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El cambio climático es muy real en Kenia, donde la sequía y la hambruna afectan a millones

Teresina (45) farms her land during drought in Tharaka Nithi, Kenya, October 2015. Photo by Flickr user Trocaire. CC BY 2.0

Teresina (45) labra su tierra durante la sequía en el condado Tharaka Nithi, Kenia, octubre 2015. Fuente: Trocaire, usuario de Flickr. CC BY 2.0

En esta serie que consiste en dos partes, las voces jóvenes de Kenia comparten su lucha y esperanzas, mientras la sequía devastadora que permeaba al Cuerno de África (región noreste) fue seguida de lluvias inusualmente copiosas, en un mundo que es ahora más caluroso que cualquier otro momento registrado en la historia.

Los testimonios en esta serie fueron recopilados a través del Programa sobre impacto climático de 350.org, una organización que está formando un movimiento climático a nivel mundial, y se publica en Global Voices como parte de un acuerdo para compartir contenido.

La segunda parte fue escrita por Unelker Maoga, una estudiante de conservación ambiental. Para leer la primera cliquee aquí.

Durante las últimas décadas los keniatas han estado anhelando el cambio; cambio en las prácticas del gobierno; cambio en las estrategias de desarrollo; cambio en los problemas nacionales. Hoy, nuestro país experimenta un tipo de cambio diferente, que se va asomando en el horizonte. Un cambio drástico e inesperado; uno que no estábamos buscando: el cambio climático.

En la actualidad, yo al igual que muchos habitantes de Kenia, nos hemos familiarizado con los titulares de periódicos que dicen: ‘Hambruna reclama 14 vidas‘; el gobernador de Samburu declaró un estado de emergencia ya que 60 por ciento de los lugareños afrontan inseguridad alimentaria. Sus palabras exactas fueron: ‘No sobreviviremos a esta sequía’.

Unelker Maoga shares a personal account of the painful impact of the drought in Kenya. Photo: Unelker Maoga

Unelker Maoga comparte un relato personal acerca del impacto lamentable a causa de la sequía en Kenia. Fuente: Unelker Maoga.

Por primera vez en la historia el río Voi del sureste, que se localiza en el condado Voi, se ha secado. Los lugareños no han podido regar sus jardines a tal punto que incluso la esperanza de una comida ahora es inexistente. Se han presentado solicitudes al gobierno nacional para que ayude a lidiar con esta situación. Entre tanto, los agricultores cosechan pérdidas, mientras que los ganaderos atestiguan la muerte de su ganado.

Crecí en el condado Kissi, al occidente de Kenia. Esta región aporta mayormente la canasta de frutas del país, sin embargo, también hemos notado la ausencia de lluvia. En la década de 1970, mi familia construyó un embalse dentro de la tierra de mi abuelo. Este ha existido desde que puedo recordar, pero en los últimos dos años los patrones climáticos que se manifiestan en todo el país han enseñado a nuestra familia a no darlo por sentado. A medida que experimentamos la segunda ronda de sequía, el futuro permanece incierto.

Kenia ha sido obligada a redefinir el agua como un producto escaso en lugar de ser una necesidad básica. Lo que a mi y a los demás conciudadanos más nos asusta es nuestra incapacidad para resolver esta situación. En gran medida, el poder para mitigar el cambio climático no yace en nuestras manos.

La población total de Ajawa, al noroeste de Kenia, pasa gran parte del día preocupándose por las provisiones de agua en lugar de enfocarse en los problemas de desarrollo. Nada más parece importar, excepto la “necesidad básica” que denominamos agua. Los miembros de esta comunidad caminan por horas y kilómetros hasta llegar a la perforación más cercana, luego, descienden 30 metros a un pozo, con apariencia de caverna, para obtener el agua para su ganado antes de que salga el sol. Este pozo parece ser el único recurso para la supervivencia. Otros prefieren mantenerse alejados de este, puesto que han sido atacados por animales salvajes al tratar de obtener agua. Además, se han dado casos en que las mujeres sufren de abortos debido a las largas distancias que están obligadas a recorrer para obtener este suministro.

Nuestras autoridades de condado, particularmente en Wajir, han escuchado los lamentos de los ganaderos y han financiado prácticas veterinarias para ayudarles a controlar cientos de miles de cabezas de ganado con el fin de reducir las muertes asociadas a la sequía. Estas medidas, aunque útiles, parecen ser poco suficientes y llegar demasiado tarde, pues el sol continua abrasando un gran porcentaje de Kenia.

La economía nacional pierde anualmente 14 mil millones de chelines kenianos a causa de la sequía; el país ha perdido tres por ciento del PIB tan solo en 2015. Más de 10 millones de personas están padeciendo los efectos de la hambruna y la situación va a empeorar; se han perdido miles de vidas y aún no se ha encontrado ninguna solución. Millones de personas provenientes del Cuerno de África han estado emigrando hacia el sur, con dirección a nuestro país, para escapar de la hambruna severa; aunque nosotros mismos también estamos experimentando las mismas condiciones que buscan evadir.

Mientras la realidad del cambio climático se cernía sobre nosotros, observábamos la vigésima primera conferencia de las partes en París con la esperanza de que las negociaciones fueran fructíferas. Hemos escuchado que los líderes mundiales elogian la decisión tomada en grupo por los 195 países para reducir las emisiones mundiales con el fin de evitar no solo el aumento de dos grados centígrados de calentamiento, sino comprometiéndose también a un límite de 1,5°. Aunque solo es un inicio, nos atrevemos a esperar que este camino nos llevará algún día al cese del uso de combustibles fósiles.

Y mientras nosotros, en el Cuerno de África, continuamos nuestra travesía en busca de un arroyo de agua y alzamos nuestra vista al cielo por las tan esperadas lluvias, nuestra súplica es que las palabras del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, nunca sean olvidadas:

… the time has come to acknowledge that national interests are best resolved by acting in the global interest and solidarity. Nature is sending urgent signals, peoples and countries are threatened as never before… We need to protect the planet that sustains us, for that we need all our hands on deck.

… ha llegado el momento de reconocer que los intereses nacionales se solventan de mejor manera al actuar por el interés global y la solidaridad. La naturaleza está enviando señales urgentes; las personas y las naciones se encuentran amenazadas como nunca antes… Necesitamos proteger el planeta que nos sustenta y para ello necesitamos la colaboración de todos.

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