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El español que nos tocó vivir: De la reconquista de la lengua a la lucha contra la discriminación

Niña frente a su escuela en medio de la zona selvática de Costa Rica. Fotografía de Diego David García. Publicada bajo licencia Creative Commons

“Mis padres y mi comunidad me transmitieron en lenguas diversas y en varios acentos lo que sé. Y lo que no, debí reconstruirlo en el camino recogiendo los retazos de cuentos y cantos e historias, intentando de esta forma establecer asociaciones, crear vínculos, encontrar semejanzas con las vidas de otros, transportándome a otros escenarios y continentes para de esta forma, construir identidad.” Niña frente a su escuela en medio de la zona selvática de Costa Rica. Fotografía de Diego David García. Publicada bajo licencia Creative Commons

La primera parte de este post fue publicada previamente por Global Voices y puede leerse aquí.

La lengua, cualquiera que sea, es el principal transmisor de cultura… y de dominaciones

Es a través de la lengua que nos incorporamos al mundo y aprendemos de cantos y mitos y religiones y cuentos. La lengua nos permite adentrarnos en la historia y en la espiritualidad de nuestros pueblos y nos enseña a sentir y a vivir de determinada manera. La lengua no es solamente la forma como entramos en el mundo del otro, sino que nos adentra en nuestros propios mundos y nos permite conocernos y reconocernos como parte de algo.

Por otra parte, la lengua es además un poderoso instrumento de dominación y de discriminación y es una eficaz herramienta de transmisión e imposición de valores. Los afrodescendientes como yo han sido víctimas de este proceso desde todos los flancos. Al mismo tiempo, en cualquiera de las lenguas y en todos los territorios los afrodescendientes resistieron de diversas maneras a fin de preservar parte del legado que a duras penas fueron atesorando en el proceso.

En el caso de mi madre y mi padre,  ellos  crecieron y aprendieron  de su posición en el mundo a través de la lengua inglesa y más tarde, la necesidad les obligó a ingeniárselas para heredar a sus hijos parte de ese legado, pero  en otra lengua.

Esta historia no es exclusiva de mi familia, por el contrario, es una historia que se repite en las vidas de los afrodescendientes. Para nosotros ha sido necesario reinventarnos una y otra vez. Una historia que se repite en una y en otra y en otra lengua. Han sido siglos de migraciones forzosas  en donde hemos debido resignarnos a vivir en otras lenguas y en otros países en condiciones adversas.

Mis padres y mi comunidad me  transmitieron en lenguas diversas y en varios acentos lo que sé. Y lo que no, debí reconstruirlo en el camino recogiendo los retazos de cuentos y cantos e historias, intentando  de esta forma establecer asociaciones, crear vínculos, encontrar semejanzas con las vidas de otros, transportándome a otros escenarios y continentes para de esta forma, construir identidad.

Con toda esa identidad heredada y reconstruida, mi familia extendida y mi comunidad me transmitieron en lenguas, y acentos diversos además, esta vocación de irreverencia y de activismo que no se me quita ni en una ni en otra lengua.

Entiendo, no obstante, que esta realidad trae implícito el hecho de que este idioma nos fue impuesto brutalmente y que fuimos privados de hablar nuestras propias lenguas. Que fuimos vejados de utilizar nuestros nombres y cantar nuestros cantos. Comprendo que mis ancestros y ancestras fueron aislados cruelmente a fin de evitar contactos entre miembros de las mismas tribus y evitar con ello la comunicación y la insubordinación. Sin embargo, de modo más significativo lo que se intentó fue ir matando poco a poco el alma y la pasión de estos pueblos milenarios. En consecuencia fuimos olvidando nuestras formas más sagradas de comunicación y las formas de afecto y de espiritualidad. Como resultado debimos inventarnos y reinventarnos otra vez, por medio de formas brutales pero a la vez creativas para poder sobrevivir.

Entiendo que antes de mi madre, otras lenguas fueron habladas y que la comunicación se dio con otros acentos con los cuales ellos rezaron, lucharon, cantaron  y jugaron juegos que  traían consigo desde algún lugar en África de donde fueron sacados y al cual mis investigaciones aun  no me han permitido llegar.

Nunca más una historia será contada como si fuera la única

Esta historia no tiene solamente que ver conmigo, tiene que ver con millones y millones  de personas  y de familias y de comunidades y de pueblos enteros alrededor del mundo. Pueblos que han sido obligados a crecer en  diversas lenguas y en cada una de ellas, crear, re-crear, inventar, escribir, reescribir y volver a imaginar  ese cúmulo de historias y de cuentos y cantos para fortalecernos y volver a Ser. En el camino, hemos debido re-establecer vínculos con nuestra ancestralidad y  construir  nuevos puentes que nos conecten con esa espiritualidad y sabiduría necesaria para   sobrevivir. Hasta hoy seguimos siendo avasallados y marginalizados y a pesar de eso,  hemos ido triunfando  y eso  es solo es siendo herederos, como somos, de  pueblos extraordinarios que se siguen levantando  y fortaleciendo su espíritu y que siguen dejando su huella en la tierra.

Mi madre, mi padre y mi comunidad se las ingeniaron para desde una nueva lengua entregarnos las herramientas necesarias de resistencia, de ancestralidad, de espiritualidad y de esa cultura que ellos mismos fueron rescatando en el camino. Esa misma cultura que sus antepasados con gran esfuerzo fueron recolectando  y reconstruyendo  a  pequeños pasos y  su incansable deseo de no morir en la travesía.

Desde que puedo recordar, me he comunicado en español

A pesar de mi, el español es la lengua que hoy profeso. Y a pesar de hablar otras lenguas, el español me seduce y me transporta; es un instrumento que me ayuda a liberarme. Me libera porque me permite sentir de la forma que siento y me permite escribir con la pasión con que escribo. Es esta lengua la que me da la poesía. Y aunque entiendo sus pecados, ya no consigo renegar de ella. Porque  con ella he salido al paso ante quienes intentan derribarnos, ante  quienes colocan palabras de odio frente de nuestras luchas. Con esta  lengua  he podido compartir las conversaciones más dulces con mujeres iguales que yo, con el mismo color en la piel y en las palabras y que necesitaban de palabras iguales a las suyas para sentirse seguras y hermosas.

Esta lengua me ha dado la magia y la voz. Lo que una vez me arrebató, hoy me  permite el contacto con otros. Con ella  transmito amor a mis hijos e hijas y me lleno de pasión por mi misma y por mis pueblos. La hablo, la escribo,  la declamo, la declaro, la grito y  la canto y  a través  de ella intento transmitir sabiduría, cultura, espiritualidad, y lo más importante, gritar justicia para mis pueblos.

Esta lengua me da hoy ese placer.

Me tocó vivir esta lengua y es la que me otorga voz. Es sin embargo solo una lengua, porque otros pueblos de la diáspora están siendo hablados y manifestados y están siendo cantados en muchas otras lenguas y al igual que yo, la disfrutan porque hoy. Es su voz. Yo reinvento mi español a diario, y al usarlo a mi favor, intento inyectarle luz desde mi historia de reivindicaciones y de victorias. Lo deconstruyo y construyo todos los días y reclamo su uso como instrumento de afirmación y no de opresión y racismo contra los míos.

 

Este post es una adaptación del texto publicado previamente por Afroféminas, y hace la segunda parte del artículo Historias de lenguas y de migraciones: La construcción del español como patrimonio de los afrocostarricenses.

 

 

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