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La progresiva politización del teatro, películas y medios de comunicación públicos en Polonia

Cultural figures who have come under fire recently include Elfriede Jelinek, Jan Klata (Łukasz Giza / Agencja Gazeta), and Krzysztof Mieszkowski (Kornelia Glowacka-Wolf / Agencja Gazeta)

Figuras culturales que han sido criticadas recientemente incluyen a Elfriede Jelinek, Jan Klata (Łukasz Giza / Agencja Gazeta), y Krzysztof Mieszkowski (Kornelia Glowacka-Wolf / Agencja Gazeta).

Menos de un mes después de ganar las elecciones en Polonia en noviembre del 2015, el partido conservador Ley y Justicia ganó la atención internacional por sus controversiales políticas internas. Una de las discusiones más acaloradas fue provocada por el nuevo Ministro de Cultura y catedrático Viceprimer Ministro Piotr Gliński. En una carta oficial dirigida al gobernador de Baja Silesia, Glinski le instó a cancelar ‘Der Tod und das Mädchen’ (‘Dramas de Princesa: La Muerte y la  Doncella’), una obra escrita por la ganadora del Premio Nobel, Elfriede Jelinek, representada en el Teatro Polaco en Breslavia.

“La pornografía dura no sera subsidiada por el Estado” declaró Gliński, quien nunca ha visto la obra en cuestión pero respondió a la especulación de que actores pornográficos iban a participar en la obra. Algunos periódicos declararon la medida como “censura preventiva”, dado que la carta fue enviada antes que la obra debutara.

Durante una entrevista respecto a la obra en el canal de televisión público TVP Info, Gliński realizó acusaciones que presagiaron cambios en el enfoque político hacia los medios de comunicación públicos. Aunque admitió que podría haber sido malinformado en el tema de la pornografía, atacó a la presentadora Karolina Lewicka y la acusó a ella y a toda la estación de presentar un “programa de propaganda,” y declaró que la estación había estado “manipulando” a la opinión pública por años. Como resultado, Lewicka fue suspendida y sujeta a investigación, aunque los cargos fueron levantados al final.

Acusaciones de grupos religiosos

El incidente de Jelinek no es un ejemplo aislado. En el día de su nominación como consejero del ministerio de cultura, Konrad Szczebiot – un crítico de drama y orador en el Teatro Academia en Breslavia – pidió las grabaciones de todas las obras presentadas en el Teatro Viejo de Cracovia desde que su director Jan Klata tomó el cargo. Szczebiot expresó la necesidad urgente de “juzgar el mérito artístico de las obras para efectuar una revisión interna”.

Klata, como el director del Teatro de Cracovia Krzysztof Mieszkowski, ha enfrentado años de acusaciones por grupos religiosos y conservadores de impiedad y de contaminar las instituciones culturales estatales con “propaganda liberal y de izquierda”.

La interferencia del estado polaco en la expresión artística en instituciones de cultura públicamente subsidiadas tiene una larga tradición, una que va más allá del ascenso al poder de Ley y Justicia. De hecho, antes que Ley y Justicia se ocupara del caso contra la obra de Jelinek, miembros de la Asamblea Regional, dominada por representantes locales de la supuestamente liberal Plataforma Cívica, pidieron el retiro inmediato de la obra a inicios de noviembre del 2015, y amenazaron al teatro con cortes severos en los fondos e instaron al ministerio a apoyarlos en su cruzada.

Un año antes, un gran escándalo estalló durante el Festival Malta en Poznán. ‘Golgota Picnic’, una obra de Rodrigo Gonzales, controversial por sus críticas al consumismo e inequidad social, fue cancelada debido a las amenazas de protestas masivas por organizaciones católicas, entre ellas La Cruzada del Rosario.

“Protestas similares fueron organizadas en muchas partes alrededor del mundo, donde ‘Golgota’ fue representada, pero Poznán fue la primera ciudad en dar el paso,” dijo Gonzales luego del evento. El director del festival Michał Merczyński acusó al alcalde de la ciudad, Ryszard Grobelny, – un político independiente pero avalado por Plataforma Cívica – de pasividad y falta de apoyo a la expresión artística de parte del ayuntamiento.

Inquietudes religiosas y problemas de financiación

Dos temas candentes son obvios de este patrón de eventos. Primero, existe la tendencia por parte de los políticos polacos de ceder ante el punto de vista católico y conservador de lo que es socialmente aceptable en arte, en un país que – de acuerdo a su propia Constitución – es secular.

