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Una universidad belga abre un programa para dar la bienvenida a los refugiados

The VUB/Free University of Brussels campus in Etterbeek Credit: Big Apple/Creative Commons

Imagen del campus de la ULB/Universidad Libre de Bruselas en Etterbeek, de Big Apple/Creative Commons

Este artículo de Jeb Sharp se publicó originalmente en PRI.org el 7 de marzo de 2016, y se republica aquí como parte de un acuerdo para compartir contenidos.

Cuando Mohammad Salman se mudó a Bélgica para obtener su doctorado en Ciencias Políticas allá por el 2010, tenía la intención de volver a su casa en Siria. Al fin y al cabo, había recibido una beca completa del gobierno sirio.

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Pero entonces estalló la guerra, y, como las sanciones cayeron sobre el gobierno sirio, el dinero de Salman desapareció.

“Desde el punto de vista económico, aquella fue la peor época para mí” afirma Salman, hablando de los años 2013 y 2014. En algún momento, su cuenta del banco estaba por debajo de los 80 euros (alrededor de 90 dólares).

Aun así, sus profesores de la ULB, la Universidad Libre de Bruselas, no estaban dispuestos a abandonarle. Ellos arañaron algo de dinero de las subvenciones, le ofrecieron alguna labor docente y le animaron a terminar su tesis en un periodo de seis a nueve meses.

Salman lo hizo, y, gracias al hecho de haber pasado ya en Bélgica cinco años para el momento en que por fin la terminó, tuvo el derecho a solicitar la ciudadanía, la cual recibió.

Mohammad Salman Credit: Courtesy Mohammad Salman/VUB

Imagen de Mohammad Salman. Cortesía de Mohammad Salman/ULB.

Ahora Salman está preparado para volver. Le han contratado para iniciar un nuevo programa en la ULB para dar la bienvenida a entre cien y doscientos refugiados que llegarán en otoño, que deben tener los papeles del asilo y derecho a recibir una educación superior. Hasta ahora, Salman ha recibido ochocientas solicitudes.

“Estoy muy contento de apoyar este programa”, dice, “me veo a mí mismo en cada uno de ellos”.

Es trabajo de Salman comprobar los títulos de los solicitantes y otros documentos de alojamiento, y también es su tarea investigarlos para que encajen en el ambiente de mente abierta y librepensamiento por el que se reconoce a la Universidad Libre.

“Pronto sabremos si hay personas que encajan”, dice Koen Van den Abeele, coordinador de un grupo de trabajo de la universidad sobre los refugiados.

Van den Abeele realizó la investigación inicial para ver qué tipo de demanda habría allí para el programa y pasó momentos muy duros mientras recopilaba la información de los funcionarios del gobierno.

“Ellos eran muy reacios a darme ese tipo de datos porque se trataba de una información obtenida en entrevistas, que eran totalmente confidenciales” comenta Van den Abeele, pero al final encontró a alguien dispuesto a ofrecerle algo de información interna. Alrededor del 23 % de las personas que habían solicitado asilo en Bélgica el año anterior informaron que estaban estudiando antes de huir de sus países de origen.

Van den Abeele estaba impresionado.

“Hay jóvenes de entre 18 y 25 años”, afirma. “¡No pueden dejarles vivir sin más durante el resto de sus días de la asistencia social! Ellos tendrán ambiciones, querrán hacer algo, querrán sentirse parte de esta sociedad”.

No todos piensan de la misma manera que él. Europa, al igual que los EE. UU., comparte un sentimiento de antiinmigración y de antirefugiados, pero, al mismo tiempo, en países como Bélgica están desesperados por encontrar trabajadores calificados.

“Nosotros vemos personas con títulos de ingeniería” dice Van den Abeele. “Vemos arquitectos-ingenieros, ingenieros civiles, ingenieros industriales, matemáticos, científicos altamente calificados. Estas personas son valiosas para la situación económica de Bélgica, y al mismo tiempo hay puestos vacantes para ingenieros que han estado libres durante los últimos seis meses. ¡Ellos no encuentran a nadie!”.

E incluso sin el argumento económico, según afirma Van den Abeele, hay otra razón para preocuparse por la educación de los recién llegados.

Van den Abeele afirma que Bélgica falló a la hora de integrar a los niños de sus inmigrantes del norte de África, provocando que la aparición de guetos y la segregación fueran culpables de ayudar a crear terroristas.

“Si no queremos que ocurra lo mismo otra vez, creo que tenemos que centrarnos en integrar a estas personas”, insiste Van den Abeele. “Y, a nuestro modo de ver, la oportunidad de estudiar es todavía la mejor forma de integrar a estas personas en la sociedad”.

Ciertamente es una forma de hacer que esas personas se sientan agradecidas. El colega sirio de Van den Abeele, Mohammad Salman, es un apasionado de su patria, pero también lo es de su nuevo hogar, Bélgica. Y él sabe que también podría haberse quedado atrapado dentro de Siria mientras se desintegraba, que también podría haber tenido que hacer ese viaje traicionero cruzando Europa. Eso es por lo que Salman es tan feliz pasando sus días escudriñando las solicitudes de los refugiados con la esperanza de poder matricularlos en su universidad. Salman también espera que otras universidades de Bélgica sigan pronto el ejemplo.

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