hizo que lo arrestaran. Para muchos malasios, el arresto de Anwar fue el momento de su despertar político; fue el catalizador del movimiento reformasi de Malasia. Esa noche se dieron cuenta de que si el gobierno podía volverse en contra de alguien tan poderoso como Anwar, podía volverse en contra de cualquiera.

Nurul Hana no sabía prácticamente nada de esto cuando los hombres con máscaras para esquiar y pistolas irrumpieron en su casa. Para ella, fue simplemente el día en que perdió a su papá —el día en que, según su madre, empezó a esconderse debajo de las mesas con más frecuencia, a encerrarse en sí misma y a dejar de hablar en gran medida.

An excerpt from "My Dear Papa" featuring images of Anwar Ibrahim's black eye. Credit: Courtesy of Nurul Hana Anwar

Extracto de “Mi querido papá”, que destaca imágenes del ojo morado de Anwar Ibrahim. Crédito: cortesía de Nurul Hana Anwar.

Si Nurul Hana perdió la voz a los seis años, empezó a recuperarla a los 23. En agosto de 2015, dio un discurso en la capital del país para lanzar su libro Sayang Buat Papa (Mi querido papá). Es un collage de imágenes visuales que cuentan la historia de cómo se siente, desde los ojos de un niño, que tu papá desaparezca en manos de “hombres malos”, y que reaparezca nueve días más tarde en una celda diminuta con un ojo morado.

Anwar no es un político en este libro. Es un papá, un esposo —es un hombre. El libro se ha vendido bien, llegó al quinto lugar de los más vendidos de no ficción de Borders en Malasia; se lanzó en Estados Unidos en octubre.

Nurul Hana no planeó convertirse en escritora. El libro salió de un proyecto de collage que hizo para una clase. Nos reunimos una mañana de viernes durante la primera semana de clases en setiembre.

Es de hablar suave y amigable, usa anteojos anchos, redondos que se apoyan encima de sus anchas mejillas. Estábamos en una cafetería, pero no toma café, prefiere chocolate caliente, que le gusta sorber mientras escucha a Radiohead y trabaja en un proyecto de diseño gráfico para el colegio.

Acaba de regresar del lanzamiento de su libro donde habló ante una audiencia de 150 personas, que incluyeron a muchos destacados políticos, reporteros y líderes. Hablar en público le aterra —una vez tomó clases de actuación para enfrentar su temor— pero su discurso salió bien, dijo. Aun así, cuando se encontró con un reportero después, le pidió que no llevara grabadora. No me permitió grabar nuestra conversación, pero su nerviosismo era notorio en sus frecuentes disculpas y sonrisas cohibidas. Parecía que su cuerpo se estaba acostumbrando a su recién encontrada voz.

La oportunidad de su libro no es al azar. En febrero, a Anwar lo encarcelaron por cinco años años, de nuevo con acusaciones de sodomía, una condena que el Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria de Naciones Unidas ha calificado como “políticamente motivado”.

Muchos creen que, dadas sus creencias liberales reformistas y su devota fe musulmana, estaba a punto de unir musulmanes malayos disidentes (mayoría de la población), etnias chinas e indias para derribar a la coalición dominante. Su encarcelamiento es un revés significativo para la oposición política, pero algunos se preguntan abiertamente si deben dejar de esperar a Anwar y mirar hacia un generación de líderes más jóvenes que tome la posta.

Al libro de Nurul Hana realmente no le interesa ninguna de estas conversaciones. Es expresamente apolítico, determinado a mostrar un lado diferente de Anwar. Una de las imágenes más repetidas del libro son las fotografías de los pies de su padre, cubiertos solamente con un par de pantuflas. Cuando le pregunté por qué eligió los pies entre todas las cosas que podía mostrar, respondió diciendo que la mayoría de personas solamente conocen a su papá de imágenes o recortes de él parado en un podio, dando un discurso.

Enseñando sus pies reiteradamente, que equivocadamente podrían ser considerados los pies de cualquier otra persona, está revelando a Anwar despojado de los adornos del poder. Cuando el gobierno encarceló a Anwar, no solamente se llevó su carrera política, su trabajo y su reputación. También se llevó a un abuelo, un padre y un esposo. En palabras de Nurul Hana: “se llevaron todo”, incluyendo su cuerpo.

Si la oposición debe avanzar sin su salvador político, entonces el movimiento para liberar a Anwar deberá depender menos en sus destreza políticas y más en el argumento básico de que ninguna persona debe sufrir esa injusticia en manos del estado. La humanidad básica de Anwar deberá ser lo que esté en juego —razón por la cual el libro de arte de su hija menor debe demostrar ser más políticamente relevante, más profético y esperanzador de lo esperado.

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