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Las mujeres comerciantes de Ghana en el pasado tuvieron tanto poder que fueron objetivo de la milicia

Matilda Moses sells tomatoes in Tudu Market, part of a sprawling district of open-air and covered markets in central Accra. She can make the equivalent of 300 dollars in sales in a good week. Credit: Yepoka Yeebo. Used with PRI's permission

Matilda Moses vende tomates en el mercado Tudu, parte de un distrito de rápido crecimiento de mercados al aire libre y mercados techados en Acra. Ella puede generar el equivalente de 300 dólares en ventas en una buena semana. Créditos: Yepoka Yeebo. Utilizada con la autorización de PRI.

Este artículo escrito por Yepoka Yeebo para The World apareció originalmente en el sitio web PRI.org el 5 de enero del 2015 y se republica en este espacio como parte de un acuerdo para compartir contenido.

Ghana forma parte de un puñado de lugares donde las mujeres tienen más probabilidades de emprender un negocio que los hombres.

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Existen centros comerciales del tipo corporativos y deslumbrantes supermercados emergiendo a lo largo del país. Pese a ello, más del 90 por ciento de las personas que viven ahí aún realizan casi todas sus compras en los mercados al aire libre, donde las mujeres sobresalen en los puestos, pues cada una dirige un pequeño negocio.

Es una tendencia alentadora, pero detrás de esta estadística favorable yace una historia perturbadora: durante los golpes de estado militares de Ghana, en la década de 1970 y 1980, las mujeres comerciantes se convirtieron en el objetivo del horror del Estado, pues eran culpables de la crisis económica que controlaba a la nación.

Para entender cómo pudo suceder esto, primero debe ver el poderío de esas mujeres en acción.

El regateo como estrategia de venta

Tomemos a Matilda Moses como ejemplo. Ella vende lo que muchos consideran son los mejores tomates del mercado Tudu en Acra. Su puesto de venta es pequeño – una tabla de plywood que se balancea sobre una vieja caja – sin embargo, es capaz de generar el equivalente de 300 dólares en ventas en una buena semana. Es un negocio difícil, Moses me dice en Ga, la lengua con la que se comunica: “Te puede costar, pero también puede darte buena ganancia”.

Algunos de sus clientes provienen de los vecindarios de clase media, cerca de los nuevos supermercados. No obstante, prefieren desviarse de su ruta para venir aquí. “Sus tomates atrajeron mi atención”, afirma la clienta Grace Nortey.

Aunque en los supermercados el producto tiende a ser importado, el de los mercados proviene semanalmente del arbusto – el campo – por lo tanto, es de mejor calidad y más barato.

Nortey prefiere comprar en los mercados porque puede regatear el precio. Compró una enorme bolsa de tomates, que Moses valoró originalmente en 12 cedis, por solo 10 cedis (casi 2.60 dólares).

“Puedes negociar con ellas; reducirán el precio por ti. Esta es la razón por la cual la mayoría de las veces vengo a comprar al mercado”, afirma Nortey.

Regatear es algo que a los ganeses les encanta realizar. Las personas lo esperan. Es una parte importante de la estrategia de venta de tomate de Moses. “Estos que tengo empacados aquí, los ofrezco a 10 cedis. Tal vez el cliente venga y diga: ‘quiero un descuento’, entonces, permites que lo compren a nueve u ocho”. Si sabe que hay escasez de buenos tomates, ella incrementa el precio a 14 o 15 cedis. “O si hay temporada seca en el mercado, dirás que está a 15 pero se lo dejas a 14″. Por lo tanto, el precio no es estático. No existe un único precio, afirma Moses – quien mantiene todas esas cifras en su cabeza.

Las ganesas han encontrado una forma de prosperar en esta “economía informal” de negociación, afirma George Owusu, un economista local, cuyo trabajo sobre las mujeres comerciantes fue publicado por el Instituto Brookings. En otra investigación, él descubrió que 60 por ciento de las mujeres en este país emprende su propio negocio, en comparación con el 42 por ciento de los hombres.

Owusu tiene una razón personal para enfocarse en las propietarias de esos pequeños negocios: su propia madre fue comerciante. “Ella se dirigía a Acra, compraba prendas de vestir y otras cosas, regresaba y lo vendía”, él afirma. Su padre era jubilado, por lo tanto, su madre era el principal sustento de una familia de 12 integrantes.

Días difíciles para las mujeres comerciantes

Owusu tenía seis años de edad cuando un teniente de la Fuerza Aérea llamado Jerry Rawlings organizó dos golpes de estado sucesivos y se convirtió en el dictador militar de Ghana. Owusu recuerda que a las 6 p.m. era el toque de queda y, a los soldados que patrullaban las calles apuntando a todo aquel que consideraban una amenaza, entre ellos, su propio arrendador.

Jerry Rawlings (left) took over Ghana in a series of military coups d'etat starting in 1979. For years, he blamed market women for an economic crisis that gripped the country. Credit: Courtesy of JJ Rawlings Archival Library

Jerry Rawlings (izquierda) se apoderó de Ghana mediante una serie de golpes de estado que comenzaron en 1979. Por años culpó a las mujeres comerciantes de la crisis económica que dominaba la nación. Créditos: cortesía del archivo de JJ Rawlings.

