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Para el mundo, es el político más famoso de Malasia. Para su hija, es simplemente ‘Mi querido papá’

An excerpt from "My Dear Papa." Credit: Courtesy of Nurul Hana Anwar

Extracto de “Mi querido papá”. Crédito: cortesía de Nurul Hana Anwar.

Este artículo de Sarah Ngu para The World apareció originalmente en PRI.org el 25 de noviembre de 2015. Se republica en Global Voices en dos partes con autorización.

En la primera parte, presentamos a Nurul Hana Anwar, hija del prisionero político malasio Anwar Ibrahim, que acaba de presentar un libro. En esta segunda parte, explica cómo llegó a publicar su libro, Sayang Buat Papa (Mi querido papá), tan profundamente personal.

Así es como se desarrolla la historia de Nurul Hana Anwar. A comienzos de enero, su profesor universitario asignó a su clase como proyecto la realización de un collage. Ella decidió hacerlo acerca de su experiencia con el arresto de su papá en 1998 y su reciente juicio. Cuando en la secundaria en Malasia trató de crear arte sobre su papá se generó un poco de alboroto. Los administradores del colegio la hicieron detenerse; no querían meterse en problemas.

En su país, todos sabían quién era, pero en Nueva York, es apenas otra muchacha que usa hijab. Se lo entregaría a su profesor al final del semestre, y eso sería todo.

Para empezar a recopilar el collage, abrió la carpeta en su computadora, que contenía cartas escaneadas que su papá y ella habían intercambiado mientras él estuvo en prisión. Era una carpeta que ella no había tocado en más de una década. “Empecé a llorar y dejé salir todo”, dijo.

Los recuerdos empezaron a volver. Empezó a pensar en esa noche del 20 de septiembre de 1998. Así lo relata en su libro:

I was awakened by noise and commotion, which made me confused but curious. I wanted to know why these unfamiliar sounds came at this late hour of night, when everyone should be asleep. My aunt who took care of me quickly locked the door… I jumped out from bed and quickly unlocked the door. My aunt tried to stop me, but she was too late; I was already outside the room.

Me despertó el ruido y la conmoción, que me confundió y me dio curiosidad. Quería saber por qué había estos sonidos desconocidos a esta hora de la noche, cuando todos deberían estar durmiendo. Mi tía que se encargó de mí rápidamente cerró la puerta con llave… Salté de la cama y rápidamente abrí la puerta. Mi tía trató de detenerme, pero era demasiado tarde: yo ya estaba fuera de la habitación.

Algunos hombres enmascarados con uniformes negros estaban parados afuera del cuarto de sus padres. El grito “¡Reformasi!” se podía oír en la multitud de afuera, que se había reunido para apoyar a su papá. Le dieron una hora para empacar su ropa. Los llevaron a él y a su familia en una camioneta blanca; la policía ya había despejado las calles para que nadie los detuviera. La camioneta se paró. Sacaron a su papá y lo dejaron en un camino aislado. Su familia supo de su paradero recién nueve días después; lo encontraron en prisión rodeado por un charco de sangre. El jefe de policía lo había golpeado hasta hacerle perder el sentido, quedó inconsciente dos días.

Durante seis años, el líder de la oposición de Malasia fue silenciado tras las rejas. En esos seis años, Nurul Hana creció sin papá. Se escribieron cartas mientras él estuvo en prisión. Una de las cartas está incluida en el libro: “Mi bella y dulce Hana, haces a tu papá tan feliz, así que sigue así. Cuida tus dientes. Termina tus deberes. Estudia mucho. ¡Sonríe y no holgazanees! ¿Recuerdas? Con amor, papá”.

A la larga, se acostumbró a las visitas en prisión, y asumió que la forma en que la mayoría de niños veía a sus papás era en prisión. Nadie le dijo por qué su papá estaba en la cárcel; la palabra “sodomía” nunca se mencionó. Cada vez que alguien le aseguraba que “todo iba a estar bien”, ella se preguntaba, aunque nunca en voz alta: “¿qué va a estar bien?”

La acusación de sodomía es deliberada en un país de mayoría musulmana, sobre todo dado que Anwar es un devoto musulmán. “Su imagen era la de un hombre de gran integridad moral, que es islámico en el fondo. Así que la mejor manera de destruir eso es con una acusación que contenga connotación sexual. Y si no puedes hacer que a esa persona se le vea con mujeres, entonces bien puedes lidiar con sodomía”, dijo Latheefa Koya, miembro de su equipo legal.

Los periódicos, normalmente conservadores en cómo manejan material sexualmente explícito, no escatimaron detalles en su cobertura de las supuestas escapadas homosexuales de Anwar. La ley que prohíbe la sodomía data del tiempo en que Malasia era colonia británica; la investigación muestra que la ley solamente se ha invocado siete veces de 1938 a 2009, y que cuatro de esas siete veces fueron para Anwar.

An excerpt from "My Dear Papa." Credit: Courtesy of Nurul Hana Anwar

Extracto de “Mi querido papá”. Crédito: cortesía de Nurul Hana Anwar.