Como casi el 90 por ciento de los ciudadanos polacos se consideran Católicos Romanos, ha sido fácil para los representantes polacos usar la retórica religiosa para ganar influencia política. La Iglesia Católica de Polonia fue una de las instituciones más importantes de la oposición durante el régimen comunista, y todavía mantiene bastante poder político e influencia sobre la sociedad polaca. Las protestas de afiliación religiosa fueron centrales en la campaña del Presidente Andrzej Duda el año pasado y continua influyendo sus políticas actuales.

La censura artística actual puede usualmente ser rastreada a manifestaciones religiosas que consideran obras como “inmorales” y piden que los teatros “vuelvan a estilos más tradicionales, que promuevan valores nacionales y católicos”. Cerciorarse de que el debate nacional sobre valores y límites de la expresión artística sea verdaderamente pluralista es todavía un reto por enfrentar.

En segundo lugar, está el tema del financiamiento en sí, y la manera en que la administración de la cultura es organizada tanto a nivel nacional como local. El estado polaco es el mayor actor en lo que se refiere a apoyo financiero de instituciones culturales. Mientras que otros países quizás cuenten con financiamiento del sector privado, los polacos no pueden permitirse financiar eventos culturales.

Tan sólo un mes atrás, la Oficina Estadística Central de Polonia publicó un informe, basado en datos recolectados en el 2014, que resumió el gasto anual promedio en cultura en el hogar polaco típico. Con un salario promedio (aún inflado por los ingresos en ciudades) cerca a 920 euros (con un salario mínimo de 440 euros) sólo 5.50 euros por persona fueron gastados en boletos de teatro o cine. En comparación, el hogar europeo promedio gasta cerca de 1,300 euros anualmente en cultura y recreo.

Con la carga del apoyo financiero que recae básicamente en el estado, también es el estado quien dicta la división del financiamiento. Y de esta manera, es el Ministerio de Cultura el que decide no sólo quien es nombrado para puestos claves en muchas instituciones culturales prominentes, si no también la composición del supuestamente independiente Consejo de Expertos, el cual asesora y supervisa aquellas instituciones. Cualquier cambio en la distribución parlamentaria del poder significa generalmente un cambio inmediato en el personal y, como resultado, en la dirección de la política cultural polaca.

Protest rally in Warsaw on 9 January 2016 calling for freedom of expression in the media. Photo by author.

Manifestación en Varsovia el 9 de enero del 2016, exigiendo libertad de expresión en los medios de comunicación. Foto del autor.

Apoyo centralmente controlado

En el papel, la influencia del estado no es tan amplia  – sólo tres instituciones son totalmente controladas por el Ministerio, y el Teatro Stary en Cracovia es uno de ellos. La mayoría de los 140 teatros públicos polacos son financiados por los gobiernos regionales. Sin embargo, la mayoría de políticos regionales están vinculados a uno de los partidos nacionales, y por consiguiente obligados a cumplir con la política partidaria. También, de acuerdo al informe publicado por el Centro Nacional de Cultura en Polonia, los fondos para cultura en la estructura global del presupuesto de los gobiernos locales, es la más baja desde el 2010 y ha sido difícil no depender, aunque sea parcialmente, en apoyo de control centralizado.

“La redistribución de fondos públicos a nivel local  – hasta ahora – estuvo menos afectada por la politización y dependía más de las conexiones personales. Algunas personas [ahora] ocupan cargos de liderazgo por años con virtualmente ningún logro artístico que lo sustente. Aunque, con los nuevos nombramientos de Ley y Justicia en cargos de gobernador de provincia, todo el proceso de subsidio a teatros privados podría volverse altamente politizado. Como los teatros privados a duras penas pueden mantenerse por sí solos, probablemente sólo aquellos que estarían dispuestos a doblegar su linea artística a los valores del partido serían apoyados  – y como resultado – sobrevivirían”, comentó una fuente anónima relacionada a la comunidad teatral de Cracovia.

Esto arroja luz sobre otro punto problemático: junto con instituciones públicas, el estado también subsidia iniciativas culturales privadas y no-gubernamentales. Hasta ahora, esto quedaba en manos del bastante independiente Consejo de Expertos, pero era sólo la buena voluntad del gobierno lo que garantizaba la estabilidad de este proceso. Con el anuncio del ministro de una “nueva redistribución de la torta”, y el nombramiento de Wanda Zwinogrodzka como vice ministra y consejera especial en el tema de teatros públicos, esta tradición quizás sea olvidada pronto.

