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Muchos afganos ven su futuro con la India, no con Pakistán

Afghan President Ashraf Ghani and Indian Prime Minister Narendra Modi.

El presidente afgano Ashraf Ghani y el primer ministro indio Narendra Modi.

El primer ministro de la India, Narendra Modi, estuvo en Kabul el 25 de diciembre para inaugurar el nuevo parlamento afgano construido con fondos donados por Nueva Delhi después de que el edificio original fuera bombardeado por los talibanes.

La expectativa que ha despertado la visita de Modi refleja la cordial relación existente entre los dos países, mientras que la historia del parlamento afgano simboliza la lucha que el debilitado país está librando contra una insurgencia de la que, según muchos afganos, habría que culpar al país vecino y principal rival de la India, Pakistán.

El pasado y el futuro. Por un lado el palacio de Dar ul Aman bombardeado por los talibanes. Por el otro el radiante nuevo parlamento

El día después de visitar Kabul Modi viajó a Lahore convirtiéndose en el primer ministro indio que ha visitado Pakistán después de más de diez años, con la esperanza de mejorar las relaciones entre los dos países.

Pero para muchos afganos, testigos del intento fallido de su presidente Ashraf Ghani de acercarse a Pakistán, Modi y la India siguen siendo la mejor apuesta para su país desde un punto de vista estratégico. Un sondeo realizado el 2014 mostró que tres de cada cuatro afganos veían a la India como el país idóneo para liderar Asia.

La India se ha ganado el corazón de los afganos al invertir más de dos billones de dólares en la reconstrucción de Afganistán, ¡la India es uno de los cinco mayores países donantes!

“Nos unen lazos fuertes: el rey de Afganistán Zahir Shah visita la India en 1958

La relación con la India, tanto en el área de la seguridad como en la de ayuda humanitaria, ha sido vital para Afganistán en el periodo postalibán cuando Pakistán demostró ser un aliado menos estable.

Solo el mes pasado Hanif Atmar, asesor de la Seguridad Nacional de Afganistán (NSA), durante su visita a Delhi obtuvo de la India la promesa de entregar a Afganistán cuatro helicópteros de ataque MI-25.

También en noviembre, el secretario de Asuntos Exteriores de la India, Jaishankar, junto con Hekmat Khalil Karzai, viceministro afgano de Asuntos Exteriores, estudiaron la manera de ampliar la cooperación bilateral gracias a la cual la India ofreció dos millones y medio de dólares estadounidenses para ayudar a Kabul y que ha ido creciendo desde la firma del Acuerdo de Cooperación Estratégica en 2012.

Afganistán es el punto estratégico que se disputan la India y Pakistán por ser la ruta que conecta el sur y centro de Asia y también el sur de Asia con el oeste.

Algunos de los proyectos en los que están colaborando Kabul y Nueva Delhi tienen obvias implicaciones políticas.

Un ejemplo de estos proyectos es la carretera de Zaranj-Dilaram que conecta la provincia occidental afgana de Nimroz con el puerto de Chabahar en Irán. La carretera facilitará los intercambios comerciales entre la India y Afganistán y además reducirá la dependencia de Afganistán del puerto de Karachi en Pakistán.

Mientras Modi estuvo de visita, las redes sociales afganas se volcaron en mostrar su aprecio hacia la India en claro detrimento de su otro crucial vecino.

Screenshot of a post from a public Facebook profile of an Afghan social media user. The post ironically compares India's contribution to Afghanistan's development to that of Pakistan, viewed through the prism of the Taliban.

Captura de pantalla tomada de una publicación en el perfil público de un usuario afgano de Facebook. La publicación compara con ironía la contribución de la India al desarrollo de Afganistán con la de Pakistán, desde la perspectiva de los talibanes.

El acercamiento entre la India y Pakistán en el periodo postalibán se hizo más visible bajo el mandato del presidente Hamid Karzai quien abiertamente tendió la alfombra roja a los inversores indios mientras dejaba de lado al resto.

El mismo Karzai fue beneficiario de un programa de intercambio que permitió a estudiantes afganos formarse en la India en la década de 1970.

Ghani, quien llegó al poder el año pasado tras unas disputadas elecciones, adoptó un enfoque distinto y dio preferencia a las relaciones con Pakistán, cuyo exlíder admitió tardíamente en una entrevista el año pasado haber favorecido a los talibanes como parte de “una estrategia a largo plazo” para su país.

El intento de mejorar las relaciones no tuvo éxito y los ataques talibanes en el país incluso fueron más intensos a pesar de que el movimiento se había fraccionado.

Desde entonces Ghani ha vuelto la mirada hacia la India para alivio de los que temían su acercamiento a Islamabad, destinado al fracaso desde el principio.

Y aunque la visita de Modi ha dado lugar a una frenética muestra de afecto por parte de los tertulianos de Kabul, existe la sensación de que su país podría hacer más por su vecino asolado por los conflictos.

Por ejemplo, Nueva Delhi podría aprovechar la influencia que se ha ganado gracias a sus ayudas e inversiones en estructuras estratégicas para promover reformas sociales en Afganistán, especialmente en áreas en las que la India tiene experiencia.

Las reformas incluirían pero sin limitarse a estas: igualdad para las mujeres, tratamiento de la diversidad étnica y religiosa y mayor participación ciudadana.

Los simpatizantes de la India argumentan que su influencia en Afganistán es lo suficientemente fuerte como para poder negociar la promoción de valores y la adopción de medidas de seguridad.

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