Al final, la Suprema Corte malasia anuló la condena de sodomía, en parte debido a la evidencia de que la policía había torturado a testigos clave para obtener sus confesiones. Anwar fue puesto en libertad en 2004. Recién ahí fue que, al leer las noticias a los 12 años, Nurul Hana empezó a entender por qué su padre había estado en prisión.

“Junté las piezas poco a poco” dijo “‘¿Qué es esto?’, pensé. No le dije a nadie porque se suponía que yo sabía esto, y no le dije a mi mamá porque no quería que cargara con eso”.

Crear el collage con recortes de periódicos, cartas y fotos fue una manera de unir trozos y pedazos de sus recuerdos.

“Volqué todas mis emociones [en el collage] y realmente ayudó, porque lo mantuve adentro mucho tiempo”, dijo. “Tuve una niñez normal durante seis años, pero lo triste es que mi papá no me vio crecer entre los seis y los doce años, y es ahí cuando necesitas a tu papá”.

Entre 2004 y 2015, la familia Anwar disfrutó de un respiro. Temporalmente alejado de la política por su condena penal, Anwar aceptó un puesto en la Universidad de Georgetown y se llevó a su familia a Estados Unidos, donde Nurul Hana y sus hermanos asistieron a colegios estadounidenses. Fue la primera vez en mucho tiempo que pudieron caminar libremente por las calles y pasar desapercibidos. Podían respirar un poco más fácilmente y dejar el pasado atrás.

Después regresaron a Malasia. Sus hermanos mayores crecieron, encontraron trabajo, se casaron y tuvieron hijos. Anwar empezó a ganar significativo impulso político. En las elecciones de 2013, encabezó una coalición de musulmanes, chinos e indios para ganar el voto popular.

Pero su coalición no obtuvo la mayoría de escaños parlamentarios por manipulaciones electorales. Fuentes del partido de gobierno empezaron a insinuar que el futuro del actual primer ministro Najib Razak estaba limitado.

La principal preocupación de la familia era el juicio de Anwar. En 2008, uno de sus asistentes denunció a la policía que Anwar lo había atacado sexualmente. Anwar señaló que su asistente era físicamente mucho más fuerte que él, pues su cuerpo estaba, y está aún recuperándose de la golpiza de 1998. La acusación cambió luego a “sexo consentido contranatura”, pero al asistente nunca se le acusó. La corte absolvió a Anwar, pero la decisión fue apelada a los niveles más altos. El juicio final se fijó para febrero de este año.

El juicio estuvo en la mente de Nurul Hana mientras trabajaba en su collage. Decidió que se lo daría a su papá como regalo cuando fuera a Malasia para reunirse con la familia para escuchar la sentencia final. Mantuvo su proyecto en secreto, y lo reveló solamente un día antes del caso de su papá, cuando la familia estaba reunida en una habitación. Todos se sorprendieron. “Fue la primera vez que hablé cómo me sentía con todo esto”, dijo de su collage. Su madre y hermanos empezaron a llorar.

“No puedes ver realmente la reacción [de mi papá] en persona, la ves más en sus escritos —como papás típicos”, dijo, sonriendo. “Escribió una carta después diciendo que estaba realmente orgulloso de mí”.

Al día siguiente, llegó la sentencia: la corte determinó que Anwar Ibrahim era culpable de sodomía. Lo sentenciaron a cinco años de cárcel.

“No podía hablar”, dijo Nurul Hana. El silencio que cayó sobre ella a los seis años primero regresó cuando tenía 23.

Pero Nurul Izzah, su hermana mayor y que también es una política electa, la animó a hablar y a publicar el libro. Al comienzo, se negó. Explicó: “Cuando lo terminé, no podía ni mirarlo de nuevo”.

La idea de publicarlo, de dejar que el mundo supiera de la experiencia más traumática de su vida, era demasiado para ella. Pero varios días después –“soy una persona indecisa”, me dice– cambió de opinión. Quería contar una historia diferente de Anwar —como papá, no como político.

Anwar Ibrahim and daughter Nurul Hana Anwar on the cover of "My Dear Papa." Credit: Courtesy of Nurul Hana Anwar

Anwar Ibrahim y su hija Nurul Hana Anwar en la portada de “Mi querido papá”. Crédito: cortesía de Nurul Hana Anwar.

“Siento que este libro ha estado callado desde 1998. Nadie ha publicado historias de papá desde un punto de vista de la familia… La gente usualmente lo ve como político; yo solamente lo veo como mi papá al que condenaron injustamente. La gente no lo ha visto como padre o abuelo. No saben que canta canciones de cuna a sus nietos, o cositas, como que cuando cenamos o almorzamos, todos tienen que estar ahí si estás en casa. Sobre todo durante Ramadán, siempre rompemos el ayuno juntos”, dijo.

