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Caudillos militares al pueblo libanés: ¡Perdonemos y olvidemos!

Collage de “Caudillos libaneses”. Aoun (con bigote) y Geagea (con uniforme) aparecen en la foto de la esquina superior derecha. Fuente: moulahazat.wordpress.com.

El Líbano es especial, lo sabemos, porque nuestros ancestros son fenicios y porque podemos nadar y esquiar el mismo día. Pero el Líbano es también especial porque figuras claves de la guerra civil libanesa siguen en el poder, bailando como si nada sobre los cadáveres de miles de civiles muertos y los cuerpos vivientes de 4.5 millones de ciudadanos libaneses.

El 18 de enero de 2016, el líder de las Fuerzas Libanesas, Samir Geagea, públicamente respaldó la candidatura a la presidencia de Michel Aoun, su rival de tiempos de guerra. Este acuerdo significa que el Líbano podría finalmente tener un nuevo presidente, después de 20 meses en que el puesto más alto del país ha estado vacante.

Acá algo de contexto. Geagea, presidente ejecutivo de las Fuerzas Libanesas, el segundo mayor partido político cristiano en el Líbano, y Aoun, excomandente del ejército libanés y fundador del Movimiento Patriotico Libre, son antiguos enemigos que combatieron entre ellos durante la Guerra Civil Libanesa (1975-1990). El 31 de enero de 1990, el ejército libanés, con Aoun como comandante en jefe, se enfrentó con las Fuerzas Libanesas (en ese entonces, una milicia). Estas últimas objetaron la afirmación de Aoun de que era en interés nacional que el gobierno “unificara armas”, lo que quería decir que las Fuerzas Libanesas deberían someter su autoridad como jefe de estado provisional. El enfrentamiento resultó en la muerte de cientos de civiles.

Siento la necesidad de agregar mi contribución —o mis liras— en este estado de cosas debido a lo que dijo el general Aoun, en lo que el bloguero Joey Ayoub comparó con un discurso de aceptación de los Óscar —que quería dejar el pasado atrás para construir el futuro.

Me gustaría agradecer a la Academia por darme esta oportunidad de brillar.

La gente está publicando historias en línea de las veces que Aoun y Geagea bombardearon sus vecindarios. No puedo dar testimonio de eso, yo era muy chica en esa época y tuve el “lujo” de haber nacido en una aldea remota en el norte del Líbano. No puedo dar testimonio de primera mano del dolor de la guerra, de la pérdida, del miedo, de la experiencia de vivir rodeados de muerte. Pero puedo dar testimonio del odio que vi, y que sigo presenciando, entre personas de mi edad y menores que tampoco vivieron la guerra. No importa lo que cualquier otra persona diga, las regiones, ciudades y barrios del Líbano, ya desgarrados por divisiones sectarias, siguen divididos entre los bandos de Aoun y Geagea.

No estoy desdeñando las experiencias de estos jóvenes partisanos, ni las experiencias de sus seres queridos. Pero sí me pregunto cómo, sin experiencia directa de la guerra, logran exhibir tanto odio, por qué escuchan canciones sobre una fea guerra que terminó hace 25 años que describen a un líder como el principio y fin y al otro como enviado de Dios. Me confunde por qué aprenden cómo señalar su apoyo haciendo sonar las bocinas de sus autos —un “taratatata” o un “tata tatata tata tata tata” en el lugar o momento equivocado te puede meter en problemas—, mostrar adhesivos de partidos en sus autos y luchar su propia guerra de segunda mano. Una guerra incruenta, es cierto, pero aun así, una guerra fría.

“Me confunde por qué aprenden cómo señalar su apoyo haciendo sonar las bocinas de sus autos —un “taratatata” o un “tata tatata tata tata tata” en el lugar o momento equivocado te puede meter en problemas…”.

¿Dónde está el afán de cuestionar a los que siguen ciegamente, y hacen preguntas como ¿“qué pasó”? ¿“Quién ganó”? ¿“Cuántas personas murieron”? ¿“Qué pasó con los que fueron secuestrados”? ¿“Cuántas mujeres y niñas fueron violadas”? ¿“Cuántos cadáveres fueron atados y arrastrados detrás de autos como trofeos de guerra”? ¿“Cuántas barras de pan fueron robadas en los puestos de control”?

Durante su “discurso de aceptación”, Aoun básicamente dijo que lo que pasó pasó y que deberíamos dejarlo atrás de nosotros, y tal vez recordarlo para que no lo repitamos. Geagea sonreía detrás de él.

Bueno, aunque es nuestra culpa (nosotros los elegimos, después de todos, una y otra vez, las veces en que nos permitieron tener elecciones), no quiero dejar de creer que nos merecemos algo mejor. Este respaldo, este trato entre dos criminales de guerra, representa otro clavo más en el ataúd de nuestra memoria colectiva. Los que no pasamos por la guerra estamos ahora privados de nuestra capacidad de hacer a esos hombres responsables por la muerte de miles. Y ahora nos dicen que olvidemos y que sigamos adelante. ¿Porque les conviene a ellos? ¿Porque después de años de querer eliminarse entre ellos, esta es la única manera de sobrevivir? ¿No deberíamos cuestionar su pasado o pedir justicia, y aun así estos hombres quieren que les confiemos nuestro futuro?

Se trata de pacificación, dicen. Pero, ¿puede realmente existir paz en un vacío? ¿Cómo podemos lograr paz sin un proceso de reconciliación? ¿Sin curar las heridas del pasado? ¿Cómo puede existir paz cuando todos los días se lucha una guerra silenciosa, brutal, fría?

Ciertamente, ¿dónde hay lugar para la paz cuando todo lo que vemos es corrupción, impunidad, nepotismo, robos y el desprecio a un pueblo entero?

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