Aunque Zwinogrodzka ha afirmado que el “Estado necesita mantenerse alejado de la libertad de expresión artística”, ella respondió al debate alrededor de la controversial dirección de Klata declarando, “Los gritos de la izquierda están paralizando la capacidad de hablar. Necesitan ser silenciados para dejar que otros hablen”.

Financiación politizada de películas 

Los eventos recientes referidos al Instituto Polaco de Películas también siguieron el patrón de politización creciente de las instituciones culturales. Cada año, una lista de expertos – personas conocidas por sus logros en la industria cinematográfica – es conformada por el Instituto. Estos expertos se convierten en miembros de los comités responsables de evaluar las solicitudes de financiación. La lista requiere ser aprobada por el Ministerio de Cultura, el cual generalmente lo hace sin aplicar ningún cambio. Sin embargo, este año, aparecieron 30 nombres adicionales y varios fueron tachados. Algunos de los nuevos nombres suscitaron dudas en la comunidad cinematográfica, especialmente Rafał Ziemkiewicz y Jan Pospieszalski – conocidos periodistas conservadores y partidarios por largo tiempo del partido gobernante, cuya conexión con el mundo cinematográfico puede ser visto como dudoso.

Tales tendencias pueden ser observadas en muchas instituciones polacas apoyadas for fondos públicos, no sólo aquellas dedicadas a la cultura. Cambios legales a los medios de comunicación públicos preparados por la mayoría gobernante hacen que sea probable que casos similares a la suspensión de Lewicka se conviertan en una realidad diaria. Durante los últimos días del 2015, un voto final se llevó a cabo en una propuesta de ley inicial que regularía el proceso de elección de consejos y cargos de liderazgo en el Consejo Nacional de Radiodifusión. Según la propuesta de ley, el Ministerio de Hacienda decidiría cómo se otorgaría y dejaría dichos cargos. La propuesta de ley daría por finalizada la competencia abierta por dichos puestos.

La opinión dada por la Fundación Helsinki por los Derechos Humanos indica claramente que:

Suggested regulations oppose the basic European standard set for Public Media, standard stating that Public Media need to be free from political influence as much as it is possible. The bill – despite the claims of the ruling majority – does not contribute to the better functioning of the Public Media, but can lead only to deepening already existing malfunctions of this institution.

Las regulaciones sugeridas se oponen a los estándares europeos básicos fijados para los Medios de Comunicación Públicos, estándares que señalan que los Medios de Comunicación Públicos necesitan estar lo más posible libres de influencia política. La propuesta de ley – a pesar de las afirmaciones de la mayoría gobernante – no contribuye a un mejor funcionamiento de los Medios de Comunicación Públicos, pero puede llevar a profundizar las anomalías ya existentes de esta institución.

Es necesario decir que la politización progresiva de los medios de comunicación públicos en Polonia es un proceso complejo que se remonta como mínimo al 2002, sino antes. Aunque los procedimientos de elección del consejo y nombramientos de personal directivo siempre han permitido algún nivel de injerencia política, nunca han alcanzado el nivel de politización introducido por el referido proyecto de ley.

Empobrece el debate público

Parece que 25 años de régimen democrático no fueron suficientes para crear instituciones verdaderamente independientes y estables, las cuales – aunque aún dependan de financiamiento del estado – no serían afectadas por los cambios políticos y de valores del estado. El objetivo de la institución cultural pública debería ser incluir perspectivas presentes entre los miembros de la sociedad, discutirlas y retarlas, deconstruirlas a través de la apertura de un espacio para el debate público. Limitarse a una sola visión del mundo empobrece el debate drásticamente.

Estos tejes y manejes constantes hacen que sea casi imposible debatir el verdadero mérito artístico de producciones nacionales  – pues cualquier voz de crítica o elogio es visto como una declaración política. Al final, las víctimas de estos juegos de poder políticos, son  – como usualmente es el caso: los ciudadanos.

Esta historia fue comisionada por Freemuse, el defensor líder de los músicos en todo el mundo, y por Global Voices para Artsfreedom.org. El artículo puede ser republicado por medios de comunicación no comerciales, con crédito a la autora Anna Gotowska, Freemuse y Global Voices y proporcionando el enlace al original.

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