Por lo fuertemente entrelazados que están lo “personal” y lo “político” en la carrera de Anwar, hasta un retrato “personal” de él es inevitablemente un acto político. Cuando le pregunté si tenía alguna intención política particular en publicar el libro, negó con la cabeza, pero hizo este comentario: “Si otras familias pensaron que las acusaciones eran ciertas, no hubieran apoyado a tu papá. Todos nuestros amigos y parientes se mantuvieron unidos. Si quieres hablar de esto, puedes decir que no es cierto porque nos mantenemos juntos”.

Después de que regresara del juicio a sus clases en la ciudad de Nueva York, dijo: “Me ha sido difícil continuar con mi trabajo; no me puedo concentrar. Lo que me impulsó fue que quería que mi padre fuera parte de mí haciendo que me fuera bien en la universidad, como él siempre me animó, y hablar de su mensaje. A esas dos cosas me quiero aferrar ahora que no está acá”.

Ser una “buena hija” significa para ella inevitablemente “involucrarse políticamente”. Eso es así para el resto de los hijos de Anwar, que de una manera u otra, se han visto empujados a la refriega política.

Cuando me reuní con Nurul Hana ese viernes por la mañana, estaba terminando una tarea sobre raza. Intrigada por la historia y política racial de Estados Unidos, acababa de leer Entre el mundo y yo, de Ta-Nehisi Coates, libro que le encantó.

Su línea favorita es: “No puedes olvidar cuánto se llevaron de nosotros y cómo transfiguraron nuestros cuerpos en azúcar, tabaco, algodón y oro”. El libro es una carta de Coates, un hombre negro, a su hijo, donde le pide —y a todos los demás— que nunca olviden la historia de Estados Unidos. Que nunca olviden que el apoyo del “sueño americano” son los cuerpos golpeados de los negros, cuerpos que revelan la mentira asesina del sueño.

Gran parte de la juventud de Malasia no sabe qué pasó en 1998. Eran muy chicos para entender, como lo era Nurul Hana. Su libro se dirige a ellos en parte, para mostrarles una parte de la historia de su nación abriendo el telón del estado para revelar el cuerpo golpeado y quebrado de su papá.

Que marginaran y callaran a Anwar tras las rejas de una prisión puede ser una profecía de lo que está por venir. El año pasado, el gobierno eligió restablecer otra ley colonial británica, la Ley de Sedición, para promover un “estado más estable, pacífico y armonioso”. Ya 30 políticos y activistas han sido acusados, incluido el caricaturista Zunar, que enfrenta hasta 43 años de cárcel por sus libros y por tuitear una caricatura sobre la condena de Anwar.

Hacia fines de noviembre, el presidente estadounidense Barack Obama visitó Malasia, que fue sede de la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático. Nurul Izzah Anwar, parlamentaria y la hermana mayor de la familia, ha estado haciendo campaña para que Obama haga responsable al gobierno de Malasia por sus abusos contra los derechos humanos.

Pero Obama necesita la cooperación del primer ministro Najib Razak para culminar con el Acuerdo de la Sociedad Transpacífica y para combatir el extremismo violento, sobre todo dada la ubicación geográfica de Malasia y su población musulmana. El Islam en Malasia se está volviendo mucho más politizado y radicalizado. Luchando para mantener el poder, el partido de gobierno ha tratado de usar la carta de la religión ampliando sus credenciales musulmanas y marginando a los no musulmanes, creando así un terreno fértil para los reclutamientos del ISIS —es más, se cree que más de 200 malasios ya se han unido a ISIS.

Mi conversación con Nurul Hana casi no traspasa ninguno de esos asuntos o preocupaciones geopolíticos. Lo que más le preocupa es la salud de su padre —necesita mucha terapia física y cirugía, que el gobierno no le da, y en cambio han elegido duplicar su dosis de analgésicos sin decirle. Los detalles que me menciona son personales y particulares, tales como que el gobierno es más estricto de lo que era en 1998, y que solamente se le permite llamar a un número de teléfono (el de su esposa) en lugar de cinco. La familia elude esa regla poniendo el teléfono de su madre en altavoz para que todos puedan marcar y escucharlo.

Hacia el final, empezamos a hablar de arte y poesía. Me cuenta de un poema que leyó en voz alta en el lanzamiento de su libro, “Gadis Kecil” (Una niñita), escrito por Usman Awang, exganador del Premio Nacional de Malasia.

El poema empieza comparando una niñita con un árbol firme y delgado, que se sostiene aunque otros árboles caen en una fuerte tormenta. La niña va y viene para ver a su padre, preso por combatir la opresión; alambres de púas se interponen entre ellos. El narrador le ofrece ayuda, pero ella lo rechaza diciendo: “No necesito dinero, tío, solamente papel y libros”. Le ofrece su solidaridad, pero ella dice: “No estés triste, tío, tranquiliza tu corazón”. La niña es de corta edad, dice él, pero su alma “ha madurado por experiencia”. Le pregunta: “¿No es vergonzoso que un hombre grande / que quiere ayudar a prisioneros que sufren / reciba consejo de la hija de uno en prisión / de ser valiente y que se tranquilice?”

Nurul Hana me traduce la última oración del poema:

“Diez niños como ella pueden vencer el significado de mil prisiones”.

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