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La apropiación de joyas no es el único cambio espantoso en la Ley de Refugiados danesa

#RefugeesWelcome to Copenhagen: Local citizens of Copenhagen, Denmark, organized a collection of necessities for the refugees from Syria when they arrive at Copenhagen Central Station. September 10, 2015. Photo by Chris Alban Hansen. CC BY-SA 2.0

Refugiados, bienvenidos a Copenhague: ciudadanos de Copenhague, Dinamarca, organizan una colecta de objetos necesarios para refugiados de Siria cuando llegan a la estación central de Copenhague. 10 de setiembre de 2015 Fotografía de Chris Alban Hansen. CC BY-SA 2.0.

Cuando el parlamento danés aprobó la muy debatida ley L87 el 26 de enero desató una tormenta de controversia en todos los medios sociales y tradicionales que siguen siendo manejados pobremente por los políticos que la defendieron.

La norma es más conocida como «Ley de las joyas». Aunque el deber de la policía es buscar y confiscar las posesiones con valor superior a 10.000 coronas danesas (unos 1.500 dólares estadounidenses) fue lo que capturó toda la atención, hay otros fragmentos de la ley que implican un mayor peligro a los derechos y el bienestar de los solicitantes de asilo.

El aspecto más ignorado internacionalmente de la ley L87 es que los solicitantes de asilo, ahora, deben esperar tres años en lugar de uno para solicitar que sus cónyuges e hijos se les puedan unir, lo que potencialmente viola los compromisos internacionales de Dinamarca (como los asesores civiles daneses admitieron en una propuesta de advertencia a la proposición presentada a los legisladores). Eso son dos años más de familias separadas por la guerra y la inseguridad.

La ley también requiere que los jóvenes varones permanezcan en campamentos, con movilidad reducida, a pesar del excedente de casas deshabitadas en Dinamarca.

Aun así, la parte de las joyas y otras posesiones es lo que captó la atención mundial. Tras mucho debate e incertidumbre, los legisladores excluyeron de la L87 los anillos de boda y otras joyas con «claro valor sentimental». Sin embargo, «maletines llenos de diamantes», como amablemente señalo el Ministro de Justicia Soeren Pind, no estarán exentos.

La excepción de los anillos de boda no ayudó a calmar reacción. El famoso artista chino, Ai WeiWei, canceló una exhibición que llevaban mucho tiempo esperando en el museo de Aros; el ex Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Anan, expresó su preocupación y horror; y el periódico británico The Guardian publicó una viñeta que mostraba al Primer Ministro danés, Lars Loekke Rasmussen vistiendo un uniforme al más puro estilo nazi.

En las redes sociales, el oficial de policía Jacob Nielsen escribió sobre su enfado y desesperación en una nota que se ha compartido más de 21.000 veces:

Jeg blev ikke politimand for at plyndre flygtninge for DERES ejendele!

Men først og fremmest blev jeg politimand fordi jeg ved, at retfærdighed er noget der skal arbejdes hårdt for, og nogen er nødt til at beskytte dem, der ikke kan værge for sig selv. Ingen steder får man bedre mulighed for det end i politiet, når det ikke bliver misbrugt.

Jeg tager tit ting fra folk – fordi det er ulovligt, eller stjålet fra andre eller det bliver brugt til at skade andre, men jeg tager aldrig tøjet af folk eller roder dem i munden for at tage DERES EGEN RING.

……Imens jeg så skulle gøre det ville jeg helt sikkert tænke på, om mine afdøde bedsteforældre, der var modstandsfolk, og som jeg ser op til, mon vender sig i graven, i tanken om, hvem jeg er kommet til at ligne.

¡No me hice policía para quitar las posesiones de las personas!

Sobre todo me hice policía porque sé que la justicia es algo por lo que hay que luchar y alguien tiene que proteger a aquellos que no lo pueden hacer por sí mismos. En ninguna parte puedes hacerlo como en las fuerzas policiales (si no abusas de tu poder).

A veces confisco cosas, porque son ilegales o porque fueron robadas a otras personas o porque pueden ser usadas para dañar a terceros. Pero no desnudo a la gente o les miro la boca para quitarles SUS PROPIAS JOYAS.

… Si lo hiciera, mis abuelos que formaron parte de la Resistencia y a quienes admiro tanto, se revolverían en sus tumbas debido a quien yo les recordaría.

Los políticos y diplomáticos daneses han intentado, en vano, mostrar que Dinamarca sigue siendo un país generoso en cuanto a destinar el 0.7% del PIB a asistencia humanitaria y al desarrollo de ayudas que recomiendan las Naciones Unidas; aunque solo un tercio de esa cantidad se está invirtiendo en Dinamarca, lo que quiere decir que no todo ese 0.7% del PIB está destinado a apoyar a la población externa que lo necesita. Tampoco ha ayudado a mejorar la imagen negativa que Dinamarca ha estado recibiendo en prensa, el argumento de que los ciudadanos daneses que solicitan asistencia social también están sujetos a la confiscación de fondos y joyas. La industria danesa se preocupa por la reputación tan deteriorada del país.

Así que, ¿por qué han sido tan torpes los políticos daneses con este asunto? ¿Por qué esta incapacidad de explicar lo que consideran una propuesta justa, fundamentada en los valores tradicionales daneses de contribuir a la comunidad antes de solicitar ayuda?

Una posibilidad es que cuando la autoprotección de un país —en el caso de Dinamarca la de ser un tipo pequeño, desvalido, amable y bondadoso, incapaz de hacer daño— entra en conflicto con la realidad, los políticos tienden a cegarse por cómo sus acciones pueden verse en el exterior.

Otra posibilidad es que los partidos de la derecha, escépticos en cuanto a la inmigración, son muy conscientes de la publicidad que la ley de las joyas esta causando y le dan la bienvenida. Se ha convertido en parte del lavado de imagen de Dinamarca, convirtiéndola en un destino poco atractivo para los solicitantes de asilo que empezó en noviembre de 2015, con anuncios en periódicos libaneses, financiados por el gobierno, que resaltan las estrictas medidas del país en cuanto a refugiados.

La batalla por la reputación de Dinamarca y la identidad política no amaina y los políticos daneses están aprendiendo, una vez más, que hacer política nacional bajo la lupa internacional es un asunto peliagudo.

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