“Vivíamos en un apartamento que pertenecía a un oficial militar jubilado, a quien mandaron a buscar. Al parecer por simpatizar con el régimen que había sido derrocado”, afirma Owusu. “En aquel entonces, la milicia lo hizo vivir un infierno. Lo despojaron de su vestimenta, a excepción de su ropa interior, y lo hicieron desfilar por las calles de la ciudad”.

La madre de Owusu también fue considerada como una amenaza. “La milicia llegará al lugar y encontrará a alguien a quien culpar”, él afirma. “Lamentablemente en aquella época parecía que el blanco más fácil que podían atrapar eran las mujeres comerciantes y las mujeres que participaban en negociaciones”.

A las mujeres comerciantes se les acusaba de incrementar el precio de todo en los mercados. Un político afirmó que ellas provocaban la “decadencia moral y la degradación económica”. El ejército irrumpía en los mercados, cateaban los hogares de las comerciantes e incautaban todo en el lugar. Hubo arrestos y flagelaciones públicas. Algunas pagaron con su propia vida.

“Si eras una comerciante, corrías peligro si te involucrabas en cualquier transacción a propósito; si te atrapaban o veían, o si te reportaban por valorar la mercadería por encima del precio que imponían los soldados, entonces, tendrías problemas”, afirma Owusu. Las comerciantes afrontaron una difícil opción: vender por debajo de lo que vale el producto (esto seguramente las llevaría a la quiebra) o arriesgarse a ser arrestadas o peor”.

“Para evitar todo esto, mi madre dejó de comercializar”, Owusu afirma. Cerró su puesto y contrabandeó algo de su reserva que no había vendido con amigos y familia en otras partes del país. Pero eso no fue suficiente. La mayoría de su dinero estaba inmovilizado en los caros sacos de textiles, los cuales, tuvo que destruir. Ella cortó los textiles, en caso de que los soldados llegaran a la casa, estos tendrían la apariencia de usados.

Transcurrió una década antes de que ella pudiera comercializar de nuevo. “Los ingresos de mi madre fueron críticos, y aquí está la cuestión, mi madre tuvo que abandonar su capacidad de vender debido a lo que estaba aconteciendo en ese tiempo, y puedo decirte que la familia vivió un infierno”, él afirma.

Relatos como este son angustiantemente comunes. Rawlings, el dictador, continuó aseverando que las mujeres comerciantes provocaron la crisis económica de Ghana. Sin embargo, una década después afirmó que la verdadera razón de las flagelaciones fue porque las mujeres comerciantes habían sido descorteses con sus soldados. Cualquiera que fuese el caso, en 1979 los soldados llegaron al complejo del mercado más grande del país, en el centro de Acra, colocaron explosivos y destruyeron todos los negocios.

Once again, women dominate Tudu Market and others like it in central Accra. Credit: Yepoka Yeebo. Used with PRI's permission

Una vez más, las mujeres dominan el mercado Tudu y otros parecidos a este en Acra central. Créditos: Yepoka Yeebo. Utilizada con la autorización de PRI.

Mercados restaurados

Ghana ya no es una dictadura militar. Y, después de 36 años, los mercados de Acra están prosperando nuevamente. En la actualidad, nadie habla sobre los malos tiempos. La mayoría de las mujeres afectadas, como la madre de Owusu, se han jubilado o fallecido. Sin embargo, las mujeres comerciantes están conscientes del poder económico que poseen y de los riesgos que están tomando para que funcionen esos negocios. Aunque ahora estos riesgos en su mayoría son económicos.

Moses está pendiente de toda clase de factores económicos que pudiesen afectar los precios: una buena cosecha, el mal clima o la temporada de casamientos. Todo esto es crucial, ya que Moses asume muchos riesgos: cada semana compra tres cajas de tomates. Si se equivoca en sus cálculos podría terminar con bastante producto descompuesto y nada de dinero.

“Es probable que puedas obtener 30 cedis [de ganancia]. En algunos obtendrás 20″, afirma Moses. “En algunas ocasiones, solo sacas exactamente lo que pagaste por la caja, sin nada de ganancia, entonces, solo te esfuerzas para nada”. Ella compensa los riesgos a través del ahorro – incluso si es tan solo un cedi (casi 30 centavos de dólar estadounidense) al día.

Un tipo en el mercado se acerca, recauda el efectivo de ella y se lo retiene hasta fin de mes. Esta práctica es muy antigua y se le conoce como “susu”. Esto significa que el dinero no se puede gastar, además, evita llevar consigo tanto efectivo. Esta suma de dinero es la recompensa que la motiva y le ayuda a impulsar a la siguiente generación de su familia hacia la clase media. ¿otra cosa que la alienta? sus clientes.

“Siempre dale al cliente algo extra para tenerlos contentos y que sigan regresando contigo”, Moses aconseja. “Trátalos bien, así ellos regresan”. Con ese pensamiento, ella echa un tazón extra de tomates en la abultada bolsa de su cliente.

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